Entre las múltiples categorías que configuran el sistema verbal del español, el aspecto ocupa un lugar singular, pues no sitúa la acción en el tiempo externo, sino que revela su desarrollo interno. En las líneas que siguen, examinaremos el carácter aspectual del verbo y su funcionamiento dentro del sistema gramatical.
De todas las clases de palabras existentes, podríamos afirmar que son los verbos los que más significado le aportan a ese particular modelo comunicativo que entendemos (y aceptamos) como hecho lingüístico. Esto puede verse, por ejemplo, en la frase Rocío cantaba, la cual nos indica, desde un principio, ciertos valores gramaticales: si la acción se sitúa en el presente, el pasado o el futuro; si se trata de una acción acabada o inacabada, y si el sujeto realiza esa acción o la recibe. Los valores que acabamos de enumerar se expresan a su vez mediante categorías que son características del verbo: el modo, el tiempo, el aspecto y la voz. Como habrá deducido el lector, nos ocuparemos aquí solamente del aspecto.
Para los fines de este artículo, nos ceñiremos a una definición tradicional; por lo tanto, diremos que el aspecto es la categoría verbal que indica el «tiempo interno» de la acción expresada por el verbo. Expliquemos ahora este postulado: el aspecto no indica si la acción tiene lugar en el presente, el pasado o el futuro respecto del momento de la enunciación, que es el momento del hablante (lo que dependería de la categoría tiempo), sino que indica la medición interna del proceso verbal con referencia a su propio término o transcurso. En nuestro ejemplo, Rocío cantaba, observamos que la acción verbal (cantaba) está en proceso o desarrollo, pero si, en cambio, hubiéramos dicho Rocío cantó, habríamos advertido que la acción verbal (cantó) ha acabado ya. Claramente, cantaba y cantó son acciones que se han realizado en el pasado, pero su tiempo interno es diferente.
En relación con este tema, la Nueva gramática de la lengua española nos revela lo siguiente:
Como categoría deíctica, el tiempo vincula los eventos con puntos temporales. El aspecto verbal informa, en cambio, de la estructura interna de los eventos, es decir, de la manera en que surgen, se terminan o se repiten, pero también de si se perciben en su integridad o se muestran únicamente algunos de sus segmentos. El aspecto no es, por consiguiente, una categoría deíctica. En efecto, lo que diferencia la oración Arturo lee el periódico de Arturo está leyendo el periódico no es el tiempo (presente en los dos casos), sino el aspecto. En la primera se puede hablar de cierto suceso repetido, aunque también de un evento particular que pueda verificarse en un intervalo temporal determinado. La interpretación de suceso repetido se descarta en la segunda oración. Como se ve, no cambia en este par de secuencias la localización temporal, sino la forma en que se extiende o se desarrolla en el tiempo la situación descrita.[1]
Ángela Di Tullio, que supo colaborar en la redacción de la NGLE, pone un poco más de luz al asunto en el fragmento que sigue:
A diferencia del tiempo, que es una categoría deíctica, el aspecto concierne a la manera en que se presenta la temporalidad del evento. Esto significa que no lo localiza en relación con el punto del habla, sino que especifica su estructura interna. La oposición básica es la de los aspectos perfectivo e imperfectivo. Mientras que en el primero el evento no es analizado internamente, ya que se lo ve como un todo acabado, concluido, el segundo lo enfoca en su desarrollo, en su duración.[2]
Tal como lo revela la ilustre lingüista argentina, el aspecto —al menos, desde un punto de vista morfológico—[3] puede dividirse en dos clases:
- El aspecto perfectivo, que es el que indica que la acción verbal ha llegado a su término o finalización: Yo canté; He cumplido cincuenta y dos años.
- El aspecto imperfectivo, que es el que indica que la acción verbal no ha llegado a su término o finalización, y que está en proceso o desarrollo: Yo canto; Cumplo cincuenta y dos años.
Si prestamos atención, notaremos que, en el sistema del indicativo, el contraste aspectual más claro se advierte entre el pretérito imperfecto (imperfectivo) y el pretérito indefinido (perfectivo). Los tiempos compuestos, por su propia configuración, tienden asimismo a expresar valores perfectivos. Esta regla aplica también para las formas no personales (infinitivo, participio y gerundio), de manera que cantar expresa el aspecto imperfectivo, pero haber cantado expresa el aspecto perfectivo; cantando expresa el aspecto imperfectivo, pero habiendo cantado expresa el perfectivo. El participio, cuando forma parte de tiempos compuestos, expresa siempre valor perfectivo: he cantado, haber cantado, hube cantado.
No incluimos en esta breve sistematización del aspecto verbal las formas del subjuntivo, puesto que, en ellas, por tratarse de un modo cuyo significado está motivado en buena medida por la percepción mental del hablante, las categorías de tiempo y aspecto son un tanto difusas. Cabe añadir que las formas del subjuntivo presentan una dependencia lingüística respecto de otras formas verbales, como las del indicativo, razón por la cual las primeras tampoco ostentan una autonomía significativa en el plano temporal o aspectual. Habiendo hecho esta aclaración, solo resta decir que, en el uso, las formas del subjuntivo pueden expresar indistintamente el aspecto perfectivo o el imperfectivo, lo que variará según el tiempo de los verbos en modo indicativo con los que aquellas formas estén vinculadas: Cuando cumplas cincuenta y dos años, te felicitaré (aspecto imperfectivo); Por más que hayas estudiado, no lograste aprobar (aspecto perfectivo).
[1] RAE y ASALE. Nueva gramática de la lengua española [en línea], https://www.rae.es/gramática/ . [Consulta: 04/07/2025].
[2] Ángela Di Tullio. Manual de gramática del español, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Waldhuter Editores, 2014.
[3] La NGLE contempla otros aspectos además del morfológico, como lo son el perifrástico y el léxico. Si decidimos dejar a estos últimos fuera de nuestro análisis, es porque consideramos que no responden del todo a las definiciones tradicionales. Aun así, recomendamos al lector que eventualmente lea lo que nuestra Gramática académica dice sobre ellos.


















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