Recientemente, la editorial Libros del Asteroide ha publicado en castellano la obra de CJ Hauser La novia grulla (2023), que se presenta como “unas memorias en forma de ensayos”.
Un repaso al índice puede reforzar esa idea: la obra está dividida en tres partes y muchos de los títulos incluidos en cada una aluden a referencias culturales cinematográficas, teatrales, literarias, televisivas…
Los artículos, que podrían leerse independientemente, no son en absoluto ensayos académicos de crítica cultural, que persigan un análisis riguroso y sistemático de una obra. Son más bien reflexiones muy personales en las que de alguna manera la autora intenta establecer semejanzas entre las situaciones y actitudes planteadas en esa obra y las situaciones de su vida afectiva; son muchos los casos en los que esas reflexiones la llevan a explicar, o más bien entender, los problemas que han surgido en sus relaciones de pareja y a marcarse pautas sobre cómo enfocar sus relaciones personales.
Fijémonos, a manera de ejemplo, en uno de los artículos centrado en The Philadelphia story (estrenada en España como Historias de Filadelfia), película de 1940, dirigida por George Cukor, basada en la obra teatral homónima de Philip Barry. Es muy probable que los lectores conozcan la película; en todo caso, Hauser esboza el argumento con un estilo coloquial que resulta chocante al hablar de una obra de arte:
Es una chaladura en tres actos en la que Tracy (Katherine Hepburn), una chica de la alta sociedad, va a casarse con un cotizado soltero, el nuevo rico George (John Howard). La boda se complica por la circunstancia de que el escritor -convertido, a su pesar, en periodista de una revista de sociedad- Macaulay “Mike” Connor (Jimmy Stewart) va a cubrir el enlace, y su profundo desprecio por los ricos, aunque comprensible, tiene ese toque caricaturesco de bolchevique, tan común entre los hombres de cierta educación. […] A Tracy la han chantajeado para que acepte que la prensa haga un reportaje de su boda, bajo la amenaza de que la revista Espía difunda una aventura de su padre con una bailarinas (una bailarina.) La situación se lía más cuando e,l primer marido de Tracy, un tipo de buena familia de Filadelfia, C. K. Dexter Haven (Cary Grant), se presenta en casa de los Lord con los periodistas, haciéndolos pasar por amigos del hermano ausente de Tracy. Dex confiesa de inmediato la argucia a los Lord, pero disfruta viendo el escrutinio al que los someten los periodistas, porque sigue enamotrado de Tracy y no quiere que se case con otro.” (pág. 50-51)
Desde buen principio, la autora pone el foco en sí misma. Se presenta como espectadora adolescente, “ser humano aspirante a ser besado” (pág, 51), y explica cómo entendió la película como una elección del tipo de hombre (y al mismo tiempo el tipo de relación amorosa) que le conviene a la protagonista y, por ende, a la autora. Así, se nos informa de que a los catorce años “… para mí, en aquel entonces, estaba clarísimo que Tracy tenía que casarse con Connor, el personaje interpretado por Jimmy Stewart”. Y de que…
Historias de Filadelfia sigue siendo mi película favorita y sigo rebobinándola y volviéndola a ver. Siempre tengo la seguridad de haber descubierto todas sus verdades y siempre me hace cambiar de opinión. La película sigue siendo la misma pero yo cambio. Nuna estoy segura de por quién voy a decantarme o qué voy a sacar en claro.” (pág. 52)
A partir de ahí, Hauser analiza los personajes apoyándose en escenas clave de la película para concluir su personalidad, su actitud ante la vida y ante las relaciones de pareja. Pero esos análisis la llevan enseguida a hacer reflexiones sobre sí misma:
Siempre he tenido fama de ser muy cabrona con los hombres que tienen costumbres o intereses con los que yo no disfruto. Y es porque he compartido el criterio del artista Jimmy Stewart sobre la necesidad de “ser compatible” con la persona de quien te enamoras. De sentir el mismo tipo de emociones. De moverse por el mundo del mismo modo. (pág. 55)
Esta es la tónica general de los artículos que componen el volumen: se centra en una obra, un fenómeno cultural, destaca algún aspecto de cómo los personajes entienden la vida o se relacionan entre sí y reflexiona sobre su manera de enfrentarse a la vida y las relaciones personales a la luz de lo que ‘ha encontrado’ en el proceso de análisis. Los artículos recorren ‘objetos culturales’ tan diversos como El mago de Oz (tanto la película como la serie de novelas que la inspiró); la serie de televisión Expediente X; Rebeca, la novela de Daphne du Maurier; o musicales como Los Fantasticks o El hombre de la Mancha, inspirado en el Quijote. Pero también situaciones que no se vinculan con obras de arte, como una feria de robots diseñados para intervenir en catástrofes o un proyecto para estudiar las grullas.
El tema común a todos los artículos son las reflexiones sobre su sexualidad, sus relaciones y las posturas y actitudes que la han llevado a sentirse incómoda en una relación y, en última instancia, al fracaso de la misma. Al hilo de esas reflexiones explica muchos momentos de su vida y nos presenta a las personas con las que ha tenido una relación importante, pero el hilo conductor de esa información biográfica no es el orden cronológico sino las reflexiones sobre sus concepciones que surgen a raíz de su análisis de elementos culturales.
En este sentido, podemos hablar de una forma peculiar de autoficción, o de narrativa de no ficción, que comparte algunos aspectos con esta tendencia pero se distancia en otros.
La narrativa de no ficción
A partir del éxito de novelistas como Emmanuel Carrere o Delphine de Vigan se ha extendido el concepto de “novela de no ficción” para presentar obras como El adversario (2000) o Nada se opone a la noche (2011) como un subgénero de la narrativa que tiene como modelo inicial A sangre fría (1966), de Truman Capote.
Sería una ingenuidad pensar que lo que define a este subgénero es que los hechos narrados sucedieron realmente. Son muchas las obras literarias en que el narrador presenta la historia que va a contar como una historia verdadera. Valgan como ejemplo de lo dicho obras tan dispares como “El Quijote” de Miguel de Cervantes, o Leviatán, de Paul Auster.
Tampoco puede considerarse un criterio para diferenciar la narrativa de no ficción el hecho de que el narrador asuma el nombre e identidad del autor. Ese recurso lo encontramos en obras de ficción, como el Juan José Millas personaje que aparece en novelas como Dos mujeres en Praga (2002) o La mujer loca (2014). Todos tenemos presente el caso del “Lazarillo de Tormes”, cuyo autor se esconde para poder presentar la obra como contada por el mismo protagonista.
La crítica se ha acercado al tema y ha destacado una serie de características comunes a todas las obras que se adscriben al mencionado subgénero. Un somero repaso de dichas características nos permitirá ver si la obra que nos ocupa, La novia grulla de CJ Hauser, pertenece o no a dicho subgénero.
Es frecuente que los autores de esas narraciones de no ficción se sirvan de la escritura como un mecanismo para entender aspectos oscuros de la realidad que rodea a un personaje o a ellos mismos. En esta línea, Carrere, en El adversario, explica la historia de Jean-Claude Romand, un hombre que fingió ser un médico e investigador de la OMS y vivió estafando a sus familiares y amigos, y que, cuando sus mentiras estaban a punto de ser descubiertas asesinó a su mujer e hijos y a sus padres. Carrere pone el foco en los resortes psicológicos que llevaron a Romand a vivir esa vida de ficción y al final apocalíptico al que se abocó.
Delphine de Vigan se decidió a escribir Nada se opone a la noche, la biografía de su madre, para entender las razones que determinaron su vida errática y la llevaron al suicidio y para entender los problemas psicológicos y vitales que ese hecho le supuso. También Javier Cercas, en El impostor (2014), narra la vida de Enric Marco, el hombre que fingió ser un superviviente de los campos de concentración nazis para entender qué razones le llevaron a esa impostura y la tensión que supuso el mantenerla.
También en La novia grulla encontramos ese objetivo. A partir de los distintos artículos la narradora enfoca sus reflexiones a entender cuál es su actitud ante las relaciones afectivas, qué es lo que la lleva al fracaso o a la decepción. Así, en el artículo dedicado a una muestra, promovida por el departamento de defensa, de robots diseñados para intervenir en emergencias, CJ Hauser explica que se siente atraída por hombres que…
son “desastres en entornos demasiado peligrosos para que un ser humano se adentre en ellos por sí solo”
Y aun así, yo siempre me adentro. ¿Por qué?
Conocer a este tipo de hombre activa un impulso. No es deseo sexual. Claramente, no es amor. Es la sensación de que alguien se ha caído en la calle y yo soy la única samaritana que pasa por ahí y podría pararse. Que quizá por el hecho de fijarme en él o sentirme intrigada, soy la única que puede ayudar: de hecho estoy casi obligada. Puedo salvar a este hombre, me digo. (pág. 133).
Después nos explica cómo lleva a cabo ese “salvamento” sirviéndose de una analogía con el departamento de defensa (la institución que ha promovido la muestra de robots que ha dado pie a sus reflexiones):
Soy un poco como el Departamento de Defensa: despliego las tropas en cualquier país cuando estoy convencida de que necesita mi ayuda para alcanzar la democracia, la paz y la libertad. Ocupo el territorio. Malinterpreto su cultura. Desarrollo nuevas políticas y sistemas que nadie ha solicitado. La pifio continuamente. Me compro una chupa de cuero, ondeo la bandera de MISIÓN CUMPLIDA y después me arrepiento de las dos cosas. Me quedo ahí demasiado tiempo. Pasan años hasta que me escabullo, derrotada, aunque me niegue a reconocer la derrota. (pág. 133)
Es decir, igual que sucede en las novelas de Carrere, De Vigan o Cercas, CJ Hauser parte de esos artículos para intentar “entender” el por qué de los conflictos en sus relaciones afectivas a los que se ha visto abocada.
Otro rasgo característico de muchas novelas de no ficción es que el proceso de escritura forme parte de los hechos narrados. En esta línea, De Vigan hace constantes alusiones a sus dudas sobre si incluir o no determinadas ideas y habla también de las consecuencias que la escritura le puede traer: resquemores y enemistades con personas de su entorno familiar. En el caso de Cercas, la narración del proceso de investigación para el libro forma una parte importante del mismo.
En Carrere encontramos otra variante de esa atención al hecho narrativo dentro de la novela. Por ejemplo, En Limonov (2011) ante el episodio de una cena en una embajada, el narrador reflexiona sobre cómo trataría Flaubert dicha escena, con un detallismo realista exhaustivo. A continuación se confiesa incapaz de escribir así (aunque le gustaría) y se limita a dar una impresión general.
Concluyendo, podemos afirmar que el proceso de escritura de la obra, de alguna manera, forma parte de la obra, ya sea expresando las reticencias con que el autor incluye cierta información, ya sea detallando el proceso de encontrar la información o planteándose cómo enfocar la narración de un episodio.
En la obra de Hauser también encontramos pasajes en los que se da relevancia al hecho narrativo. En uno de los artículos la narradora recuerda una anécdota familiar relacionada con la tumba de John Belushi en Martha’s Vineyard que solía contarle su madre para, a continuación, informarnos:
Lo que pasa con la historia de Belushi que cuenta mi madre es que no es cierta. O tal vez sea más preciso decir que es falsa en los detalles aunque cierta en lo que intenta contar. (pág. 229)
En otro pasaje del mismo artículo, la narradora ofrece una versión alternativa y sarcástica de los hechos, narrada en tercera persona, como si fuesen unas noticias jocosas emitidas en un show de televisión:
En un disparatado giro de guion, la Graciosilla se va de vacaciones ¡con las cenizas de sus abuelos! Hay carcajadas cuando la madre de la Graciosilla mete las cenizas en una bolsa de regalo con un lazo. La Graciosilla pone los brazos en jarras y dice: ¿De verdad te parece adecuado? [Señal para las risas. A troncharse otra vez.] (pág. 236)
El pasaje paródico, con cambio de punto de vista, con la imitación de un registro propio de la televisión, con un enfoque sarcástico de sí misma, supone un juego narrativo en el que la autora ‘juega’ con el acto de narrar en una línea parecida a la que lo hacen los autores arriba mencionados.
En conclusión, podemos decir que La novia grulla de CJ Hauser se une de manera original a la tendencia de la novela de no ficción adoptando un molde original y sorprendente pero sirviéndose de un mismo tipo de recursos narrativos que identifican al subgénero.
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