Las nueve musas
José María Álvarez

José María Álvarez (1942-2024)

Promocionamos tu libro

Para evocar tu presencia comienzo con alguna cita:

<<Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica, o no es fantástica.>> II, 32 Cervantes.

 <<Todo lo profundo necesita una máscara.>> Nietzsche

 <<Yo no ensucio mi currículo de fracasado con una victoria.>> Jorge Oteiza

 José María, atraviesa un camino de palmeras. Hace sol, el día es espléndido,  está sobre las tablas de aquella caseta del balneario en Los Alcázares. Adolescente, enciendes un cigarrillo contra aquel silencio sepulcral con el que querían cerrar las tardes de los maravillosos billares.

Ahora estás tumbado sobre la arena en una playa, con el agua a los pies, en cualquier cala solitaria, lejos de esas colas de turistas que ahora vemos, quizá en Cala Dorada, que aún mantiene la historia de sus minas. Lees unos versos.

Defensor de una literatura clásica, amante de Cervantes y  de Shakespeare, sobre un imaginario caballo, oteas el horizonte de tierras aún por descubrir. Rodeado de libros en aquella isla cuyo mapa aún estaba por contar y tú situaste en la Librería del primer piso, donde todavía llegaban los ecos de aquellos Nueve Novísimos con Martínez Sarrión,  paseando por un París lleno de promesas.

Cuando el verso era la libertad, tu hermoso e infinito <<Museo de cera>>, donde se habían fundido todos las máscaras. Citas constantes como si golpeasen las puertas de los posibles lectores, aún dormidos entre textos aburridos de bibliotecas oficiales.

Te recuerdo en aquel 79, Congreso de escritores murcianos, defendiendo a los clásicos frente a la barbarie. Luego, te recuerdo en tu <<Ardentísima>> que, durante años, puso la belleza y la poesia al alcance de muchos.

Como recuerdo y homenaje a José María Álvarez, poeta, ensayista, autor de novelas y memorias, traductor y traducido, he recogido estos apuntes que convocan aquel “Museo de cera”.

Para volver a  esa obra conviene recordar los sesenta, cuando acababas de cumplir los dieciocho, sin duda un acontecimiento. Si a ello agregamos la entrada en la Universidad, y la ruptura con el ámbito familiar, es posible imaginar el clima de expectativas. Aquel centro de estudios no sucedía sólo en las aulas, sino en los pasillos del claustro, cines, cafés, teatros y tertulias. También era el lugar donde nunca pasaba nada, aunque parecía que todo estaba a punto de ocurrir.

En las playas, en los periódicos, en las casas, se producían cambios tracendentales. Acabábamos de salir de un “tiempo de silencio” y comenzamos a recuperar nuestras “señas de identidad”. Éramos más lectores, aunque desorientados. Simpatizábamos con Unamuno y su facilidad para convertir cualquier libro en compañero con quien se dialoga.

José María vislumbró lo que estaba ocurriendo y se propuso conservar los mapas que indicaban el camino al Parnaso. El libro, que comienza a escribirse en mil novecientos setenta, finaliza treinta años después, está concebido como manual de exploradores.

Entonces llegaron los jóvenes poetas, bañados por la luz gris de las salas de cine, recién salidos de una película americana, <<Casablanca>>, por ejemplo, y se les llamó los Novísimos. Creo que aún gobernaba el Generalísimo. Dejó de ser un tema fudamental aquella guerra. Aunque  sentían el dolor de sus padres, tenían el alma de celuloide y estaban dispuestos a mentir para hacer el amor.

Sin rubor alguno citaron autores y lugares, cuya pronunciación no figuraba en nuestro inventario carpetovetónico. Se atrevieron con textos cuya mera enunciación, pocos años antes, hubiese sido prohibida por todas las censuras: la oficial, la de la iglesia y la del partido.

José María descubrió que los mapas eran borrosos y, peor aún, que el mundo descrito, había desaparecido. Sólo existía una oportunidad, en <<Los mares del Sur>> de Stevenson, y se lanzó a la aventura, cuando por fin alcanzó la isla, descubrió que un loco había trasladado el tesoro. Teníamos la cartografía, aunque no era posible el encuentro. Las piezas de oro de los viejos galeones, perlas, camafeos, sedas, habían sido defintivamente recluidas en los museos. El dinero, aunque verdadero, no permitía el acceso a la belleza, Los paraísos habían sido clausurados.

Cuando se trata sobre José María, se habla siempre de literatura. Literatura y vida suelen ir en paralelo, sin que lleguen a confunidirse. La letra crea esa pátina que da a la realidad el relieve suficiente para que nos encontremos  con ella.

Cartagena era una ciudad llena de balcones y miradores que no todos se abrían al mar, que derriba sus murallas a comienzos del XX.  El Mediterráneo, aunque no se vea, es un camino y por sus aguas han llegado fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes, ingleses, franceses,…

Será el mar quien lo convierta en un poeta viajero… Y, todas las culturas que han sido, se harán luz, de este modo entran en el espíritu. De ahí que la poesía de José María sea luminosa claridad que convierte al poema en presencia continua.

En aquella Cartagena, las tertulias del Mastía y la del maestro Vicente Ros, junto con Enrique Gabriel Navarro y Ramón Alonso Luzzy, pintores, más los hermanos Martínez Pastor, ensayistas, poetas, narradores, vienen a ser algo así como el origen. El viejo Club Náutico, el Molinete, conforman un solo de trompeta.

Cartagena es una ciudad que, a menudo, está a punto de aparecer, lo confirma su primera graduada de 1901. A mediados de los cincuenta comienza una industrialización que durará hasta los ochenta, fecha en la que también acaba la minería. El reciente descubrimiento del teatro al pie de la catedral, la ha convertido en “frontera”, la frontera es el lugar de la poesía. De ahí que el primer poema de Álvarez, prólogo del libro, se sitúe precisamente en ese lugar:

Descanso sin bajarme del caballo

El calor destroza cuanto se ve

Ante mí la Frontera

Una voz me dice no cruces esa Frontera

Fumo un cigarrillo

Sacudo mi uniforme de 35 campañas

Indiferente como un caballero

Que lo ha perdido todo y no espera ganar nada

Cruzo el río.

Es significativo que el título de este poema sea: <<OH, HAZME UNA MÁSCARA>>. El gran teatro de la literatura abre sus puertas. El arte vuelve al mito. Un mundo pragmático, que sacrifica la belleza en aras del progreso, no merece otra cosa que el desprecio. De ahí que sea el escepticismo quien presida las relaciones, disfrazado a veces de crueldad, o de provocación, siempre lejos de una moral convencional, siempre políticamente incorrecto.

Los primeros poemas nos ofrecen la clave: la sensualidad por los libros, cuadros, música, lugares. Sabe que compartimos con los clásicos el mismo mar.

<<Ceremonia del Sur>> se titula uno de estos poemas, va precedido por dos citas:

<<La selva está llena de jinetes.>> Friedrich von Schiller

<<Iban a forzar la puerta de la muerte.>> Chesterton

 

ºº

                                     El Sur no tiene estatuas.

Como un reino increible

Bajan de las montañas hasta el mar

Sus áridas llanuras,

Abrasados los caminos.

Cadáveres de puertos que una vez

Alumbraron los mares. Devorados

Bajo el sol por el tiempo.

Mundo viejísimo impasible

Contempla el paso del Destino,

Los imperios, que alzáronse y cayeron,

Enterrándoles sin memoria.

El Sur es la piel, de ahí que la historia sea presente y presencia, ola siempre renovada, no munumento, piedra que envejece, se rompe así con la Castilla de posguerra. Los poemas de este libro, ocurren como si se celebrase un ritual litúrgico. Son las citas el introito que conduce al momento en el que poeta, como solista, destaca del coro, citas que son parte de la historia, incluida en en la arquitectura de este libro-museo. Páginas para el insaciable lector, sumo sacerdote y manipulador que es José María:

<<Y mi libro. Las páginas que hicieron

más bello, más noble el mundo.>>

Hipérbole que lanza hacia arriba, hasta las estrellas lo que ha sido y, por tanto, se encuentra fuera del tiempo. El poeta se convierte así en el que tiene el poder de sacralizar aquello que juzga hermoso: el efímero resplandor de la belleza. De ahí ese tono elegíaco:

No lo taerán los dias ni la noche

Pero vive en mi sueño,

puedo en él detener aquellas horas

Y fijar para siempre con los versos.

el brillo de su cuerpo casi impúber.

A veces encontramos textos donde persiste el poeta cívico de su primer libro: <<Las Nuevas herramientas>>. Aunque, ahora, protesta desde un esteticismo, no exento de ética, ni de humor:

Desechó voces falsas.

Montó un potente frigorífico

E importó embutidos.

Hoy es grande y furioso

Con sucursales y señora.

El poeta se excluye de ese mundo, fundado en la irremediable invasión de un mal gusto que implica la pérdida del canon clásico y la libertad. Exige la independencia de juicio. Sirva este poema para terminar, se titula: <<La isla del tesoro>>, tan propio de su mitología personal, conecta con el manifiesto de Espronceda y otra vida retirada, la de Jaime Gil de Biedma en <<De vita beata>>, dedicado a su maestro Cervantes, quien también unió vida y literatura. Dice así:

Navegar con los hombres

Sin Dios ni patria

Ni Ley.

Haber sentido

                             La cubierta y el aire de la mar

Como última tierra

Asaltar Maracaibo

Reír de la horca.

Y sobre las cenizas

                             De todo el mundo

Izar

                              La seda negra de los perdedores.

Perdimos la edad de oro, sin embargo, José María, a través de la máscara de sus versos, nos la devuelve, como ese mapa deteriorado y fragmentario que hubiésemos querido extraer de la botella que alguien arrojó al mar. Que cada cual elija el camino, pues no tenemos más noticia de la belleza que la letra, y la letra es cera.

Así nos dice: Embriagaos de lecturas…, y, agrega: <<Presiento que este puede ser el comienzo de una hermosa amistad>>. Es mi testamento.

Última actualización de los productos de Amazon el 2026-06-08 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

José Luis Martínez Valero

José Luis Martínez Valero. Águilas, 1941

Catedrático de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas.

Ha publicado: Poesía (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007) Plaza de Belluga (2009) El escritor y su paisaje (2009) Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019), Otoño en Babel (2022), Antología del Veintisiete en Murcia (Mayo, 2024)

Ha coordinado el ciclo de Poesía en el Archivo (2007, 2008 y 2009).

Guionista en los documentales: Miguel Espinosa y Jorge Guillén en Murcia.
Aguafuertista e ilustrador.

Corrección de textos

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • Andanzas del Maravilloso Idiota
  • La felicidad de los manglares
  • Camp Red Valley
  • Misión Gliese
  • El consejero de Roma
  • Retazos de poemario Absurdo y feromonas

  • En el Lago Español
  • Retazos de poemario Absurdo y feromonas

  • El último experimento
  • Dadme a vuestros rendidos
  • Cuando crecen las sombras

Los + vendidos