Las nueve musas
Eduardo Boix

Eduardo Boix: «Yo necesito a mis monstruos, a mis miedos para poder crear»

El foco medular del libro, impecablemente editado por Ediciones del Viento, ya está contenido en el título mismo, el cual consideramos muy acertado: La estipe. radiografía del monstruo.

Etimológicamente, Estirpe procede del latín estirpis. Significa tronco del árbol, e incluso puede designar a la raíz. Por eso viene a significar linaje, descendencia directa, clan, familia… Pero igualmente se refiere al origen de la especie, la nuestra, el homo sapiens, autor de horribles atrocidades y de loables acciones creativas, heroicas y solidarias. El sapiens es capaz de descubrir en un tiempo récord la vacuna contra la Covid-19 y de provocar masacres inconcebibles entre los de su misma especie; puede ser mezquino miserable, codicioso, egocéntrico y destructor, y a la vez solidario, generoso, humilde y creativo. Somos seres contradictorios, capaces de lo mejor y de lo peor, con un pie en el umbral del infierno y otro en el portal del cielo.

Los especialistas de la conducta humana tratan de explicar sin éxito, o sin datos concluyentes, la maldad de nuestra especie o, dicho de otra manera, esa inexplicable contradicción en nuestro comportamiento social que nos conecta con nuestros ancestros más primitivos y arcaicos.

Los mitos y las religiones lo han explicado a través de fábulas ilustrativas. El judeocristianismo se inventó el pecado original al comer nuestros primeros padres el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal (un hecho que se repite en otras religiones) conocieron la maldad y el sufrimiento a través del atroz fratricidio de su primogénito Caín. Descendemos de Caín y llevamos su marca. Para las religiones gnósticas somos la creación de un demiurgo imperfecto y heredamos su imperfección. Para algunas creencias judías centroeuropeas el ser humano sería un suerte de gólem, criatura imperfecta creada por un ser portavoz de Dios a partir del barro, insuflándole después una chispa divina que le habría dado la vida. Para el Taoísmo, el hombre, como cualquier otro componente del universo, formaría parte del yin y el yang, es decir convive en él una parte luminosa y otra oscura. No vamos a extendernos con más ejemplos, pues la lista sería interminable

A Eduardo Boix le causa perplejidad la convivencia en el sapiens del bien y el mal, su capacidad creadora y destructiva. Le fascina, sin acercamientos morbosos ni sensacionalistas, la existencia del mal, el sentido de la culpa o la inexistencia de la misma, y también la enfermedad mental, el sufrimiento interior y la capacidad o la falta de empatía.

Así pues, los dos ejes sobre los que pivota el libro que presentamos son la memoria y la experiencia más pura del autor y sus vastos conocimientos

A través de una sorprendente urdimbre cultural, Eduardo busca el porqué de la maldad, de la enfermedad física o psíquica, de la capacidad de sufrir y de hacer sufrir a los demás, rastrea a su monstruo en otros monstruos y bucea en su propio miedo en busca de su identidad. De ahí que en La estirpe se mezclen los recuerdos personales del autor (principalmente de su infancia), entre los que resaltan acontecimientos trágicos como el suicidio de su tía.

En este libro desfila una galería de monstruos siniestros, perversos, terribles: José Bretón, Antonio Anglés, los asesinos de Puerto Hurraco, Charles Masson… También aparecen otros malvados con los que el autor tuvo un contacto indirecto, como es el caso del odontólogo Ricardo Barreda, que mató a su mujer, a sus dos hijas y a su suegra. Eduardo Boix relata que conoció casualmente a una sobrina del asesino argentino y cómo esta le proporcionó información privilegiada sobre el caso. También hay nazis impunemente refugiados en Denia con los que el abuelo materno de Eduardo hacía negocios.  Nuestro autor sí tuvo contacto directo con otros personajes indeseables de esta trama, como es el caso del concejal que fingió un cáncer, o un conocido político que fue condenado por pederastia.

Pero en las páginas de este libro aparecen otros personajes que también son monstruos si nos atenemos a la etimología de monstruo (monstum: prodigio) o a la sexta acepción del diccionario de la RAE: «Persona que en cualquier actividad excede en mucho las cualidades y actitudes comunes», es decir personas, que por su anomalías creativas, intelectivas o psíquicas son egregias (fuera de la grey o el rebaño) y se sienten diferentes, excluidas, outsiders. Algunos son célebres: Virginia Woolf, Sylvia Plath, Primo Levi y Reinaldo Arenas; otros absolutamente desconocidos, como Ángel, un exlegionario que estuvo en Bosnia.

Este libro escapa a la clasificación canónica de los géneros literarios, algo que por otra parte empieza a ser habitual en la literatura contemporánea. Eduardo Boix en ningún momento esconde sus referentes: Javier Cercas, Manuel Vilas, Muñoz Molina, Sergio del Molino o Enmanuel Carrére…, todos ellos practicantes de una escritura híbrida e inclasificable. La estirpe. Radiografía de un monstruo es un libro fronterizo que puede ser leído de varias maneras: como una novela, pues hay un esquema clásico de presentación, nudo y desenlace con una trama compleja que se resuelve con sencillez, sin afectada deliberación, como si Boix fuera trenzando el mapa a la vez que se adentra en el bosque. Asimismo. hallamos ciertas pinceladas de ficción o duda (incluso por parte del propio autor) acerca de la veracidad de algunos de los hechos narrados.

También podría pasar como un relato periodístico. El texto es ágil y envolvente. El autor en ningún momento juzga a sus personajes, los trata con distanciamiento (a la manera de A sangre fría de Truman Capote), e incluso en algunos momentos con compasión.

Admite igualmente la calificación de ensayo filosófico dada la gran cantidad de especulaciones y el tejido metacultural que fortalece el relato.

Y finalmente podemos considerarlo un libro de memorias, ya que el autor hace una profunda labor de introspección analizando los recuerdos de su infancia y adolescencia.

Ya para acabar queremos resaltar que La escritura de La estirpe, como toda la obra de Eduardo Boix, es concisa y rotunda incluso cuando a veces zigzaguea. Las frases cortas percuten de manera aforística. Un ejemplo lo tenemos en la frase que nos revela el final del libro. Los adjetivos son escasos y precisos y las descripciones objetivas. Destaca igualmente un lirismo contenido y sobrio de una hermosura velada en claroscuros. No hay retórica artificiosa, pero sí mecanismos retóricos mediante los cuales el autor teje una perfecta tela de araña en la que envuelve al lector con recursos como el suspense, la alusión y la prolepsis. Eduardo va anticipándose sutilmente a las objeciones o aseveraciones de los lectores, se pone en la piel de quien está leyendo su libro, al tiempo que trata de entender a los personajes y comprenderse a sí mismo. También utiliza la analepsis o flashback (la acción transcurre en un tiempo presente, pero hay muchos retrocesos al pasado), la sincronicidad, atendiéndonos al término acuñado por el psiquiatra Gustav Jung para nombrar «la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido, pero de manera acausal», y finalmente la agnición, no solo en la coda, también al acabar la mayoría de los capítulos que conforman el libro. donde reconocemos a personajes ocultos o no expuestos con absoluta nitidez que van explicando los motivos del conflicto narrativo.

En suma, estamos ante una narración compleja, hipnótica, perturbadora y, sobre todo, honesta.

 ENTREVISTAS Eduardo Boix
Eduardo Boix (fotografía de Alberto Zerón Huguet)

Eduardo Boix (Elche, 1980), es escritor, crítico literario y gestor cultural. Subdirector de la revista Letrasenvena.com y miembro de CLAVE (Asociación de Críticos Valencianos), ha colaborados en diversos medios de comunicación y en la actualidad ejerce la crítica literaria en el suplemento ‘Arte y letras’ del diario Información de Alicante.

Ha publicado Últimas jornadas en el paraíso (Editorial Eclipsados, Zaragoza, 2009), Prozac, Tranquimazín y otros parques infantiles (Huerga & Fierro Editores, Madrid 2012), Mi funeral, (La fea burguesía, Murcia, 2015), Los confinados (Frutos del tiempo, Elche, 2020, finalista de los premios de la crítica valenciana en la categoría de ensayo), Columna del miedo (Eolas Ediciones, León, 2020, finalista de los premios de la crítica valenciana en la categoría de narrativa) y La estirpe. Radiografía del monstruo. (Ediciones del viento, 2021).

Eduardo, a modo de prólogo, o prefacio, se inicia esta Estirpe con un poema de la autoría de nuestro común amigo Javier Cebrián: Una «efímera bestia». ¿Es así? ¿Es fugaz esta bestia, este dolor?

Nada es fugaz si se instala en las entrañas. Para mí, mi bestia o mis monstruos, siempre están presentes. Hemos aprendido a vivir o convivir, nos respetamos. El dolor cuando se ha enraizado no se va, pero acabamos por mitigarlo.

Hablemos de la importancia de las citas. Dice Stephen King, respecto a los «monstruos», que «a veces ellos ganan». Una vez que consiguen la victoria, ¿hay vuelta atrás? ¿Con qué recursos crees que podemos contar para desprendernos de los «monstruos»?

Como he dicho antes cuando se enraízan no se van. Tal vez por mi condición de escritor, tampoco es que me interese que mi monstruo desaparezca. Puede sonar un poco masoquista pero es así. Yo necesito a mis monstruos, a mis miedos para poder crear.

En el primer capítulo, que lleva por título «Una cosmovisión», rindes homenaje a tu madre y a todas las mujeres que han sido madres. Hablas del parto y sus consecuencias, del nacimiento… Al poco de nacer, en tu más tierna infancia, te invadió un sentimiento de culpabilidad, y te obsesionaste. De hecho, dices: «Creo que, a lo largo de mi vida, he intentado dar un argumento a mi obsesión.» ¿Necesitabas, pues, imperiosamente, escribir este libro, La estirpe?

Puede que sí. Este libro surge de una tesis doctoral. Llevo años estudiando Filosofía por la UNED, no sé si acabaré algún día, pero el germen estaba ahí. Mi tesis iba a tratar sobre la maldad, pero claro, en una tesis debes cercar la información. Tenía mucha documentación. pero en pleno confinamiento comencé a atar cabos, unir textos que tenia escritos y otros nuevos. Así surgió y se gestó.

Nos llama la atención que todos los monstruos terroríficos que aparecen en La estirpe son hombres. No hay ninguna mujer.

No es por nada en especial. En este libro he hablado de monstruos primero que he conocido o me son familiares, y los que no es porque me han llamado la atención sus acciones. Podría haber hablado por ejemplo de la estranguladora de Santomera, pero es que no me he basado en un género concreto premeditadamente. Solo he hablado de lo que me ha impactado.

 Se advierte una inevitable relación entre tu profesión, tu escritura y el dolor. Por tu despacho de trabajo ha pasado mucha gente que te ha confiado sus intimidades y desasosiegos. ¿No es así? Por cierto, es crucial la figura de Ángel. ¿Por qué?

El trabajo me influye siempre. Por mi condición de trabajador de Servicios sociales tengo el privilegio de poder asistir de primera mano a historias y personajes muy interesantes, desde el punto de vista literario. Ángel es uno de ellos. Un ex legionario alcoholizado, bronco, siempre enfadado. Estuvo en la guerra de Bosnia. Como todos los legionarios que fueron a los Balcanes, se sintió engañado porque les usaron como «enfermeras» a repartir medicamentos. Un día vino a gestionar ayudas para su madre que padecía la enfermedad de Alzheimer. Ese día se derrumbó y comenzó a llorar. Creo que domé al monstruo.

Entre las numerosas y sorprendentes anécdotas que cuentas y que te atañen directamente a ti o a tu familia está la relación con algunos de los nazis más buscados que se instalaron en el sureste español. Es curioso que muchos de estos nazis que escaparon a la justicia, sin dejar de serlo nunca, se infiltraron en la Stasi, el Ministerio para la Seguridad del estado de la RDA, colaboraron con el Mosad judío e hicieron negocios con destacados demócratas de izquierdas e incluso comerciantes judíos, como en el caso de tu abuelo materno.

Los nazis de Denia ahora se están poniendo de moda, pero es un asunto que ha estado ahí presente siempre. Mis abuelos por su condición laboral tuvieron a varios de clientes. Yo los acompañaba de pequeño. Denia y otras poblaciones fueron refugio de casi todos. En plena pandemia, viendo unos documentales del canal historia, me di cuenta de que yo había sido testigo del refugio de Heim que fue el médico de Mauthausen, o Skorzeny, que fue un jerarca de las SS que organizó la operación de rescate a Mussolini. Dicen que murieron en Egipto o Argelia pero casi no se movieron de España. Es fascinante toda esta historia.

Para rebajar la gravedad que transmite la temática del libro, utilizas hábilmente la ironía y el humor. Exponemos un par de ejemplos: «El enfermo era Axel y se había roto el brazo jugando al fútbol. Para que luego digan que el deporte es sano.» «Si Dios se jubilase, recabaría en la Costa Blanca; ese podría ser un buen eslogan para una campaña publicitaria.» «¿Si Dios se jubilase, recabaría en la Costa Blanca?»

Si Dios se jubilase acabaría en Benidorm, donde más vicio hay. La ironía y el humor es necesario, siempre es necesario y más en los tiempos que corren. Dicen que reírse de uno mismo es señal de inteligencia. Yo utilizo el humor, y el humor negro siempre es seña de identidad de mi casa. Si no tuviésemos humor, habríamos muerto.

Como hemos mencionado en la introducción, hallamos aquí una intensa labor de investigación periodística. ¿Durante cuánto tiempo has trabajado en este libro?

Este libro surge de un proceso de ocho años. Una investigación que comenzó con una tesis doctoral sobre la maldad y desencadenó en esta suerte de Ensayo novelado. Escribo como un puzle, voy uniendo piezas hasta que sale el libro. Esta obra fue así, creada a jirones, a trozos. Pedazos de historias que han ido encajando y que han formado La estirpe.

Llama la atención una frase que, de alguna manera, vertebra las historias de esta obra que cabalga entre la memoria y el ensayo. Utilizamos esta categórica reflexión tuya para preguntarte: «¿Toda mentira se construye bajo una gran realidad?»  

Sí, para poder mentir hay que conocer muy bien la realidad. Hay un refrán que dice que antes se pilla a un mentiroso que a un cojo. Los escritores, a veces, somos un poco mentirosos. Tal vez, deformamos la realidad en nuestro beneficio. La literatura está creada a base de vivencias filtradas por los autores.

Observamos una gran coherencia en toda tu obra literaria. ¿Persigues a través de tu escritura alcanzar una obra total de tal modo que pueda leerse como un solo libro?

A todo autor nos obsesionan unos temas concretos. Si hablo de mí en mis libros está el miedo, la infancia, la culpa, el amor. Todos son temas universales, luego cada escritor sabe darle su impronta. No soy consciente de que mis libros estén conectados entre sí, es algo azaroso. Tal vez me repito y soy pesado, pero es que es mi forma de narrar mis obsesiones.

Has participado con éxito en la pasada feria del libro de Madrid. Cuéntanos…

Una locura de gente. Este año, por las circunstancias, cerraron y había control de aforo, un error ya que la gente se agolpaba en colas interminables y se podían contagiar tanto fuera como dentro. Pero Madrid con feria y sin feria es toda una experiencia. Cuando voy aprovecho para ver a gente que en el día a día no ves. Es un buen sitio para hacer contactos.

Ada Soriano

José Luis Zerón Huguet

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José Luis Zerón Huguet

Nace en Orihuela el 28 de octubre de 1965.

Trabajó cuatro años (1987-90) como redactor de la Vega Baja en el Periódico de Elche, y dos (89-90) como corresponsal del diario ABC. Asimismo colaboró ocasionalmente con el diario alicantino Información y en el periódico digital Minuto Cero y regularmente en la revista digital Galla Ciencia.

Actualmente colabora con asiduidad en el blog literario Frutos del tiempo y es coordinador de los ciclos encuentros con la Poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. Fue fundador y director de la revista sociocultural La Lucerna y fundó y codirigió la revista de creación Empireuma y presidió la Asociación Cultural Ediciones Empireuma, que publicó más de quince libros.

Su actividad cultural es diversa: ha escrito prólogos, pronunciado y promovido conferencias, y participado en numerosas mesas redondas presentaciones de libros y exposiciones de pintura. Ha sido jurado en varios concursos literarios de ámbito nacional e internacional. Con Manuel García Pérez escribió el guión del espectáculo audiovisual Esquirlas de luna en homenaje a Federico García Lorca, y ambos dirigieron su puesta en escena con gran éxito en el Aula de Cultura de la CAM-Orihuela en 1998. También fue autor y director del montaje poético audiovisual Las tres heridas y del poema y parte de la introducción del corto Pasos y sombras, de José Rayos.

Su producción poética editada consta de dos plaquetas: Anúteba, conjunto de poemas suyos y de Ada Soriano (Ediciones Empireuma, 1987), y Alimentando lluvias (Pliegos de Poesía del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1997); Y los libros Solumbre (Ediciones Empireuma, Orihuela 1993) , Frondas (Ayuntamiento de Piedrabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004), Ante el umbral, (Instituto alicantino de cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 2009), Las llamas de los suburbios (Fundación cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Sin lugar seguro (Germanía, Alzira, 2013), De exilio y moradas (Polibea, Madrid, 2016), Perplejidades y certezas (Ars poética, Oviedo, 2017), Espacio transitorio (Huerga & Fierro, Madrid, 2018) e Intemperie (Sapere Aude, Oviedo, 2021).

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