Las nueve musas

The woman who ran (Hong Sangsoo, 2020)

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«Intento surfear en la superficie de las cosas, y confiar en que eso me lleve a algo. Al rodar hay cosas que me son dadas, sin que yo las busque. Me siento agradecido por ellas»
Hong Sangsoo en la presentación de la película en el festival de Berlín de 2020.

Con los años el cine de Sangsoo ha ido despojándose de todo artificio, de todo mecanismo de complejidad para quedarse en esquemas que, a partir de una conversación, inventan una trama, o quizás, ni tan siquiera eso, inventan un camino por el que el director se deja llevar a la búsqueda de una imagen bella, de un rapto luminoso del paisaje con personajes o de una aparición sorpresiva.

Hong SangsooEn “La cámara de Claire” una escena con un perro era aprovechada por Sangsoo para dictar una pausa en el camino, en “The woman who run” una escena alrededor de unos gatos sirve al coreano para hacer una lección de cine improvisada, absurdamente humorística pero inmensa filmicamente.

Así ha ido evolucionando la obra del maestro, desde las enrevesadas estructurales temporales y espaciales, con sus variaciones con repetición en las que el espectador podía terminar perdido sin saber a cuál de las realidades filmadas había que atender, hasta la más simple de las estructuras que transforman sus películas en “haikus” visuales, en pequeñas ideas que, de repente, explotan y se llenan de magia, de energía, de tristeza, de calidez, de duelo, de soledad.

The woman who run (Hong Sangsoo, 2020)En “The woman who ran” hay un personaje central que funciona como catalizador de todas las demás presencias en pantalla, un personaje que, aparentemente sería el menos interesante de todos ellos porque su vida roza el concepto social admitido como éxito por su estabilidad de pareja, y que va visitando a antiguas amistades con las que hace tiempo no conversa. El personaje de Gam-hee (la inevitable Kim Min-hee en el cine de Sangsoo, y que dure) se desplaza, en lo que serían tres actos de la obra, al domicilio o lugar de trabajo de tres amigas. Cuantos días dure la experiencia no es relevante, son tres encuentros donde las tres amigas envidian y se sorprenden de la relación matrimonial que mantiene Gam-hee, tan potente que, en varios años de convivencia es la primera vez que no están juntos y por eso ha aprovechado esos días para recuperar a las personas del pasado.

Poco a poco se irá comprobando cómo hay una cierta relación entre todas las historias, la primera amiga vió rota su relación mientras su exmarido continúa exitosamente creando obras de teatro, la segunda se mantiene sola pero desea al vecino de piso mientras ahuyenta a alguien con quien se acostó una noche y desde entonces no es capaz de que la olvide, y la tercera es quien cierra el círculo porque es la actual pareja de una anterior relación de Gam-hee, un escritor de éxito con el que la amiga ha comenzado a notar las fisuras que amenazan ruina.



En ese deambular de Gam-hee a la búsqueda de sus amigas y en las conversaciones alrededor de la vida sin necesidad de alcohol (Sangsoo aboga por la abstinencia del soju en esta película donde apenas se bebe ni se come), lo que parecería “el mundo fuera de mí” elabora una circunferencia perfecta para colocarnos en el mundo de Gam-hee, en la no superada ruptura y en el choque emocional que provoca el encuentro fortuito (el azar también en el cine de Sangsoo) con su antigua pareja cuando va a visitar a la tercera amiga a su centro de trabajo, un espacio cultural donde el escritor tiene un encuentro con sus lectores. Así, la imagen de mujer que ha conseguido llegar a la madurez sin problemas sentimentales como los de sus amigas, consecuencia de las visitas ocasionales, demuestra tener, con un simple zoom tan reconocible en el cine del director, las mismas inseguridades vitales que el resto.

Es entonces cuando a Kim Min-hee le queda una solución similar a la que el director plasmó en “En la playa sola de noche”, la relajación mental que ambos personajes encarnados por la misma actriz consiguen la proporciona el mar, el real de la película de 2017 y el cinematográfico de “The woman who run”, porque al acomodarse por segunda vez en la sala de cine (ese grato espacio confortable e íntimo tan repetido en sus películas), Kim Min-hee se deja abrazar por el ruido de las olas que proviene de la pantalla y la imagen de una playa que recuerda, al menos evocándola, la de la anterior película.

El cine como refugio ante el descubrimiento o la revelación de lo que permanecía oculto, un mar calmado para una tormenta interior que no necesita de palabras.

Sangsoo juega con su cámara para remarcar lo importante, un zoom que nos acerca cada vez más, un contraplano que mira a quien escucha y no a quien habla, unas manos que se tocan transmitiendo comprensión.

Sangsoo Son los detalles de un cineasta capaz de reinventarse en cada obra, que en cada entrega se adentra en territorios de tristeza o pesimismo cada vez más evidentes y que, en esta última película, abandona el mundo masculino casi por completo, porque las apariciones de los hombres en cada uno de los segmentos son episódicas y hasta anónimas, sin dejar que el actor muestre su rostro, salvo en la coda final donde aparece otro de los iconos de su cine, Kwon Hae-hyo.

Apenas hay hombres, pero su influencia se deja sentir en la vida de estas mujeres, no hay borracheras, no hay muchas explicaciones aunque no se deja de hablar, no se usa música clásica porque el director compone la banda sonora y, sin embargo, hay una de las escenas más juguetonas de su cine; recuerden, busquen al gato y admiren, cinematográficamente, su triunfo y el de quien es capaz que un animal que aparece en un segundo plano, acapare la secuencia.


THE WOMAN WHO RAN. Corea del Sur. 2020. Título original: 도망친 여자 [Domangchin yeoja]. Dirección: Hong Sang-soo. Guion: Hong Sang-soo. Compañía productora: Jeonwonsa Film. Fotografía: Kim Su-min. Música: Hong Sang-soo. Montaje: Hong Sang-soo. Sonido: Seo Ji-hoon. Producción: Hong Sang-soo. Reparto: Kim Min-hee, Seo Young-hwa, Song Seon-mi, Kim Sae-byuk, Lee Eun-mi, Kwon Hae-hyo, Shin Seok-ho, Ha Seong-guk. Duración: 77 minutos.


 

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Miguel Ángel Martín Maestro

Miguel Ángel Martín Maestro, nacido en Palencia en 1967.

Cinéfilo por vocación, magistrado desde 1995 por necesidad para poder ser cinéfilo.

Colaborador habitual en el periódico "Ultimo Cero" de Valladolid como comentarista cinematográfico y único responsable de la web "noshacemosuncine.com"

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