Un giro hacia la sensatez de Paula Winkler
Un giro hacia la sensatez de Paula Winkler (2026) es un libro teórico, ensayístico compuesto por quince breves capítulos, una introducción y una conclusión. Una vez más, quince capítulos breves y claros. Y, otra vez aún y como Winkler nos tiene acostumbrados, su devenir epistemológico se trama con la lengua, con la lingüística. Así, la voz de Winkler se hace símbolo, se hace palabra poética porque el texto es, también, una epopeya de su propia escritura.

De la cotidianeidad o para aprender a vivir
Ubicada en la vida cotidiana, la mirada de Winkler propone acciones para establecer una buena (con) vivencia, poder pensar la relación entre el acto y la palabra, entre el poder y la falta.
Winkler plantea que en las sociedades humanas hay un mandato que, también, es un derecho: ser felices; este mandato obliga al goce, pero ello parece poner en duda la preceptiva de la convivencia en sociedad.
Winkler recorre la historia, la economía, la política, las leyes, la cotidianeidad para tratar de entender la vida hoy y promover los beneficios y la necesidad del otro. Subraya la noción: para vivir mejor es necesario convivir.
Expone con positividad que un giro sensato en los saberes es todavía posible (11, 12) y que el lenguaje es el jinete del pensamiento; que lo real nos excede.
La autora repasa el acontecer humano, analiza el comportamiento de los hombres de las sociedades. Dice “…la existencia ahora […] se sostiene sobre la base de instructivos superficiales de autoayuda…” (10) Winkler reconoce a un sujeto en riesgo.
Paula Winkler vuelve a posicionarse en su ser y en la circunstancia, eso expone la violencia y la destrucción, por eso propone que todos debemos trabajar para que los ciudadanos vivamos en paz (15). Pone su mirada en el ser humano y dice que esa humanidad “nos diferencia de la máquina” .
Una vez más, Winkler oscila en su narrativa. El libro es un ensayo anclado en la humanidad de este milenio pero, también, es una propuesta metanarrativa que se dice que lo imaginario mató lo simbólico y, entonces, el lenguaje se torna opacidad; por ello, se propone encender las luces del saber.
El derrotero del conocimiento o de la inquietud
El libro de Winkler es una puesta en discurso de temas vinculados con el conocimiento, es una bitácora de los recorridos hechos por el conocimiento, hace palabras; “…Confieso que titubié entre todos… (19)
Winkler hace foco en el derrotero del conocimiento. Lo pone en palabra y le da las palabras y así, enfatiza, comprende, explica, describe, interpreta.
La lectura va construyéndose a partir de los pretextos que, como tales, prefiguran las argumentaciones.
Winkler revisita, entre otros, a Bob Dylan y a M. Bajtin, desde ellos se pregunta por el género textual y, desde el lenguaje, se pregunta qué es un ensayo. Y desde esas cuestiones hace dialogar a la poesía con la filosofía. Y desde ese diálogo, Winkler, apareja el acto y la palabra para interpelar y comprender la vida cotidiana.
El planteo es elegir la inquietud.
La voz de Winkler no está sola y en la búsqueda de la sensatez va acompañada por otras voces, por otros textos y otras teorías (Borges, por ejemplo; Antígona, mujer y paradigma en la escritura de Winkler -personaje de la tragedia, hito de la didáctica, ejemplo de la ley jurídica, de la ciudadanía, de las instituciones-). Y así, al pensar lo colectivo interesa tanto lo individual como lo social: el sujeto que crece en y alrededor de los otros: el yo es yo porque tiene al otro. En el accionar humano es lo colectivo y, entonces, vuelve a ejemplificar a través de los textos clásicos griego, como se ha señalado, pero también Eco, Cervantes, Bajtin.
Winkler rompe con lo fijo, lo establecido y cuestiona, pregunta desde su yo lectora inquieta y culta.
Un giro hacia la sensatez es, también, la autobiografía del devenir de su pensamiento, de sus lecturas y de su escritura (55). Ella está aferrada al lenguaje.
Winkler lee, escribe, interroga y propone caminos: la esperanza, la ilusión; el diálogo con Freud y Einstein a propósito de la guerra; entender y transitar la inexplicable pasión del saber y no saber; la búsqueda y el lenguaje. Winkler no deja de subrayar que nacemos en el lenguaje y por él somos. Y así, en su libro, abre las puertas para la reflexión plural: cada uno de los títulos de los capítulos es un enunciado abierto, que promueve la duda y, entonces, el diálogo: “Cultura e insensatez: la insensatez en la cultura y la cultura de la insensatez” (cap. 9) o el capítulo 14: “Abstracción, analogía y realidad”, por ejemplo.
¿La última palabra?
Paula Winkler propone una hermenéutica de la vida cotidiana. Y plantea que el lenguaje, la escritura nos transforman en sujetos ahistóricos, nos alienan.
Y, por otro lado, especifica lo metatextual: en la introducción dice que lo que estamos leyendo es una introducción.
Inquieta, nunca cómoda, Winkler en Hermenéutica y giro lingüístico, por ejemplo, analiza y discute las ciencias y allí, introduce al lenguaje y entonces, promueve la revisión de las ciencias del lenguaje como una puerta al conocimiento.
Una vez más, Paula Winkler conocedora de los juegos del lenguaje, juega con las palabras. Y desde allí revisa, replantea términos de la lingüística partiendo de Saussure, pasando por Lacan, visitando a Kristeva. El conocimiento es una herramienta.

















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