Las nueve musas
Maru

Maru Quiñonero, “La extranjera”

Promocionamos tu libro

¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?
¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?

Rubén Darío, “Cantos de vida y esperanza”

El bosque es una entidad abstracta, visto desde arriba se trata de una agrupación de árboles que recibe este nombre, sin embargo, cuando paseamos entre ellos, no lo vemos, podríamos decir que, todo bosque en sí, es invisible. Sin embargo, oímos el aire que sopla, quiebran ramas, la puesta de sol parece que emite un lamento, los pájaros que lo habitan rompen su silencio.

Acostumbrados a contarnos algo, no nos dirigimos a la conciencia, sino a un interior donde vislumbramos esa luz. Hay que estar concentrado, porque en ese momento se produce una calma que se ve, como la conversación que quedase muda, detenida, claro que, ese estado naciente, anticipa: “quien entrevé, lo verá”, dice Juan Ramón Jiménez, porque se convierte en el objeto que buscábamos, sucede el encuentro entre verdad y belleza. La obra por fin aparece.

La extranjera

Maru tiene tendencia a ser original, como otros tienden a pasar desapercibidos, pero lo hace como si estuviese tras uno de sus cuadros. Le gustan los perros, cree que en ellos reside el alma serena de todo lo que nos rodea, el vuelo, trino, salto, silencio, las aguas quietas. También las salinas, las ondas que suben y bajan en la orilla. A veces. el mar y su oleaje batiendo los acantilados.

Los cuadros de Maru Quiñonero, manchas como nubes, a veces flotan, parecen suspendidos en un vacío, como si estuviesen en movimiento, sin embargo, están quietos. No caen como piedras. Es como si trabajase sólo con el color, porque es el fundamento de la pintura, de tal modo que ha desnudado la realidad que se muestra en objetos reales, digamos árboles, edificios, carteles para convertirla en formas de colores diversos, de tamaños distintos que agrupados constituyen esa unidad que llamamos cuadro.

Hasta Julio expondrá su obra en El Almudí de Murcia, cuyas sobrias columnas de piedra gris soportan el peso de los siglos, situado a la orilla del Segura, antiguos molinos, junto al Malecón, paisaje y paseo de escritores y pintores del 27, recordad la revista “Verso y Prosa”. Un día descubrió que aquello que verdaderamente amaba era encontrar la forma de situar el color en un plano. Aprecia la línea, quiero decir la geometría, pero prefiere no poner límites, como he oído decir: para eliminar la grieta no necesitamos derribar el muro.

A Maru, porque le gusta hablar, cuando está sola, escribe. La palabra dice que es un recuerdo que contiene el sabor de distintas épocas. Hay palabras jóvenes y palabras viejas, ancianas, ella las ve encorvadas, a punto de caer, pero que todavía dicen y mucho. A veces combina voces que suenan como llaves viejas, supone que pertenecen a puertas antiguas.

pintora
Maru Quiñonero

Si queremos conocer algo, primero debemos sentirnos atraídos por la necesidad de descubrir cuál sea la realidad que queremos definir. El pintor equivale a esos demonios de los que habla Platón, que no son mortales, ni inmortales. Hijos de Poros y Penia, abundancia y escasez, constituyen una manera que les hace vivir en plena angustia, están expuestos, se arriesgan.

Una vez que han vivido la satisfacción de haber terminado, de nuevo se sienten acuciados por la escasez. La poesía, la pintura se ven abocadas a esta continua necesidad de componer, de superar, de idear, de ahí esa insatisfacción en la que viven. Aman su obra, pero la inestabilidad de sus sucesivos encuentros, de esos cuadros o esos textos que podrían darse por definitivos, acabados, nunca la van a encontrar, porque han elegido un hacer que vive en perpetuo desacuerdo, porque la obra no termina en sí misma, sino que cada uno de los que la contemplan, leen, escuchan se siente implicado.

Cuando Cadalso quiere trasladar la impresión de este país a través de sus “Cartas marruecas”, elige ser el extranjero, libre, ajeno a la cultura, a la costumbre y al tópico, para convertirse en un ojo crítico, sigue el modelo de las “Cartas persas” de Montesquieu. Hay una gran diferencia entre el personaje que hoy llamamos turista y el maduro visitante, capacitado para acceder a una visión general que le permita conocer al país y sus gentes.

“El Banquete” de Platón, donde reunidos varios amigos, una vez que han cenado, se disponen a charlar y deciden tratar sobre el amor. Ahora, en esta muestra, que Maru llama “La extranjera”, podemos aproximarnos, lo hace como una mirada que presenta: mesa, asientos, platos, cubiertos, copas, mantel, todos en rojo, como el vino, como la vida, que sitúa en  el estudio. ¿Por qué el estudio? Porque es el espacio donde se desvela el secreto y su misterio. Aunque están ausentes, la lectura los hace presentes. Cuando le llega el turno a Sócrates, lo hace de modo indirecto, emplea las palabras que utilizó Diotima para responder a sus preguntas. Ocurre que Diotima de Mantinea no está. Ella es la extranjera, porque está ausente de este encuentro y porque es la autora del discurso que reconstruye Sócrates.

Maru Quiñonero
La cena de LA EXTRANJERA

Ser extranjera le permite no implicarse, no estar coaccionada por lo que se ha dicho, su discurso mantiene una independencia absoluta. Que no sea ella quien hable, sino que sus palabras sean recordadas por Sócrates es también fundamental. Trata de algo que otro ha oído, y, es éste, quien lo va a formular. La distancia, la fábula, que protagoniza, la convierten en doblemente extranjera.

Decimos que el bosque tiene vida propia. Con los años esos árboles, su color, sombras, los diversos sonidos, la oscuridad, los distintos animales, que lo habitan, constituyen una arquitectura, cuya mejor expresión es la sinestesia.

Por definición los sentidos en casi todos los humanos son constantes. Así el tacto, percibe: calor y frío. La vista gracias a luz aprecia la diferencia de formas y colores…

¿Es posible que percibamos por el oído los colores? ¿Se trata solo de una visión simbólica o metafórica? A veces decimos que ese rojo es escandaloso, ardiente, que el negro se identifica con el silencio, el verde es fresco, lo gris es triste. Diréis que son maneras impropias, pero quizá no es el término adecuado, prefiero llamarlas aproximación, descripciones cuya identidad ha roto con esa supuesta y definitiva composición en la que ordenamos, clasificamos nuestra relación con el mundo. El objeto color conmueve al espectador de modo que se siente afectado por el conjunto de sensaciones que acompañan la visión. Se ha dicho que la palabra no es inocente, del mismo modo, el color, tampoco lo es.

esencia

La sinestesia resulta de un intercambio de planos sensoriales, de tal modo que escuchamos colores, ríen las aguas, los montes están tristes. ¿Quién percibe? ¿Qué percibe? La primera pregunta parece que hace referencia a un yo, corresponde al sujeto, lo que percibe es un misterio. Compone estos cuadros: dos, tres, cuatro, quizá cinco bloques, semejan enormes cantos rodados, transparentes, como si consumidos por el tiempo, experiencias vividas, hubiesen cercado la realidad, una realidad sin definir, que no hubiese alcanzado la concreción de objeto y que, permaneciese en estado de gestación. Realidad que no se esconde, podría estar al otro lado, la intuimos tras los vanos que quedan.

Al comienzo de la exposición hay un cuadro de Gaya, muestra unas rosas. ¿Por qué está ahí? Supone la pintura histórica, junto a ese pequeño recuerdo hay una serie de composiciones cuya adscripción como objeto es más difícil, podría evocar distintos niveles en un depósito. El receptáculo es transparente y reúne los colores fundamentales que dominan en el cuadro, ¿se podría decir que el origen de esta primera obra, late en ese cuadro de Gaya? Respondería que sí.

La casa como lugar y las paredes entre las que transcurre nuestra vida, no es la misma. La luz es ahora tan potente que elimina los objetos y sólo permanecen pequeñas o grandes mancha como gotas o semillas, origen de la realidad que habitamos, en la que nuestra convivencia actúa como un recuerdo. No intercambiamos con estos cuadros una identificación objetiva, en cualquier caso, hemos reducido esos temas que antes nos atraían por planos diversos, perfectamente identificados, sin que nos conduzcan a evocar paisajes, bodegones, rostros, objeto alguno.

rojo

¿Se trata de la esencia? El ser mismo de la cosa, por eso ha suprimido cualquier intento que abra una línea de contacto con la realidad que hemos vivido. ¿Nos lleva a un tiempo en el que aún no teníamos la capacidad de identificar diferencias y tratar con la diversidad de los objetos? Estamos en ese paraíso del que siempre se nos ha hablado, donde las diferencias no tendrían lugar, sino que todo sería captado como totalidad. No abordamos el mundo desde sus diferencias, partes o fragmentos, sino que partimos de la unidad, en la que, sin duda, tendría mucha importancia, sería definitiva, la sinestesia, por su capacidad para reunir, por su posibilidad de visualizar nuevas sensaciones.

Creo que lo que mueve a Maru en su trabajo y la elección de la protagonista consiste en un estudio crítico, donde desvela relaciones, colores, tonos, figuras, que conforman la manera de ver el mundo. Maru podría ser la extranjera, vuelve, tras pasar por distintas galerías, así: Voltz Clarke, Nueva York, cuatro exposiciones; Álvaro Alcázar, Madrid; Alzueta, Barcelona; participa en Arco, 2021; ese mismo año presenta su obra en ferias internacionales: Estampa, Art Paris, Londres, México; en 2024 inaugura de MICA EN MICA, primera individual en  Palau de Casavella, L´Empordà.

La pintora, no quiere reproducir, no perfecciona, no cristaliza, no detiene el vértigo del mundo en el que vive, por el contrario, busca la manera de convertir lo visto en invisible, más preciso, en algo que vemos por primera vez. Esa primera experiencia es lo que persigue, de ahí las manchas que muestra a modo de semillas, donde reside ese silencio expectante que, el espectador, contempla.

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

José Luis Martínez Valero

José Luis Martínez Valero. Águilas, 1941

Catedrático de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas.

Ha publicado: Poesía (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007) Plaza de Belluga (2009) El escritor y su paisaje (2009) Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019), Otoño en Babel (2022), Antología del Veintisiete en Murcia (Mayo, 2024)

Ha coordinado el ciclo de Poesía en el Archivo (2007, 2008 y 2009).

Guionista en los documentales: Miguel Espinosa y Jorge Guillén en Murcia.
Aguafuertista e ilustrador.

Corrección de textos

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • Andanzas del Maravilloso Idiota
  • Un viaje hacia la inmortalidad
  • Camp Red Valley
  • Misión Gliese
  • El consejero de Roma
  • Retazos de poemario Absurdo y feromonas

  • En el Lago Español
  • Retazos de poemario Absurdo y feromonas

  • El último experimento
  • Dadme a vuestros rendidos
  • Cuando crecen las sombras

Los + vendidos