Las nueve musas

Juan Marsé y el franquismo en «Si te dicen que caí»

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Este trabajo de investigación acerca de la increíble historia de la novela de Juan Marsé se propone examinar el reflejo y el testimonio de una realidad escamoteada, falseada, saqueada y adulterada por el régimen despótico de Franco en España durante la posguerra civil.

Así, al elaborar la historia sobre una nueva célula narrativa denominada, aventi, con la memoria como hilo conductor del discurso narrativo, el novelista logra enseñarnos, en el paseo por la juventud y la adolescencia, que la historia o el lenguaje oficial no concuerda en absoluto con la historia del pueblo o el lenguaje real.

“El escritor debe tener derecho a decir lo que sea, cuando quiera y en la forma que desee decirlo… “suponer” que el lector va a “entender” lo que quiso decir “es una pillería”, la única manera de expresar es decirlo lisa y llanamente en la forma más directa”.
Juan Marsé, La gran desilusión, Barcelona, Seix-Barral, 2004, p.9

 Juan MarséEn 1973 y en 1977, años de publicaciones de la obra maestra del novelista barcelonés titulada Si te dicen que caí respectivamente en México en la Organización Editorial Navaro tras ganar el Premio Internacional de Novela “México” y en España[1] tras el levantamiento del secuestro por la censura franquista, Juan Marsé ya ha formado parte de las grandes figuras de la narrativa española de la posguerra gracias a su anhelo por reflejar no sólo la realidad de su pueblo sometido a un gobierno opresor, la dictadura franquista, sino también por erigirse en un crítico despiadado  al mantener una valiente postura frente a un régimen dictatorial  que no ha dejado de suscitar varias interrogaciones sépticas por todas partes.

La quinta novela de Marsé se ha considerado y sigue considerándose generalmente por la mayor parte de los críticos como no sólo su mejor obra sino también como una de las novelas más destacadas dentro de la generación del Medio Siglo o generación de los niños de la guerra civil – generación descrita por José María Castellet (1960, p.111) y Teresa Pàmies (1977, p.9) respectivamente  en estos términos:

“Empezaron a manifestarse literariamente años después de terminada ésta, en la larga posguerra que le sucedió. En todos ellos late la inquietud de penetrar, de comprender y aun de asumir el sentido de una guerra civil en la que ellos no participaron más que como testigos mudos, lo que les lleva a volverse hacia el pasado, hacia su niñez…”

“Estos niños no olvidarían jamás. Una generación de españoles traumatizada por el pleito histórico que sus padres y abuelos no fueron capaces de solventar de manera racional” – por la confirmación de las nuevas orientaciones técnicas de la novela española  emprendida años atrás por novelistas como Luis Martín Santos con su obra titulada Tiempo de silencio publicada en 1962 y Miguel Delibes con Cinco horas con Mario en 1966. Así, Si te dicen que caí representa, siguiendo tanto las palabras de Pere Gimferrer (1974, p.9), una de las obras más considerables de la narrativa española reciente como las de Nora Catelli (1989, p.14) como la mejor novela acerca de la posguerra española. De hecho, el jurado del Premio Internacional de Novela no ha vacilado en galardonarla gracias a sus méritos literarios.

En efecto, Si te dicen que caí viene de los primeros versos extraídos del himno de la Falange[2]  Española Cara al sol y constituye pues un punto muy sensible para el franquismo pero el propio Marsé  ha asegurado varias veces de que sólo usa este verso como título   porque está en relación con el texto de la novela y en ello  no hay ninguna intención política, ni en el título ni aun en la novela. Y la historia de la novela- cuya estructura y cuya arquitectura resultan a la vez rigurosas y complejas- no es sino la de la infancia y adolescencia del propio autor en Barcelona durante la posguerra porque se compromete Juan Marsé en rescatar una memoria que le había sido falseada, adulterada y escamoteada mediante un largo proceso político y cultural que viene durando ya caí cuarenta años.

En efecto, transcurre Si te dicen que caí en varios niveles temporales con dos niveles más importantes como lo muestra Ana Rodríguez Fischer (2010, p.44)  “por un lado del presente recuerdo, unas cuantas horas desde la llegada de los cadáveres hasta la mañana siguiente en que el celador lleva las maletas  de los fallecidos a su domicilio, y la breve escena del funeral, celebrado al cabo de una semana; y por otro, el de un pasado lento y dilatado”.

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El perfil biográfico del enjambre de personajes repartidos en diferentes grupos se mezcla con los 39 años del reino franquista, o sea, desde el estallido de la contienda hasta el final de los 70 años, período en que buen número de intelectuales ya no tienen mucha esperanza y creen que el franquismo va a perdurar.

Juan Marsé utiliza los diferentes tiempos del relato para elaborar y leer la historia de su país, meterse en los mitos y clasificar los verdaderos elementos que constituyen la verdadera identidad del régimen dictatorial.

El lector vive el tiempo de un celador  Antoñito  Faneca y su interlocutora, Sor Paulina en el depósito de cadáveres del Hospital Clínico barcelonés en la actualidad, es decir, en 1970, cuya acción dura a lo largo de una jornada. Sin embargo, al esperar a los médicos y a los miembros de la familia de los difuntos, Ñito y Sor Paulina no pueden librarse de los recuerdos que transcurren a lo largo de la década de los años 40 con breves evocaciones de los años del hecho bélico, que, a veces, explican, con mucho lujo de detalle, el pasado de los personajes.

Por otra parte, Juan Marsé ha elaborado un entramado narrativo muy complejo para que cada uno de los pronombres personales tales como “yo”, “él”, “nosotros”, logre aclarar, de modo peculiar, al lector. El conjunto de dichos pronombres y dichos tiempos pone de relieve la intención del novelista de abarcar todos los aspectos de la sociedad franquista y el conjunto del país ensimismado. Por eso, aunque no resulta lineal el tiempo, no es tan difícil establecer la relación  entre la historia individual de cada personaje y la historia del franquismo tal como viene percibida por el novelista.

Así, podemos recorrer con éste la inmediata posguerra, revivir el ayer del régimen totalitario según el largo y crítico balance que hace de él. Después, vendrá un examen detenido del mito y las cuestiones que se relacionan con la identidad franquista y con los rasgos de carácter del  Caudillo.

La estructura de la novela nos permite reconstituir la cronología s nos basamos en ambos niveles temporales, sobre todo, en el capítulo  que abre la novela (105) Cuenta que el levantar el borde de la sabana que cubría el rostro del ahogado en la cenagosa profundidad de pantano de sus ojos abiertos revivió un barrio de solares ruinosos y tronchados geranios cruzado de punta a punta por afilador; un remoto espejismo traspasado por el aullido azul de la verdad. Y que a pesar de las elegantes sienes plateadas, la piel bronceada y los dientes de oro que aún lucia el cadáver, le reconocio; que todo habían sido espejismos, dijo, en aquel tiempo y en aquellas calles, incluido este trapero que al cabo de treinta años alcanzaba su corrupción final enmascarado de dignidad y dinero.

Al mismo tiempo, la actualidad les permite a los personajes acordarse y contar momentos muy significativos de la historia del jefe de la pandilla de los chavales y sus compañeros  y la de los guerrilleros urbanos; la tercera persona del singular recrea la historia de España durante la guerra y la posguerra  con la dictadura de Francisco Franco Bahamonde, el Generalísimo.

Los personajes que pueblan el espacio novelesco de Si te dicen que caí representan, antes que nada, a seres reales que reflejan a la vez un ámbito geográfico determinado  y un contexto histórico preciso. En efecto, Juan Marsé, con la creación de los personajes, se pone en contacto con la realidad y éstos se convierten en unos  elementos de un fresco social. Sin embargo, tales como agentes narrativos, no sólo representan a seres reales como queda dicho sino también a entes de lenguaje. Así, vemos desfilar, ante nosotros, frescos de la España franquista en la medida en que  la condición de los perdedores y ganadores de la contienda se asimila, así, a la de podredumbre y de corrupción. Y el lector no sólo tiembla frente a la visión de la sociedad y de los personajes presentados a lo largo de la novela- los niños kabileños, los guerrilleros urbanos, los niños Luises, los falangistas y las huérfanas de la Casa de Familia de Las Ánimas- sino también asiste o participa en su creación ya que con la fragmentación analítica  se necesita una progresiva reconstrucción  dentro de una galería de tipos que pugnan por sobrevivir dentro de un mundo degradado y sin sentido aparente como lo subraya William Sherzer (1982).

Los recuerdos de ambos personajes, Ñito y Sor Paulina, quienes aparecen a lo largo del primer capítulo, completan la presentación de la sociedad a través de la evocación de otros personajes, su estado de ánimo, sus inquietudes, su concepción de la vida en aquel entonces y su adhesión a algunos valores de la sociedad franquista.

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A través de la novela, la historia  de la España franquista aparece igual que una sucesión  de vencedores y vencidos desde el punto de vista realista, por una parte, con la familia Galán, la familia de la baronesa y los guerrilleros y sus niños, o sea los miembros de la pandilla y, por otra, con la burguesía  y el proletariado y también con los perseguidores y los perseguidos, es decir, Justiniano contra Marcos, El Marinero, y otros guerrilleros y también Aurora Nin.

De hecho, éstos siempre se sienten humillados aunque tengan derecho a cierto respeto que debía de conferirles su pasado de combatiente al lado de la república.

Desengañados, los personajes suelen soltar palabras significativas como éstas:

“¿No andaba ya tras de ti aquel agente ruso que decía que todo era un complot anarquista fraguado en el hotel, no quieres aun reconocer que el origen de tu miedo es agua pasada, marinero, que esto se acabó, que ya podrías salir de tu agujero y ver de cruzar la frontera?(p.166)

“Pensamos sí. Decimos no. Pensamos esto no durará, aguantemos, esperemos un poco más. No volverán a oírse las sirenas de alarma, es cierto, no volverán a caer bombas. El himno nacional acompaña ahora la elevación de la hostia, la gente arrodillada se golpea el pecho. Ya no hay bocas de refugios vomitando a la noche aullidos de madre, ya no volverán por el cielo a matar niños: a partir de ahora, chavales, el peligro acechará en todas partes y en ninguna, la amenaza será invisible y constante…” (p.169).

“Todo el mundo busca a alguien – decía Sarnita-, fijaos bien, todo el mundo espera o busca a alguien. Cartas o noticias de algún pariente desaparecido, o escondido, o muerto. Siempre veréis a alguien que llorando busca a alguien que sabe algo de alguien”. (P.172-173)

Francotirador como lo denomina Juan Rodríguez (2002), Juan Marsé no es un cronista frío y así ni lima asperezas cuando se trata de elaborar una voz contestaría ante el mito franquista. Y pueden ilustrar dicha aserción estas declaraciones, particularmente, tajantes acerca del franquismo, pronunciadas en los años 70 (Juan Marsé, Confidencias de un chorizo, 1997, p.174): “…el poder sigue usufructuando en exclusiva la memoria de unos hechos que nos pertenecen, arrebatándonos las señas de identidad y prohibiéndonos hacer el recuento de lo ocurrido…tarde o temprano político tendrá que rendir cuentas a esta memoria colectiva que quiérase o no acabará por imponerse”.

Carmen Laforet (2001, p.34) afirma lo mismo a través de estas palabras: “Parece que el aire está lleno siempre de gritos… y eso es culpa de las cosas que están asfixiadas, doloridas, cargadas de tristeza.”

 Así, se ve que Juan Marsé evoca noticias y hechos considerados para el régimen de Franco como intocables ya que sigue existiendo una discordancia flagrante entre las declaraciones de las autoridades y sus verdaderos actos en la cotidianidad.

Juan Marsé emplea los elementos y los predilectos igual que buen número de sus contemporáneos durante la dictadura franquista, esto es, la literatura y particularmente la novela de la posguerra se ve asignada un papel de información y de testimonio a la vez, lo que no cumplen en absoluto los órganos especializados.

De hecho, entre ambos bandos, vencedores y vencidos, se multiplican las traiciones, las delaciones, las huidas para sobrevivir dentro un régimen muy represivo. Y la opinión de Daniel Sueiro (Silencio y crisis, 1964, p.34) al respecto  resulta muy ilustrativa al poner de manifiesto el sentido y alcance de este tipo de actitudes:Lo que todos los novelistas hemos hecho y no sé si tenemos que seguir haciendo aún, es elegir para ser tratados en nuestras novelas, temas, hechos, vidas, personas, desgracias, miserias, injusticias en fin, que en ocasiones no debían pasar de ser tratados en las páginas de los periódicos o en otros medios de comunicación y resueltos a ellos, pero que no lo son, o mejor que ni siquiera deberían tener lugar en un país civilizado, pero que ocurren y entonces nosotros tomamos estos temas a sabiendas de que no estamos escribiendo una novela con valor universal, los tomamos porque inmediatamente sabemos que hemos de tomarlos en nuestras manos, puesto que hay muchos otros que quieran ignorarlos y otros que querían ocultarles”.

Por otra parte, resulta muy infernal el entorno; los personajes marseanos recorren la ciudad de Barcelona por completo y observan y sus descripciones. No podemos aludir a Marcos, El Marinero, hermano de Java sin pensar en el drama en que vive dentro de su escondrijo para poder escapar a la vez de la tormenta y la tortura y huir de la represión del poder franquista.

Igual que los demás novelistas de la generación del Medio Siglo, Juan Marsé combina realismo crítico y desmitificación, violencia y muestras de afecto, reconstrucción e interpretación crítica  de la historia con el único objetivo de provocar unos replanteamientos y cambios en la estructura de la sociedad franquista.

Se aprovecha de las conversaciones o de los interrogatorios de los niños, El Tetas, Sarnita y Java con el falangista, Justiniano en los capítulos 13, 16 y 19 donde el lector ha de imaginar las preguntas de este último para denunciar los acosos sexuales, morales para con los vencidos; este acoso y represión incontrolable que devoran tanto a sus actores  como  a las víctimas; pero actores no siempre conscientes de los verdaderos desafíos.

Los guerrilleros después de entregarse a una lucha sin piedad por la República contra los nacionalistas, se ven encarcelados, torturados, asesinados por el  Caudillo o se destierran o se esconden. Sin embargo, los críticos marseanos no dejaron títere con cabeza dado que hasta les reprochan a los guerrilleros andando por mal camino al llegar a ser atracadores olvidándose de sus principios: “Limpiar sus bancos, sus fábricas, sus oficinas, de Abastos. Sus propios bolsillos, sus carteras. Eso lo primero… sin pela no haremos nada”. (p.162). Así,  estos guerrilleros se les consideran como la peor plaga, la más difícil de combatir por su ausencia de escrúpulos y  su crueldad sin límites según las declaraciones de Ramona: “ellos (los guerrilleros) ni me (Ramona) escuchaban ni parecían dispuestos a echarse atrás, todos son iguales cuando empuñan una pistola, crueles y sanguinarios, le (el padre de Conrado) ha llegado la hora y  basta  decían”. (p.355)

Por otra parte, en ambos campos faltan hombres lúcidos y determinados. Los que se ven lúcidos, no resultan lo suficientemente determinados. Sin embargo, cabe subrayar la originalidad de Marsé a través de su perfecto balance acerca del franquismo que resulta mucho más profundo y conmovedor.

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Ronda Marse, Colección Ensayo
  • RODRIGUEZ FISCHER ANA (Author)

Daniel Javaloyes es el antihéroe, el trepador  igual que Miguel Dot en Esta cara de la luna y el pijoaparte en Últimas tardes con Teresa y en La oscura historia de la prima Montse; ha sido jefe de la pandilla de los niños  y ha preferido y/ o escogido abandonar a sus compañeros  de desgracia y hasta delatar a su hermano, Marcos y a Aurora Nin para poder sobrevivir de la durísima represión franquista y para cambiar su precaria situación social al lograr viajar a Lourdes mediante la prostitución y el homosexualismo. Dicha elección de trepador parece marcada por cierto determinismo que rige el porvenir del personaje, el cual es, de ahora en adelante, incapaz de tomar el camino de la grandeza. Así, escuchemos estas palabras de Java recogidas por Amell (1984, p.129- 130) que resultan muy ilustrativas acerca de la figura de trepador:

“En el camino del buen enchufe, casado de prisa y corriendo con una bleda que no preguntaría, que preferiría no saber… Empleado en la joyería de las Ramblas…, primeros frutos después de cinco años de bajarse de pantalones. Fue un mariquita de medio pelo, en efecto, nunca se lanzó a fondo, nunca consintió por placer o debilidad, sino por abrirse camino. Sólo quería asegurarse su porvenir y prosperar en el trabajo, porque había heredado un terror casi físico a la miseria y hambre…”.

“Escuche esto, camarada: he de abrirme camino como sea, quiero sacudirme los piojos y la mugre de la trapería y perder de vista este saco y esta romana, olvidarme para siempre del barrio y las denuncias, las revanchas, los abusos, la intolerancia de unos y la sumisión de otros y el canguelo de todos…, me largaré de aquí y me pondré camisas de seda y chalecos azul celeste y zapatos de gamuza y gemelos de oro.”

Al respecto, es muy interesante establecer un paralelo entre las consecuencias de dicha elección de Daniel Javaloyes y el debilitamiento ulterior de la dictadura franquista debido a las orientaciones tímidas de la etapa belicosa. Y a partir del momento en que Java ha escogido sobrevivir cueste lo que costare, se queda, por lo tanto, aprisionado en su elección.

De hecho, el diálogo, la tercera persona del singular e incluso la segunda persona del singular le permiten al novelista seguir el análisis.

Por eso, recurre a estas personas gramaticales del presente de indicativo que hacen más solemnes o mejor, más inspirados el encuentro entre los tres personajes, o sea, Conrado, Java y el obispo:

“El señor obispo se para ante ellos con las manos cruzadas sobre la barriguita y con los párpados entornados  de bondad, algunos feligreses hincan la rodilla, besan la piedra pastoral de su anillo y el prelado se inclina, los levanta uno a uno y empieza a hablar con una voz ensalivada: buen viaje a Lourdes, llevad un equipaje de amor y de fe. Se interesa amablemente por los enfermos que han venido en representación de los demás: Conradito el primero, un elogio a su glorioso uniforme de Provisional, la salvación de España había salido de las universidades, la generosa sangre derramada por señoritos como él florecerá en bendiciones, ¿cómo va esas piernas, hijo mío? No van ni sobre ruedas, Ilustrísima, pero Dios proveerá. Así me gusta, valiente alférez, no pierdas el buen humor y lleva mis bendiciones a tu madre, qué gran señora y qué santa”. (P.208-209)

-“¿De qué parroquia eres, hijo mío?..

– Pues no lo sé, Ilustrísima. Verá. Soy de Las Ánimas, en la barriada, pero como resulta que Las Ánimas aún no es parroquia…

–  Por eso.

– Cerca de allí hay otra que llaman de Cristo Redentor en el Guinardó.

– La conozco. Parroquia de misión”. (p.211)”.

El pecado original de Java y el obispo, llamado Gregorio- denominado Fernán en las primeras ediciones de la novela hasta 1985- es también el del franquismo ya que el novelista alude a Monseñor Gregorio Modrego Casans, arzobispo de Barcelona y figura fundamental de la alianza entre el régimen dictatorial y la iglesia católica española, el cual en 1937 firmó la “Pastoral de la Cruzada” que dio legitimidad moral a la sublevación de las tropas de Franco. Y como lo dijo el propio Marsé (“El día que mataron a Carmen Broto”, p.36): “del obispo se decían dos cosas: una que era maricón y la otra que tenía una flota de taxis”.

Después del triunfo de los nacionalistas encabezados por el general Franco, las nuevas autoridades empiezan gobernando con unas claras intenciones ya que buscan, como lo dice José Luis Abellán (p.15),  el servicio del Arte por el Arte sino del Arte y de las letras por España y por el Caudillo,  y siguiendo a Fernando Díaz-Plaza,  imponer en suma, al orden de la cultura las ideas esenciales que han inspirado el glorioso movimiento.

Los numerosos asesinatos políticos a lo largo de la dictadura no son sino la prórroga de la intensidad y de la profundidad de las heridas y los sufrimientos del pueblo español.

El lenguaje del novelista de El Carmelo resulta sin complacencia. La violencia de su tono, su sarcasmo no sólo se explican por el sentimiento de desilusión que llevaban los novelistas españoles de su generación, o sea, la generación del Medio Siglo, la generación de los niños de la guerra sino también por el enorme eco que ha tenido la represión franquista en América Latina en el momento en que Juan Marsé se ha puesto a escribir Si te dicen que caí.

El propio Marsé se levanta contra el nepotismo que va en aumento y que el franquismo desea legitimar al valerse del título de nacionalistas o falangistas al lado del Caudillo; legitimidad que evidentemente no tiene fundamento alguno ya que todo se desarrolla alrededor de la figura central del Generalísimo.

En efecto, Juan Marsé, a través de Si te dicen que caí, detiene, por una parte, una severa mirada en los mecanismos del franquismo harto, confortablemente establecido en el poder y dirigido por el Caudillo supremo Francisco Franco Bahamonde, y por otra, apenas puede contener su ira e indignación exacerbadas por la actitud servil de las autoridades políticas.

Es así como críticos como Martínez Cachero y Sanz Villanueva consideran la obra tal como una venganza personal de Marsé y un odio no disimulado contra el bando vencedor de la guerra civil siguiendo las palabras de Jesús Ruiz Veintemilla aunque Marsé declara, varias veces, que no usa la literatura como arma política manteniendo siempre la misma postura[3].

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Tiempo de silencio (Contemporánea)
  • Martín-Santos, Luis (Author)

Al respecto, Martínez Cachero (p.335-336) y Sanz Villanueva (p.611) afirmaron respectivamente que Sobre algunas vivencias personales, infantiles y adolescentes, el autor construye un soñado mundo de alucinante pesadilla, discutible réplica del mundo real de entonces -década de los cuarenta, posguerra española en una gran ciudad- por lo que, a mi ver, queda en entredicho la validez testimonial de este relato, más bien catálogo de anormalidades: situaciones y personajes repugnantes, negrura moral excluyente, claro maniqueísmo político. Con semejante material excrementicio Marsé escribe páginas y capítulos de, a veces, exasperada y sombría belleza e impecable perfección, deleite para algunos críticos”.

La proclividad de Marsé en esta obra a testimoniar los aspectos más degradantes y abyectos de la realidad hace que todo el libro esté recorrido por un estremecimiento de odio, de violencia. Se diría que este furor es el resultado del rencor del propio escritor hacia la realidad que describe”.

Resulta muy larga la requisitoria marseana ya que además de los temas políticos intocables, Juan Marsé examina detenidamente los aspectos económicos y sociales porque en la España de la posguerra la vida no era tan bonita como lo decían las autoridades en los distintos medios. No, aquellos años fueron tristes y se pasaba hambre, siguiendo las palabras de Marsé en su entrevista concedida a Francesc Arroyo el 11 de marzo de 1982 en la  página; hambres atroces como vienen relatados a lo largo de la novela. De allí, la escasez provoca enfermedades y muertes.

El laberinto griego
  • Montalbán, Manuel Vázquez (Author)

Casi todos los personajes tienen algún tipo de defecto o padecen unas enfermedades de tuberculosis pulmonares, tiñas, piodermitis, piojos verdes; enfermedades que han alcanzado una gran proporción, casi unos ciento cincuenta mil casos cada año y hasta hubo una muy famosa canción dedicada a los enfermos de la época, recogida por Manuel Vázquez Montalbán (1971, p.18):

“Somos los tuberculosos
Los que más nos divertimos
Y en todas nuestras reuniones
Arrojamos, arrojamos y escupimos
Es el bacilo de kock
El que más
El que más nos interesa
Y estamos llenos de taras
De la cabeza, de la cabeza
A los…”

Así, Java tiene la legaña con sus ojos legañosos y la cabeza rapada que luce costras empolvadas de azufre como valiosas moscas verdes; Sarnita con sus roídos dientes  y manos sarnosas y de allí el origen de su mote, Sarnita; la tisis que afecta y acaba por matar a Luisito y al viejo Mianet en un mismo día de 1945; El Tetas con su tumor maligno y el pus supurando por  su oído.

Numerosos son  tales ejemplos  en la obra y nos permiten decir, de un modo u otro, lo mismo que Champeau Geneviéve  en su artículo titulado “A propos de Si te dicen que caí”,( p.367) que todos los personajes y sobre todo los niños son unos muertos vivos. E incluso los rumores recogen la venta de la sangre robaba a los tísicos en el mercado negro. Y acerca de los muertos por inanición o por consunción, el porcentaje era de treinta mil entre 1940 y1945 según los datos recogidos por el historiador franquista, Ricardo de la Cierva (1975, p.227).

De hecho, Juan Marsé retrata un verdadero ambiente sórdido, miserable y cruel de la Barcelona de la inmediata posguerra bajo el régimen franquista. Otra muestra de ello, es que el propio General Franco incluso lo confiesa a través de su discurso en Barcelona recogido por Ricardo de la Cierva (id; p.227) según el cual: “Comprendo que no pueden ser momentos grandes de alegría cuando los estómagos están vacíos y vivimos días de sufrimiento”.

Así, como queda dicho, al leer la obra (p.168) todo está calculado para que resulte confusa la historia y clara la pena. El poeta catalán y amigo de Marsé, Jaime Gil de Biedma tiene la misma visión al escribir (1975, p.174) al respecto:

“Barcelona y Madrid eran algo humillado.
Como una casa sucia, donde la gente es vieja,
La ciudad parecía más oscura
y los Metros olían a miseria”.

Sin embargo, no basta exclusivamente la historia para entender el perfil de un país aunque ésta quede analizada con sus distintos componentes políticos, sociales, económicos y culturales. Por eso, el novelista barcelonés usa una materia narrativa: la aventi  y ésta le permite tener una solución estructural y resolver las cuestiones de ritmo, tono, estilo a lo largo de la novela.

Esta materia narrativa resulta imprescindible y nos cuenta la historia de unos hombres, la de un pueblo que se expresan a través de los rumores, los símbolos. La aventi es, pues, un lenguaje, y mucho mejor, una mirada hacia la niñez, hacia la posguerra, hacia la cultura de las masas populares.

Pero, Marsé resulta mucho más apasionado, mucho más lirico y a pesar de la ficción inherente al relato, esta pasión lleva al lector, muy a menudo, recorrer la historia y reproducir ambientes geográficos infernales siempre llenos de símbolos; y la caligrafía de Marsé ha querido abrazarlo todo. Esta visión sobre el franquismo confirma la pertinencia de Juan Marsé  a una tradición literaria de los niños de la guerra como lo ha hecho Juan Goytisolo en su novela titulada Señas de identidad  (1978, p.155) al hablar de la historia de la posguerra: “Siendo niño había asistido sin comprender al espectáculo de la lucha demente y fratricida, aterrado primero por los crímenes y atrocidades de los unos, indignado más tarde por aquellos ( cuidadosamente blanqueados) que realizaran los otros, antes de caer cabalmente en la cuenta de que todos ( los de los vencidos, como los de los vencedores, los excusados como los injustificables) obedecían a las leyes de un mismo ciclo clínico en el que, al frenesí y desatino de las crisis, suceden largos periodos de calma, embrutecimiento y modorra”.

No obstante, Si te dicen que caí no se trata solamente de la obra de un novelista español y europea. En efecto, a través de la multitud de aspiraciones, dramas y fracasos humanos que restituye el lector; gracias a la evocación  de mitos universales recordando y erigiendo la palabra contra el olvido y convirtiendo en mitología la propia historia y el pasado inmediato, esta novela poética, cruel – como la denomina Rafael Conte  (1975, p.262) –  tan ensimismada y tan personal con ese fiebre interior y ese desdén por lo que el destierro pudiera depararla según los propios términos del novelista, sigue quedando con su frescura aunque sea el resultado del trabajo de un largo y desgarrador grito de indignación.

Oumar Mangane
Atlantic International University

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Sherzer, William M. Juan Marsé: entre la ironía y la dialéctica. Madrid: editorial fundamentos,1982.

Sueiro, Daniel. “Silenció y crisis de la Joven novela español” In: Revista de la Universidad de Mérico n° 56 Jan.-Fev. 1969.

[1]  Al respecto, se puede leer la increíble historia de la novela en la edición de Ana Rodríguez Fischer y Marcelino Jiménez León  de Si te dicen que caí. Madrid, Ediciones Cátedra, 2010, p.11-27.

[2]  Aquí están unos fragmentos de los versos de la Falange Española Cara al sol  supercantados por los niños de aquel entonces en las escuelas y actos oficiales. En suma, siguiendo las palabras de Jesús Ruiz Veintemilla en su artículo titulado “Si te dicen que caí, antídoto contra la lotofagia” (sin fecha), era la música de fondo siempre presente que todos los españoles se veían forzados a cantar:

“Si te dicen que caí
Me fui
Al puesto que tengo allí”.

[3] Al respecto, se puede ver  la entrevista del novelista con José Antonio Gómez y con Montserrat Roig del 26 de junio de 1982.

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