Las nueve musas
Marina Oroza

“Decir” de Marina Oroza: la voz y la herida

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La actriz, escritora y poeta madrileña Marina Oroza ha decidido romper el silencio en torno a la casi inexistente relación con su padre, el célebre bardo gallego Carlos Oroza (Vivero, 1923 – Vigo, 2015).

Tras años de ocultar lo ocurrido, ha publicado un testimonio en verso, breve pero desgarrador, lírico y sincero. Decir (Árdora, 2023), su sexto libro de poemas, profundiza aún más en la depuración formal de sus obras anteriores. En esta ocasión, se trata de un poema argumental que narra la compleja relación con su padre biológico, una figura ausente que se convierte en el eje de una historia marcada por el abandono y una eventual reconciliación. La necesidad de dar voz a lo que durante años fue un tabú familiar, y de expresar todo aquello que no pudo decirle en el único encuentro que tuvieron, impulsó a la autora a escribir esta obra.

«Y este es el testimonio,
un verso suelto
más largo que tu vida.
Es todo lo que no dije,
esa frontera y ese trigo
de los días raros, ese trueno
de no sé qué fuimos,
una reverencia a los pies
de nuestra justicia».

El epílogo en prosa me ha conmovido profundamente. En él, Marina relata su desamparo como niña «sin padre» (su abuela le decía que él se había ido a América) y su dolorosa adolescencia, marcada por el anhelo de conectar con una figura paterna ausente. La autora describe el proceso de escritura como una vía para sanar una «cicatriz» emocional, fruto de ese prolongado silencio en su hogar. Compartir su historia y romper ese tabú fue, para ella, un acto terapéutico, una forma de liberarse de un peso que le impedía crecer. Decir es, por tanto, una reflexión sobre el tiempo, la memoria y la imposibilidad de reconstruir una figura paterna idealizada.

Marina decidió enfrentarse a su padre durante un recital que Carlos ofreció en marzo de 1986, en una Caja de Ahorros en Vigo (¿sería el mismo recital que el poeta gallego dio el 30 de abril en el Instituto Gabriel Miró, cuando el Grupo de la revista Empireuma lo invitó a Orihuela?). En ese encuentro, él la trató con frialdad y, finalmente, le dijo: «déjame libre». Este episodio fue un golpe devastador para Marina, tanto que solo volvió a ver a su progenitor una vez más, en 2004, sin que llegara a formarse ningún vínculo afectivo. La autora reflexiona sobre ello afirmando: «además de la genética, fue el dolor quien me hizo poeta».

Ese dolor se manifiesta en Decir, un extenso poema escrito de manera continua, sin dividirse en partes o secciones, interrumpido únicamente por fotografías de la autora y de su padre. A pesar de lo que sugiere la solapa del libro, que habla de un ajuste de cuentas, para mí el poemario es más bien un diálogo profundo con su padre, que incluso incluye algunos versos de él. Hay reproches y contundencia, pero también ternura e indefensión, vértigo y llama. Por ejemplo, en un pasaje del poema, Marina confiesa:

«Necesitaba decir
en voz alta nuestro parentesco.
Pero cometí el error
de pedirte permiso.
Te agarraste al poder
que de pronto tenías
y no me lo concediste.»

Otro verso refleja su búsqueda de conexión con esa figura paterna ausente:

«Tu ausencia me hizo desear
un rostro en el espejo
que nunca llegué a ver.»

La poesía de Marina Oroza se caracteriza no solo por su intrincado juego de significados y sonidos, sino también por la disposición meticulosa de las palabras y una sintaxis que evita los lugares comunes. Su efusividad es inspirada pero contenida, implacable y, al mismo tiempo, clemente y compasiva. Su ritmo, profundamente personal, escapa a las convenciones del género y se apoya en figuras retóricas de repetición, como la anáfora, el paralelismo, la aliteración, la rima ocasional, el ritornelo y la reduplicación. Decir es un claro ejemplo de cómo Marina explora la esencia misma de lo poético, reflejando tanto la materialidad del verso como su naturaleza efímera. La obra va más allá de ser un ajuste de cuentas emocional; es, ante todo, una reflexión profunda sobre cómo el dolor, semejante a un camino plagado de espinas, puede convertirse en un placer fundacional, abriendo paso a nuevas exploraciones y desvíos creativos.

Estamos ante una escritura cargada de dolor, que entrelaza lo racional con lo irracional, lo voluntario con lo involuntario, y combina el azar con la premeditación. El resultado es un ambiente onírico que permea toda su obra, incluyendo Decir, donde, a pesar de su carácter autobiográfico y crudo, el universo poético se despliega en un ámbito de ensoñación más que en el simple sueño. La obra captura deseos frustrados y falsas ilusiones, reflejando una melancolía inherente al conocimiento poético, que busca recuperar un lenguaje sensual, una identidad perdida entre palabras y objetos, evocando la visión mística del filósofo y teólogo Jacob Böhme.

Sobre todo, destaca en la obra poética de Marina Oroza su enfoque oral y performativo, un aspecto clave en su poesía. Este enfoque se sitúa a medio camino entre diversas tradiciones, evocando la lírica en la que el poeta actúa como un canal para una voz visionaria. Durante su participación en festivales, especialmente en Vigo —ciudad íntimamente vinculada a su padre—, Marina vivió un proceso catártico, experimentando una transformación tanto poética como personal. Esta experiencia fue decisiva en su evolución como autora, permitiéndole superar la sombra de su progenitor, con quien comparte múltiples conexiones. Sin embargo, Decir marca una distancia clara, donde Marina encuentra su propio «decir», su propia voz.

Insisto en que el poema no es solo un ajuste de cuentas emocional, sino también un ejercicio rehabilitador imprescindible, cargado de profundidad y oscura belleza. Como expresó la autora: «El libro es una cicatriz que se abre y se cierra al ser leído», trascendiendo lo personal para convertirse en algo colectivo, en una historia que resuena con todos aquellos que han vivido el desarraigo, la pérdida y la búsqueda de identidad. El título resulta más que acertado, ya que involucra al lector, haciéndolo cómplice de lo narrado.

En Decir, Marina no emplea el lenguaje de manera meramente instrumental ni se limita a juegos de ingenio. Su poesía, alejada de las bagatelas experienciales y del mero confesionalismo, alcanza un punto en el que se entrelazan la contundencia y la fragilidad de la expresión poética, evocando la escritura sanjuanista, que refleja una profunda búsqueda de la palabra esencial. Así, no solo explora su dolor personal, sino que también revela el carácter trágico y místico del lenguaje, un elemento inherente a toda gran obra poética.

Como mencioné, la estructura de Decir alterna entre lo narrativo y lo lírico, construyendo una verdad que conmueve profundamente. Marina Oroza logra transmitir una intensa sensación de búsqueda y desarraigo, explorando su historia personal para ofrecer una obra de gran impacto emocional.

«En un aparte me preguntaste por mi nombre,
respondí que no quería decirlo
para luego confirmar tu sospecha.
Me gusta mucho ese nombre, dijiste
y me rogaste que guardara el secreto.
¿Te sigue apretando mi nombre en el cuello?
Déjame ser libre, suplicaste.
Mi asombro envolvía tu evasión.
Viniste a desmitificarme
¿cómo?
Nada, son cosas que me digo.
Y esta es tu historia.
Huías de una corbata invisible,
mi nombre te estrangulaba».

Las referencias a figuras literarias como Kafka, Valente, Olvido García Valdés y Sylvia Plath, junto con algunos versos de su propio padre, hábilmente insertados, se despliegan de manera discreta, como sutiles guiños que enriquecen el poema. Las ilustraciones en blanco y negro que acompañan los textos refuerzan la atmósfera de ausencia y memoria, estableciendo un diálogo visual que intensifica la carga emotiva de la obra.

En resumen, Decir es mucho más que una obra autobiográfica; no se limita a una catarsis personal, sino que constituye un ejercicio de transformación tanto personal como poética. Marina Oroza, al enfrentar los fantasmas de su pasado, convierte su experiencia en una expresión universal, revelando la fragilidad y el poder del acto de nombrar lo indecible.

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Marina Oroza realiza un tránsito para encarnar la palabra poética, tanto cuando la escribe como cuando su presencia poderosa e hipnótica da voz a sus poemas. Ha publicado, Nuevo orden de las cosas, Esto es real, , Así quiero morir un día y Pulso de Vientos y Decir.

“Decir” de Marina Oroza – entrevista en rne La estación azul  

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José Luis Zerón Huguet

Nace en Orihuela el 28 de octubre de 1965.

Trabajó cuatro años (1987-90) como redactor de la Vega Baja en el Periódico de Elche, y dos (89-90) como corresponsal del diario ABC. Asimismo colaboró ocasionalmente con el diario alicantino Información y en el periódico digital Minuto Cero y regularmente en la revista digital Galla Ciencia.

Actualmente colabora con asiduidad en el blog literario Frutos del tiempo y es coordinador de los ciclos encuentros con la Poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. Fue fundador y director de la revista sociocultural La Lucerna y fundó y codirigió la revista de creación Empireuma y presidió la Asociación Cultural Ediciones Empireuma, que publicó más de quince libros.

Su actividad cultural es diversa: ha escrito prólogos, pronunciado y promovido conferencias, y participado en numerosas mesas redondas presentaciones de libros y exposiciones de pintura. Ha sido jurado en varios concursos literarios de ámbito nacional e internacional. Con Manuel García Pérez escribió el guión del espectáculo audiovisual Esquirlas de luna en homenaje a Federico García Lorca, y ambos dirigieron su puesta en escena con gran éxito en el Aula de Cultura de la CAM-Orihuela en 1998. También fue autor y director del montaje poético audiovisual Las tres heridas y del poema y parte de la introducción del corto Pasos y sombras, de José Rayos.

Su producción poética editada consta de dos plaquetas: Anúteba, conjunto de poemas suyos y de Ada Soriano (Ediciones Empireuma, 1987), y Alimentando lluvias (Pliegos de Poesía del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1997); Y los libros Solumbre (Ediciones Empireuma, Orihuela 1993) , Frondas (Ayuntamiento de Piedrabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004), Ante el umbral, (Instituto alicantino de cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 2009), Las llamas de los suburbios (Fundación cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Sin lugar seguro (Germanía, Alzira, 2013), De exilio y moradas (Polibea, Madrid, 2016), Perplejidades y certezas (Ars poética, Oviedo, 2017), Espacio transitorio (Huerga & Fierro, Madrid, 2018) e Intemperie (Sapere Aude, Oviedo, 2021).

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