Las nueve musas
Ginés Aniorte

Ginés Aniorte. «De verbis, a modo de tratado»

Promocionamos tu libro

Poesía es lo casi dicho, literatura lo dicho, retórica lo redicho
Lo casi dicho tiene, pues, la primera categoría bella.

(Juan Ramón Jiménez: IDEOLOGÍA, Anthropos, 1990)

Ginés Aniorte (Murcia, 1960), poeta y novelista, ha compuesto esta obra: De Verbis, a modo de tratado, completada con un esencial Epílogo del filósofo Dionisio Espejo Paredes: Los rituales del verbo.

Rebajas

Al abrir el texto se advierte por el título y las citas iniciales, que está inspirado en el Tractatus de Ludwig Wittgenstein, recordad: Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Aunque aquí, no sería cuestión de fronteras, sino reconocimiento del origen.

Ginés Aniorte ha hecho un profundo estudio sobre lo que es, lo que está siendo y lo que podría ser la poesía. Y para ello se vale de todos los límites que el lenguaje tiene, de todas esas maneras con las que se pretende dejar a un lado pasos dudosos o imposibles, pues también son palabras. Su propósito es abrir grietas para que la luz ilumine el cuarto oscuro del poema. Ginés Aniorte, como el buen maestro, nos dice: este es el camino y el lector tendrá que hacerlo en soledad:

Ahora, las palabras solo me hacen preguntas.

Compuesto con textos breves, que obligan a eliminar toda imprecisión por parte del autor y toda distracción en la lectura. Es conceptista y clásico, borra el contexto y alcanza el valor de uno de esos fragmentos por el que descubrimos la vasija original.

A veces nos recuerda algo que hemos leído, algo que nos ha sucedido, el Cantar de los Cantares o el poema que no hemos escrito. Hay un sustrato surrealista. Reconocemos voces que son familiares, celebran el encuentro de la palabra y su sombra, esa larga vida que el lector imprime en lo leído.

Preside una brevedad que necesita la complicidad del lector, los calificaremos como sentencias, aforismos, proverbios. Quien escribe cuenta aquello que ha visto, descubierto, analizado, explorado, trata de alguien cuya voz se corresponde con su obra, tan igual a sí mismo que podría ser el autor que conocemos, pero también otro que él mismo desconocía:

Tan solo soy el mensajero: yo os doy lo que la vida me transmite.

Parece que, tras sopesar durante horas sus experiencias, una vez que ha eliminado la corteza que impide saborear el fruto, se nos entrega dispuesto ya para degustarlo, ahí están sobre la mesa: comed y bebed porque sois sus lectores. Este banquete no es sagrado, ni es profano, sin embargo, podría ser una cosa y también la otra.

A veces sus frases son producto del ingenio, han fijado esas asociaciones en las que percibimos la hipérbole en su primer sentido etimológico: lanzar hacia arriba, de modo que la palabra rasgue la niebla y aparezca brillante, como luna de enero. Otras, reconocemos la greguería, entre poema y descubrimiento:

 La palabra manzana es la más sabia.
 Si a la palabra soledad se le arroja una piedra, suena a pozo vacío.
La palabra relámpago dilata mis pupilas.

   ¿Y si fuesen fragmentos de aquello que hemos arrojado hacia arriba? Así aparecen endecasílabos perfectos, el camino que nos lleva al último verso, epifonema, para convertirlo en un valor en sí, porque el poema completo está en él:

Cuando ya nada queda, quedan ellas.
Encontrada la flor, corto su nombre.
Mis labios alfareros las modelan.
Exploro el corazón de quien me escucha.                      

Se trata de un saber que puede ser guardado en la memoria. Recordad a Saavedra Fajardo, al Gracián del Oráculo manual y arte de prudencia: 395 (Letras Hispánicas) :

Buen entendedor: Arte era de artes saber discurrir: ya no basta, menester es adevinar y más en desengaños…

Ramón Gómez de la Serna:

Buho, gato emplumado

Encontramos esta tendencia al concepto e imagen en Gabriel Miró, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Andrés Cegarra, José Ballester, Martín Santos, Miguel Espinosa y con dedicación especial la poeta Dionisia García.

Ginés Aniorte es como un romano que viviese en la huerta, a la espalda de nuestra casa y de cada paseo vuelve con un paisaje nuevo, la flor, el fruto en la rama, el sabor de la planta en los labios, el curso del agua en la acequia y ese olor cálido, profundo, de la higuera bajo la que se ha sentado para reposar. También hoy nos trae una sentencia, parece que la hubiese oído a ese viejo sabio que tiene por vecino. La luz convierte la palabra en avecilla:

Cuando la luz se agosta, las palabras me dan a comer de su pico.

El paisaje, el viejo del lugar, la sabiduría que reposa en el mundo solo se descubren en la palabra, cuando hemos eliminado el silencio superficial que la apariencia y su distracción entorpecen. Hay que borrar, volver a escribir, aguardar, sentarse a la puerta hasta que llegue lo que ha de venir, aquello que, sin estar previsto, se anunciaba. Este suceso no es común, se parece más al destino que fijan los dioses.

No decir, sino aludir, para de este modo decir, no diciendo. Hay un juego entre lector y autor que siempre es reversible. Se sirve de la paradoja. Ambos heptasílabos:

Cuando callo me escucho.
No enmudece el que calla

Y el paralelismo:

Un oportuno gesto dice más que un discurso.
Hay palabras que son aun cuando no se expresan.

Esta obra podría ser considerada un poema extenso que trata de aquello que tiene que ver con la poesía, con el poeta y con el poema.  El epílogo de Dionisio Espejo cierra el libro y nos asoma a la profundidad filosófica en que se asienta, la palabra y su uso, interpretaciones, origen, las cosas y su mundo.

Si Juan Ramón declara que poesía es lo casi dicho, esta obra recupera un límite, puerta cerrada, página blanca. Ese “casi” golpea constante:

Que no se engañe nadie: tras el punto y final no hay silencio ni calma. Las palabras nos siguen avivando.

Una vez leído, el lector advierte que la realidad se ha multiplicado, es más intensa, más luminosa.   

Última actualización de los productos de Amazon el 2024-07-21 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

José Luis Martínez Valero

José Luis Martínez Valero. Águilas, 1941

Catedrático de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas.

Ha publicado: Poesía (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007) Plaza de Belluga (2009) El escritor y su paisaje (2009) Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019), Otoño en Babel (2022).

Ha coordinado el ciclo de Poesía en el Archivo (2007, 2008 y 2009).

Guionista en los documentales: Miguel Espinosa y Jorge Guillén en Murcia.
Aguafuertista e ilustrador.

informes de lectura

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • El consejero de Roma
  • El último experimento
  • Cuando crecen las sombras

  • Alejandra Pizarnik
  • La ópera de México
  • En el Lago Español
  • Retazos de poemario Absurdo y feromonas

  • Un café a solas
  • La paciente silenciosa
  • Dadme a vuestros rendidos
  • Espacio disponible para tus productos o servicios