Las nueve musas
Joaquín Sabina

Los poemas canción de Joaquín Sabina

En este artículo voy a tratar de las letras de las canciones de Joaquín Sabina, centrándome en las décadas de los 80’s y 90,s del siglo pasado, para mí las mejores de su producción.

Querría ver en esa época, que podríamos denominar “la post-transición”, cómo le influyó su entorno y cómo influyó él en dicho entorno. Pero Sabina sigue en la brecha y ya nos ha indicado que después del parón, por su accidente en escena y el coronavirus, tiene ganas de volver a los escenarios.

Sirva de ejemplo la espinela que le acaba de dedicar otro ilustre cantautor, Jorge Drexler, en la gala de los Gramys de noviembre del 2021.

Con un talento sin par
llenó de versos los bares.
Nos hizo llorar a mares
reír a gritos, bailar.
Nos enseñó que rimar
tiene riesgo, tiene urgencia.
La musa hizo residencia
en su copa de tequila.
Su pluma… nos encandila!
con ustedes: su excelencia.

Joaquín Sabina
De Martha Silva from León, Gto., Mexico – Joaquín Sabina en León

Ante todo, tengo que agradecer a Katarzyna Szpunar, compañera mía hace unos diez años en la licenciatura de Filología Hispánica, toda la información que recopiló para un trabajo conjunto que he tomado como base para este artículo.

La literatura, y más concretamente la poesía, han estado desde siempre relacionadas con la música. Ya los antiguos “Melés” griegos, puentes desde la oralidad a la escritura, se creen que eran cantados, y así lo fue la lírica (nombre que proviene del instrumento musical “Lira”), hasta que fue excluida por Platón y Aristóteles de los grandes géneros (se dice que para eliminar competencia en la enseñanza que significaban los poetas frente a los filósofos).

La música ha sido un apoyo para estas literaturas transmitidas oralmente, por facilitar tanto la dicción como la asimilación de los textos. En la edad media los trovadores, constituyen otro ejemplo de esa propagación oral; también lo son los romances, que se debían acompañar al recitarlos de algún instrumento musical o entonación de voz que resaltase la rima asonante cada dos versos.

Sin que desapareciese la música de la sociedad, el renacimiento, el barroco y la ilustración, la aparición de la imprenta y el incremento de quienes sabían leer, hizo que la cultura se transmitiese más por la vía escrita y la música evolucionó como arte, en la que el texto era menos importante, excepto en los ambientes rurales (con un alto índice de analfabetismo) en los que coplillas y otras canciones siempre habían sido la vía de comunicación de esa “sabiduría y cultura popular”.

Con la llegada del siglo XX, la música descubre “su imprenta”, los discos, que permite reproducir indefinidamente las piezas y así la actuación musical deja de ser un acto único, y se pone al alcance de un público infinitamente más amplio y continuo. Esa eclosión, permite que aparezca un nuevo grupo de comunicadores, “los cantautores”, que utilizan el formato musical para transmitir su mensaje.

La modernidad y la postmodernidad han puesto a nuestra disposición esas nuevas formas de transmisión, a la vez que la evolución de la sociedad y las nuevas formas de enfocar la vida, han convertido a esos cantantes compositores en mucho más famosos que los escritores.

Hace tiempo, ya dediqué un artículo en “Las nueve musas” a Sabino Méndez, letrista, compositor y componente del grupo “Loquillo y los trogloditas” que en su libro autobiográfico “Corre Rócker” nos describe esos años y la relación de la música y la sociedad. Sabina representa un enfoque distinto.

Joaquín Sabina eclosionó a la fama en los 80’s y aún continúa ahí, siendo el ejemplo de un cantautor que cuenta historias de la vida en sus canciones. Si queremos conocer su opinión hay dos libros biográficos escritos por Javier Menéndez Flores: “Perdonen la tristeza” y “En carne viva”.

Rebajas

Las letras de sus canciones, recopiladas en “Con buena letra”, son pura poesía urbana; y hablando de poesía no hay que olvidar que “Ciento volando”, el libro de sonetos de Sabina, creo que ha sido uno de los libros de poesía más vendido en España de la historia, lo que nos demuestra la influencia del personaje y cómo se puede acercar a la poesía a personas habitualmente alejadas de la misma, ya que estas músicas son el acceso a la literatura para amplios colectivos que no suelen acceder a la literatura escrita y menos a la poesía.

Por tanto, para hablar de Sabina, vamos a obtener la información de unas biografías entrevista y de sus letras, la poesía de la experiencia de uno de los mejores poetas urbanos. Podríamos calificar esta información como la crónica sentimental de esa época, pero dicha crónica también destaca por contener componentes sociales y políticos. El personaje vive plenamente y produce su obra en los años de la post-transición. En resumen, Sabina es un músico que a través de sus letras hace literatura.

Sabina nació en Úbeda, hijo de un comisario y una señora de buena familia, que no vio demasiado bien esa relación con un policía. Estudió la carrera de Filosofía y Letras en la última etapa del franquismo y se implicó en la lucha contra la dictadura. Tuvo que huir de la persecución policial, tras poner un cóctel molotov en una sucursal del Banco de Bilbao, para exiliarse en Gran Bretaña y en vez de convertirse en profesor de literatura, que probablemente era su primera intención, se “introdujo” en el mundo de la música.

Su creación artística desde muy pronto se ve impregnada de sus vivencias que cuenta con una extraordinaria dosis de verosimilitud.  Es innegable el talento literario con el que narra las historias en las letras de sus canciones. En su biografía entrevistada (Sabina en carne viva) reconoce que la mentira toma un papel esencial en cualquier obra literaria y que permite “fundar palacios sobre los escombros de la realidad”. Lo cual parecería indicar que la verosimilitud no siempre se corresponde a la veracidad en sus canciones, lo que yo en general dudo. Una cosa es que la historia no sea absolutamente verídica y otra que no se base en unos hechos reales.

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  • Sabina (Author)

Exiliado en Inglaterra, se gana la vida como músico de la calle, participa en los recitales organizados por los españoles emigrantes que solían ser de canción protesta y aparece en las notas de prensa al ser telonero del más conocido Lluís Llach.

Sabina expresaba en sus textos los problemas de España, tal como podemos apreciar en la mayoría de las canciones que aparecen en su primer disco, “Inventario”, publicado en 1978. En ese disco, se percibe una clara vinculación a la corriente de los cantautores de la canción protesta y a la creencia de que la canción servía para cambiar el mundo.

Así, “Canción para las manos de un soldado” es una canción social que alude a los problemas con los que se encuentra la gente del pueblo bajo el régimen franquista, y constituye hoy en día una canción desfasada de la imagen actual de Sabina.

En otra, “Mi vecino de arriba”, Sabina lanza su desprecio por “la gente de orden” que lleva una vida totalmente marcada por la educación de la época franquista.

A su vez, “Donde dijeron digo decid Diego” es un manifiesto de su generación que, una vez cambiada la realidad política, puede lanzarse a vivir la vida y “a pecar a manos llenas”. “1968” es una canción revolucionaria, dedicada al mayo del 68 y a la apertura hacia las libertades que se producía por aquel entonces. De todas formas, estas composiciones protesta de esa época tuvieron poca repercusión popular.

Ese primer trabajo discográfico en solitario Inventario (luego publicó un disco  con sus compañeros del pub “La Mandrágora, Alfredo Krahe y Alberto Pérez) contiene gran parte del material de poemario Memoria del exilio que, como reconoce Sabina, se editó en forma de libro en Londres al no haber posibilidad de lanzarlo con “la voz y la guitarra”. En un comentario respecto a este trabajo Sabina explica el concepto de su creación artística:

Creo en la canción como género impuro, efímero, de taberna, de suburbio; por eso amo el blues, los tangos, el flamenco. Mis canciones quieren ser crónicas cotidianas del exilio, del amor, de la angustia, de tanta sordidez acumulada que nos han hecho pasar por historia

Como muchos artistas que evolucionan, a Sabina no le gustan ahora sus primeros trabajos. Poco a poco empiezan a ganar terreno en sus canciones los temas relacionados con las vivencias que Sabina protagonizaba, dando un cierto tono autobiográfico a muchas de sus canciones. Él mismo no tarda mucho en cambiar de piel y de cantautor protesta pasa a ser cantante del presente, de lo que ofrece la vida de la calle y, en especial, la vida nocturna en la que reina el deseo, tan reprimido en los años anteriores.

Uno de los pilares que sostienen su obra es el tema de la marginación y los marginados. En canciones como “Que demasiado”, “Juana la loca” o “Princesa“  que corresponden a su tres siguientes discos, “Malas compañías (1980)”, “Ruleta rusa (1984)” y “Juez y parte (1985)”, desfila ese mundo duro y difícil de los maricas, las putas, los borrachos, los desesperados, los suicidas, los solitarios… y los enamorados”. Decía Javier Martínez Reverte: “Sabina hace la canción de nuestro tiempo con el ritmo de nuestro tiempo”. Por eso, el gusto musical evoluciona en paralelo a los cambios sociales.

Sabina introduce temas que hasta entonces no salían a la luz del día y hace de ellos el material de sus canciones. La generación anterior de cantautores centraba sus textos en lanzar un mensaje político en contra del régimen. En esta etapa de su creación Sabina se ciñe a lo cotidiano, al escenario de la noche.

En sus poemas cantados se suman la contemplación y la experiencia. Sus textos son fruto de una mirada “de un fino observador de su entorno que era capaz de extraer, de entre toda la paja de la rutina diaria, la precisa aguja de la singularidad. Sus textos contienen los rasgos de la poesía de la experiencia que se da en un tiempo concreto y de una situación concreta, expresada en lenguaje prosaístico, realista.

Presenta su experiencia con sinceridad y gran dosis de introspección. Así, Sabina penetra en el mundo nocturno que relata con una extraordinaria dosis de ironía, cinismo e humor, sin pisar los mundos idílicos y sin pretensión de lanzar un discurso solemne. Sus canciones, en las que hay mucho texto, mucha historia, mucho cuento o mensaje, son distintas de lo que en aquellos años escribía un cantautor tan famoso como Joan Manuel Serrat, que entonces ya se empezaba a notar que escribía de “oídas”, mientras Sabina lo hacía de “vividas”, es decir, de primera mano. Lo que era cierto, pues Serrat cambió de vida y se emparejó definitivamente en 1979, mientras Sabina no lo hizo hasta finales de los 90’s. Y estas dos fechas son significativas para ambos artistas, porque se nota en los textos de sus canciones que a partir de esas fechas ya no se refieren a algo vivido en presente, sino a recuerdos o invenciones. Y el público y los fans, que no son tontos, aunque a veces se lo hagan, porque un fan siempre alaba a su mito, comprueban que la veracidad y hasta la verosimilitud de los textos disminuye.

Volviendo a su época inicial en España como cantante, tuvo que hacer la mili en Mallorca, y luego encontró su Ítaca en Madrid. Se instaló en un pisito en la calle Tabernillas, y tocaba en “La Mandrágora” junto con Javier Krahe y Alberto Pérez, donde empezó a hacerse famoso a través de su pequeño público y el “boca oreja”.

Tocó también alguna vez en Rockola, pero dice que no lo iba a ver nadie porque a la gente le costaba reconocer el valor de sus canciones asociándolas a las, ya pasadas de moda, de cantautores cursis. Lo que quería la gente era divertirse. Este en un asunto que también nos cuenta Sabino Méndez, cuando habla de las nuevas tendencias entre los jóvenes: “Después de generaciones de cruzadas y militancias en las resistencias intelectuales, todo el mundo quería frivolizar y reír hasta reventar / (…) Juzgamos mejor divertirnos aceleradamente y morir pronto. Brillar con un fulgor excepcional y apagarnos con rapidez.” Toda una declaración de estilo de Jim Morrison, “muere joven y deja un hermoso cadáver”.

Volviendo a la eclosión a la fama de Sabina, creo que fue a través del programa de televisión de Fernando G. Tola “Esta noche” presentado por Carmen Maura, que hizo que lo conociera el gran público como una de las estrellas de la movida madrileña.

El tema de quemar la vida está muy presente en los textos de Sabina y se corresponde a las ansias de experimentar la vida en todos los aspectos tras una época en la que la gente recibía la educación con “los rigores de la catequesis tardofranquista”. Por eso, a través de sus canciones Sabina le dice al público: disfruta, no te quedes al borde, prueba todo lo que quisieras probar. En “Pisa el acelerador” del disco “Ruleta rusa” dice:

Dentro de algún tiempo estarás acabada,
metida en tu casa haciendo la colada,
nadie te dirá: «muñeca, ven conmigo»,
¿dónde irás cuando no tengas un amigo?,
tarde ya comprenderás por qué te digo:
Pisa el acelerador…

Es un carpe diem de siglo XX, similar al que cuatro siglos atrás escribía Garcilaso: “coged de vuestra alegre primavera / el dulce fruto antes que’l tiempo airado / cubra de nieve la hermosa cumbre”. Otra visión de este tema nos la muestra en “Ring, ring, ring”, del mismo disco, en el que narra la historia de una chica que antes estaba en el tope de la popularidad y ahora ya no la llama nadie:

Ahora que todo se derrumba, ahora que ves cerca el fin,
déjate de valiums, no imites a Marilyn,
puede que haya algo aún que tú sepas hacer,
esto es un supermercado, ¿qué tienes para vender?,
tendrás que decir sí a ofertas que dijiste no…
son tiempos de rebajas, siempre habrá algún comprador.

Uno de los temas recurrentes en Sabina es la relación hombre-mujer y todas las fases por las que pasa. Tiene gran número de canciones que abarcan todo el abanico de relaciones amorosas desde el conocimiento hasta el desengaño, por ejemplo, encontramos declaración de amor a una mujer que ya no está con él en “Y sin embargo” del disco “Yo, mí, me contigo (1996)” o la descripción del amor que se acabó en “Amor se llama el juego” del disco “Física y química (1992)” para mí uno de sus mejores discos y una magnífica y desgarrada canción sobre el fin del amor:

El agua apaga al fuego
y al amor los años,
amor se llama el juego
en el que dos extraños
juegan a hacerse daño.

Jugar al límite es el lema de la época, como apreciamos en la letra de “Güisqui sin soda” del disco “Juez y parte”. Este slogan “quememos la vida”, que comenzó como una diversión de un grupo de jóvenes que querían romper con la formalidad que les habían impuesto en colegios y familias, acabó generando un lado oscuro: en los años 80´s y 90’s murió un porcentaje importante de ese grupo que constituía “la movida” o “la intelectualidad progre”, ya sea por la sobredosis de la droga, por su mala calidad o por el azote del SIDA, que llegó sin avisar y sin remedio médico. Lo que había empezado como un juego, acabó como una derrota.

La liberación sexual y moral propició una epidemia para la que no estaban preparados. La eclosión de libertad, acabó representando una tragedia que se llevó por delante a muchos de sus protagonistas.

El problema comenzó cuando las sustancias como cocaína o heroína dejaban de servir para divertirse y sus consumidores perdían totalmente el control por el consumo de la droga que, entonces empezaba a gobernar sus vidas. Esos cantautores han visto morirse a sus amigos. Años más tarde Sabina, en “Conductores suicidas” de “Física y química”, inspirado en otro cantautor, Manolo Tena, hundido en el mundo de la droga, reflexiona sobre los malos efectos de esas substancias y pone un límite a ese quemar la vida: saber estar en el “filo de la navaja” sin clavársela y sin que la droga te domine y destruya. Cuando a Sabina se le acusa de hacer la apología a la droga y a la delincuencia, él mismo desmiente esta opinión:

Creo que lo primero que lo primero que hay que cuidar es no separarse demasiado, a base de subir peldaños en un oficio, de esos personajes de cuyas vidas se cuentan, y en segundo lugar no hacer apología de un tío que viola, como sucede en “Kung – Fu”, o de alguien que se pincha heroína. Hay que decirlo en un lenguaje suficientemente frío y distante como para que haya ternura o simpatía a favor del personaje en el contexto de esa canción, pero que no se justifique en absoluto algo como la violación o la heroína. (…) No hago apología ni de la delincuencia ni de las drogas en mis canciones, yo sólo hago crónicas. Soy como un fotógrafo que, pero no de estudio sino de los que se llevan la cámara a la calle.

Efectivamente, con la precisión de un fotógrafo, se pone a producir unas imágenes en los que refleja los puntos principales que interesan a la juventud de los ‘80. Pero él no es un observador mudo. Al hacer un comentario sobre el título del disco “Juez y parte”, matiza su trabajo artístico: en primer lugar, cuenta y opina sobre los hechos relatados y en segundo lugar, está metido en lo que ve.

En “Princesa (1985)” ya trata el problema de la droga, citando la destrucción que produce la heroína en la vida de una chica que “hace apenas dos años, / cuando eras la princesa / de la boca de fresa / cuando tenías aún esa / forma de hacerme daño.” Ahora la chica pide el dinero para la droga y asalta las farmacias para robarla. Sabina dice que no se deja dominar por la droga (como reconoce, es amante del alcohol y la droga, pero detesta a los drogadictos y los borrachos). Mientras otros músicos, como el citado Sabino Méndez, pasan por el infierno de la adicción que al principio se mostraba como un paraíso. La ingestión de estupefacientes potenciaba la tarea artística, ya que “bajo su efecto se da la situación perfecta para la perezosa y detenida observación poética”. Siempre había alguien escondiéndose por los rincones para pincharse.

Volviendo a Sabina, el personaje que crea es el resultado, como comentan sus amigos, de los muchos yoes que lo habitan y a los que Joaquín permitía vivir libremente, sin reprimir.  Él afirmaba públicamente que tomaba copas y “algunas rayas” y se iba con prostitutas. Nada de hipocresía, en los programas de televisión en que empezó a aparecer su discurso era aún más rupturista que en sus canciones, o que probablemente en su vida real.

Encontramos en Sabina, una predilección por el lenguaje de la calle que “ha dado formas frescas, dinámicas y muy interesantes a la hora de expresar algo”. Ese registro convive en sus textos con la elocuencia que no se le puede negar. Su preparación humanística es una de las claves de su éxito y esa es la razón por la que su rock no va por lo ordinario, ni banal, sino que con elocuencia (que a veces aparece bajo la tapadera del cachondeo) toca las esencias.

Al partir sus canciones en dos, es decir, al separar el texto de la música, podemos apreciar su valor literario que, sin duda, es capaz de satisfacer las exigencias de un lector de poemas.

Su trayectoria artística es el testimonio de los tiempos en los que ha vivido. Sus textos están poblados de referencias sociales. Habla desde sus canciones con diferentes máscaras.

Algunas veces se presenta como un fabulador ingenioso e irónico. La realidad se filtra en sus canciones y Sabina nos la devuelve en forma de un palacete en el que hace “empadronar” a su público gracias a la posibilidad de mímesis que ofrecen sus textos. Por ejemplo, un hombre que escucha “Peor para el sol” de “Física y química” desea que a él le pase lo mismo, o le hace recordar alguna situación parecida. La historia es un microcuento, es un flash, pero allí pasa de todo: ella se le acerca en un bar y dice “si me quitas con arte el vestido, te invito a mi casa”.

Sabina descaradamente juega con la ironía: se preparan la raya de coca en “el cristal de su foto de boda”; no falta nada en el microrelato, “ni el desfile de moda / de ropa interior”. Las reglas de juego están claras, él tendrá que marcharse por la mañana “para no volver” porque ella cuida su reputación que, excepcionalmente, aquella noche deja a los pies de la cama. Él le responde como un sobrado, “me han traído hasta aquí tus caderas, / no tu corazón”, pero al día siguiente se vuelve melancólico al bar “a brindar con su silla vacilla”.

Sabina aparece en sus canciones como uno de los personajes, como ya había hecho Miguel de Unamuno en Niebla. En “Pacto entre caballeros”, de Hotel, dulce hotel (1987)”, cuenta como lo atracan unos delincuentes, pero al reconocerlo le devuelven la cartera y se van juntos de juerga. En esta historia Sabina corre la misma aventura que el Rinconete y Cortadillo en el patio de Monipodio, los chicos lo llevan a su territorio, él se convierte en un observador y además lo relata todo con la jerga de sus amfitriones. Cuando se despiden, ellos le piden que les dedique una canción y él cumple el trato. Es lo que sucede a menudo en Sabina, las canciones están dedicadas a personajes reales, con nombres y apellidos: El Jaro, Dioni, Tolito. Al hablar de Cristina Onassis en “Pobre Cristina” de “Mentiras piadosas (1990)”, toca un tema que aquel año ya le afectaba también a el: la fama y la soledad que la acompaña. No es que le faltasen amigos, pero ser famoso le hacía dudar sobre la sinceridad de las intenciones de la gente que conocía. Desde que dejó de ser anónimo, contactar con la gente le era más difícil.

Para acabar esa historia de Sabina, sus canciones y sus discos hay que referirse al disco “19 días y 500 noches (1999)”, para mí el punto, si no final sí disruptivo, de su mejor época. En este disco su voz comienza a fallar, fruto de sus muchos excesos, y su vida a cambiar a consecuencia de su relación, que aún dura, con Jimena. Además de la canción que da título al disco: “Lo nuestro duró / lo que duran dos peces de hielo / en un güisqui on the rocks”, “Barbi superestar”, “Una canción pala la Magdalena”, “El caso de la rubia platino”, “Pero qué hermosas eran”, “De purísima y oro”, “Como te digo una co te digo la o” o “Noches de boda” constituyen un poemario del resumen de una vida, como he dicho antes, pura poesía de la experiencia.

Luego ha habido bastantes discos más con algunas canciones muy buenas, pero los fans seguimos refiriéndonos a aquella época de los 80’s y 90’s como su época de oro. Para quien quiera leer sus textos le recomiendo el libro “Con buena letra” que recoge toda su producción hasta “Dímelo en la calle (2002)” o sea la época a la que me he referido. Además, en el libro incluye letras de canciones que ha escrito para otros cantantes.

En resumen, un músico, un literato y un poeta del siglo XX (que prosigue en XXI), un clásico postmoderno, si es que nos ponemos de acuerdo en lo que es la postmodernidad (en la que parece que cabe todo lo que no cabía en la modernidad), que ha influido en su público primero a través de la oralidad y luego a través de la escritura, con sus poemas canción sobre la vida.

− Méndez, Sabino. Corre, Rocker, Madrid, Espasa Calpe, 2000.

− Menéndez Flores, Javier. Joaquín Sabina. Perdonen la tristeza, Barcelona, Plaza & Janés, 2000.

− Sabina, Joaquín – Menéndez Flores, Javier. Sabina en carne viva. Barcelona, Ediciones B, 2006.

− Sabina, Joaquín. Con buena letra, Madrid, Planeta, 2002.

Última actualización de los productos de Amazon en este artículo el 2022-01-27 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban, nacido en Barcelona, es ingeniero industrial y licenciado en filología hispánica. Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios, y participado en numerosas asociaciones profesionales.

Aunque siempre le interesó la literatura, ha comenzado a publicar en este siglo cuando pudo adquirir el tiempo necesario.

Dentro del género poético, empezó con la edición de una trilogía, “Cuadernos de las islas griegas”, que describían lo visto y sentido en sus viajes por las islas griegas; y recientemente ha publicado “Por las islas griegas”, un libro de viajes a modo de guía poética y personal que recorre más de 20 años de estancias y travesías por más de 70 islas y los mares que las rodean. Además, tiene editado un libro de poemas sobre la adicción por la navegación y las islas, “Islario de pasiones” (del que existe una versión bilingüe en griego y castellano), que duda entre seguir en el camino o buscar un destino; un libro de rimas, “Pensando en vosotras”, sobre las relaciones del narrador con las mujeres que se han cruzado en la senda de su vida; un poemario digital inspirado en la pintura, “De museos por Madrid”, que permite ver las obras de que tratan los poemas; y un tratado de métrica, “Métrica poética del español”, donde analiza con numerosos ejemplos todos los elementos que distinguen a los poemas de la prosa, dirigido tanto quienes escriben como a los lectores de poesía.

También ha publicado un libro de minirrelatos, “Cuentas de cuentos”, que busca conseguir la complicidad y sorpresa del lector en esas cortas historias que destilan la vida de sus personajes. Asimismo, ha participado en numerosas antologías y mantiene desde 2010 un blog de poesía “La palabra es mágica” (lapalabraesmagica.blogspot.com) en el que divulga obra propia publicada o inédita, y de otros poetas, que ya ha superado el millón de visitantes.

Organiza y participa en numerosos actos culturales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores. Es miembro de la Junta Directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña) y de la del colectivo de escritores “El Laberinto de Ariadna”.

BIBLIOGRAFÍA

POESÍA
Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras, 2011. SIAL Ediciones, Madrid.
De museos por Madrid, 2020. Digital en Amazon.
Islario de pasiones, 2020&2021. Papel y digital en Amazon.
Νησολόγιο παθών / Islario de pasiones, 2021, Editorial Παράξενες Μέδες, Rethymno (Grecia). En edición bilingüe traducida por Maira Fournari.
Por las islas griegas, 2021. Papel y digital en Amazon.
La palabra es mágica, (2010-2021). Blog poético: www.lapalabraesmagica.com

TEXTOS DIDÁCTICOS
Métrica poética del español, 2020. Papel en Amazon.

RELATOS CORTOS
Cuentas de cuentos. Papel: 2015. Ònix editor, Barcelona.
Cuentas de cuentos. Digital: 2019. Luz azul ediciones, Barcelona

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