Las nueve musas

La paz para los socialistas españoles en octubre de 1918

“la fuerza ha sido vencida por la fuerza”

Cuando en el inicio del otoño de 1918 se vislumbraba el pronto final de la Guerra, El Socialista opinó sobre la paz que se avecinaba, una paz material, porque se consideraba que no llegaba la “paz de los espíritus”, afortunadamente, desde el punto de vista socialista, porque se avecinaba una época de inquietud, es decir, de cambios profundos proclives al triunfo del socialismo, como interpretamos por la lectura de este artículo periodístico.

El socialistaEn primer lugar, los socialistas estaban contentos de que fuera una paz que había derrotado al imperialismo y al militarismo, en clara alusión a los Imperios Centrales, que siempre fueron duramente criticados durante la guerra desde la postura oficial del PSOE, a pesar de que siempre hubo importantes socialistas que no quisieron nunca posicionarse, apelando al más estricto pacifismo, heredero de la Segunda Internacional. En todo caso, para el Partido Socialista había que vencer y humillar a esos enemigos porque a la “metralla” no se podían oponer “artículos de Códigos ni declaraciones de derechos”. En este sentido, se aludía a Wilson, un personaje muy valorado por los socialistas españoles, que no había querido pactar con los poderes responsables de la guerra, pero también al mariscal Foch, que no había querido hablar de armisticio sin una rendición incondicional, para que aquellos poderes no pudieran argumentar nunca que habían abandonado territorios ocupados por voluntad propia. Los aliados, en fin, habían declarado que solamente tratarían con el pueblo alemán. Además, exigían para el futuro la limitación de los armamentos.

Con la paz llegaba el cadáver del imperialismo, uno de los enemigos de la democracia y del socialismo.

La segunda parte del artículo de fondo tenía que ver ya con el futuro, y con el socialismo. En primer lugar, se consideraba que no era cierto que el socialismo había fracasado hacía cuatro años, en alusión a que la Segunda Internacional no había podido parar el estallido del conflicto bélico, pero la derrota del imperialismo facilitaría el triunfo del colectivismo.

Ahora era el momento de preparar la paz, haciendo imposible la guerra, y esto solamente tendría lugar si se terminaba con los ejércitos y las armas.

La guerra había creado unos problemas gravísimos de signo económico y social, que las “doctrinas burguesas” (capitalismo) no podían solucionar. Aquí aparecía, por lo tanto, la solución del socialismo. Los Estados terminarían por acercarse al programa mínimo socialista, el camino que prepararía la llegada del programa máximo, es decir, el fin del capitalismo. Recordemos que los socialistas españoles y europeos siempre plantearon un doble programa: el reformista que iba arrancando derechos y mejorando las condiciones de los trabajadores, y el final, que llevaría a la revolución, aunque, como bien sabemos esto generaría grandes debates internos y no pocas contradicciones, siendo paradigmática en esta cuestión la Socialdemocracia alemana.

Los socialistas españoles valoraban positivamente la revolución alemana y la de los pueblos sometidos al emperador austriaco, de la misma manera que se saludaba a la Revolución rusa, y a cuantas revoluciones se pusiesen en marcha cuando se liquidase definitivamente la guerra. Las luchas nacionales serían sustituidas por las luchas de clases. Los hombres habían aprendido en las trincheras a no temer a la muerte, algo que era interpretado como un fortalecimiento de la conciencia de clase. Quizás estaba en la mente el de los soldados rusos que tanto habían sufrido en el frente, precipitándose la Revolución de Febrero.

Los socialistas españoles, en conclusión, eran optimistas. La Historia, como bien sabemos, fue más complicada.

Se puede leer el texto en el número 3370 de El Socialista. No olvidemos que para profundizar sobre el debate interno socialista español sobre la Gran Guerra debemos acudir a la monografía de Santos Juliá, [amazon_textlink asin=’8430600108′ text=’Los socialistas en la política española’ template=’ProductLink’ store=’lasnuevemus07-21′ marketplace=’ES’ link_id=’68638e1d-e488-11e8-b60b-05f729a4d0af’], Madrid, Taurus, 1997.

 

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Eduardo Montagut

Eduardo Montagut

Licenciado en Filosofía y Letras. Geografía e Historia. Historia Moderna y Contemporánea (UAM) en 1988.

Premio Extraordinario de carrera (UAM)en 1994.

Doctor en Historia Moderna y Contemporánea (UAM) en 1996.

Profesor Educación Secundaria (Geografía e Historia) desde 1996.

Jefe de Estudios Delegado de la Sección de Morata de Tajuña del IES Anselmo Lorenzo (1999-2009).

Profesor en el IES Isidra de Guzmán desde 2009.

Socio de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País desde 1989.

Amigo de Número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País desde 2000.

Secretario de Educación, Cultura y Memoria Histórica del PSOE-Chamartín desde 2012.

Secretario de Memoria Histórica del PSOE-M Chamartín desde 2017

Miembro del Grupo de Memoria Histórica del PSOE.

Miembro de la ARMH desde el año 2013.

Colaborador en distintos medios digitales

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