¿Escribe Peter Stamm sobre la vida de un personaje o sobre la vida imaginada por éste?
¿Es su vida producto de la fantasía? En cualquier caso, ya Calderón se planteó esta pregunta filosófica con mayor seriedad hace siglos en La vida es sueño. Porque el autor suizo no alcanza la profundidad del autor español. Ni siquiera se la plantea.
Stamm afirma que escribe “sobre personas y las relaciones entre personas”, que sus temas recurrentes son las diversas posibilidades que tienen las relaciones amorosas, la imposibilidad del amor, la distancia y la proximidad, la relación entre imagen (Bild) y realidad, que le interesa más la manera como narra que no la temática que trata.
Y a pesar de que cuando lo afirma habla en general, todo esto lo encontramos en El archivo de los sentimientos, una novela publicada en lengua alemana el 2021 y que ahora ve la luz de la mano de Acantilado y en catalán de Quaderns Crema.
Aun así un texto literario siempre trata un tema, aunque solo quiera centrarse en CÓMO tratar el propio flujo narrativo, porque el flujo narrativo siempre se desarrolla sobre algo.
El título de la novela invita a pensar que el grueso de la materia narrada son los sentimientos de un protagonista y la manera como los fija en la memoria y los gestiona. Y en cierto modo es así, pero más destacable me parece la clara voluntad del autor de difuminar en extremo la línea que separa la fantasía (en la ficción) de la realidad (la realidad en la ficción) y así querer que nos planteemos esta relación en el mundo real.
Narrada en primera persona en retrospectiva, el personaje principal (él mismo es el eje de la novela) nos explica su historia desde la edad de cincuenta y cinco años. Un hombre solitario por voluntad propia, que evita encontrarse con otras personas y que vive a solas en la casa, que le ha legado la madre muerta, desde que lo han despedido del trabajo de documentalista-archivero de vidas ajenas. Su propia vida es anodina, monótona, no tiene intereses especiales: “[…], no llamo a nadie, no sabría de qué hablar con la gente. En mi vida no acontece nada, y nunca me interesaron los intercambios de opiniones. […] Las opiniones no tienen nada que ver con los hechos, sino con sentimientos, y mis sentimientos no le incumben a nadie. Mi tarea es reunir y clasificar. Que otros se encarguen de interpretar el mundo”. Ahora, parado, ya no se dedica a un trabajo oficial, su existencia gira en torno a los largos paseos que hace asiduamente a lo largo del río en un ambiente rural, alejado de la ciudad y de la dedicación obsesiva a ordenar y completar el archivo que ahora él sigue manteniendo en su casa. El archivo (de papel) es herencia de su antigua empresa, que se ha desprendido de él cuando la informática lo ha hecho innecesario.
El lector sabrá por boca del mismo protagonista que en su infancia ya había desarrollado el gusto por la imaginación y que desde la escuela ya era “mi único confidente conmigo mismo con quien mantenía un diálogo silencioso, como si hablara con otro”. También sabremos de su amistad y enamoramiento con Franciska, el segundo personaje importante de la historia, que parece no haber correspondido al enamoramiento, aunque sí a la amistad sincera.
La relación entre el yo narrador y Franciska, que después de la graduación escolar se ha ido distanciando físicamente, pero no mentalmente por parte de él, ocupa un lugar central. Franciska, convertida en famosa cantante de pop con el nombre de Fabienne, lleva la existencia que debe a su profesión y a su público seguidor. Él sigue su trayectoria a través de las noticias de prensa y tan solo más de treinta años después del último encuentro se vislumbra una perspectiva de volverse a ver.
Esta es la historia que, si hacemos caso a lo que el propio autor afirmaba, no tiene demasiado (o nada) de interesante. ¿Qué sucede a lo largo de las ciento treinta y tres páginas del libro? Pues que el yo narrador nos va explicando todo lo que le pasa por la cabeza, sobre todo en relación con Franciska, el amor de su vida, recuerdos en retrospectiva o conversaciones telefónicas de vez en cuando. La narración es, a pesar de que también hay diálogo, casi siempre un soliloquio. Nunca acabaremos de saber si todo ello es fantasía del protagonista, que se inventa la amistad con Franciska desde el principio y todo lo que sigue después (también los diálogos insustanciales). Porque ya al principio él nos dice que en su imaginación habla constantemente con Franciska-Fabienne, que ella lo acompaña siempre.
Una reflexión se nos propone en las primeras páginas y vuelve a plantearse en las últimas: “Esta vida que llevo es sólo una entre otras muchas posibles, del mismo modo que el mundo es uno entre otros mundos posibles”. Lo dice su personaje, que se había planteado hacer una tesis en filosofía…
Peter Stamm (*1963 en Scherzingen, Suiza) es periodista y autor de relatos, novelas, teatro y teatro radiofónico. Ha sido galardonado con numerosos premios.
Peter Stamm
El archivo de los sentimientos
Traducción de José Aníbal Campos
Editorial Acantilado, 2024, 152 pp.
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