ARQUEOLOGÍA DE UNA ITALIA LAMINADA POR LOS AÑOS DE PLOMO*
¡Vienen malos tiempos para la lírica! Una banda de brabucones mafiosos, socios de honor del club de los asesinos, ha irrumpido casi de repente en el espacio público para intentar convertirlo en un lodazal. Trump, Milei, Bolsonaro, Netanyahu, Putin, Orban, y otras gentes sin moral, depredadores sin escrúpulos, apelan a violencia, a la fuerza, al poder, para imponer sus siniestros intereses políticos. Desgraciadamente estos personajes de extrema derecha no están solos, cuentan también con correligionarios que se dicen de extrema izquierda y se reflejan en ellos como en un espejo cóncavo. Para ilustrar esta semejanza resulta especialmente oportuna la lectura de una brillante novela italiana: ¡Se acabó el recreo!

Rótulos publicitarios
Las contraportadas, las solapas de las novelas, y sobre todo las fajas o sobrecubiertas de promoción, esas bandas de papel que recubren las obras literarias para su lanzamiento comercial, en ocasiones son un peligro para la claridad de ideas de los lectores. Anticipan casi siempre síntesis exquisitas, lecturas sesgadas, anuncian no sólo lo que supuestamente los lectores van a encontrar en el libro, sino, sobre todo, lo que necesariamente tienen que encontrar porque los editores lo han anticipado así. En el caso de Se acabó el recreo, la novela de Darío Ferrari recientemente traducida al español y publicada por los Libros del Asteroide, antes de leer el primer párrafo del texto ya sabemos por la faja de promoción que nos encontramos ante un tipo de narrativa a medio camino entre la novela de campus, la novela de formación y la comedia. ¡Ya está, se dirá a si mismo el sagaz lector o lectora antes de empezar la lectura, otra novela ingeniosa y divertida, al estilo de las de Tom Sharpe o de “La conjura de los necios”, en la que se procederá al ensañamiento literario con el mundo académico y sus apolillados rituales! Sin duda algo de esto hay en la brillante obra del joven escritor italiano Darío Ferrari pero, sobre todo hay mucho más, pues indirectamente en la novela se nos habla de la Italia del presente, y por tanto también, indirectamente, de nuestra actualidad.
Tras atravesar a la carrera numerosas situaciones hilarantes uno recapacita y piensa que en realidad las escenas de ficción hacen explícita la confusión en la que vivimos y también desvelan en parte algunas raíces de esa confusión, algo que debería ayudarnos en la actualidad a reconsiderar el pasado para zambullirnos con una mente más abierta en el cambio del presente.
Argumento
El protagonista de esta obra de ficción se llama Marcello Gori, es un estudiante y está a punto de cumplir los treinta años. Este joven un poco pasota en realidad es un vitalista escéptico que nació y creció en Viareggio, en la Toscana, en la provincia de Lucca, a veinte minutos en tren de Pisa, la ciudad de la torre inclinada que perdió la gracia del mar. Marcello es licenciado en letras, escribió con éxito una tesina sobre Kafka y, como tantos otros jóvenes de generación, flota en medio de un mar de dudas, pues tanto él como sus colegas son conscientes de que, sin comerlo ni beberlo, se han visto rodeados por oleadas de niebla que no les dejan vislumbrar ningún bosque.
Marcello es hijo único y creció en el seno de una familia de padres separados de clase media baja. Su padre regenta un bar, y espera que su abúlico hijo decida por fin incorporarse a trabajar con él para dar continuidad al negocio familiar. Su madre, sin embargo, una mujer con mayor capital cultural que su marido, es a la vez una mujer abnegada y soñadora que ve con buenos ojos que su hijo prolongue los estudios de doctorado en la Universidad para emprender una brillante carrera profesional. Marcello, como él mismo nos asegura, no aspira a ser dueño de su propio destino, entre otras cosas porque no se siente con fuerzas suficientes para labrarse un porvenir; más bien adopta ante la vida el modelo del sabio taoísta que deja que las circunstancias lo lleven a donde ellas quieran. De momento se propone matricularse una vez más en la Universidad de Pisa para realizar los estudios de doctorado en literatura italiana.
El departamento de literatura de la Universidad de Pisa acababa de convocar un concurso para la asignación de dos becas a estudiantes del Tercer ciclo. Marcello se presentó como candidato con escasas esperanzas y quedó en tercera posición. Se produjo sin embargo la feliz coincidencia de que los dos primeros agraciados con las becas renunciaron a ellas al haber encontrado otras salidas profesionales que les resultaban más rentables. Se abría por tanto para Marcello, inesperadamente, una primera y pequeña puerta para emprender con éxito una carrera académica. Ahora únicamente tenía que pactar con su tutor, con el eminente y temido Profesor Raffaele Sacrosanti, es decir, el pope todopoderoso de la Facultad de Letras, el tema definitivo sobre el que iba a girar su tesis doctoral.
Marcello sopesó con especial cuidado las propuestas de tesis que iba a presentar a Sacrosanti, que ya lo había convocado en su despacho. Para demostrar al maestro su pegada y su cintura de pugilista, es decir, sus reflejos intelectuales, como si se tratara de un atleta de las ideas estéticas, sintetizó viarias propuestas que compartían un mismo denominador común: todas ellas eran innovadoras y, por supuesto, sumamente brillantes. Sin embargo, Sacrosanti las desechó de un plumazo, para pasar a sugerirle un nuevo tema que permanecía aún alejado de las miradas de los eruditos. Le propuso realizar una tesis doctoral en el área de los estudios de Italianística contemporánea, y más concretamente investigar sobre un fascinante escritor prácticamente desconocido del que pronto iban a ser desclasificados en los archivos nuevos documentos inéditos. Este escritor se llamaba Tito Sella y era también natural de Viareggio. Marcello accedió sorprendido, y agradecido a la vez, la sugerencia de su tutor. Se despidió de Sacrosanti con el pecho henchido, como si se tratase de un pavo real, y pasó a consultar con rapidez en el ordenador del despacho de los becarios más información sobre el misterioso y brillante autor desconocido. La Wikipedia decía así: Tito Sella (1953-1998) fue un terrorista italiano.
A partir de las primeras cincuenta páginas, -la novela cuenta con casi cuatrocientas-, la vida de Marcello dejó de responder a unos movimientos brownianos impuestos por las circunstancias para seguir de cerca la vida y escritos del autor de la obra titulada Hagiografías infames y de otros libros considerados menores por los especialistas. Muy pronto Tito Sella, ese brillante escritor que había pasado desapercibido iba a convertirse en toda una revelación. La redacción de la tesis doctoral pasó por tanto a ser la preocupación principal en la vida de Marcello. Esto no quiere decir que por fin había sentado la cabeza, sino que la relación con su novia Leticia, buena estudiante de medicina, guapa, inteligente y rica, se había hecho más cálida y la relación con los compañeros del departamento más fluida. Marcello disfrutaba ya de los placeres del mundo sin tener que comprometerse excesivamente en perpetuar su rodaje. El panorama cambió cuando se abrió en París para los investigadores en la Biblioteca Nacional François Mitterrand el archivo Tito Sella. Fue entonces cuando el brillante doctorando se vio obligado a desplazarse a la ciudad de la luz para buscar un rayo de luz en la ardiente oscuridad en la que aún se encontraba.
En la Biblioteca Nacional de Francia al fin el becario accedió a los diarios y otros papeles personales de Tito Sella, incluidos sus escritos de cárcel, de modo que se aproximó a toda la vanguardia militante formada por jóvenes italianos de ambos sexos que intentó cambiar el mundo creando una banda armada. Tito Sella fue uno de los fundadores de la Brigada Ravachol. Otro de los miembros de esta brigada, Miro, de origen calabrés, tan sólo con estudios primarios, pero con una amplia formación en el marxismo-leninismo revolucionario, formuló en voz alta una convicción que compartían la mayor parte de los jóvenes italianos que se embarcaron en la guerra de guerrillas durante los llamados años de plomo: El PCI ya está muerto. Le hace el juego al sistema. Berlinguer le dará el fin que se merece: ya lo ha transformado en un partido socialdemócrata, y eso es el beso de la muerte. Estos aprendices de revolucionarios querían responder al terror negro y creían seguir los pasos de los bolcheviques rusos, de los tupamaros en Uruguay, de la revolución cultural china, de la Cuba de Fidel Castro y la Bolivia del Che Guevara, admiraban, en fin, los golpes inesperados con los que las Brigadas Rojas apuntaban sus armas en Italia contra el corazón mismo del Estado.
Creo que fue en el cine Champollion, situado en la Rue des Écoles, cerca de La Sorbona, en donde Marcello volvió a ver Lo que el viento se llevó, una película de culto, aunque, para ser sincero, esto no lo cuenta ni explícita ni implícitamente el autor de la novela. Me permito aquí tan solo una pequeña licencia poética. Marcello debió quedar boquiabierto cuando contempló la escena en la que Escarlata O’Hara empuña la tierra roja de Tara y mira fijamente al cielo para exclamar: ¡ A Dios pongo por testigo, a Dios pongo por testigo, de que no lograrán aplastarme (…) A Dios pongo por testigo, que jamás volveré a pasar hambre! En la película el Sur desapareció en una noche. Marcello entonces probablemente se juró a sí mismo que la tesis sobre Tito Sella sería para él algo así como una nueva Piedra Rosetta sobre cuyos jeroglíficos él mismo se iba a labrar un porvenir tan elevado como el de Champollion.
Omitiré los avatares por los que pasó nuestro protagonista para encontrar una habitación decente en el sexto piso de un edificio sin ascensor en la periferia de París. Tampoco diré nada de sus ligues frustrados, por no decir imposibles, ni tampoco del olímpico desprecio con el que alardeaba contra todo lo francés, una actitud frecuente entre los emigrantes baqueteados por los países de destino. Tan sólo resaltaré que sus pesquisas marchaban viento en popa. Llegó a entrevistarse con exiliados italianos acusados de terrorismo que se habían refugiado en el santuario francés acogiéndose a la doctrina Mitterrand, y también se entrevistó con un exmiembro de la Brigada Partisana Ravachol que fue amigo y compañero de Tito Sella. Bueno, me parece que voy desgranando demasiadas pistas, pero lo hago tan solo como contrapeso a la banda publicitaria con la que va revestido el libro en la edición española. No, no estamos a medio camino de una novela de campus, ni tampoco cerca de una novela de formación, y menos aún estamos ante una comedia ligera en la que se reconocerán retratados los tan sufridos becarios. Yo diría más bien que estamos ante una novela de tesis, una novela muy bien escrita, trabajada, pulida, que ha sido traducida con brillantez al español por Carlos Gumpert. ¡Al fin una novela casi clásica que nos interpela y nos obliga a reflexionar!
Desenlace
Déjenme que, para terminar, les sugiera tan solo una pista para una lectura atinada de esta obra maestra. Me parece que el protagonista, no tiene el supuesto papel central que erróneamente se le atribuye, sino que es tan solo el símbolo de toda una generación de estudiantes universitarios que adquiere singularidad y se redime a través de un gesto final, un gesto ejemplar, un acto ético emocionante, altruista, idealista, invencible, que puede servir de espejo a los jóvenes de hoy y a los que vendrán. La novela sirve también de escarnio a quienes durante demasiado tiempo han identificado al proletariado con un gato salvaje encerrado en una fábrica de automóviles. Fustiga a quienes se creyeron lobos solitarios, o miembros gregarios de una manada, con licencia para matar, fustiga a los terroristas blancos, pero también a los terroristas rojos y negros, a los que asesinaron a Aldo Moro el 9 de mayo de 1978, y a los que, compungidos y con hipocresía vaticana miraron hacia otra parte.
Gobierna en la actualidad en Italia Giorgia Meloni, la única jefe de un gobierno europeo que ha sido invitada por Donald Trump a la Casa Blanca para su toma de posesión como presidente de los USA. Es heredera del neofascismo, milita en el partido Hermanos de Italia, gobierna desde septiembre de 1922 en coalición con Forza Italia de Berlusconi y con La Liga de Matteo Salvini, odia la Constitución italiana de 1948, quiere controlar la RAI, aboga por criminalizar cualquier forma de disidencia, trata de externalizar hacia Albania a los emigrantes que buscan cobijo en Italia, pretende liderar a la ultraderecha en Europa… Me parece que la fuerza de la novela de Darío Ferrari radica en que nos ayuda a todos a explicar cómo ha sido posible que hayamos llegado hasta aquí y que, a la vez, nos obliga a asumir un compromiso ético con los derechos humanos y con la democracia para evitar que se siga extendiendo tanta barbarie.
*Darío FERRARI, Se acabó el recreo,
Libros del Asteroide, Barcelona, 2025. (Traducción de Carlos Gumpert. Edición original italiana 2023).

















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