Las nueve musas
dionisia Garcia

Ecos. Diario de 1999. Dionisia García

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El diario se parece al desnudo, muestra la existencia esencial. Cuando aún no habían aparecido sus libros magistrales: “Correo Interior”, “Lugares de pasos”, “Señales”, “La apuesta”, “El pensamiento escondido”, “Clamor en la memoria”, … Dionisia García entra en otro plano creativo, su madurez ya ha sido demostrada, ocurre que, ahora, goza de una visión anticipatoria, reflexiona, descubre, anuncia, anota el camino que va a seguir.

Ecos

El carácter autobiográfico de sus textos ya es una característica, luego no es extraño que componga diarios. Entre estos textos, la autora, ha elegido el que corresponde al año 1.999. Se sitúa entre un final y un principio. Excelente publicación de Murcia Libro, con prólogo de José Luna Borge, reúne un año de ejercicio, donde lo formulado adquiere el valor contractual de un compromiso.

¿Por qué lo titula “Ecos”? Desde que formulamos la primera palabra estamos recogiendo el eco en que vivimos. Somos eco de otros ecos. Esta manera de concebir la escritura es un principio de humildad. La voz original quizá sea extremadamente difícil distinguirla. Si consideramos que hubo una primera vez, surge de la experiencia, deducimos que siempre hay un principio. Tal como hubo un primer día, un primer hombre o una primera mujer, esta interpretación suponemos que ha de ser así, porque en esta concepción hay un punto de lógica y, si es lógico, lo entendemos como posible.

Este diario, suspendido en el tiempo, como si las horas en que ocurrimos, se hubiesen fundido con lo que pensamos, hace que el lector se pregunte ¿en qué medida está condicionada por los días? Aparte acontecimientos familiares o compromisos, los escritos suceden sin que la fecha constituya un eje primordial, no hay una relación causa efecto, aunque, en un mundo conflictivo, problemático, global, siempre podremos encontrar alguna reacción atribuible a un hecho concreto.

El pensamiento no tiene fecha, fechar podría ser considerado una presunción. La autora de este diario no se ajusta al marco temporal, sino que surfea sobre la realidad y se deja sorprender por cada una de las posibilidades que ofrecen los días. Entre ellas escoge sucesos que conforman la historia familiar, jubilación de Salvador, su marido, viaje de Salvador junior, su relación con Taizé, Concha y Luisa, hijas, amigos como Eugenio y Emma, Melero, Rivas, Clara Janés, Soren, Álvarez, Eloy, Pedro, …, con los que intercambia los diferentes momentos en que suceden los textos, de tal modo que asistimos a su nacimiento y presentación, nunca final, porque cualquiera de ellos no es más que un fragmento, y éste tiene como condición orientar, marcar caminos.

Podemos abrir una ventana y desde ella contemplar una parte del paisaje, al mismo tiempo ser conscientes de que, simultáneamente, tenemos acceso a otra realidad, quizá interior y que, tanto una como la otra, conforman ese instante mágico. Así que inmersos en ese estado de gracia, bañados por su realidad, aparecen los versos, las líneas que confirman este encuentro por el que se accede a la obra, ya sea como escrito, cuadro, grabado, escultura, filosofía.

A veces recuerda un libro de meditación. Si consideramos que estábamos sobre las olas, surfeando obstáculos, ahora, la mar es planicie, Dionisia persigue esa serenidad o lugar, donde parece que percibe la totalidad de aquello que busca, puesto que descubre tanto el objeto como el sujeto. La visión es ahora doble, se ha eliminado el obstáculo del tiempo y alcanzamos el todo.

El diario se constituye como defensa de un yo frente a la intemperie. Asistimos a una elección:  tanto en el ser que es, como con el ser en los otros. Aparece claramente definida entre el yo y los otros, con agilidad se esquiva el nosotros, no por un culto al personalismo, sino porque es necesario recurrir a ese yo, para valorar a los otros, para resolver el compromiso de una elección que le conduce al conocimiento y a dejar constancia de lo que hace y aquello que descubre. Anotar, dar cuenta del proceso se estima necesario para salvar lo que queda de ese yo con el que probablemente llegamos a este mundo y poco a poco se pierde entre los otros, se desgasta como esas puertas que quedan entreabiertas por el uso.

El yo de la autora se debate entre la temporalidad y la eternidad, quizá debiera decir atemporalidad. La primera disipa las horas e impide la dedicación a su escritura, el lugar donde ocurre el encuentro que da lugar al poema, la página donde coinciden lo pensado y lo escrito. Mientras que, la segunda, aunque sujeta a la culpa, se expone como el lugar de la serenidad, donde anulada la competitividad, resuelto el ser, aparece la calma, allí donde cesa toda actividad y lo mundano se aleja como un paisaje, para alcanzar la paz. De ahí que, a veces, su libro aluda a conversaciones, relaciones, lecturas que refieren lo que más tarde recogería en su poemario “La apuesta”, (2016), esto es, la opción por una fe que asume la existencia de un Dios, cuya comprensión para el ser humano siempre será un misterio. En el 19 de julio de 1999 escribe:

“Si Dios dudó a la hora de morir sintiéndose abandonado. ¿Cómo vamos a ser libres nosotros de toda duda? Se vive en la duda y hacia la fe; se vive en el misterio. La esperanza nos abriga y acoge para seguir.”

Si aceptamos que el mundo es invisible y cada uno ha de descubrir, interpretar, convivir con esa realidad que nos cerca, como un coro de fantasmas entre nubes, Dionisia emprende una exploración definitiva para tratar de entender y entenderse. Recordar al niño que fuimos es algo así como visitar el solar en el que estuvo nuestra casa. Y lo hace en “Correo interior”, 2007. Un libro homenaje a la abuela, que ha conservado los significados profundos de la lengua con la que referimos el mundo. Alendero, es ese lugar en el que vivió y ahora descubre, pueblo destinado a permanecer en el lado oculto de la historia. Sin embargo, ahora, gracias a “Correo interior”, se ha rescatado de la mudez.

Dionisia ha dado nombre a la luz de sus lentos atardeceres y sobre todo ha dado voz a esos sucesos que conforman la historia profunda. Asistimos al descubrimiento del mundo por una niña y, simultáneamente, al nacimiento de una escritora. Recoge los fundamentos con los que se construye un escritor: las primeras experiencias, las primeras palabras y la sintaxis de la abuela, es decir, de los antepasados, pues somos porque han sido.

Puesto que Dionisia es poeta, no es extraño encontrar en el curso de este diario algún verso, como es frecuente que trate sobre lecturas, comentarios, libros pendientes. He apuntado antes el carácter de compromiso con la obra futura que el tiempo va cristalizando. En “Señales”, 2012, encuentro esa relación con el texto que se anuncia en el diario:

Nos vigila el poema y nos redime.
Es clara la mañana, y una luz poderosa
celebra el día nuevo con sus detalles mínimos,
que ante nuestra mirada se enaltecen.
Todo aparece vivo, duradero,
más algo nos inquieta en lo más hondo.

Tras la lectura uno tiene la sensación de haber conocido a la escritora, sus   relaciones y proyectos. Hemos entrado en su casa y hemos compartido sus dudas, la luz de su mesa de trabajo.

El texto se caracteriza por su síntesis, la eliminación de todo aquello que puede ser prescindible. La vida transcurre en un espacio doméstico donde Salvador, los hijos, los nietos, aumentan tanto como sus libros, aforismos, cuentos, ensayos, ambos sucesos ocurren de un modo tan natural como la lluvia que cae sobre el río, primero parece que enturbia el agua, aunque, pasadas unas horas, quizá nos permita ver el fondo.

Este diario se ha hecho desde ese fondo, como la roca que la corriente desgasta y pule, hasta convertirla en compañera que se deja abrazar por las aguas, que siempre vienen de arriba.

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

José Luis Martínez Valero

José Luis Martínez Valero. Águilas, 1941

Catedrático de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas.

Ha publicado: Poesía (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007) Plaza de Belluga (2009) El escritor y su paisaje (2009) Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019), Otoño en Babel (2022), Antología del Veintisiete en Murcia (Mayo, 2024)

Ha coordinado el ciclo de Poesía en el Archivo (2007, 2008 y 2009).

Guionista en los documentales: Miguel Espinosa y Jorge Guillén en Murcia.
Aguafuertista e ilustrador.

Corrección de textos

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