Las nueve musas
Laura Sanz Corada

Hacer nido en la grieta. Cuando “ser” es “dónde”

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La lectura de este libro, qué lectura no lo es, supuso para mí una especie de viaje iniciático a estancias del cuerpo de una mujer, la voz poética de estos textos, en pérdida y reencuentro permanentes consigo misma.

Esta reseña quiere ser una aproximación a los distintos procesos de búsqueda que se plasman en los poemas que componen el volumen. Con esta reseña busco desentrañar, literalmente quitar la entraña, leer con el bisturí que hiere y cura al mismo tiempo. Para ello organizaré la reseña en tres temas principales que en mi opinión son los que predominan en cada una de las tres partes en que se divide el libro.

Matar la geografía de los cuerpos de piedra
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1.- El libro.

Desde el mismo título del libro podemos intuir que a lo largo del mismo se nos presentará el cuerpo considerado como mapa y, por tanto, se afrontará la identidad de ese cuerpo como algo movible, en continua reelaboración según el espacio, el dónde, la geografía. El título se completa por un lado con la materia de que están hechos esos cuerpos, “de piedra”. Nada más contrario al movimiento y a la interfaz sintiente de un cuerpo. Por otro lado se completa el título con “matar”, que expresa la acción, el deseo, qué se quiere hacer con esos cuerpos-mapa de piedra, inertes, sin vida. ¿Pero cómo matar lo ya muerto? ¿Será otra forma, mejor dicho, una forma otra de infundirles vida? La lectura del poemario y esta reseña nos ayudarán a acercanos, sólo acercarnos, a algún tipo de respuesta a estas preguntas.

El libro se estructura en tres apartados sin título, únicamente encabezados por una numeración romana, conteniendo once poemas el primer apartado, catorce el segundo y veintiuno el último. En total son cuarenta y seis poemas, la mayoría sin título, en verso libre, algunos en prosa, y de una extensión mediana ocupando la mayoría una o dos páginas, en torno a la treintena de versos de media cada poema.

Por último, quiero señalar que la publicación de este poemario que vio la luz en noviembre de 2022 es fruto de la primera edición del Premio de Poesía En El Mar organizado por la Editorial En El Mar y que consistió en el acompañamiento, edición y publicación de un proyecto de libro de poesía para lo que la autora envió a la editorial algunos poemas y la idea básica del poemario que poco a poco fue tomando forma.

2.- La autora.

Laura Sanz Corada (Aguilar de Campoo, 1993) es licenciada en Antropología Social y Cultural por la Universidad de Granada. Ha participado en diversos talleres de escritura y algunos de sus textos han sido publicados en revistas literarias. Ha realizado estancias académicas principalmente en países de Asia y de América del Sur.

Cultiva sobre todo la poesía pero también el relato breve. Actualmente trabaja en proyectos comunitarios para un desarrollo más sostenible. Colabora con diversas entidades en la organización y presentación de eventos culturales.

Éste es su primer libro publicado.

3.- Principales temas del poemario.

3.1.- Atravesar la herida-hueco. El dolor (Apartado I del poemario).

La corporeidad de todo ser humano y especialmente la de las personas con capacidad de menstruar es condición de posibilidad del dolor. Dicho más brevemente, sin esa materialidad el dolor no encontraría un dónde, un espacio físico, una extensión en la que manifestarse. Pero sucede que hay zonas de esa corporeidad en las que aparecen grietas, un hueco, un vacío donde esa materialidad se interrumpe y sólo es un “espacio-entre”. Es en estas zonas, que la mayoría de las veces constituyente una herida y, por tanto, son el resultado o el fruto del dolor, donde se presenta la oportunidad de “atravesar” esa corporeidad. Pero, ¿es en realidad posible? La voz poética se inclina en este apartado más bien por otra opción, la de quedarse, la de habitar, la de hacer nido en esa herida como un ave, principal imagen que aparece en este apartado el libro. El nido es el espacio que hace posible la vida, su cuidado y conservación, y se construye ese nido justo en ese hueco, en esa herida, en esa consecuencia del dolor. Dolor como condición para la vida; dolernos para ser.

Es en los siguientes versos del quinto poema de este apartado donde se condensa lo anteriormente expuesto: “Nadie me había contado / que todas anidamos / una / grieta /   /dentro”. “Todas” es una elección totalmente consciente frente a “todos” que manifiesta que se refiere en todo momento a los cuerpos con capacidad de menstruar, en su mayoría, pero no sólo, de género femenino, y por eso que elija la forma en “a” para expresarlo.

Las principales figuras de este apartado pertenecen a elementos de la naturaleza, especialmente los pájaros, el fuego y el embalse. Retrata momentos en que estos elementos se comportan con violencia y causan dolor o impiden que la vida continúe. Así, podemos leer:  “Me hice mayor un domingo / en que los pájaros / chocaban contra las ventanas / y morían al borde/  de la noche” (primer poema de este apartado); “No veo la suavidad / en un valle quemándose” (penúltimo poema de este apartado); y “nadie vuelve después de la hoguera / no huye igual quien teme que quien desea” (último poema de este apartado, titulado “Embalse”).

Abundan por otro lado las formas verbales en primera persona, produciendo un tono intimista y confesional que se mantiene a lo largo de todo el poemario.

3.2.- El antes del lenguaje. Cómo nombrarse (Apartado II del poemario).

Si en el anterior apartado se nos dijo que esa herida-hueco es una grieta en la que se hace nido “dentro”, y se nos habló de sucesos de la naturaleza que provocaron huecos, huellas de una vida que ya no es (el fuego que arrasa un bosque, el embalse que inunda y sepulta todo un pueblo), en este apartado esa grieta se va a hacer cuerpo, se va a materializar en un vientre con capacidad de gestar. Será ese nido “dentro” que tendrá que abandonarse, ese hueco que tendrá que atravesarse hasta un afuera que haga posible que una vida, otro cuerpo, lata y respire de forma autónoma e independiente.

Ese momento del nido “dentro” se identifica en este apartado con un estadío anterior al lenguaje, a la palabra, considerando la acción de “nombrar” como condición para ese “atravesar” que haga posible que otro cuerpo viva. De nuevo es el dolor la señal que da la clave para este acto de nombrar, buscando la voz poética las ocasiones en que dicho dolor es merecedor de ser nombrado, de otorgársele una palabra. Concepción pues del lenguaje como elemento dador de vida, de existencia, que se funde y es uno a la vez con el otro elemento fundamental: el dolor.

Así, por un lado leemos en este apartado, en cuanto al lenguaje, versos como: “Si yo le diera a usted mi camino / si rompiera el lenguaje / si inventara mi origen, pasaporte lejano / de un país sin latidos” (tercer poema de este apartado); “¿no es nuestro dolor / de temperatura / un punto agitado / que merece la palabra” (poema quinto, titulado “Delhi”) o “la amistad es la única manera de decir las cosas / en un susurro / y asegurárselas” (séptimo poema).

Y por otro lado, en cuanto al dolor, la voz poética se ocupa de aquellas ocasiones en que a ese dolor de gestar no le sigue el correspondiente disfrute por parte de la persona gestante del fruto de ese dolor, de ese otro cuerpo con vida, como son los casos del robo de bebés o de los vientres de alquiler (que en realidad suponen una forma también de robo). En ambos casos el dolor da testimonio de ese hueco donde hubo vida. Así, leemos: “nadie le explica / cómo poner las manos para sostener / lo que cae del pecho / ahora que no / ahora que nadie /          la sangre no es / el mismo alimento que la leche” (segundo poema de este apartado) o “Cuando llega el intruso / los órganos palpitan / el útero se agota / con los dos, tres niños / que mendiga el estómago” (octavo poema, titulado “Wombs in labor”).

En este apartado aflora ya el problema de la identidad, repitiéndose el término “extranjera” y “extranjero” en referencia sobre todo al cuerpo y al idioma. Varios de los poemas están explícitamente situados en India, país donde vivió la autora durante un tiempo. Pero es en el tercer y último apartado del poemario donde el tema de la identidad se afrontará de pleno.

3.3.- La respuesta a “quién” es “dónde”. Una identidad en tránsito (Apartado III del poemario).

La pregunta que la voz poética se hace en los versos que cierran el apartado anterior “Desde el choque con tus huesos pienso / ¿Cómo sería la forma de mi vientre / si alguna vez decido / cruzar?” es respondida en forma de aceptación del reto de “cruzar” en este último apartado del libro. Es en esta parte donde más presente está el afuera que, percibido por los diferentes sentidos, va construyendo una identidad nunca estática sino en  continuo desplazamiento, en tránsito. Estamos pues ante una identidad desplazada que va y viene del propio cuerpo a los espacios, a los lugares, a la geografía, y que es entre estos dos puntos entre los que se construye en una especie de permanente balanceo. Frente a la ilusión de un “yo”, de un cuerpo autodeterminado; y frente a la desilusión de un “aquí”, de un cuerpo heterodeterminado por el dónde, la voz poética apuesta por el balanceo, si bien es el espacio el elemento que posibilita la construcción de ese yo, de ese cuerpo-dolor con capacidad de nombrarse, de decirse en múltiples acentos, en diversos idiomas. No cae la voz poética en la tentación de concluir fácilmente que se trata de una identidad múltiple, de una multiplicidad de cuerpos, sino que se trata de un único cuerpo, el mismo pero cambiante y que va construyendo su identidad desde esos distintos espacios, desde esos distintos afueras hacia donde la grieta, la herida, el dolor ha dirigido al cuerpo. Es una invitación por tanto a construirnos desde un diálogo con el afuera, con la otredad, sin atrincherarnos en un cuerpo-identidad hermético que sólo nos conduciría al ensimismamiento, a un estarnos en sí y no a un estarnos en y junto a otras.

Así, especialmente luminoso y esperanzador resulta el penúltimo poema, en prosa, de este apartado: “si abres la boca al zumbido de la abeja, permanecerás en su significado”, que viene a decirnos algo así como ábrete, no tengas miedo. O en el poema número dieciocho de este apartado: “¿Por qué extinguirnos? / Basta con mirarte: / nuestras figuras sin límites / quedarán labradas en el fango”, donde vemos la defensa del espacio, del dónde, de la tierra como único elemento capaz de otorgarnos la condición de permanencia, y no el propio cuerpo.

En este apartado es el agua el elemento de la naturaleza que más predomina, especialmente en forma de lluvia, y como señal del paso del tiempo y del carácter cambiante de su estado (el deshielo, la tierra húmeda tras la lluvia, etc.). Ejemplo tal vez el agua de esa identidad en tránsito.

– Conclusión.

El poemario no esquiva ninguna dificultad a la hora de expresar lo inefable, como toda buena poesía. A diferencia de otros libros de poesía que abordan el cuerpo y el dolor específico de los cuerpos con capacidad de menstruar, el texto de Sanz Corada no se queda en la descripción de ese dolor ni en la queja, sino que es un motor que pone en funcionamiento otros cuestionamientos que van en busca de un encuentro, de un balanceo que haga compatible lo propio del cuerpo con lo común de los espacios, lo individual con lo colectivo. Resulta una voz poética personalísima que tras herirnos donde más duele nos invita a mirar afuera, sustituyendo el miedo a lo distinto por la aceptación de lo diverso hasta asumir, sin mucho dolor, las variaciones, no todas decididas ni conscientes, de una identidad en continuo desplazamiento.

Se deja notar la formación como antropóloga de la autora sin que ello provoque que emerjan en el lenguaje poético términos extraños a un viaje, el de este poemario, que en todo momento es coherente y que promete ser sólo el inicio de otros viajes, tras los cuales seremos y no las mismas.

SANZ CORADA, L. (2022)
Matar la geografía de los cuerpos de piedra.
Toledo: Ediciones En El Mar.

Nicolas Salas Ramos

Nicolás Salas Ramos

Nicolas Salas Ramos es Licenciado en Filología Hispánica y máster en Enseñanza de Español como Lengua Extranjera

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