Las nueve musas
Buscadores de Luz

Buscadores de Luz en mundos inciertos

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La literatura de la provincia de Alicante es fecunda en poetas y escritores que lanzan su mensaje para acompañar con sus letras la senda de tantos lectores y ser compañeros en este mundo inquieto y fugitivo.

Tres amanuenses acaban de publicar otros tantos libros -dos en poesía, uno en narrativa- con la nota común de reservar en el título de sus portadas una mención especial a la Luz. Son los libros de poemas “Hable la luz” del poeta de Orihuela, José Luis Zerón Huguet,  “Defensa de la luz” de Carlos Javier Cebrián Calpe y el libro de narrativa “A la espera de alguna luz” de Francisco J. Gómez.

¿Por qué ese interés, esa necesidad de incorporar la Luz en el frontispicio de los libros? Quizás la Luz, fuente de Vida y Energía, sea alimento necesario en estos tiempos inciertos, resbaladizos, digitales e impersonales. Buscar amparo en este maná cálido inspira cobijo, conocimiento y belleza en esta época que transita entre el desarraigo y la rapidez sin saber bien hacia dónde marchamos. Una necesidad de buscar abrigo o encontrar la madurez y posibles respuestas en un laberinto de múltiples caminos.

Estos tres autores son letraheridos que intentan expandir sus palabras e ideas en un campo cada vez más abierto. Zerón, oriundo de Orihuela (¿qué tendrá este pueblo universal que genera tan buenos y profundos poetas con la palabra de Miguel Hernández como estandarte?), ha publicado dentro de su extensa trayectoria poética en editoriales como Ars Poética, Polibea, Sapere Aude, Huerga y Fierro y ahora en Olé Libros de Valencia de la mano de Toni Alcolea. Cebrián en Lunara, Diarios de Helena, Frutos del Tiempo, Huerga y Fierro y ahora en Los Libros del Mississipi de Madrid. Francisco Gómez también quiere expandir su mirada con Platero de Sevilla después de estar en el catálogo de Frutos del Tiempo.

José Luis Zerón con “Hable la luz” ha escrito un poemario hondo, complejo, metafísico, filosófico en la línea de la interrogación, el desasosiego y la incertidumbre y uno diría hasta a modo del Libro de los Salmos de la Biblia en algunos de sus poemas, aunque no siempre sean como alabanza sino inquietud y miedo. “Azar y tiempo”: Aquí unidas, la certeza de los que nada esperan/y el hambre de los que llaman a los portones/ de madrugada/ Aquí bulle el infierno/ de la quietud.  Ahora, el instante I: “En el fuego del crepúsculo arden los pájaros, /El cincel de la última luz esculpe las sombras/ y un instante pleno de unidad irradia calma. ¿Dónde el consuelo?: ¿Podremos ser consoladores/ si necesitamos consuelo?/ ¿Podremos contar las heridas/ y conciliar el sueño?…

El mismo poeta describe su estilo en Ojos que no claudican:

Escribo tan oscuro, / tan adentro, / tan al cabo del miedo/ La tierra preparada/ para la siembra/

y la pregunta fosforeciendo en mis ojos/ a tientas/

Un poemario en verso libre, dividido en dos partes: Apolión, el ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego se llama Apolión (Apocalipsis 9. 11), cuya primera parte está formada por 18 poemas y la segunda Xenía: no olvidéis de mostrar hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, han hospedado ángeles (Hebreos 13, 1-2). Ambas precedidas por fragmentos de la tradición judeo-cristiana, como puede verse, acordes con la línea que plantea ya desde el título a modo de liturgia, muchas veces de la confusión, y entonación sálmica en ocasiones.

Un libro muy interrogativo en sus primeros versos, crípticos en muchas ocasiones y pleno de cuestiones sin respuesta a ese ángel terrible y demoledor como en Introito: ¿Por qué sembraste nuestra/ memoria de temores ciegos?/…¿Por qué tu éxtasis ante la indefensión humana?/ ¿Por qué tanta belleza/ en el légamo de la ferocidad?/. Tiempo oscuro: ¿Cómo entonar un canto de frontera/ entre voces corrompidas/ por la desconfianza?/

En la segunda parte, Xenia, avistamos ya la llegada de claridad entre tanta oscuridad, el encuentro con el otro, que eres tú mismo y ha vivido y está sumido en igual desasosiego y zozobra. La mirada del otro: Me concierne tu dolor/ y tu alegría,/ me entrego a tu recelo./ Basta que nuestras miradas dialoguen/ para evitar la huida,/ que los ojos no renuncien a la inquietud/ del encuentro. Acto de fe: Solo si osas mirar/ a los desdichados sin apartar/ la mirada, si todavía/ eres capaz de distinguir/ la inocencia/ sin renegar/ del dolor, solo entonces/ hallarás el refugio. Contra la costumbre: Que mis ojos no se cierren ante las heridas/ que asoman en el sufrimiento ajeno…/. Seguimos a la escucha de la letanía, el salmo.

También aquí escuchamos la voz del poeta que clama por la necesidad de nombrar las cosas para dar orden al mundo: la voz que tuvo fe/ nombró aquello que había perdido su nombre. Ab ovo: Tenemos el poder de nombrar el mundo que nace/ y muere con violencia, / pues el universo no sabe/ que sabe, y durante/ miles de millones de años creció/ buscando la mirada.

La mirada del hombre-poeta que da sentido y orden a la inmensidad, la complejidad de la materia en movimiento, como en la portada del libro diseñada por su hermano Alberto Zerón; el firmamento con su tapiz de estrellas, la luz clarea en la penumbra del alba y empieza a desvelar las sombras de una suerte de laguna.

Esta segunda parte contiene un acento más claro que la primera, como si la Luz al fin tratase de desvelar tanta oscuridad y miedo. No dejan de surgir temas esenciales como el paso del tiempo y la presencia de la naturaleza tan amada para Zerón, sin dejar nunca de lado su vertiente filosófica plena de mayéutica interrogativa. Mirada y palabra: Entras en el jardín y sientes/ el dulce rebrote de una belleza oscura…/ Tus ojos miran/ el pan de oro de las mimosas,/ la gallardía del laurel,/ la frondosidad de la higuera,/ el fruterío del melocotonero y el níspero,/ la corona de luz de los rosales…

Un libro que reafirma la madurez poética de José Luis Zerón y merece romper más fronteras en el conocimiento y difusión de su poética con un libro hondo y polisémico sobre las cuestiones que planean siempre en conexión con el corazón y el ansia de conocimiento y duda que viven en el interior del ser humano.

El también poeta y articulista, Carlos Javier Cebrián, nos plantea en “Defensa de la luz” una triple concepción de este alto concepto simbólico. Belleza, Conocimiento y Madurez como recalca su estudioso y amigo, el músico y escritor, Javier Baeza. Belleza en las cosas ínfimas, pequeñas. El amanecer y el cántico de los pájaros que inauguran el día como manifiesta en su Haiku 4: I Cantan pájaros/ cada mañana nueva/ comienza el mundo IISe cierne el día,/ cada mañana nueva, /cantan pájaros…

 Conocimiento en el poema Fracaso de la luz: Que yo aspiro a la luz,/ a la gracia, a la alegría sin recato,/ puedo jurarlo./ Y os juro asimismo/ que yo persigo el himno,/ aquello que es celebratorio de la vida,/ también el conocimiento/ -conocer el objeto de las cosas-,/ y el dominio/ -dominar el orden/ y la precisión de las palabras-./…. Si me asomo cada mañana/ a este mundo de locos/ y me llegan solapados/ todos los llantos que no conozco, / y los conocidos también,/ el dolor de los otros,/ y acaso el propio

Y la Madurez de aquel que ha superado etapas y se encuentra bien consigo mismo y acepta el mundo como es, que está fuera de él y que cree que la hermosura sigue viva alrededor. Todo es hermoso: Todo es hermoso,/ basta con saberlo interpretar./ Así debe ser tu mirada al mundo,/ certera, viva en la luz/ Cada mañana es hermosa/ con el trino de esos pájaros malditos…/ Todo ello tiene el misterio de lo hermoso, / basta con saberlo interpretar./ Empieza un nuevo día,/ la oportunidad de encontrar/ el preciso lugar del secreto,/ la defensa de la luz./ Felices los que ven cosas hermosas/ en los lugares modesto.

Un poema bellísimo reúne estas tres grandes cumbres en los versos de Cebrián, un hombre autoreflexivo, indagador en su yo íntimo que podemos ser todos, Hic sunt  Dracones: Más allá de ti/ hay dragones./ No porque seas tú, amor,/ el límite conocido del mundo,/ sino por todo lo contrario… He de llegar contigo hasta la alegría,/ no me perdono otra resolución anímica,/ no concibo otra peripecia,/ saber mirar la luz/aceptar esta ceguera que viene de ella,/… vencer al dragón,/ vencerme a mí mismo./ El mundo no soy yo,/ y conmigo nada se extingue,/ pongo mi fe en ello.

Este poeta que también merece salir de fronteras limitadoras de su poética y  dice que no escribirá más poemas, (¿le creemos…?), encuentra en lo cotidiano el motivo para escribir y elevarlo a un rango superior: Poesía reunida 1984-2018 (pasar página): Debo saber, también, que todo está dicho ya,/ por otros…/ Decir por ejemplo:/ después de ti se hizo la luz…/ Y es en defensa de la luz…/ por lo que tengo que escribirlo./ Decir que soy 339 poemas,/ 34 años de escritura,/ si nos ponemos matemáticos:/ 9,97 poemas al año,/ 0,02 poemas al día aproximadamente./ Esta es mi poesía reunida,/ perdón, mi vida, quise decir.

Dejemos que el hombre-poeta Cebrián explique en otro poema su idea de la Luz y la Poesía en Luz Primeriza: Ahora que ya tienes más recuerdos que porvenir/… No sabes tampoco si ya no tiene utilidad el poeta/ o nunca lo tuvo, / si es la poesía la que es inútil/…¿Qué has hecho hasta llegar aquí,/ descubrir la luz, perseguirla, defenderla? No sabes qué es la luz/ y, sin embargo, no cejas en su pretensión. La luz no se explica, tampoco se entiende,/ la luz no se explica, tampoco se entiende/ la luz sucede o no sucede…/ Es así de sencillo.

Defensa de la luz es un poemario auténtico de un hombre que ha alcanzado una conciencia y un dominio en la escritura de versos, al igual que José Luis Zerón, que hablan al hombre en la inmensidad luminosa y oscura de su complejidad.

A la espera de alguna luz
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Francisco Gómez forma parte de esta tríada de escritores que buscan la Luz, al igual que otros muchos y acaba de publicar su último texto de relatos “A la espera de alguna luz” en la editorial Platero de Sevilla.

Un libro de relatos que a través de 19  pequeñas historias trata de hablar al lector sobre este hermoso mundo frío en el que vivimos con cuentos que narran la falta de amor en nuestras calles, la indiferencia de las ventanas, el maldito acoso escolar y las ciudades donde vive, muere, ama y odia la mujer y el hombre contemporáneos. Esta es su última aventura literaria después de publicar varios libros de relatos y una novela “Historia de una mentira”, además de  tres libros de artículos sobre la City de Elche.

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Francisco Gómez

Francisco Gómez Rodríguez

Francisco Gómez forma parte de esta tríada de escritores que buscan la Luz, al igual que otros muchos y acaba de publicar su último texto de relatos “A la espera de alguna luz” en la editorial Platero de Sevilla.

Un libro de relatos que a través de 19 pequeñas historias trata de hablar al lector sobre este hermoso mundo frío en el que vivimos con cuentos que narran la falta de amor en nuestras calles, la indiferencia de las ventanas, el maldito acoso escolar y las ciudades donde vive, muere, ama y odia la mujer y el hombre contemporáneos. Esta es su última aventura literaria después de publicar varios libros de relatos y una novela “Historia de una mentira”, además de tres libros de artículos sobre la City de Elche.

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