Atenienses: a estos que han divulgado estas calumnias
sobre mí los considero acusadores temibles.
Platón (Apología de Sócrates)
He escuchado por ahí una fábula de unas uvas altas y verdes que me involucraban, aunque no entendí si más altas que verdes o más verdes que altas.
Pero sea como fuere, lo cierto es que el asunto nos deja muy mal paradas a nosotras, las zorras. Porque una zorra no es un animal cualquiera, no. Las zorras somos animales que trabajamos todo el día de zorras.
Ustedes dirán que el cuervo trabaja todo el día de cuervo, que el león siempre de león, que la hormiga otro tanto, y que la lista sería interminable, pero no. En esto ustedes están equivocados.
Porque amén de que no todo el mundo trabaja de sí mismo todo el tiempo —como por ejemplo los actores y los políticos y todos aquellos que se ganan la vida haciendo creer al mundo lo que no son—, hay muchos otros que cambian de aspecto, como el camaleón o el renacuajo. O migran, como la oca salvaje y, por lo tanto, lo que fueron ya fue y ahora son otra cosa, o son lo mismo pero no en el mismo vecindario. Y quién sabe qué serán mañana.
Además, no es lo mismo trabajar todo el tiempo de zorra que de ameba, porque ¿para qué le sirve a la ameba trabajar siempre de ameba? Con esto quiero decir que toda zorra es muy inteligente. Y muy inteligente todo el tiempo, porque todo el tiempo se dedica a trabajar en exclusiva de zorra. Es, digamos, full time. Y como es muy inteligente todo el tiempo, ninguna habría podido haber dicho que las uvas estaban verdes, de estar estas inmaduras.
Y esto es así porque, como buenas observadoras que somos, conocemos que existen uvas verdes inmaduras pero también uvas verdes maduras, lo cual de por sí pondría al dicho en entredicho, cosa muy molesta para el fabulista, aunque se llamara Esopo o como se quiera. Esto sin contar que ninguna de nosotras saltaría como un ridículo canguro para alcanzar un imposible pues nunca nos desesperaríamos demasiado por unas uvas, más allá de su madurez o inmadurez, ya que somos esencialmente carnívoras. Y que me perdonen los veganos.
En fin, una fábula, aunque tenga algo de fantasía (de hecho, algo de eso todas tienen), debe ser creíble. Y esta fábula para nosotras, las zorras, no lo es.








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