Las nueve musas
Países bálticos

Países bálticos. Los trillizos son más de lo que parecen

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Permítanme los estonios, letones y lituanos la licencia al denominarles así, pues pese a sus diferencias, son muchas características las que unen a estas tres repúblicas exsoviéticas.

La principal, evidentemente, es el mar Báltico, que baña sus costas. Otra, su pasado como miembros de la URSS y su relativamente reciente independencia como pequeñas naciones.

Lo cierto es que son muchos los que, a la hora de viajar, lo hacen de forma que puedan ver los tres países en un solo viaje, casi como si fueran una misma entidad. Y ellos tan contentos, pues lo fomentan con todas las facilidades del mundo a la hora de eliminar cualquier tipo de frontera (no solo la física) entre ellos.

Así, es fácil alquilar un coche y recorrerlas plácidamente, sin apenas darse uno cuenta de que ha cruzado al vecino. Bueno, vale, quizás en alguna cosa si se note, pues las carreteras, a mi juicio, empeoran conforme se va bajando de país. Además, a Estonia se le ve el plumero en cuanto a la influencia que ha ejercido su primo del norte, Finlandia. Quizás en ese sentido, los países más “Bálticos” en el sentido purista de la palabra, sean Letonia y Lituania, pues les une lengua y cultura.

Es probable que para los españoles, o incluso para la gran mayoría de hispanoparlantes, Tallin, Riga o Vilnius no les digan demasiado y la información que manejan acerca de ellas no sea abundante, no les culpo, hasta hace bien poco no eran un destino turístico excesivamente habitual —y seguramente Letonia y Lituania sigan sin serlo, Estonia, gracias a los cruceros, ha hecho de Tallin un lugar bastante conocido— sin embargo, puedo asegurarles que les sorprendería lo europeos que son estos países, la actualización exprés que han sufrido en todos los sentidos —vienen, en general, de un pasado reciente oscuro y no demasiado feliz—hasta ponerse prácticamente al nivel de cualquier país occidental, en ocasiones puede que hasta mejor, recordemos que son miembros de la UE en pleno derecho.

Por mi parte, hace ya algunos años que visité Estonia, pero hace menos de un mes pude escaparme y realizar una ruta por los dos que me faltaban, y créanme, los tres países pueden ofrecer mucho más de lo que el profano pueda imaginar. Tanto que creo necesario desglosar sus bondades por separado ¡Bien lo merecen!

Estonia
La puerta de Viru, Tallin

ESTONIA

El más al norte.

Es, sin duda, el más caro de los tres, también el más desarrollado económicamente, y casi por lógica, el que disfruta de mejores infraestructuras y desarrollo turístico. Su capital, Tallin, sin embargo, es la menos poblada de las tres. También es la capital que disfruta de más vuelos comerciales para deleite de sus habitantes. Como he dicho antes, una de las ironías de Estonia, con respecto a sus dos hermanos al sur, es la influencia finesa, sobre todo en su lengua.

Su capital, Tallin, conserva una antigua parte medieval que es una joya, y al visitante le recordará a otras ciudades que haya podido visitar en el norte de Alemania, por ejemplo. Una vez allí, visitará la Catedral Nevski, la plaza del ayuntamiento y las murallas antiguas, no tienen pérdida. Una de las paradas más curiosas es Raeapteek, una de las farmacias más antiguas del mundo, que ha mantenido todo el encanto de épocas pretéritas con cantidad de objetos antiguos del oficio.

Raeapteek
Raeapteek By Diego Delso, CC BY-SA 3.0,

Si miramos hacia el norte del país, cerca de la frontera con Rusia podemos encontrar ciudades con historia como Narva o visitar antiguos castillos como el de Rakvere, algo cascado el pobre, aunque con mucho que contar.

No deje de visitar Tartum, en el sur del país, la ciudad más antigua y con la universidad más importante del país, también tiene un barrio “sopero” donde cada calle lleva el nombre de un ingrediente de este plato culinario.

Finalmente, las islas de Saaremaa y Hiiumaa son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y sus playas y senderos son perfectos para los amantes del deporte, la tranquilidad y la naturaleza.

Letonia
Centro histórico de Riga

LETONIA

El de en medio.

Sin duda la gran joya de Letonia es su capital, Riga. Para mí fue una grata sorpresa, una explosión arquitectónica de modernidad mezclada con lo más medieval, incluso con restos de edificaciones comunistas. Y no exagero, oiga, pues Riga es la capital mundial del Art Nouveau, la ciudad del mundo con más edificios de este tipo, una auténtica delicia que me maravilló y que hará las delicias de cualquier amante del arte y la arquitectura, no por nada ha sido reconocido Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, tanto por su parte moderna como medieval.

Y es que la ciudad vieja no le va a la zaga, perfectamente bien conservada, repleta de edificios, iglesias y palacios antiquísimos, le invitará a perderse por sus callejuelas mientras se deleita mirando a uno u otro lado, todo es bonito, antiguo…y peatonal.

Letonia
Castillo medieval de Cēsis

Más deprimido, no muy lejos de allí, se encuentra el llamado barrio comunista, fácilmente identificable por el inmenso edificio que hoy alberga la Academia de las ciencias de Letonia y que es un mastodonte antipático y sombrío, pero impresionante. Por la noche puede llegar incluso a asustar, pues se asemeja a un sanatorio salido de alguna novela de terror. En global, es un lujo poder apreciar las grandes diferencias arquitectónicas en tan poca distancia.

Todas las guías les aconsejarán (obligarán) que visiten el Palacio de Rundāle, asegurando que es el edificio más deslumbrante de Letonia, personalmente, me aburre. Si ha visitado Versalles o San Petersburgo, nada se le ha perdido allí, al menos bajo mi humilde opinión.

Otra visita interesante en Letonia podría ser el Parque Nacional de Gauja, allí podréis encontrar el Castillo medieval de Cēsis, construido en el siglo XIII. No muy lejos de allí, podréis encontrar el castillo nuevo, del XVIII.

Lituania
La Colina de las Cruces

LITUANIA

El más al sur.

Probablemente el hermano pequeño. ¿Injustamente? Bueno, todo es relativo, personalmente es mi preferido, aunque es cierto que carece de las infraestructuras de Estonia o del nombre de Riga. Sí, definitivamente, Vilnius no es tan conocido como Riga o Tallin, además no tiene salida al mar, y probablemente eso le penalice. Lo que sí sé es que sus carreteras son las peores con diferencia.

Lituania ha tenido mucha relación históricamente con Rusia, Polonia y Bielorrusia, sobre todo cultural y religiosamente, y quizás pueda presumir por su espléndida naturaleza, por el istmo de Curlandia o por el ámbar que sale de sus fondos marinos. Sin embargo, personalmente, lo que me atrajo sobremanera fue un lugar insólito: La Colina de las Cruces.

Situada a 12 kilómetros de la ciudad de Šiauliai, prácticamente en medio de la nada, se alza una pequeña colina en la que brotan las cruces, de todos los tamaños, a decenas de miles, unas cien mil aproximadamente. Y por lo visto llevan haciéndolo durante muchos siglos. Es un lugar sobrecogedor, de infinita soledad y tranquilidad.

Tuve la increíble suerte de visitarlo en invierno, totalmente cubierto de nieve, y pese a que a día de hoy es un lugar muy visitado por turistas, allí no había ni Dios —permítaseme el juego de palabras—. Estoy seguro que esto ayudado a darle un encanto especial a un lugar que, de por sí, ya lo tiene, pero fue una experiencia brutal. No voy a hacer una tesis en este breve artículo sobre la colina, pero para los curiosos de “lo distinto”, ya saben dónde buscar. Como ultimo apunte, me gustaría puntualizar que el sentido principal de las cruces no solamente es —o ha sido— religioso, sino también pagano. Muchos mitos todavía circulan para tratar de darle explicación a su origen, símbolo de resistencia popular y fe.

Vilnius
Vilnius

Vilnius es la capital de Letonia, y con su coqueto casco histórico medieval, el mejor conservado de Europa —se dice pronto, nuevamente PdH de la Unesco— invita a disfrutar del caminar errático. No obstante, y pese a que es una maravilla, como ciudad me gustó más Riga.

Quiero destacar también algo que me encanta de Vilnius, y es que dentro de ella tiene la República de Uzupis, la República Independiente de los Artistas, con sus leyes, pasaporte y toda la parafernalia. Es un lugar libertario, lleno de cultura y arte urbano, cafeterías y actuaciones al aire libre. Me encantó visitar este lugar del que, aunque sea un poquito, me siento parte —por aquello del artisteo—.

Muy cerca de Vilnius puedes visitar el castillo de Trakai, una impresionante fortificación en una isla, en medio de rio Galvé.

Kaunas es la segunda ciudad en importancia del país. Ofrece un bonito casco urbano y excelentes templos ortodoxos, así como el bizarro “museo del demonio”.

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Lucas Barrera

Lucas Barrera

Lucas Barrera nace en Valencia en 1982.

Tras terminar la licenciatura de Comunicación Audiovisual pasa a trabajar en diversos departamentos del sector audiovisual, al principio en la televisión, ejerciendo de operador de cámara y editor de video. Pronto da el salto a la ficción a través del departamento de dirección, donde trabaja durante quince años tanto en series como en películas cinematográficas o spots publicitarios, fundamentalmente como Ayudante de Dirección, pero también como realizador y guionista. Actualmente trabaja para el grupo Mediapro.

También hace su incursión en el mundo de la publicidad y el marketing, al servicio de varias agencias de representación, anuncios comerciales y social media a través del departamento audiovisual.

Paralelamente, en 2009 publica su primera novela corta, Por quién suenan las campanas, un thriller oscuro sobre superstición el los principios del S. XX. Después, ya en 2013, llega la que hasta ahora había sido su obra más larga y de mayor éxito: La Suerte de las Marionetas, una novela negra trepidante, con un rotundo éxito en Amazon y unas marcas, en su día, que la hicieron estar entre los libros del año recomendados por dicho portal. Estuvo más de cien días consecutivos en las listas de venta y se convirtió en una de las novelas negras más vendidas del 2013, lo que le supondría la entrada en el mundo editorial. Actualmente la novela está editada Tagus.

Dos años después, publica otra novela corta, con el nombre de De la piel del Diablo, una historia de terror que camina en el filo entre lo real y paranormal, algo que es muy del agrado del autor. La obra tiene buena acogida enseguida llama la atención y es traducida al inglés y al italiano. Actualmente están disponibles las tres versiones bajo los nombres: La pelle del Diavolo y From the Devil`s skin.

En 2016 llegaría la que hasta hace muy poco era su última publicación, se trata de In Articulo Mortis: El último aliento. Una antología de relato corto y medio de misterio y terror psicológico donde se mezclan algunos de sus escritos de los últimos quince años. Es llevada directamente al papel por El Salto Editorial, con una acogida notable.

Recientemente ha lanzado su nueva, esperada y más ambiciosa novela hasta el momento:

“El resurreccionista“, una obra colosal, un drama histórico con documentación cuidada y exhaustiva del mundo a principios del S. XIX, mezclada con la aventura propia de los grandes exploradores y que retrata una sociedad donde las diferencias sociales eran crueles e inmensas. Una historia épica, una epopeya con personajes inolvidables, que supone un soplo de aire fresco para el género y que dará mucho que hablar en los próximos meses.

En lo personal, Lucas Barrera disfruta viajando —de hecho, tiene entre ceja y ceja el proyecto de visitar todos los países del mundo, ahora mismo se va acercando a la mitad— leyendo, escribiendo y viendo y realizando cine. También le apasionan los deportes de riesgo, la aventura e ir siempre donde salga la oportunidad

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