Las nueve musas
Limones
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Óyeme, los poetas laureados

se mueven solamente entre plantas

de nombres poco usados: boj, ligustros o acantos.

Yo, para mí, amo las sendas que conducen

a las herbosas zanjas donde en charcos

casi secos acechan los muchachos

alguna enjuta anguila:

los senderos que siguen los ribazos,

bajan entre el penacho de las cañas

y llevan a los huertos, entre los limoneros.

 

Mejor si la algazara de los pájaros

se apaga devorada por el cielo:

más nítido se escucha el susurrar

de las ramas amigas al aire casi inmóvil,

y las sensaciones de este olor

que no sabe apartarse del suelo

rociando el corazón de una dulzura inquieta.

 

Aquí, de las pasiones desviadas,

calla la guerra, por milagro,

aquí también a los pobres nos toca nuestra parte de riqueza

y es el olor de los limones.

 

Mira, en estos silencios en que las cosas

se abandonan y parecen muy próximas

a traicionar su último secreto,

a veces esperamos

descubrir un olor de la Naturaleza,

el punto muerto del mundo, el eslabón perdido,

el hilo que al desenredarlo finalmente nos ponga

en el centro de una verdad.

La mirada sondea a su alrededor,

la mente indaga, concuerda, desune

en el perfuma que se propaga

cuando más languidece el día.

Son los silencios en los que ve

en cada sombra humana que se aleja

alguna perturbada Divinidad.

 

Pero desfallece la ilusión y el tiempo nos devuelve

a las ciudades rumorosas donde el azul se muestra

solamente  retazos, en lo alto, entre molduras.

Después, la lluvia cansa el suelo; se espesa

el tedio del invierno sobre las casas,

la luz se torna avara, amarga el alma.

Hasta que un día, a través de un portón mal cerrado,

entre los árboles de un patio

se nos aparece el amarillo de los limones,

y se deshiela elcorazón,

y retumban en nuestro pecho

sus canciones

las trompas de oro del esplendor solar.

 

Eugenio Montale (italiano; 1896-1981). En: Antología. Traducción de Horacio Armani. Fabril Editora, Buenos Aires, 1971.

 

(Cabecera: fotografía de Laura Rivera)

Victoria Fabre

Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

Corrección de textos

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