Las nueve musas
Robert Gamble

Guernica – Un ensayo del escritor Robert Gamble

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Los niños se alegraron cuando saqué una caja de lápices de colores de mi mochila. Cada uno tomó una hoja de papel para dibujar y se dispersaron por las esquinas de la tienda de campaña de la clínica, buscando una superficie de apoyo y compartiendo los lápices de la mejor manera posible. Hay algo casi universal en el proceso mediante el cual un niño transforma una página en blanco en el paisaje de su mundo, comenzando con el margen inferior: contornos ondulados en marrón y verde para establecer la tierra sobre la cual caminan. Luego, una franja azul en la parte superior para enmarcar el cielo. Yo me movía entre estos niños, observando cómo evolucionaban sus dibujos, ayudándolos a intercambiar los lápices. Llenaron su mundo con árboles y arroyos y casas de adobe, y, luego, animales: vacas y gallinas atendidas por madres y tías, mientras sus padres y hermanos mayores trabajaban con azadas y machetes en las milpas. Cuando los jóvenes artistas prestaron atención a los márgenes de su cielo, dibujaron un sol amarillo en una esquina, y “w” invertidas para representar aves, como lo hacen los niños en todas partes. Pero luego pasaron a imágenes más oscuras, dibujando formas ominosas, parecidas a tiburones con ángulos agudos y aletas, que emergían acompañados de rotores y estantes para armamento en helicópteros que comenzaron a arrojar ráfagas de fuego y balas hacia el suelo. Los niños dibujaron terribles heridas en algunos de los animales y seres humanos, y añadieron nuevas figuras muertas en el suelo o huyendo a lo lejos. Se mostraban orgullosos de sus obras terminadas cuando me las mostraron y devolvieron los lápices. No parecían en absoluto incómodos al compartir sus visiones de caos y sangre, y todos corrieron para unirse a un partido de fútbol en la plaza embarrada del asentamiento.

Me di cuenta de que estos niños, que habían pasado la mayor parte de sus vidas exiliados en campos de refugiados de la ONU, justo al otro lado de la frontera en Honduras, nunca habían visto una televisión ni una pantalla de cine. Debían haber presenciado las escenas que dibujaron, o haber escuchado historias sobre las atrocidades del ejército de la boca de parientes mayores, que habían sido desplazados en las brutales campañas iniciales de la guerra civil salvadoreña. Ahora, mientras la guerra llegaba a su fin, los miembros restantes de la comunidad regresaban para reconstruir casas bombardeadas, despejar tierras cubiertas de maleza, plantar una nueva temporada de maíz y frijoles. Los niños estaban emocionados de salir de un perímetro de alambre de púas, pero aún llevaban las escenas traumáticas de su viaje colectivo dentro de sus jóvenes cuerpos.

Guernica

Los niños estaban fascinados. Se sentaron agrupados en el suelo de la galería, contemplando la inmensa pintura que dominaba la sala. Nadie parecía inquieto, nadie discutía con un compañero; todos prestaban atención a cada palabra y gesto de su profesora, que señalaba las características significativas de la icónica obra de Picasso: el caballo retorciéndose, la espada rota, la agonía de los humanos heridos, el toro atónito, el caos de las llamas y las paredes cayendo. Esto no se parecía en nada a la violencia de los dibujos animados a la que estaban acostumbrados a ver en sus pantallas en casa; explosiones de neón y golpes y sonidos estrellados,  algo de lo que se reían brevemente para luego dejarlo a un lado a la hora del desayuno, las tareas o un paseo al parque. Estaban absolutamente asombrados ante el peso traumático de aquella gigantesca losa monocromática, tal como yo había quedado conmovido treinta y cinco años antes por un montón de dibujos a lápiz de niños en un sofocante campo de repatriación.

Picasso pintó Guernica cuando vivía exiliado en París, basando su imaginería en relatos escritos de testigos presenciales del bombardeo. Ahora, su pintura se erige como una de las declaraciones artísticas más poderosas contra la guerra en la historia. Yo reconozco Guernica como un ícono familiar, una representación famosa de un evento histórico, pero no estos niños. Para ellos, la pintura era algo completamente nuevo: un golpe al estómago, un mensaje inequívoco de que la muerte es real, terrible y caótica; de que el fuego desde el cielo podría llegar en cualquier momento, un cielo hostil, marcados por armas creadas por el hombre y su despiadada intención. La muerte había caído sobre un pueblo vasco en los primeros años del siglo pasado, y seguía cayendo ahora mismo sobre ciudades y familias en zonas de guerra de todo el mundo, y ninguna palabra de consuelo, por más bienintencionada que fuera, podía evitar que este golpe reverberara en los huesos empáticos de estos niños.

Traducido del inglés por: María Del Castillo Sucerquia (ensayo originalmente publicado por Consequence, una revista que “explora las consecuencias, realidades y experiencias de la guerra y la violencia geopolítica”).


ROBBIE GAMBLE (Estados Unidos). Ensayista, poeta, editor y trabajó como enfermero. Maestría en Bellas Artes de la Universidad de Lesley. Autor del libro A Can of Pinto Beans (Lily Poetry Review Press, 2022). Durante varios veranos se ofreció como voluntario para el grupo No More Deaths/ No Más Muertes, brindando apoyo médico y material a los migrantes que cruzan las zonas peligrosas del desierto de Sonora, en la frontera entre México y Arizona. Fue ganador del premio Carve Poetry y de la beca Peter Taylor en el Taller de Escritores de Verano de Kenyon. Sus poemas y ensayos han aparecido en Atlanta Review, Poet Lore, RHINO, Salamander, Post Road, Tahoma Literary Review y The Sun, entre otras revistas. Su ensayo Exit Wound fue citado como ensayo notable en Best American Essays 2020. Se desempeña como editor de poesía en Solstice: A Magazine of Diverse Voices. Robbie trabajó durante veinte años como enfermero practicante en el programa Boston Health Care for the Homeless. Ahora divide su tiempo entre Boston y Vermont.

María Del Castillo Sucerquia

María Del Castillo Sucerquia

María Del Castillo Sucerquia (Barranquilla, Colombia - 1997). Poeta, traductora (francés, inglés, italiano y griego), agente literaria, terapeuta en medicina oriental (Escuela Neijing, España). Aprendió idiomas en la Universidad del Atlántico. Estudiante de idioma hebreo. Estudiante becada de la Southern New Hampshire University (Manchester, Estados Unidos).

Ganadora del premio de poesía Naji Naaman, categoría Creativity prize, (Líbano, 2022); del premio “Un poema para Meira Delmar – 2022 (Biblioteca Meira Delmar, Barranquilla, Colombia); del premio Golden Heart, que otorga la Fundación Internacional Rahim Karim Karimov (Rusia – Kirguistán, 2022), en reconocimiento a su obra literaria y de traducción; del primer puesto del VII premio Mesa de Jóvenes “Jorge García Usta” (Festival Internacional PoemaRío – Biblioteca Piloto del Caribe) con su libro “El tren silenciado”; del segundo puesto del certamen de poesía Paz en Femenino, 2023, Universidad del Magdalena, entre otros reconocimientos.

Sus poemas han sido traducidos al chino, inglés, canarés, bengalí, polaco, entre otros, y publicados en antologías y medios digitales e impresos nacionales e internacionales.

Directora de la revista Read Carpet Colombia. Curadora y traductora de revistas literarias y medios nacionales e internacionales. Ha traducido textos de más de 90 autores alrededor del mundo.

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