El nuevo poemario de Diego Villagordo, Pétalos de plomo, publicado por la editorial Sapere Aude parte del vasto lienzo de la naturaleza, donde el tiempo se desliza como un río incesante, la nostalgia teje su hilo dorado entre las sombras de los árboles y las malas decisiones del ser humano parecen llevarle a un callejón sin salida.

Cada brisa, cada poema, susurra historias relacionadas con nuestro presente y nuestro futuro, poco halagüeño si no le ponemos remedio: “El mundo es el mismo/ aunque nos empeñemos/ en hacerlo sin su permiso, / a nuestra imagen y semejanza. / Es momento de decidir/ si nos vamos nosotros / o le dejamos ser.” (“El mundo es el mismo”).
En este escenario hostil, el paso del tiempo se revela en cada cambio de estación, en cada ciclo de vida que se despliega ante nuestros ojos. Las abejas, testigos silenciosos, guardan los secretos de un tiempo inmemorial, mientras que los campos ondulantes susurran canciones de antaño, recordándonos la fugacidad de la vida y la eterna danza del universo.
La nostalgia, como una suave neblina que envuelve la tierra al amanecer, nos abraza con susurros del pasado. Nos sumerge en la melancolía de lo que fue y ya no es, invitándonos a navegar por los recuerdos como marineros en un mar de emociones. Cada rincón de la naturaleza, cada aroma, cada color, evoca imágenes de momentos perdidos en el tiempo, dejando una estela de añoranza en el corazón: “Pervivimos en las calles / impasibles y plácidas / que contemplan nuestros días. / Y vamos respirando el aire puro / de los viejos libros / buscando en sus hojas / señales que nos oxigenen / en este espacio intemporal.” (“Pasado, viejo amigo”).
En este viaje de la mente y el espíritu, encontramos consuelo en la belleza eterna de la naturaleza, en su constante renovación y en su capacidad para sanar nuestras heridas más profundas. A través de sus paisajes cambiantes y sus ciclos infinitos, aprendemos a aceptar el flujo del tiempo y a encontrar belleza en la poesía, en la literatura, que se convierte aquí en un bálsamo, en un refugio en el que el poeta se siente más vivo que nunca a pesar de sus fobias: “Solo te tengo a ti, poema. / Estamos solos tú y yo, / y algunos amigos / que ya te he presentado.” (“Solo te tengo a ti”).
Así, entre el susurro de las palabras y el zumbido de las abejas, entre la luz dorada del atardecer y el suspiro del viento, nos sumergimos en la poesía de Diego Villagordo, donde el paso del tiempo y la nostalgia se entrelazan en un baile eterno de amor y pérdida, recordándonos nuestra propia fugacidad en el vasto lienzo del universo y la responsabilidad que tenemos al ser los controladores del orbe.
Diego Villagordo García (Formentera del Segura, 1983) es Licenciado en Ciencias del Trabajo por la Universidad de Alicante. Su actividad artística la canaliza entre la literatura y la música.
Como escritor, ha publicado el poemario Versortes (2021, Ed. Librería Códex), un libro inusual que causó sorpresa tanto por su temática «deportiva» como por la calidad de sus ilustraciones, a cargo del oriolano Tete Navarro.
También ha participado en distintas antologías.
Con su segundo poemario, da un giro radical en su poesía y aborda temas candentes, reclamando una reflexión del lector.

















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