Él lo dijo. Él lo cantó, y yo, desde muy chica que lo escuchaba, le creí. No se le ocurre nada. Ni a mí. No hago otra cosa que pensar (el ´ti´ de Serrat seguramente no es el mismo que mi ´ti´, pero como a él, a mí, tampoco, se me ocurre nada).
Quiero escribir. Me gusta escribir. Me preparé para eso. Y ya no hay página en blanco a la que temer… ahora la “página en blanco” es una gran metáfora: hay una mente en blanco… que es más desesperante que la página porque no podés separarte de ella metiéndola en un cajón o tirándola al cesto de la basura.
Ojalá no llame nadie: ni al teléfono, ni a la puerta. Nadie… pero… tal vez un ring sea una excusa salvadora: no escribo porque el mundo me interrumpe timbreando en mi puerta o con llamadas telefónicas… pero ni eso. Y acá estoy, sola sin la musa que ha pasado de mí (lejos, muyyyy lejos y muerta de risa y con la loca de la casa en cuerda recuperación). No puedo hacer otra cosa que esperar, como a Godot, porque nada me gusta más que escribir.








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