Las nueve musas

Alexandros Papadiamantis. «La asesina»

Breve reseña sobre Alexandros Papadiamantis

La literatura griega moderna es poco conocida en nuestro país y menos la de la época de fines del siglo XIX e inicios del XX.  Alexandros Papadiamantis (1851 – 1911) es el mayor prosista griego de esta época y uno de los principales artífices de la consolidación de la literatura moderna griega. Nació en Skiazos, una pequeña isla (50 km2) del archipiélago de las Espóradas en el Egeo noroccidental. Hijo de un pope, se mudó a Atenas en su juventud para terminar su bachillerato e inició estudios en la facultad de Filosofía de Atenas que nunca terminó. Se ganó la vida escribiendo artículos en periódicos, pequeñas historias, traducciones y varias novelas. No se casó y era un hombre solitario. Esta obra “La Asesina” ha sido considerada una de las obras narrativas más importantes de la literatura griega moderna.

La asesina
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Del resto de su obra, además de los relatos breves, destaca la serie de novelas “La chica gitana,” “El  Emigrante” y “Mercaderes de Naciones”, que son libros de aventuras por el Mediterráneo y cuyos argumentos tratan sobre capturas, guerras, plagas, etc. Escribió en “kazarevusa”, la variante culta y arcaizante del griego moderno que fue la lengua oficial de Grecia hasta 1976, aunque el pueblo y la mayor parte de los medios de comunicación utilizaran el “demótico”, o sea la lengua popular. Por eso, en sus párrafos líricos usa palabras ancestrales de su lengua. En sus historias aparecen, asimismo, líricas imágenes de la vida rural, casi siempre de su isla natal, y es palpable la nostalgia de su infancia. Dibuja los personajes hábilmente, y los hace hablar en un lenguaje coloquial, respetando los dialectos locales. La riqueza de su lengua es muy amplia, recorriendo toda la evolución lingüística de su idioma. Su profunda fe ortodoxa y la mística de la liturgia bizantina, influyen en muchas de sus historias.

El poeta Odysséas Elýtis habló de la magia de Papadiamandis como la de una mirada que se mantiene pura frente a la depravación y la injusticia y una voz que conserva su inocencia aún después de atravesar todas las formas del mal y de la perversión. Sus obras reflejan melancolía y acercamiento a la gente que sufre, sin importarle si son santos o pecadores, inocentes o culpables.

Reseña del argumento de “La asesina”[1]

 La asesina es la historia de una vieja de Skiathos, Khadula, hija de un padre ahorrador y una madre envidiosa y con fama de bruja. Su vida ha sido servir a los demás, padres, marido, siete hijos y nietos.

Al inicio de la novela está cuidando a su nieta, recién nacida y enferma, de su hija mayor. Mientras, recuerda su juventud, sus ahorros y sisas para construirse una casa (después de la escasa dote que recibió), sus trabajos como curandera y comadrona, la emigración de sus hijos y la dificultad de poder pagar las dotes que tienen las familias pobres de la isla. Una de sus hijas la visita para explicarle sus malos sueños y ella tras despedirla, sigue con sus recuerdos y se pregunta así misma: “si vale la pena que nazcan tantas niñas y luego criarlas, con tantos precipicios como hay, para poner fin a una vida”, o si como dice la religión “que la muerte es resurrección, pues entonces la enfermedad es salud, los ángeles se alegran cuando reciben las almas de los niños y los padres que salvan a sus hijos con médicos y medicinas se equivocan”. Además, ella había oído decir a su confesor que “quien ama a su alma la pierde y quién la odia la conservará toda la vida eterna”.

Entonces la pequeña empieza a toser y a llorar y la vieja, que tras sus meditaciones trascendentales está perdiendo el juicio, la quiere hacer callar metiéndole los dedos en la boca, hasta que en un ataque de locura la ahoga. Se entierra a la criatura y la hija, aunque ha visto unas manchas negras en el cuello de la niña, no se atreve a acusarla. En Skiatos no hay médico y el estudiante de medicina que ejerce sus funciones certifica la muerte natural. La vieja Khadula lleva consigo su remordimiento, no sabiendo si ha obrado bien o mal, hasta una antigua capilla en ruinas en lo alto de la isla, donde invoca a San Juan Evangelista esperando una señal.

Al volver encuentra en el campo junto a una cabaña a dos niñas en el borde de una cisterna y ella, en su locura, lo interpreta como una señal divina de que hace bien eliminando niñas que causan trabajo y agobio a sus padres. Por eso, las lanza al pozo donde se ahogan y cuando aparecen la madre y el padre, los engaña diciendo que han caído accidentalmente y ella las quería salvar, cuando ha sido todo lo contrario. Ni médico ni autoridades ven nada extraño en las muertes.

Unas semanas después cuando está en el lavadero la molestan los gritos y burlas de los niños, y piensa que si se cayesen en el pozo sería un descanso para sus madres y para ella. A continuación, una niña cae accidentalmente y Khadula cree que es un designio divino y no hace nada por ayudarla, luego tiene miedo de que la acusen y se va a su casa sin avisar a nadie.

Las autoridades comienzan a sospechar de ella, tras tantas coincidencias, y la interrogan. Antes de que la detengan escapa y se esconde en casa de una mujer a la que ella ayudó a abortar hace años cuando se quedó embarazada fuera de su matrimonio. Khadula recuerda y tiene remordimientos, no tiene claro si ha obrado bien o mal. Luego sigue en su huída a refugiarse en la montaña entre pesadillas, miedo y dudas.

En su camino, un pastor le pide que ayude a su mujer que acaba de parir y le facilita esconderse de los guardias. Sigue con sus pesadillas y remordimientos, va a la cabaña del pastor y está a punto de matar a su hija, pero la llegada de los guardias la hace huir otra vez. Prosigue en su huida por la montaña se encuentra con otros pastores y un pope, vuelve a la cabaña del anterior pastor y en su locura ahoga a la niña. Huye perseguida por los gritos de la abuela y se refugia en los inaccesibles acantilados.

La persiguen los guardias y sigue huyendo, entre locura y remordimiento, a buscar el consuelo espiritual de un ermitaño que vive en una pequeña capilla junto al mar. Cuando está a punto de llegar la descubren los guardias; para escapar entra en el mar y se deja ahogar junto a la ermita, “a medio camino entre la justicia humana y la justicia divina”

Así acaba la novela, que en su parte inicial ha ido simultaneando esta historia principal con los recuerdos de Khadula de su infancia, matrimonio e hijos.

Comentario sobre la obra[2]

 Esta obra se publicó por entregas en una revista bimensual entre enero y junio de 1903, y no se editó como libro hasta después de la muerte del autor, por ello presenta algunos rasgos típicos de la novela por entregas, como son las repeticiones, el predominio de la acción y el mantenimiento del suspense. No obstante, consigue un gran texto, con implicaciones filosóficas, ideológicas y teológicas, haciendo confluir la ambientación rural griega con las nuevas técnicas de la moderna novela europea, como es el uso del estilo indirecto libre.

Al ir leyendo la novela, se nos va mostrando un paisaje rural, repleto de personajes que nos hacen revivir esa época de finales del siglo XIX en una pequeña isla alejada de la civilización y que todavía vive en una sociedad desconocedora de los nuevos vientos de la modernidad, que comenzaban a llegar a la capital. La descripción tanto de los personajes como de los paisajes es detallada y ayuda a introducirnos en esa citada época y convivir con ellos. Al menos yo, que conozco bien la situación actual de las islas griegas, me he sentido identificado y he podido revivir la historia entre personajes y paisajes. La asesina es descrita con empatía, sin condena, comprendiendo su destino y su locura mezclada con su creencia religiosa de que eso es lo mejor para las niñas y sus padres.

El traductor Garrigasait, cita en su Epílogo a la edición en catalán una ambigüedad sobre “la salvación” que solo comparto parcialmente. Dice que los padres confían en Khadula y creen que Dios la ha enviado para salvar a sus hijos, y Khadula cree que Dios la ha enviado para liberar a los niños de una vida que sólo es sufrimiento. Continúa diciendo: “que Khadula mata por altruismo, es una asesina abnegada que se pone en peligro y que renuncia a su tranquilidad para ahorrar a los niños los sufrimientos que les reserva este mundo”. Respecto a su locura, se pregunta si este no es el rasgo inseparable de los santos y de los místicos, y si no se impone el punto de vista social según el cual la protagonista es meramente una perturbada.

Yo lo contemplo de una forma más sencilla. Una pobre mujer con sus facultades mentales disminuidas, que además no acaba de entender lo que oye en la iglesia y que comienza su cadena de asesinatos, casi por casualidad. Luego prosigue en su locura, creyendo que es casi una enviada celestial, pero a la vez con signos de arrepentimiento. Por fin, totalmente agobiada, después de haber hecho todo lo posible para huir, decide acercarse a una iglesia para poner su alma en orden con Dios antes de su irremediable final, pero no puede llegar a tiempo y se suicida.

Como conclusión, creo que es un texto muy interesante y que conserva su vigencia y su modernidad. Destacaría la descripción de personales y paisajes, y el tratamiento de la asesina, que nunca es condenada por el autor, sino más bien comprendida en su destino y su catástrofe.


[1]  Aléxandros Papadiamandis. “L’assasina”. Traducción al catalán de Raül Garrigasait. Editorial Adesiara (Martorell). “La asesina”. Traducción al castellano de Laura Salas. Editorial Periférica (Cáceres)

[2]  Para estos comentarios, he tomado varias referencias del Epílogo que ha escrito el traductor Raül Garrigasait en la edición en catalán de este libro.

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
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Oviedo (España) 1956. Gestor cultural.

Director-Editor de la revista de artes, ciencias y humanidades "Las nueve musas".

Fundador y administrador de la red social de escritores en lengua castellana "palabra sobre palabra".

En octubre de 2016 funda el Ateneo Las nueve musas donde se imparten cursos online de artes, ciencias y humanidades.

Autor, junto a Alonso Pinto Molina, del blog "Ángel González - poeta", homenaje al poeta de Áspero mundo y Tratado de urbanismo.

Editor de "MEMORIA 2012" (Editorial Círculo Rojo), "El viaje" (2013) Editorial círculo Rojo, "La gramática de las cigarras" (2014) Editorial Círculo Rojo. "En este banco" (2016) Ruíz de Aloza Editores

En agosto de 2017 comienza con el proyecto editorial Las nueve musas ediciones.

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