Las nueve musas
Amelia Biagioni

Amelia Biagioni

Amelia Biagioni fue una importante poeta argentina; nacida en Gálvez, provincia de Santa Fe en 1918 se formó como profesora de Literatura  y casi secretamente cultivó la poesía.

Su vida tuvo un  perfil austero, aislada de los círculos literarios. Con el impulso del poeta  José Pedroni  publicó en  1954  «Sonata de soledad»,  la carta de presentación  que trajo a Buenos Aires y mereció la faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores. La belleza del poema Lluvia conmueve con su sensible musicalidad.

 “Llueve porque te nombro y estoy triste/porque ando tu silencio recorriendo /porque tanto mi esperanza insiste/que desojada en agua voy muriendo.”

Luego llegaron los poemarios «La llave» de 1958 y «El humo» publicado en 1967, este último constituyó una revolución en  la poesía argentina. A partir del encuentro con este libro Alejandra Pizarnik, le escribe una carta plena de admiración y afecto.

“Mil gracias por EL HUMO. Vengo de él y no logro encontrar una frase para destinarle; digo una frase como un manto real que a la vez fuera un manto de arpillera, una frase vestida de princesa pero mendiga.”

“Tus poemas fueron siempre para mí lugares pero nunca lo fueron como ahora, gracias por EL HUMO. Incluso llegué a preguntarme cómo mantenés la estructura perfecta y acabada si detrás, a tan pocos pasos, acecha el ángel de lo absoluto, opuesto al de los “ojos con límites”. No sé, por cierto, responder, pero celebro tener que preguntarlo. Tampoco quiero resumirte los temas porque no soy profesora (quizá sea una desgracia, lo digo en serio) y sobre todo porque me son demasiado entrañables. Hay alguno, quizá el más terrible o el más intimidante, que alude al doble o a la sombra o al espejo o al quién soy, que aparece transfigurado como enorme valentía y hermosura (por supuesto que es facilísimo luchar en la guerra comparado con ese descenso al infernal encuentro con la otra o con las otras).”[i]

 Citemos al respecto algunos versos de “El humo“, desde la bella fortaleza del poema Manifiesto: “Yo me resisto, /en la calle de los ahorcados, /a acatar la orden/de ser tibia y cautelosa, /de asirme a la seguridad, /de acomodarme en la costumbre, /de usar reloj y placidez, /aventura a cuerda, /palabra pálida y mortal/y ojos con límites.”

Pizarnik refiere  a la “dura poesía” presente en el  poema “Oh tenebrosa fulgurante” en sus versos: ”Oh tenebrosa fulgurante, impía / que reinas entre cábala y quimera, / oh dura poesía / que hiciste mi imprevista calavera.”

Su presencia frágil y tímida, logró  localizar una potencia interior y desdoblarse. En el poema León, del libro «Las cacerías» (1976),  la pálida mujer se transfigura: “Cuando duerme/de un rojo salto/la arrebato y enciendo la llevo a su selva/le infundo mi dinastía/y la obligo a reinar, /a avanzar segura y espléndida”

«Estaciones de Van Gogh» (1984) es otro hito central.  Dice Antonio Requeni“Sus versos apasionados, clarividentes, asumen una suerte de celebración de la vida, como los cuadros aparentemente atormentados del pintor holandés, cuyo espíritu se funde y confunde con el alma de la poeta”[ii]

Su último libro, «Región de fugas» (1995), llega con una poesía trabajada con tenacidad  ligada a la infatigablemente corrección de sus poemas. En un sensible trabajo Valeria Melchiore expresa:

“El lenguaje que adopta Biagioni en tanto praxis poética es «errante»: huye de la función representativa que lo ha caracterizado siempre y de la univocidad. Estas condiciones lo vuelven plurivalente y migratorio, rasgo que se constata en la ruptura del orden lógico de la frase en todos sus planos. Las distorsiones atañen al aspecto gráfico, fónico, semántico, sintáctico y de las relaciones contextuales. La polisemia que deriva de esta desarticulación le permite afirmar al sujeto poético en Región de fugas: “[…] el bosque errante de los nombres/ es mi hogar”.[iii]

Luego de una penosa enfermedad Amelia Biagioni falleció en el año 2000, había recibido recientemente el Premio Alfonsina Storni, poeta con la que se la comparó, tal vez por ser mujeres que llegadas del interior a Buenos Aires, plasmaron en su poesía un hondo sentimiento de soledad y una clara fuerza interior. Nos queda  la compañía del poema.

CAVANTE, ANDANTE

A veces
soy la sedentaria.

Arqueóloga en mí hundiéndome,
excavo mi porción de ayer
busco en mi fosa descubriendo
lo que ya fue o no fue
soy predadora de mis restos.

Mientras me desentierro y me descifro
Y recuento mi antigüedad,
pasa arriba mi presente y lo pierdo.

Otras veces
me desencorvo con olvido
pierdo el pasado y soy la nómada.

Exploradora del momento que me invade,
remo sobre mi canto suyo
rumbo al naufragio en rocas del callar,
o atravieso su repentino bosque mío
hacia el claro de muerte.

Y a extremas veces
mientras sobrecavándome
descubro al fondo mi
fulgor inmóvil ojo
de cerradura inmemorial,

soy avellave en el cenit
ejerciendo
mi remolino.

(De Región de fugas, 1995)

LA LLOVIZNA

Yo, con la vaga frente en la balada
y el talón en el musgo de los siglos,
yo que inventé el otoño levemente
y gris y lentamente soy su vino,
yo, que ya agonizaba cuando el hombre
me amó para nombrarme «la llovizna»,
yo, que cruzando su durar lo nublo
de eternidad y de melancolía,
yo, que debo medir la soledad
entera, y desandar todo el recuerdo
y más, y gris y lentamente el día
señalado asperjar el fin del tiempo
yo, a veces, mientras limo tristes mármoles
y herrumbro amantes, pienso que en la tierra
no existo, que tan sólo voy cayendo
así, de la nostalgia de un poema.

(De El Humo, 1967)

Victoria Fabre

[i] Alejandra Pizarnik, “A Amelia Biagioni”, en Ivonne Bordelois, Correspondencia Pizarnik, Planeta, 1998

[ii] Requeni, Antonio. “Falleció la poeta Amelia Biagioni Fue una de las más importantes del país”, Diario La Nación  Martes 21 de noviembre de 2000

[iii] Valeria Melchiore  Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid 2003.

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