Las nueve musas

¿Qué sucedió a los Cespedistas tras el golpe de Estado?

Promocionamos tu libro

Aun vivo el «Iniciador» de nuestras luchas, Carlos Manuel de Céspedes, sus enemigos, los que lo depusieron en Bijagual de Jiguaní el 28 de octubre de 1873, están a la caza, junto a los mismos militares que empuñaron las armas y blandieron los machetes en ese insólito golpe de Estado.

Céspedes
Carlos Manuel de Céspedes por Amaury de Jesús Palacios Puebla

Quizás, alguno de los diputados y los altos oficiales que estuvieron allí ese día, desconocían la existencia de la sociedad secreta «Hermanos del Silencio», que comandaban los generales Miguel Bravo y Sentíes [1] y el venezolano José Miguel Barreto [2], y que desde las sombras luchaban por reponer a Céspedes en el cargo.

El brigadier Miguel Bravo Sentíes, presente en Bijagual de Jigianí, junto a muchos de los partidarios de Céspedes, apretó el puño impotente al contemplar la tremenda infamia. Conocía de primera mano las patrañas contra el bayamés. Sabía que de un momento a otro eso ocurriría, más se conmovía por el destino de su amigo, porque asesinaban el legado de un hombre, un digno.[3]

Otro digno de elogios es el coronel del Ejército de Operaciones en Cuba, Don Francisco de Camps y Feliu, quien en su libro: «Españoles e insurrectos. Recuerdo de la Guerra», fue tajante en sus afirmaciones contra la Cámara de Representantes Cubana:

«La historia será severa con la Cámara. Carlos Manuel de Céspedes pudo ser legalmente destituido; pero la indefensa en que se le dejó, constituye una falta imperdonable. El hombre que tuvo entusiasmo y osadía bastante para dar el grito de Yara; que prestó, luego, importantes servicios; á quien se dió una popularidad bien ganada, no debió perecer abandonado y sin gloria. Los que fuímos francos enemigos de Céspedes, como hoy lo somos de las ideas que sustentó, encontramos, á fuer de soldados leales, muy punible la conducta de la Cámara. D. Carlos Manuel de Céspedes juró vencer ó morir: su muerte honrará, para siempre, la memoria del primer Presidente de la revolución en Cuba.» [4]

Bravo Sentíes entendía del respeto, honor y lealtad de Céspedes, que no se sentía de ánimos para combatir, y esa, era la situación para hacer justicia. Mañana era otro día, uno perfecto para organizar la resistencia y reponer al verdadero presidente -seguro pensó en silencio Bravo-. El héroe de La Demajagua, desde antes de la destitución, contaba con oficiales leales a su persona – él era una de ellos-. La fidelidad solo se palpa cuando se demuestra. Pronto, muy pronto llegaría el momento de probarla.[5]

El primero en caer, sería el comandante Juan Ignacio Castellanos, ese fue el motivo de la insubordinación del teniente coronel José Sacramento León Rivero, Payito[6], al mayor general Calixto García Iñiguez, el dos de marzo de 1874.

Este hecho, lo narra el propio mayor general García Iñiguez al diputado Ramón Pérez Trujillo, -uno de los más acérrimos enemigos de Céspedes y quien presentara en Bijagual, la moción de destitución presidencial- en una carta fechada en Yagua, el 3 de marzo de 1874 y recogida del libro «Anales de la Guerra en Cuba» del historiador español, Antonio Pirala Criado, en la página 139 del libro cuarto del tomo III, de esa monumental obra. De ella este fragmento. Dice Calixto:

«Voy a comunicarte una noticia cuya importancia exije reserva y obrar cautelosamente para llegar en conocimiento de toda la gravedad que puede tener. Aunque procedo oficialmente con la mayor rápides, conviene mover todos los resortes porque siempre hay oportunidad por aquel medio de evitar responsabilidades.

«Tratase de una conspiración de que se nos ha dado parte esta mañana, con objeto de deponer al actual Presidente de la República – se refiere a Cisneros- y volver a colocar a Céspedes, siendo yo el destituido también para nombrar general en jefe al general Vicente García.

«Con este pretexto ha venido el comandante Juan Ignacio Castellanos, logrando seducir algunos números que se llevó, pasando después al escuadrón de caballería de Las Tunas situado á tres leguas de mi cuartel, donde logró por el pronto, seducirlos también […]

«Según declaración de los que llevaba Castellanos, y se me han presentado, se contaban con mucha gente del Camagüey y Las Villas, y al efecto deben reunirse en Juinito, pero no sé el día. Tengo muchos cuidados pues, aunque yo ni por un momento he creído que el general Vicente García esté metido en eso, pueden estar otros de allí, que pueden causar mucho daño. […] Si no se creen seguros ahí vengan para Oriente que está dispuesto á ahogar, si fuese necesario, con sangre, cualquier motín militar que se intente.»[7]

¿Qué hubiese sucedido, si Lagunas de Varona estalla estando en funciones el bravo general holguinero, ahora prisionero desde el cinco de septiembre de 1874? En esa acción política los convocados se anexaron al artículo # 28 de la Constitución de Guáimaro que reza: «La Cámara no podrá atacar las libertades de culto, imprenta, reunión pacifica, enseñanza y petición, ni derecho alguno inalienable del pueblo.»

Sin lugar a dudas lo que el mismo dice en la ya expuesta carta a Pérez Trujillo: «vengan para Oriente que está dispuesto á ahogar, si fuese necesario, con sangre, cualquier motín militar que se intente.»[8] Lo que yo traduzco es, que, con o sin la Constitución serían severamente reprimidos.

Los partidarios de Céspedes, mucho de ellos integrantes de los «Hermanos del Silencio», casi todos participantes en la protesta de Lagunas de Varona, no se iban a quedar de brazos cruzados. El enfrentamiento traería aparejado otro nuevo conflicto bélico en el país, una guerra entre hermanos, que habían jurado el 10 de octubre dar su vida por la independencia de España.

Es preciso conocer que Hermanos del Silencio estaba constituido, no solo por los allegados a Céspedes sino por otros oficiales de Oriente, fundamentalmente de Jiguaní, Bayamo y Manzanillo. Antes de la destitución, llegaron a Cuba Miguel Bravo Sentíes y el venezolano José Miguel Barreto. Ellos, enviados por Manuel de Quesada en una expedición desde Venezuela, tenían órdenes de reunirse directamente con el presidente Carlos Manuel, para fortalecer el grupo pues Manuel de Quesada estaba consciente, de que tarde o temprano, esto sucedería, tal y como le había advertido a su cuñado en 1869:

«Tenga entendido, ciudadano presidente que desde hoy mismo comenzarán los trabajos para la deposición de usted.»[9]

La Doctora Olga Cabrera[10] en el prólogo a «Vicente García: Leyenda y Realidad» del fallecido historiador tunero Víctor Manuel Marrero Saldívar[11], apunta:

«A medida que la guerra se ampliaba, mayor número de personas emigraba y luchaban contra estas posiciones, no muy claras al principio. Entre las figuras revolucionarias en la emigración, que retornan a Cuba tras descubrir que estos manejos habían logrado sus vínculos con personalidades del gobierno y la cámara en el campo insurrecto, se encontraba Miguel Bravo Sentíes, quien se incorpora a la tropa tunera, seguramente por encontrar sentimientos más fuertes aquí contra el poder civil.

«Y, efectivamente, la tropa de Vicente García tenía sus características peculiares. A ella también se habían incorporado algunas personalidades, protagonistas de la Comuna de París, quienes, con su mayor buena fe, creyeron hacer viables sus ideas procedentes de un escenario tan diferente al cubano. Toda esa amalgama de ideas y posiciones, sumadas al descontento del simple soldado, se encuentran en Lagunas de Varona.» [12]

Pero realmente cuales eran los objetivos de los «Hermanos del Silencio» El propio brigadier Miguel Bravo y Sentíes, se lo cuenta al mayor general Vicente García, en carta de fecha 12 de enero de 1876, en la Prefectura de Güá y que reproduzco fragmentos para mayor comprensión:

«[…] no vasta muchas veces la buena fe, tenemos una palanca poderosa; esa palanca, es la sociedad Patriótica «El Silencio». En Las Tunas, en las fuerzas que V. directamente ha mandado siempre, mucho asociado, numerosos, son de Holguín, más en Cuba, número mucho alcalde en Bayamo […] Fundada hace más de cuatro años, momentos y en angustiosos para la patria, su objeto político es la Independencia de la Patria; su fin filantrópico, el mutuo apoyo de los asociados. […] Por mil peripecias ha pasado esa sociedad; próspera en ocasiones, casi a punto de extinguirse últimamente, la hemos hecho renacer ahora y con más fuerza, cual resurge el fénix de sus cenizas. Purificándola estamos de elementos corrompidos que en su seno encierra; ese trabajo nos ocupa; en breve será terminado y entonces sí que será una verdad la unificación reformista de Oriente y quien sabe si Camagüey, Villas y Occidente.

«[…] Todos nosotros reconocemos en V. al hombre de buena fe y lo consideramos como a uno de los patriotas más puros de la Revolución.

«Entre los que al movimiento político concurrieron, podrán haber aparecido o aparecerán algunos traidores; pero más son los amigos.

«[…] Son tan firmes sus principios políticos, que a pesar de los mucho que a V. aprecian, como defienden ideas y no personas, -si lo que no creen, algún día no fuera V. digno de ser su Jefe- o no le creyeran apto para el puesto, escogiendo otro, defenderían las mismas ideas. Si ese día pudiese por acaso llegar, firmemente creen que V. como simple soldado, formará en dichas filas. La nobleza de carácter de V. comprenderá que así hablan los corazones leales.» [13]

Huelgan los comentarios, esta carta lo dice todo, o casi todo, no obstante, algunos más murieron en circunstancias poco creíbles, pero al final, ya muerto Céspedes, Vicente García no hizo más que inutilizar a la «Sociedad Secreta Hermanos del Silencio» en Lagunas de Varona, pues clamaban por la eliminación física de los promotores de la deposición de Carlos Manuel de Céspedes.

La sed de venganza de los «Hermanos» hacía el prócer caído, se compensó con la destitución del Márquez de Santa Lucía, Cisneros Betancourt.

Con la destitución del presidente de la Cámara se encargó de diseminar por todo el territorio de operaciones a los partidarios del bayamés. Despojar a los jefes de sus tropas más leales resultó una perspicaz estrategia, pero no suficiente porque los integrantes de la confraternidad, pese a las distancias, lo que leen en la reunión y preparando un futuro golpe a la administración de Cisneros, un plan que se desafía en minar la credibilidad, la influencia y el prestigioso de los que participaron en el hecho. Lo acontecido en Bijagual, fue el resultado de un proceso lento conspirativo contra el gobierno y la personalidad de Carlos Manuel de Céspedes.

Esta es la historia, es necesario ponerla tal como es, sin miedo, sin compromisos, sin pasiones.

[1] Entre 1871 y 1873, Bravo Sentíes fungió como secretario de la Guerra, del Interior y de Relaciones Exteriores. Se opuso a la destitución de Céspedes, a finales de 1873. Entre 1873 y 1874, fue jefe de Sanidad en Oriente. Opuesto al gobierno de Salvador Cisneros Betancourt (1873-1875), este le ordenó pasar al Camagüey, bajo las órdenes del Mayor general Máximo Gómez, pero Bravo Sentíes se quedó en Las Tunas. Formó parte de la organización secreta conocida como los «Hermanos del Silencio», cuyo principal objetivo era vengar la injusta destitución de Céspedes. Bravo Sentíes fue uno de los principales generales que tomaron parte en la Sedición de Lagunas de Varona, en abril de 1875. Dicha sedición culminó en la renuncia a la presidencia de la República en Armas de Cisneros Betancourt. En mayo de 1875, resultó electo diputado de la Cámara de Representantes. Fue capturado por tropas enemigas cerca de Bayamo, el 8 de febrero de 1878. Dos días más tarde, el 10 de febrero de 1878, se firmó el Pacto del Zanjón, que puso fin a la guerra.

[2] Llegó a Cuba el 6 de julio de 1873, como jefe de la segunda expedición del “Virginius”. En poco tiempo, fue ascendido a Mayor general y nombrado secretario (ministro) de la Guerra de la República de Cuba en Armas. Fue puesto bajo las órdenes del Mayor general cubano Vicente García González. Encontrándose en este puesto, participó activamente en las sediciones de Lagunas de Varona (1875) y Santa Rita (1877).

Capturado por fuerzas enemigas el 25 de octubre de 1877, sometido a consejo de guerra y condenado a muerte. Sin embargo, el Capitán General español de Cuba, Arsenio Martínez Campos, le conmutó la sentencia por deportación a su país de origen.

[3] Carlos Manuel de Céspedes y sus Hermanos del Silencio. Emilio L. Herrera Villa, en Caimán Barbudo, edición digital de 20 de abril de 2020.

[4] Españoles e insurrectos. Recuerdo de la Guerra. Francisco de Camps y Feliu, p 87. Imprenta de Álvarez y Compañía. La Habana 1890. Se respeta la ortografía original.

[5] Ídem, Ob, cit., Revista El Caimán Barbudo. Internet.

[6] En 1874, se produjo una insubordinación de Payito León en contra de Calixto García. En carta a Payito, Vicente García le comunicaba: «…Si aun me consideran ustedes como el hombre patriota, como el padre que siempre se ha interesado en su felicidad, sigan mis consejos encaminados a su bien y el de nuestra querida Cuba: abandonen el camino de la perdición a que se han lanzado y no den por más tiempo el espectáculo triste de permanecer alejados de sus compañeros, mientras que estos combaten a los enemigos de la patria…» El 5 de mayo, se presentó Payito León al Gobierno con 50 hombres de Las Tunas explicando que causas ajenas a su voluntad le habían impedido presentarse, manifestando no haberse separado nunca de la obediencia y respeto al Gobierno. Payito fue sometido a Consejo de Guerra y éste lo absolvió, exonerándolo de sus responsabilidades en los cargos que se le hacían por insubordinación y volvió a su puesto junto al mayor general Vicente García, quien ostentaba la jefatura de Oriente ante la caída de Calixto García en manos españolas.

[7] Se respeta la ortografía del documento original.

[8] Ídem, Ob, cit., Anales de la Guerra en Cuba.

[9] Carlos Manuel de Céspedes, el 3 de enero de 1870, lo nombró Agente Especial del gobierno cubano en el extranjero, con la misión de adquirir recursos para la guerra. Ya encontrándose fuera del país lo designó como Agente Confidencial, dándole mayor rango en la emigración. Se ha considerado que Céspedes perseguía el objetivo de fortalecer su poder y tener un apoyo militar ante la campaña de la Cámara. Lo que es posible como se puede comprobar en algunas de sus cartas a la esposa, pero esa decisión hay que verla en la evolución de la guerra.

[10] Escritora e investigadora cubana. Posee la categoría de Doctora en Ciencias Históricas y Doctora en Pedagogía en la Universidad de La Habana, Cuba. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

[11] Máster en Ciencias Naturales e Historiador de la ciudad de Las Tunas, Licenciado en Historia y Master en Desarrollo Cultural Comunitario. Miembro de la UNEAC y Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba. Posee la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla Raúl Gómez García y la Réplica del machete de Vicente García, entre otras. Falleció el 12 de noviembre de 2021.

[12] Vicente García: Leyenda y Realidad, Víctor Manuel Marrero Saldívar, Ed Ciencias Sociales, La Habana, 1997. P 5.

[13] Ídem. Ob, cit., pp 406-407-408-409.

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Las Tunas (1953) Periodista, Investigador de temas históricos, documentalista, escritor.

Graduado de Licenciado en Periodismo en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba. Diplomado en Historia y Marxismo, en la Universidad “Ñico López”, La Habana. Diplomado en Nueva Realidad del Periodismo Latinoamericano, Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, La Habana.

Tiene publicado los libro: Quifangondo a Vitoria é Certa. «Editorial Capitán San Luis», La Habana, Cuba. Legado Inmortal; Madrugada de los Gallos; Las Desavenencias en las guerras: dos conflictos y… Soliloquio: El general dice su verdad. Todos en Editorial AutoresEditores.com. Colombia.

informes de lectura

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.