Las nueve musas
Desembarco de Alhucemas

PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (II)

Promocionamos tu libro

Desembarco de Alhucemas, ejemplo a seguir para la 2ª Guerra Mundial

El desembarco de Alhucemas tuvo lugar el 8 de septiembre de 1925 dentro del marco de operaciones llevadas a cabo durante la Guerra del Rif.

guerra del Rif
Playas en que tuvo lugar el desembarco de Alhucemas

La acción militar, llevada a cabo por el ejército y la armada españolas, apoyados por un contingente aliado francés, es considerada como el primer desembarco anfibio en la historia que involucra el uso de carros de combate y apoyo aéreo masivo por mar. Fue la primera maniobra combinada exitosa del siglo XX, y se cree que es uno de los precursores de los desembarcos anfibios aliados durante la segunda Guerra Mundial.

El desembarco resultó determinante para propiciar el final de la guerra, tanto es así, que muchos lo consideran el Desembarco de Normandía español, si bien esta analogía no es del todo correcta, aunque sí fiel reflejo de la importancia de la operación. Por orden cronológico, y la efectividad con la que se planteó, sería más correcta una comparación inversa, máxime cuando el propio general Eisenhower, comandante en jefe de las fuerzas aliadas en el frente de la Europa occidental durante la 2ª Guerra Mundial, admitió haber estudiado la acción militar llevada a cabo por españoles y franceses en África a la hora de planificar la invasión del continente europeo. La diferencia es que los estadounidenses siempre han trabajado más el tema del marketing, y cuentan con una extensa filmografía capaz de eclipsar cualquier otra gesta, por mucho que la prensa internacional de la época elogiase las condiciones en las que se llevó a cabo la operación y el coraje demostrado por los soldados españoles aquel 8 de septiembre de 1925.

 A la cruel derrota de Annual entre julio y agosto de 1921, con unas cifras oficiales que hablan de 12.214 fallecidos, le siguió una tremenda crisis política e institucional en España. A la vez que se exigía la depuración de responsabilidades por los sucesos, se utilizaba la catástrofe como arma arrojadiza por las diferentes corrientes ideológicas, para el logro de objetivos tanto colectivos como individuales. Tras varios cambios de gobierno, bandazos en la política con respecto al protectorado, comisiones de investigación partidistas en el congreso, cuestionarse la monarquía y ponerse al ejército en el punto de mira, con un ambiente social extremadamente complicado, el 13 de septiembre de 1923 se produjo el levantamiento militar del general Miguel Primo de Rivera. Un golpe esperado que se asumió con naturalidad en las calles, y con la esperanza de que el nuevo régimen solucionase los múltiples problemas que sufría el país.

La “providencial” llegada al poder del general tuvo una primera consecuencia de la que el monarca resultó especialmente favorecido: el expediente Picasso, dosier de investigación del desastre de Annual, regresaba al organismo desde el que había partido, es decir, el Consejo Supremo de Guerra y Marina, cuyas atribuciones se limitaban al ámbito militar, apartándolo así de la política. Tras el fallo del Consejo y conocidas las condenas, en julio de 1924, el nuevo régimen promovía un decreto por el cual se amnistiaba a la mayoría de los condenados por aquel desastre, en claro gesto conciliador hacia los militares africanistas. De esta forma, se dio carpetazo a la depuración de responsabilidades y el cuestionamiento de la monarquía, aunque aún quedaba por resolver el problema marroquí y la guerra cruel que se libraba en el norte de África.

Primo de Rivera no tenía interés en el protectorado, para él sólo se trataba de un injustificado derroche de hombres y dinero, como demostraba el hecho de que en 1917, siendo Capitán General de Cádiz, defendiera públicamente el abandono de la zona y el canje de Ceuta por Gibraltar. Pero esta forma de pensar se encontraría con dos problemas fundamentales: los compromisos internacionales adquiridos sobre el protectorado y el tipo de solución que reclamaba el ejército de África. Mientras tanto la guerra continuaba, las campañas y los muertos, ya que Abd-el-Krim seguía luchando por sus objetivos independientemente de las decisiones que tomase España.

El desastre de Annual y sus efectos; la investigación, el humillante canje de prisioneros, el desmantelamiento del frente oriental, el fortalecimiento de las harcas rifeñas, etc., produjo un cohesión entre los miembros del ejército en África que buscaba resarcirse y dar una solución militar al conflicto, restablecer su honor. Sin embargo, la postura de Primo de Rivera con respecto al conflicto y la desafección de la opinión pública con la empresa militar en Marruecos, dibujaba un panorama nada favorecedor, por lo que los africanistas decidieron reaccionar. Necesitaban el apoyo de la opinión pública y contar con un gobierno que retomase la campaña militar, con lo que decidieron crear varias publicaciones a modo propagandístico, mediante las cuales difundir sus ideas e impulsar una contraofensiva, que fue concebida como “Reconquista”, con toda la carga histórica y simbólica que ello conllevaba. Se apelaba al patriotismo, y se vinculaba éste al Ejército de África.

Por otro lado, Primo de Rivera, consciente de que un abandono sin más del protectorado significaba incumplir los compromisos adquiridos con las restantes potencias y reconocer la incapacidad colonizadora de España, en definitiva, una autoexclusión del foro internacional en el que se aspiraba a desempeñar un papel más relevante, necesitaba buscar una solución que redujese la implicación hispana, pero sin dar la impresión de que había una dejación. Lo debía plantear como un cambio de estrategia en los métodos de protectorado debido a los malos resultados cosechados hasta la fecha.

El nuevo plan consistía en un repliegue general de las posiciones hacia la costa, estableciéndose una poderosa línea defensiva (“Línea Estella” o “Línea Primo de Rivera”) tras la que se establecería una zona eficazmente pacificada, mientras que al otro lado quedarían las cabilas rebeldes y se buscaría ejercer el dominio español de forma diferente. Es decir, mediante acuerdos, apoyo económico, cultural… pero sin presencia militar. Además, se establecería un férreo control del tráfico de armas y suministros, que ahogaría la rebelión. La limitación de la extensión del territorio ocupado permitiría, además de un mejor control, la reducción de gastos y la repatriación de tropas, adecuando la empresa marroquí a las verdaderas posibilidades de la nación. Por otra parte, la estrategia permitía conjurar también la amenaza de un arreglo internacional del que España fuera mantenida al margen, a la vez que buscaba calmar los ánimos de los militares africanistas, y neutralizar el pánico de las tribus aún sometidas, ante la posibilidad de un abandono definitivo de España que las dejase a merced del líder rebelde Abd-el-Krim.

Entre septiembre y diciembre de 1924, fueron abandonados más de 300 puestos en el sector occidental, ciudades y posiciones por las que se había sudado sangre, y que el dictador no tenía en planes reconquistar. La operación no resultó sencilla, los rifeños interpretaron el repliegue como un gesto de debilidad, y en muchas ocasiones éste hubo de realizarse bajo fuego enemigo produciéndose no pocas bajas. El punto álgido se dio con la evacuación de Chauen, la última gran posesión española en ser abandonada. Abd-el-Krim accedió a la ciudad en diciembre de 1924 entre vítores y aplausos, con un ingente botín capturado. España había repatriado 23 mil hombres, y para la primavera de 1925, los rebeldes controlaban prácticamente toda la zona de influencia española, lo que se veía con preocupación en la península. Abd-el-Krim, que había aumentado su prestigio explotando la retirada como una victoria, se hallaba eufórico y menos dispuesto que nunca a abandonar la lucha.

Abd-el-Krim
Abd-el-Krim

Si bien las posiciones establecidas en la Línea Estella fueron firmes y rechazaban con éxito las acometidas rifeñas, resultaba evidente que la reducción de contingentes y gastos no serían los esperados. Se hizo patente que el repliegue por sí sólo no era la solución definitiva y que habría que combinarlo con algo más. España buscó la vía diplomática, tanto con los rebeldes como a nivel internacional, pero las negociaciones no fructificaron. Abd-el Krim sólo aceptaría la independencia, hecho que España no le podía otorgar para no contravenir los acuerdos internacionales, si bien estaba dispuesta a ello. Con Inglaterra y Francia buscó una permuta de territorios con la idea de reducir el tamaño del protectorado y obtener contrapartidas, bien Gibraltar por parte del Reino unido o Tánger por parte de Francia. No obstante, tampoco hubo suerte y el asunto quedó en un intento de lograr uno de los antiguos anhelos hispanos.

Los repliegues españoles y avances rifeños, dejaron expuesta la línea francesa, haciendo que el 14 de abril de 1925 los rebeldes perpetrasen un ataque masivo sobre territorio de influencia francesa. Las posiciones galas, similares a las españolas, fueron cayendo ante un enemigo que los franceses calificaron como el más potente y mejor armado que se habían encontrado a lo largo de sus campañas coloniales. Según Gómez Jordana, miembro del directorio militar de Primo de Rivera, esta había sido una consecuencia buscada. Atendiendo a sus palabras, el abandono de posiciones se había realizado para que Abd-el-Krim se olvidase de España y se revolviese contra Francia, lo que implicaría al país galo en el conflicto y provocaría una alianza con el país vecino, considerada fundamental para derrotar a los insurrectos. En caso de haber sido así, hubiera resultado una jugada maestra, no obstante, el nulo interés mostrado por Primo de Rivera en el protectorado, y las estrategias tanteadas para eludir los compromisos adquiridos en la zona, así como el tremendo coste que estaba soportando España, hacen del todo inverosímil esta versión.

Los franceses aprendieron por las malas lo que suponía el ataque de un harca rifeña (harca: expedición militar de tropas indígenas de organización irregular). Tuvieron 11000 bajas (5500 fallecidos) y perdieron 44 de 66 posiciones que tenían, además de 51 cañones, 35 morteros, 180 ametralladoras, 5000 fusiles y gran cantidad de munición. Quizás esto ayude a ver de otra manera las derrotas españolas en Marruecos, está claro que no se trataba de un enemigo sencillo. La ofensiva de Alb-el-Krim arrinconó a los franceses que, con sus líneas a punto de quebrar y Fez amenazado, entendieron que debían pasar a la acción y colaborar con España para poder neutralizar el peligro.

El fracaso de las gestiones para abandonar los compromisos internacionales y la posición inmovilista de Abd-el-Krim, llevó a la dictadura primorriverista a afrontar una nueva y definitiva campaña militar de ocupación y control del territorio. Un viraje en la política con respecto a Marruecos impuesto por las circunstancias, si bien Primo de Rivera se mostró reticente a una intervención completa. Se juzgó que no era aconsejable seguir profundizando en el repliegue mientras no se realizase una acción que pusiese de manifiesto la superioridad española. Había que dar un golpe sobre la mesa. En este sentido, el objetivo estaba claro, se debía atacar el centro de la rebelión, había que ir a Alhucemas, al corazón del Rif.

Si bien se podría pensar que la decisión suponía un punto de inflexión en la política española en África, el paso de una posición no retencionista a otra de ocupación, hay que indicar que no era en absoluto incompatible con la idea del repliegue, y ni siquiera con la del abandono total. La intención del general Primo de Rivera seguía siendo la de reducir el territorio ocupado para poder disminuir drásticamente el número de tropas y gastos en Marruecos. La toma de Alhucemas, con la que cobraba más sentido la idea de un abandono de carácter no total sino parcial, le permitía cumplir con los compromisos internacionales y contentar a los militares africanistas, además de conservar la franja costera como barrera defensiva de la Península. No obstante, abandonar el protectorado una vez salvado el honor del ejército tras el desembarco no dejaba de ser una posibilidad. De hecho, España no quiso asumir ningún compromiso bélico con los franceses al margen de dicha acción.

A la hora de preparar la operación, se barajaron varias posibilidades. Se planteó la opción de llevar a cabo el desembarco en solitario, es decir, sin contar con la colaboración francesa, debido a lo mucho que se estaban dilatando las conversaciones. La idea fue desechada por resultar imprudente dado el tremendo aumento de medios y moral de los rifeños por sus triunfos en la zona gala. También se planteó la realización de un desembarco pacífico mediante un trato hispano-rifeño o, en un segundo intento, poniéndose de acuerdo con Francia y ofreciendo unas condiciones de paz conjuntas que incluyeran la ocupación española de Alhucemas. Cabía la posibilidad de que, al ver unidas a ambas potencias, Abd-el-Krim estuviese dispuesto a negociar. Los rifeños no aceptaron la propuesta, dejando como única alternativa la acción militar, que se demoró más de lo previsto, por la tardanza del gobierno francés en tomar una decisión.

Los españoles organizaron la operación minuciosamente, incluso habían tenido en cuenta la posibilidad de que las condiciones atmosféricas y otros factores pudiesen alterar las previsiones y hubiese que introducir modificaciones. De hecho, los franceses, conscientes de las inevitables circunstancias adversas en que habría de desarrollarse la acción (el enemigo esperaba el ataque, la posición estaba fortificada y era fácil de defender, imposibilidad de prever la climatología…) quedaron plenamente satisfechos de la preparación, cuyos detalles les fueron facilitados el 21 de agosto de 1925 en una reunión que tuvo lugar en Algeciras, quedando el plan de operaciones aprobado por ambos estados mayores apenas 11 días después (1 de septiembre) en aquel mismo lugar.

Este plan constaba de 4 fases, la primera consistía en una maniobra de distracción atacando dos posiciones, una próxima a Ceuta y otra a Melilla, simulando que se realizaría el desembarco simultáneo en ambas. Se trataba de confundir al enemigo, conscientes de que éste ya era conocedor de que se produciría un desembarco. La segunda fase consistía en el desembarco de las columnas de Ceuta y Melilla ya en Alhucemas, si bien el lugar exacto no se concretaría hasta el último momento. La tercera fase consistía en un avance mediante la ocupación de una cabeza de desembarco, y la cuarta, batir a las fuerzas enemigas y fortificar una base de operaciones que se debía establecer para futuras campañas. No había más, no había intención de seguir adelante y adentrarse en el territorio. Se trataba de desembarcar y conquistar Axdir, capital de los insurgentes, no había intención de ir más allá que la de instaurar una base de operaciones.

Los españoles llevaban meses preparando la operación, en la que en un principio, planeaban el desembarco de 18000 hombres para hacer frente a unos 11000 rifeños que se calculaba defenderían el enclave. Era la primera acción anfibia en la que participaba España y ello, junto al fracaso de la similar operación anglo-francesa en Gallipoli en 1915 durante la Primera Guerra Mundial, unido al hecho de que el terreno, bien conocido por los rifeños, presentaba grandes dificultades para realizar el desembarco, llevó a Primo de Rivera a investigar los motivos del desastre de Gallípoli y realizar una cuidadosa planificación y preparación. No sólo se adiestró a las tropas en operaciones de desembarco, sino que también se realizaron operaciones pequeñas de desembarco como preparación, y se sobrevolaba la zona continuamente para obtener el máximo de información posible. De hecho, la potente defensa preparada por Abd-el-Krim en la principal playa de la bahía, la playa de Suani, condujo a descartar ésta como lugar de desembarco y decantarse por otros puntos casi en el último momento. Se eligió la playa de las Cebadillas, un poco más al oeste y en el exterior de la bahía, como zona para el desembarco de la primera oleada.

general Sanjurjo
general Sanjurjo (El León del Rif)

La comandancia general de Ceuta aportó una brigada, y la de Melilla otra, siendo el general Sanjurjo, que en esos momentos era el comandante general de Melilla, el máximo responsable de las tropas terrestres.

La brigada de Ceuta, quedó al mando del general Saro, 9300 hombres que dividió en tres grupos. El primero, el más importante y el que llevaría el mayor peso de la acción, quedaba al mando del coronel Francisco Franco. Disponía de una unidad de carros de asalto, tropas “indígenas” al mando del comandante Agustín Muñoz Grandes y diversos batallones de especialistas (tiradores, unidades de ametralladoras, zapadores, ingenieros, unidades de explosivos, transmisiones…), sumando en total 4500 hombres. Una segunda columna a cargo del coronel Martín González con 2800 hombres, y la tercera, de 2000 hombres, con el teniente coronel Campins al frente, que quedaría en la reserva. Tres unidades tácticas, independientes, con personal de todo tipo para poder desempeñar cualquier labor que se presentase.

La brigada de melilla se organizó en 2 columnas, la primera de 6000 hombres bajo el mando del coronel Manuel Goded, también totalmente independiente, y una segunda unidad compuesta por 3073 hombres.

Si bien la primera columna de Melilla era la más numerosa, el mayor peso del desembarco lo llevaría el primer grupo de Ceuta, que sería el primer contingente que pusiese pie en tierra.

En las primeras llegadas de tropas, se descartó el llevar animales (mulas, caballos, ganado…) ya que su necesidad de agua era importante, y esta debía llegar desde los buques. Lo que si tenían claro las dos brigadas, tanto la de Ceuta como la de Melilla, es que se debían organizar unidades para desembarcar suministros y municiones mientras sus compañeros combatían.

Para la operación, se disponía de 26 barcazas de desembarco tipo “K” adquiridas a los ingleses en 1924, procedentes de los excedentes aliados de la malograda operación de desembarco en Gallipoli. Estas embarcaciones, numeradas desde K-1 hasta K-26, de 30m de eslora y 6,5m de manga, tenían capacidad para albergar hasta dos compañías (unos 300 hombres). Su escasa autonomía provocaba que tuviesen que ser remolcadas hasta unos 1000 metros de la playa, momento en que eran largados los remolques de forma que las barcazas alcanzaban la playa por sus medios, donde desplegaban la rampa que montaban a proa para facilitar el desembarco tras la varada.

Toda la operación combinada quedaría al mando del general Primo de Rivera, que asumiría personalmente la responsabilidad, al igual que lo había hecho en la retirada de Chauen, en la que se produjeron muchísimas bajas. Estaría al mando tanto de las fuerzas españolas como de las francesas, que para el desembarco, como tropas terrestres, solo aportaron un batallón de infantería de marina (contribuyeron principalmente con fuerzas navales, además de una escuadrilla de bombardeo compuesta por 6 aparatos). El cometido principal de los galos consistía en iniciar una ofensiva desde el sur con la idea de atacar a los rebeles desde dos frentes, una operación en pinza que obligaría a Abd-El-Krim a dividir sus fuerzas.

Mientras estaba a punto de iniciarse la acción, el 3 de septiembre, Abd-el-Krim que era conocedor de que se produciría un desembarco inminente, lanzó 3000 hombres apoyados por artillería contra una posición española próxima a Tetuán, Kudia Tahar, con la intención de distraer a los hispanos y evitar o debilitar el desembarco mediante el desvío de tropas. Un enclave realmente importante en la defensa de la capital del protectorado español. No obstante, el general Primo de Rivera se mantuvo firme y se ciñó al plan establecido, ordenando a los atacados mantener la posición a toda costa. Kudia Tahar aguantó a pesar de las numerosas bajas, hasta que el día 12 fue liberada por tropas de la brigada de Melilla que se desviaron desde Alhucemas una vez consolidada la posición, y que inmediatamente retornaron para continuar con las operaciones posteriores al desembarco.

La maniobra para el desembarco comenzó el día 6 de septiembre con la salida simultánea de destacamentos desde Ceuta y Melilla. El contingente que venía de Ceuta, bombardearía la posición de Oued Lau y simularía realizar el desembarco, al igual que lo haría el de Melilla con Sidi Dris. Las fuerzas aliadas mantendrían efectivos en estas localizaciones fingiendo que la operación continuaba, mientras al caer la noche el grueso del ejército se trasladaría a Alhucemas para iniciar el desembarco al día siguiente a las 4 de la mañana aprovechando las distracciones iniciadas. Sin embargo, la densa niebla que se levantó y las fuertes corrientes, provocaron la dispersión del convoy, lo que obligó a que se tuviese que esperar a reunir las tropas y retrasar el ataque hasta el día 8. Los soldados permanecieron 44h embarcados antes de poder iniciar el ataque, la mayoría hacinados en las barcazas K.

Dédalo
Portahidroaviones Dédalo

Es importante reseñar, que durante esta travesía, las órdenes de operaciones, así como las playas donde se produciría el desembarco fueron cambiando. Lo único claro, era que las tropas de Ceuta desembarcarían por la izquierda (situando la costa a la espalda) y los de Melilla por la derecha. Con estas premisas, finalmente se había decidido que el contingente del coronel Franco desembarcaría en la playa de las Cebadillas, pero al descubrir en un último reconocimiento que el lugar estaba minado con bombas de aviación que se detonaban a distancia (instaladas por ingenieros mercenarios alemanes al servicio de los rebeldes, también los había de otras nacionalidades), se decidió cambiar el objetivo y efectuar el desembarco más al oeste, en la playa de Ixdain.

Al dirigirse al nuevo objetivo, hacia el mediodía del 8 de septiembre, se encontraron con que las numerosas rocas de la playa impedían a las barcazas llegar hasta tierra, quedándose a unos 50 metros de la orilla. No obstante, el coronel Franco, consciente de que si no avanzaban quedarían a merced del enemigo, dio la orden de saltar al agua y llegar a la playa a “pie”, con el agua al cuello. Ello provocó la imposibilidad de llevar los carros de asalto a tierra, que iban a ser empleados como parapeto y fuego de cobertura para las tropas de infantería que vendrían a continuación. Por tanto, el desembarco tuvo que llevarse a cabo sin apoyo de estos blindados y a plena luz del día, si bien, resultó determinante el apoyo de la artillería de los buques, con unas 200 bocas de fuego, así como los ataques constantes de la aviación, que también utilizó gas mostaza.

El ataque resultó un éxito, con apenas un centenar de bajas, se tomaron varias posiciones en altura, limítrofes a la playa. Con la playa correctamente defendida, pronto se comenzó a desembarcar material y suministros, e incluso el general Saro se trasladó al lugar tras la primera oleada, montando su estado mayor y un pequeño campamento. De este modo, para ese mismo día, pudo desembarcar gran parte de los hombres de la primera y segunda oleada. También se lanzó una operación para atacar la casamata desde donde los rifeños podían activar las minas de la playa de las Cebadillas, consiguiéndose así destruir los citados explosivos y dejar la playa despejada. Se estableció una primera línea consiguiéndose tomar la posición de Morro Nuevo, la más al oeste de la bahía de Alhucemas. Con la playa tomada y las posiciones establecidas, los buques franceses abandonaron el lugar al día siguiente.

Alhucemas
La playa de Morro Nuevo en los días del desembarco

Abd-el-Krim, al ser consciente de la localización real del ataque aliado, intentó un contraataque, para el cual necesitó 3 días, al tener que reagrupar sus fuerzas, ubicadas en otros enclaves para la defensa. Este importante lapso de tiempo permitió a los españoles afianzar sus posiciones y poder defenderlas con garantías. Los ataques se produjeron inicialmente de noche, para evitar tanto a la artillería como a la aviación, los días 11 y 12 de septiembre, y finalmente de día el 13 de septiembre. Todos ellos fueron rechazados por unas tropas bien posicionadas y abastecidas. A partir de ese momento, los rifeños se mantuvieron a la defensiva hasta que finalmente cayó Axdir.

La ampliación de la cabeza de desembarco se hizo muy despacio, hubo que esperar 15 días para descargar todos los recursos necesarios, toneladas y toneladas de material.

A partir del día 22 comenzó el avance sobre Malmusi, una posición elevada fundamental en la defensa de Axdir, y Morro Viejo, desde donde se podrían dominar varias calas. Un movimiento muy complicado por la dificultad del terreno y por no disponer aún del ganado, que acababa de empezar a desembarcar, para transportar el material. El ataque estuvo apoyado por la armada, que abrió fuego directo sobre la montaña, y por las baterías situadas en el peñón de Alhucemas, que castigaron las posiciones de Adrar Sedun y La Rocosa. En Malalmusi, los rebeldes, que disponían de trincheras horadadas en las rocas, lucharon hasta el último hombre, conscientes de la importancia del enclave, resultando unos combates especialmente duros. Finalmente, el coronel Franco se hizo con el lugar. Por otro lado, Morro Viejo fue tomado por el coronel Goded, lo que permitió el control de la cala del Quemado y Cala Bonita, ampliándose así las opciones de desembarco y dando la opción de establecer una nueva base (se organizó en la playa del Quemado).

El 26 de septiembre, 18 días después del desembarco, por fin se consiguió encontrar pozos de agua potable, hecho fundamental, ya que hasta ese día el líquido debió ser provisto desde los barcos.

El 1 de octubre se tomó el monte Abarrán, posición sagrada para los rifeños y de tan triste recuerdo para los españoles. Este hecho caló en la moral de los rifeños, que entendían que aquel monte sagrado nunca caería en manos de infieles. Tras la grave derrota, Abd el-Krim se vio obligado a retirarse con su estado mayor a la posición de Targuist, más al sur, donde se atrincheró a la espera de los españoles. Mientras tanto, los atacantes cercaban y tomaban la capital, Axdir, donde recuperaron varios cañones, municiones y abundantes víveres. Tras esta conquista, cumplido el objetivo y hecha una demostración de fuerza, Primo de Rivera decidió parar, no aprovechar la ventaja y tratar de negociar con los rebeldes. Abd-el-Krim no aceptó la propuesta española, con lo que hubo que reanudar las operaciones durante 1926 y 1927 hasta lograr toda la pacificación del Rif. El desembarco supuso el principio del fin tanto para la República del Rif, como para el propio líder insurgente, que incluso llego a pensar, tras derrotar a los franceses y amenazar Fez, que podría llegar a ser Sultán de Marruecos.

Abd-el-Krim acabaría entregándose a las tropas galas, consciente de que los españoles no le perdonaban lo sucedido en Annual. Fue deportado a la Isla de la Reunión, donde las autoridades francesas le facilitaron una cómoda vivienda y un generoso salario anual. Tras 21 años, logró escapar aprovechando un permiso de las autoridades galas y solicitó asilo en Egipto, donde moriría en 1963 a la edad de 81 años. España reclamó su extradición sin éxito en repetidas ocasiones, y si bien el rey Mohamed V le ofreció retornar una vez obtenida la independencia de Marruecos, éste jamás regresó.

Acorazado Alfonso XIII.
Acorazado Alfonso XIII.

El desembarco resultó sin duda un gran éxito, un punto de inflexión en la contienda, tras el cual se comenzó a recorrer el camino hacia la paz y el control del protectorado. Si bien algunos califican la operación de “afortunada”, asegurando incluso que todo ocurrió de forma diferente a las órdenes y previsiones, e indicando que se desembarcó en Ixdain por un providencial error, a la luz de la documentación existente, hay que desmentir dichas afirmaciones. No voy a negar que hubiera un punto de fortuna. En todas las facetas de la vida, por muy bien planificadas y organizadas que estén, siempre resulta necesaria, ya que habitualmente aparecen imprevistos que pueden dar al traste con todo el trabajo realizado. Resulta imposible controlar todos los factores, algunos no dependen de nosotros, y ahí es donde toma parte la experiencia, la capacidad de decisión, la preparación… y la fortuna. Los españoles habían hecho su trabajo; idear y planificar la operación, entrenar las diferentes situaciones, esperadas y potenciales, recabar la máxima información posible… iban preparados, como ya hemos citado anteriormente, incluso se había contado con la posibilidad de que las condiciones atmosféricas y otros factores pudiesen alterar las previsiones y hubiese que introducir modificaciones, como así ocurrió. Es como cuando uno va a hacer un examen, cuanto más preparado más opciones de aprobar, e incluso de responder a cuestiones inesperadas por disponer de más herramientas para ello, siempre se pueden rascar algunas décimas aunque no se tenga ni idea. Pero ello no garantiza el éxito, simplemente aumenta las posibilidades de lograrlo. Por algo los romanos entrenaban como luchaban y luchaban como entrenaban. Lo que está claro, es que sin preparación es cuando se necesita el milagro.

Desembarco de Alhucemas
Desembarco de Alhucemas, cuadro de José Moreno Carbonero (1929)

El éxito de la misión, se debió principalmente a varios factores; el primero, la preparación, que sin duda y aunque pudiera haber sido mejor (siempre se puede mejorar) estuvo bien trabajada. La segunda, la flexibilidad y determinación, la forma en la que se fueron modificando los planes a medida que iban apareciendo los imprevistos, la capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias y la rápida toma de decisiones, como es el caso del cambio de playa al descubrir las minas o lanzarse al agua prescindiendo de los carros de asalto para alcanzar la orilla a la mayor brevedad. El tercero, la claridad de los objetivos, cada unidad era consciente de cuál era su propósito una vez alcanzada la playa, y trabajó a destajo para llevarlo a cabo. El propio Primo de Rivera demoró el auxilio a Kudia Tahar para no comprometer el objetivo principal que era Alhucemas, y Axdir. Y por último, como no, la fortuna, siempre hace falta algo de fortuna. El verse obligados a retrasar la acción un día a causa de las corrientes y la niebla, y que no se realizase el ataque de noche, resultó favorable a la hora de descubrir las minas por ejemplo.

Por tanto, no se puede decir que el triunfo en Alhucemas se debiese a la “buena estrella” del ejército español, estaríamos dando una versión muy simplista e interesada de los hechos, y hay que reconocer todo el trabajo que hubo detrás. Valga como ejemplo, que los franceses, conscientes de las inevitables circunstancias adversas en que habría de desarrollarse la operación y obsesionado por prever todas las contingencias, quedaron plenamente satisfechos de la preparación realizada por los españoles. En definitiva, recordar que cuando las cosas se hacen bien y se trabajan, aumentan nuestras posibilidades de obtener buenos resultados, así que desechemos la palabra “suerte” cuando alguien logra éxitos importantes, normalmente hay un gran trabajo detrás.

Por último, recordar a mi abuelo, que prestó servicio militar en Marruecos durante la guerra del Rif y participó en el desembarco de Alhucemas. Tres años en África de los que apenas conozco unos pequeños detalles. Sé que desembarcó en la barcaza K-12, que Primo de Rivera le dio un paquete de tabaco, y que en su pueblo le dieron por muerto, celebrando incluso un funeral en su memoria. Una pena no haberme interesado más sobre el asunto en su época, me encantaría poder charlar con él y conocer su experiencia, pero las olas que pasan ya no vuelven, así que me tendré que conformar con los detalles y con lo que pueda averiguar leyendo sobre el tema. Al menos, ahora puedo valorar con más perspectiva y de forma más consciente la época que le tocó vivir, tanto en África como en la guerra civil y la postguerra… Una lección para cuando uno tiene la osadía de calificar la vida propia como “dura”.

Protectorado español en Marruecos (I)

Lander Beristain

Lander Beristain

Lander Beristain, San Sebastián (Gipuzkoa) 1971. Siendo el menor de tres hermanos, se crió en el seno de una familia de clase media que además de aportarle su cariño, le inculcó el gusto por la educación y la cultura, así como unos valores personales marcados a fuego que aplica en todos los aspectos de su vida y proyectos en los que se implica.

Pasó su infancia en Deba (Gipuzkoa) y posteriormente se trasladó a vivir a San Sebastián.

Apasionado de la literatura y de la historia del imperio romano, así como de las novelas históricas que leía en diversos idiomas, tuvo que relegarlos a un segundo plano para acometer sus estudios de Ingeniería industrial en la Universidad de Navarra y desarrollar una carrera profesional estable.

Con infinidad de ideas en su cabeza comenzó a escribir “El Consejero de Roma” en 2017, tardando 2 años en confeccionar el primer borrador. Posteriormente fue puliendo diversos detalles y aspectos, antes de presentarlo a “Las nueve musas ediciones” para su edición, de forma que quedase listo para ver la luz. Un momento tan esperado como ilusionante.

Corrección de textos

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • Andanzas del Maravilloso Idiota
  • La felicidad de los manglares
  • Camp Red Valley
  • Misión Gliese
  • El consejero de Roma
  • Retazos de poemario Absurdo y feromonas

  • En el Lago Español
  • Retazos de poemario Absurdo y feromonas

  • El último experimento
  • Dadme a vuestros rendidos
  • Cuando crecen las sombras

Los + vendidos