Las nueve musas

Jonás y el infierno de la ortodoxia

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Érase una vez…

Así comienzan la mayoría de los cuentos de hadas, pero este, “Erase una vez”, se va revelando como la fantasía presente la cual desencadena una serie de desilusiones en el futuro de quién lee sin toparse nunca con los textos originales que han sido disfrazados para sumergir el pensamiento en una burbuja que lleva al conocimiento a flotar sin permitirse caminar en la belleza del desierto, símbolo de la búsqueda.

De manera similar, los textos bíblicos son adaptados y/o explicados de una manera que hacen a la fe de las personas flotar en milagros alejando a la persona de su responsabilidad hacia el prójimo, o la conducen a creerse juez del otro sin pasar por el espejo propio de la conciencia.

Las historias bíblicas que regularmente se conocen se cuentan de cierta manera para introducir a la lectura completa, pero desgraciadamente esto pasa poco, así nos vamos quedando con las narraciones contadas en el Catecismo como anteriormente se le llamaba a la Educación en la Fe, ahí se nos presenta a un Dios todopoderoso que hace milagros, que actúa más allá de la realidad humana,  enfocamos nuestra fe en lo sobrenatural, y caminamos sobre ella, si sobre porque no la interiorizamos, pero, la fe no es sobrenatural, al contrario, es lo más humano que tenemos, y para poder vivirla de esta manera tenemos que unir nuestra espiritualidad con nuestra razón para así poder vivir una religión sana que busque cada día a Dios para preservar su Misterio.

La historia de Jonás, es una narración de las más conocidas, particularmente por el hecho de ser tragado por una ballena, aunque en realidad es un “gran pez” y vive en el vientre de este durante tres días, pero al contrario de lo que se cree esto no es lo más importante, ni es un milagro que haga un acontecimiento sobrenatural, esta historia es una narración que tiene como enseñanza mostrar lo más humano del hombre y de la mujer.

Para comenzar es necesario decir que Jonás es una parodia de la mezquindad humana, el autor describe la caricatura de un profeta, quien según las investigaciones es hijo de Amitay, viviendo en el reinado de Jeroboam II, en Israel en el 783-743, este dato se tiene por lo dicho en 2R 14,25. Conforme vamos leyendo nos damos cuenta que Jonás actúa contrariamente a los profetas, su actitud es obstinada y dura.

En el segundo versículo del primer capítulo de Jonás leemos que Dios le dice: “Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad y proclama contra ella que su maldad ha subido hasta mí”

Para poder comprender estás palabras es necesario decir que Nínive, es la capital de Asiria, símbolo del mal, para el pueblo hebreo, la causa, es que esta civilización había destruido el Reino del Norte, es decir Jerusalén, en el 721 a.C. representaba el mal, la traición, así Dios le ordena a Jonás anunciar al rey la destrucción de su reino, esta orden se denota en la palabra “Levántate”.

Nínive
«Los monumentos de Nínive» por Sir Austen Henry Layard, 1853

Pero frente a la orden de Dios Jonás huye a Tarsis a través de un barco, a causa de esto Yahvé desencadena una borrasca violenta, los marineros temen y comienzan a implorar a sus dioses, nadie responde, mientras esto sucede Jonás duerme, por lo que el capitán va y le dice ¡Levántate e invoca a tu Dios!” (Jon 1,3,6).

Esta parte tiene los siguientes puntos importantes:

  • Al autor le interesa mostrar los extremos a partir de puntos geográficos.
  • La sensibilidad religiosa se manifiesta en los marineros, símbolo de los paganos, no del creyente, es decir Jonás.
  • La Tormenta o borrasca no es un acontecimiento natural, sino un tema central llamado por la literatura antigua “Tormenta marítima”, es un símbolo que se encuentra en otros libros bíblicos como Hch. 27,9-44; Sal 107, 23-30 o en literaturas de Mesopotamia, Grecia, Roma y Egipto, como lo es el Wen Amon a Fenicia escrito en el siglo XI a.C.

Deciden echar suertes para saber quién es el culpable, así la suerte cae en Jonás, por lo que comienzan a interrogarlo, les dice que es hebreo y que teme a Yahvé, los marineros le cuestionan sus actos, ¿qué has hecho para que el mar siga enojado?, les pide lo arrojen al mar, ellos hacen lo posible para evitar este hecho pero el mar sigue embravecido, así que oran a Yahvé y arrojan a Jonás al mar, en ese momento el mar se calma y ellos le ofrecen sacrificios. (Jon. 1, 7-16)

En estos versículos se nos muestra:

  • Que la fe viene de los paganos, no de quien se dice creyente.
  • Al arrojar a Jonás al mar se tiran por la borda convenciones de la ideología ortodoxa hebrea.
  • La actitud de los personajes es descrita psicológicamente tanto que comprendemos su interior y el sentido de su conversión.
  • Al aceptar Jonás ser el culpable, ser arrojado y en ese momento calmarse la tempestad, se está mostrando a Yahvé como un Dios poderoso más que los dioses de las otras civilizaciones.

Al ser arrojado al mar, Jonás es tragado por una ballena, al estar en el vientre de esta por tres días, Jonás ora, y le promete a Yahvé cumplir su petición y ofrendarle sacrificios. (Jon. 2, 1-11)

El pez grande es un agente divino, como lo es la tormenta y la borrasca, esto muestra que todo lo que viene de Yahvé es grande, la oración de Jonás es un salmo compuesto de diversos fragmentos de otros salmos, de esta manera nos acerca a la lectura de estos, por ejemplo: Jon 2,3ª con salmo 120-1 o Jon 2 10d con sal 3-9 o Jon 2,6ª con Sal 18-6. Los tres días en el vientre del gran pez es un símbolo, principalmente es simbólico para la literatura bíblica al ser el número divino, así desde una lectura a partir del Nuevo Testamento los tres días en el vientre simbolizan la pascua de Jesús y su salida la resurrección.

 

En el capítulo tres, al ser expulsado por la ballena, Yahvé le habla por segunda vez a Jonás y le repite la orden, “Levántate, vete a Nínive y proclama el mensaje que yo te diga”. (Jon. 3, 2). Jonás se levanta y se dirige a Nínive, una ciudad tan grande que tardó tres días en recorrerla, mientras proclama “Dentro de cuarenta días será destruida”, ante esta sentencia los ninivitas creen en Dios, ordenaron ayunar, el Rey se levantó de su trono, se quitó su manto, se cubrió de sayal y se sentó en la ceniza, y ordenó que nadie, ni hombres ni animales probaran bocado ni bebieran agua, mando a cubrirlos con su sayal para que se convirtieran. Confiaron en Dios, ante esto Dios se arrepiente y los perdona. (Jon. 3, 3-9).

En este capítulo, Dios se muestra misericordioso, le da otra oportunidad a Jonás, quien al proclamar el tiempo de cuarenta días está rememorando:

  • El tiempo que dura el diluvio.
  • Los años de la estancia del pueblo de Israel en el desierto.
  • La permanencia de Moisés en el monte Sinaí con Yahvé.
  • Las agresiones de Goliat al ejército de Israel.
  • El tiempo de duración de la peregrinación de Elías al Horeb.

Y desde una lectura a partir del Nuevo Testamento.

  • Los cuarenta días que Jesús pasa en el desierto.

Estos cuarenta días en todos los casos anteriores evocan un tiempo de crisis, en el cual la o las personas adquieren un estado de conversión, entonces es así como Jonás tiene una nueva oportunidad, pero también el pueblo Ninivita, lo que nos enseñan que tanto el  creyente como el no creyente es amado por Dios. A demás de mostrarnos la actuación de Dios contraria, ya que no destruye al pueblo que actúa sino que lo perdona al ver su arrepentimiento y nos enseña que muchas veces aquél que no es creyente tiene un camino más espiritual que quien se dice serlo, un ejemplo de esto es el Rey de Judá descrito en el libro de Jeremías 36.

En el cuarto y último capítulo  se ve a un Jonás furioso por la actuación de Dios, quién le reclama el hecho de la salvación de Nínive, no sin remarcar  que Yahvé es un Dios misericordioso “Te suplico me quites la vida, porque mejor me es la muerte que la vida”, Jon. 4 3). ¿Te parece bien irritarte?- le responde Dios. Jonás se va de la ciudad y se construye una cabaña en dirección al Oriente, y se sienta baja la sombra, así Dios le dispone un ricino que crece por encima de Jonás para darle sombra, por lo cual el profeta se alegra, pero, al día siguiente, Yahvé envía un gusano para secar el ricino y después manda un sol sofocante el cual hiere a Jonás. Entonces Dios dice a Jonás. ¿Te parece bien irritarte por ese ricino?, Sí, ¡me parece bien irritarme hasta la muerte!, le responde Jonás a Dios, quien le responde, “Tú tienes lástima de un ricino por el cual nada te fatigaste, que no hiciste tú crecer, que en término de una noche fue y en el término de una noche feneció. Y ¿yo no voy a tener lástima de la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que no distinguen su derecha de su izquierda y un gran cantidad de animales? (cf. Jon 4. 5-11)

Jonás
Jonás, versión de Miguel Ángel, en el techo de la Capilla Sixtina

En este capítulo, contemplamos a un Dios clemente, compasivo, que ama, pero frente a este amor incondicional está el carácter  de una humanidad que se resiste a una actitud amorosa ante el que se equivoca, se resiste a que Dios perdone, se niega al amor, al perdón y antepone su actitud egoísta vestida de juicios hacia los actos del otro y enfurece más al pensar que al perdonar a esta generación se está dispensando a las cuatro generaciones futuras porque obtienen el perdón por gracia divina.

En esta narración la pregunta ¿te parece bien enfurecerte así?, es una invitación a discernir nuestros sentimientos egoístas, exhorta a realizar un juicio sobre los valores morales que crea la humanidad aunque se pisoteé la dignidad del otro, nos enseñan que los valores son relativos y ridiculiza en la actitud de Jonás el fanatismo. Es claro que la actitud de Jonás es un reflejo de la humanidad, quien no puede aceptar el perdón hacia el otro, quien niega la posibilidad de que una persona pueda arrepentirse de un acto equivoco, y nos enfrentamos a Dios con nuestra moral.

El ricino representa nuestras comodidades, lo que se encuentra a nuestro alrededor y nos complace a nosotros mismos, por lo cual estamos satisfechos y contentos, pero cuando se nos quita nos enojamos. Jonás somos cada uno de nosotros que nos convertimos en jueces del otro, poniendo a un lado el amor y la misericordia de Dios, hacemos un tribunal en nuestro interior y decidimos condenar a quien se nos plazca por el hecho de creernos mejor que los otros, en el Nuevo Testamento, en la parábola de los trabajadores de la viña, se nos enseña una lección similar, a cada uno le ofrecen un pago, pero en lugar de agradecerlo reclama por lo que se le otorga a el otro, sin darse cuenta que ha recibido lo justo, lo acordado, así en vez de satisfacerse con lo recibido, se está juzgando la actitud de Dios.

Jonás nos lleva a cuestionarnos porque no podemos admitir que se perdona, porque es difícil aceptar las equivocaciones, pero por qué frente a ellos pedimos que se nos perdone a nosotros mismos. Nos invita a cuestionarnos el por qué hemos necesitado un infierno, si el Hijo de Dios nos ha entregado la Salvación en la cruz y ha puesto el símbolo de vida en su sangre. El infierno es un gran ejemplo de nuestra necesidad de superioridad y de ser juez, alejando el amor de Dios.

La actitud de Dios es la misma que tiene Jesús frente al pagano, es decir que Dios no tiene elegidos, no ama según la religión o los preceptos de las leyes jerárquicas, porque estas corrompen al ser humano al sentirse con poder, por eso Dios y Jesús nos dicen que frecuentemente aquél que no se nombra participe de una religión es capaz de amar de una manera más real, más cercana a lo pedido por Dios.

Las enseñanzas en la Sagrada Escritura tiene que tener principalmente un recorrido espiritual, lejano a toda doctrina y religión, para que cuando nuestra espiritualidad haya creado una convivencia con el cuerpo y con la razón, la religión se viva desde una teología centrada en la mente que pasa por el cuerpo y se distribuya en el Espíritu siembre balanceado por el intelecto y los sentidos.

El libro de Jonás es un espejo de nuestro interior, y nos deja con la pregunta:

¿Quiénes somos, por qué nos negamos que otro sea perdonado? Acaso, ¿Al anteponernos al amor de Dios no estamos colaborando al odio, a la discriminación, al abandono?, ¿sí supiésemos aceptar que todos nos equivocamos y que no está en nosotros perdonar sino aliviar al semejante que ha caído, no nos haría una sociedad mejor?

El castigo, el juicio no ayudan a ser mejores, sólo el amor, el abrazo incondicional, es lo que hará que quien comete un error  reflexione sobre sus actos, porque el valor del arrepentimiento es real cuando nace del amor incondicional, no cuando se está advertido. El infierno es un reflejo de nuestra necesidad de poder, de nuestro deseo imperante de ver a otro sufriendo mientras nosotros le damos una lección moral, el infierno no tiene relación con las acciones de Dios ni con las enseñanzas de Jesús, el Infierno es un concepto moral desarrollado por una sociedad que al igual que Jonás no puede aceptar que otro sea abrazado con la misericordia de Dios.

Y terminó invitando a repetirnos a nosotros mismos la pregunta de Dios a Jonás.

¿Te parece bien, enfurecerte así?

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Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León

Hermeneuta en Libros Sagrados y Lenguas Antiguas.

Maestra en Ciencias Bíblicas y Hebreo Antiguo. Maestrante en Estudios Judaicos por la Universidad Hebraica. Licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de México. Especialidad en islam por la Universidad de Al Azhar de El Cairo, Egipto.

Especialidad en el Pensamiento del Papa Francisco y el Libro del Apocalipsis por el Boston College.

Especialidad en Música Contemporánea (Piano-guitarra).

Generación XXXII de la Sociedad de Escritores Mexicanos (SOGEM).

Ha publicado treinta y siete libros en México, España, Estados Unidos e Italia en diversos géneros literarios y teológicos.

Conferencista a nivel internacional.

Creó y desarrolla la teología del Silencio y de la Carne la cual entrelaza con la investigación mística, científica y musical bajo el nombre de “Lectura gemátrica, pitagórica y cuántica del Séfer Bereshit 1-3 -Hashem se revela a través del Big Bang-

Directorio Cultural Hispano

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