Las nueve musas
Troya 9

La película «Troya» a la luz de Homero y otros autores antiguos

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Troya (Troy, en su versión original en inglés) es una película épica angloamericana dirigida en 2004 por Wolfgang Petersen y la participación de Brad Pitt (como Aquiles Pelida), Eric Bana (Héctor Priámida), Sean Bean (Odiseo de Ítaca), Diane Kruger (Helena de Esparta), Orlando Bloom (Paris Priámida), Peter O’Toole (rey Príamo), solo para citar algunos de sus actores principales.

Aunque en la presentación para el cine dice basarse en la Ilíada de Homero, lo cierto es que incluye además partes de la Odisea, de la Eneida de Virgilio y de otras fuentes antiguas, aunque de manera muy desprolija.

Por de pronto, la Ilíada concluye con los funerales del príncipe Héctor, jefe militar de los troyanos, pues, caído este en combate, era solo cuestión de tiempo que la ciudad cayera también. No olvidemos que Homero canta a gente de ambos lados del mar Egeo y de sus numerosas islas, quienes conocían mucho de esa historia a través de aedos trotamundos o de tradiciones familiares de siglos. El final quedaba sobreentendido, no había necesidad de que el eximio poeta lo volviera a contar.

Sin embargo, la película Troya opta por una versión libre (demasiado libre para mi gusto) pues el guion difiere muchísimo con lo que sabían los antiguos de la historia de la campaña contra Ilión (Troya), que es eso lo que significa la palabra Ilíada.

HOMERO Y LA ILÍADA

Homero nos perfila muy bien en la Ilíada los personajes históricos y sus respectivos anhelos:

  • Helena: Esposa de Menelao, se deja seducir por el príncipe troyano Paris en un hecho más propio de una adolescente que de una reina respetable. Escapa de Esparta con cuantiosos bienes personales.
  • Menelao Atrida: Pretende recuperar a su esposa y también el respeto de los otros reyes aqueos.
  • Agamenón Atrida: General en jefe de todos los ejércitos aqueos contra Troya, hermano del anterior. Es ambicioso y déspota; los hombres bajo su mando no lo aprecian, apenas lo soportan. Aprovecha el escándalo del rapto de su cuñada Helena para convencer a todo el mundo aqueo de hacerle la guerra a la sacra ciudad, con el fin de saquearla y destruirla.
  • Aquiles Pelida: El “eácida”, rey de Ftía y de los mirmidones. El mejor guerrero de los aqueos, busca la gloria y con eso la inmortalidad de su nombre.
  • Ayax Telamón: Rey de Salamina, isla cercana a Atenas. De físico enorme, es el guerrero aqueo más fuerte y hábil después de Aquiles.
  • Patroclo: Hijo de Menecio, amigo de Aquiles y oficial de los mirmidones.
  • Odiseo Laertiada: Rey de Ítaca, isla del mar Jónico, al sudoeste de Grecia. Es el héroe más astuto de los aqueos. Es quien tiene la idea de construir el caballo de madera, detalle que se indica en la Odisea.
  • Néstor Neléyada: Rey de Pilos, ciudad al sudoeste del Peloponeso. El más viejo de los aqueos. Excelente consejero y organizador de las falanges aqueas.
  • Paris Priámida: Llamado también Alejandro. Solo le interesa tener la mujer más bella del mundo conocido, a quien seduce y rapta. No le importa las consecuencias que eso puede acarrear a su familia y a su patria.
  • Héctor Priámida: Hermano del anterior, general en jefe del ejército troyano y de sus aliados. Es el paradigma del patriota, dispuesto a defender hasta la muerte a su familia y a su pueblo.
  • Príamo, hijo de Laomedonte: Rey ecuánime y bondadoso de Troya, padre de Héctor, Paris y varios hijos más. Le da la bienvenida a Helena arriesgando a todo su pueblo tolerando el capricho a su hijo Paris.
  • Briseida, hija de Brises o Briseo: Viuda del rey Mines de Lirneso (ciudad cercana a Tebas Hipoplacia en la Tróade al este del golfo Adramiteno). Fue capturada por Aquiles en el transcurso de la guerra de Troya, y le había sido dada como botín de guerra.
  • Criseida: Hija de Crises, sacerdote de Apolo en el templo de la isla de Ténedos al este del mar Egeo frente a la Tróade. Era prima de Briseida, pues Brises y Crises eran hermanos. También capturada por Aquiles, le había sido dada a Agamenón como botín.
  • Casandra: Hija de Príamo, sacerdotisa de Apolo. Profetiza la caída de Troya, por la desgracia de cobijar a Helena, y advierte que el caballo de madera es una trampa, pero nadie le cree.
  • Andrómaca: Cónyuge de Héctor. Excelente esposa y madre, toda una dama que aguanta con valor las vicisitudes de una guerra.

Más allá de que el historiador Heródoto (Halicarnaso, 484 a.C. – Turios, 425 a.C) haya dudado de que Helena fuera a estar alguna vez en la ciudad de Ilión (Troya), pues razonó que la hubieran devuelto a Menelao antes de soportar un asedio horroroso de diez años (él pensaba que Helena siempre había permanecido en Egipto), tanto la película Troya como Homero en la Ilíada, coinciden en que la guerra fue consecuencia del rapto no resuelto. Pero debe ser en una de las pocas cosas básicas en que están de acuerdo.

UNA PREGUERRA DEMASIADO DUDOSA

La película comienza con un acierto: ubicar las acciones alrededor del año 1200 a.C. La guerra de Troya (en realidad, la segunda guerra, pues según un catálogo de libros de la perdida biblioteca de Alejandría habría habido dos, una cuando Príamo, rey de Ilión, era joven y esta cuando ya era anciano) se ha fijado circa de los años 1194 al 1184 a.C., según el parecer de diversos historiadores y arqueólogos,

Pero, lamentablemente, el sometimiento de los tesalios al rey de hombres, Agamenón Atrida, parece ser puro invento de los guionistas del film. Uno puede consultar cualquier enciclopedia especializada y no va a encontrar los nombres de Triopes, supuesto “rey tesalio”, ni de su campeón, Boagrio. Este último nombre refiere a un río de Beocia, ni siquiera de Tesalia. Tampoco aparece el héroe Boagrio en la mitología griega ni se tiene noticia de un supuesto enfrentamiento individual de este con Aquiles, tal como se muestra en los primeros tramos de la película.

No conformes con este invento, los realizadores del film hacen que el campeón tesalio se presente sin armadura (es más, casi sin ropa) a combatir contra Aquiles que lleva armadura completa. El Pelida termina con el rival en su primer ataque. Boagrio parece más un luchador de catch as catch can que un verdadero guerrero de la edad de bronce (ver figura 1). La escena es muy estética, pero para nada creíble.

Boagrio
Fig. 1. Film Troya. El supuesto campeón tesalio Boagrio enfrentando a Aquiles. Nótese que se presenta al enfrentamiento individual sin armadura, ni siquiera con casco.

En el Catálogo de las naves (Ilíada) figuran algunos contingentes tesalios como aliados de Agamenón (vgr. de Yolcos, Fílace, Feras y Piraso; ver Iliada, rapsodia II, versos 695-715), pero la importante ciudad de Larisa en Tesalia y todos los pelasgos combatieron a favor de los troyanos (II, versos 840-843).

Cabe suponer que Agamenón nunca sometió a los tesalios en su totalidad como sugiere la película (ni tampoco a ninguna parte de ellos): de haberlo hecho habría tenido a su disposición miles de caballos para sus carros de guerra. De hecho, no había un “rey de Tesalia” (como se asegura en el film), pues esta región no estaba unificada bajo un único monarca, sino que se trataba de ciudades-estado como ocurría en el resto del mundo helénico.

Para colmo, las escenas fílmicas referidas a esta supuesta guerra previa entre Agamenón y “el rey de Tesalia” están llenas de errores. Los tesalios utilizan grandes contingentes de infantería al igual que sus rivales argivos y aparecen unos poquísimos oficiales montados a caballo. Todo esto aunque Tesalia era famosa por la cría de caballos y en gran parte llana como para poder maniobrarlos. Solo Agamenón y el rey rival disponen de sendos carros de guerra. Sin embargo, los caballos no son para nada briosos, creo que los animales utilizados en sus carros de reparto por los lecheros que alcancé a conocer en mi infancia tenían más energía que estos “corceles” del film (ver figuras 2 y 3).

Si bien en algunos bajorrelieves de origen arqueológico se ven carros con ruedas de cuatro rayos (también los hay de mayor número), Homero sugiere que poseían ocho rayos al hacer su analogía con los carros divinos (Ilíada, V, 723).

Agamenón
Fig. 2. Film Troya. Agamenón y su auriga en el carro de guerra contra el supuesto “rey de Tesalia”. Nótese que la lanza del carro supera por error el largo de los caballos y estos no son nada briosos.

Los carros de guerra de los antiguos aqueos y troyanos, según Homero, disponían de una lanza muy corta de la que partían los correajes que uncían a los caballos, sujeción para nada ceñida, sino más bien suelta. Esta forma singular de arnés le daba mucha maniobrabilidad al carro, al punto que ser auriga por aquellos años no era oficio para cualquiera: requería habilidad extrema para mantener la verticalidad del carruaje cuando los corceles galopaban al máximo y era necesario un inmediato cambio de frente. En la película, las lanzas de los carros de guerra, por el contrario, superan el largo de los caballos (ver figuras 2 y 3), algo más propio de una pesada carreta de carga que de un rápido carro de combate.

 Triopes
Fig. 3. Film Troya. Triopes supuesto “rey de Tesalia” con su auriga en el carro de guerra. Nótese que la lanza del carro supera por error el largo de los caballos y estos no son nada briosos.

UN TRATADO DE PAZ ALGO DUDOSO

En el film, Héctor y Paris Alejandro, hijos del rey Príamo, van a Esparta para convenir un tratado de paz y en tales circunstancias el menor de los dos hermanos rapta a Helena, esposa de Menelao.

Sin embargo, los versos 288 al 292 de la rapsodia VI de la Ilíada dicen: Mientras tanto bajó ella [Hécuba, madre de Héctor y Paris] al fragante aposento, allí donde / se guardaban los peplos bordados que hicieron las siervas / que se trajo una vez de Sidón el deiforme Alejandro / en el mismo viaje, a través de la mar anchurosa, / en que a Helena se trajo también, la de padres muy nobles.

Es decir, el rapto de Helena, según Homero, fue durante un viaje de negocios realizado por Paris a Sidón (Fenicia), cosa mucho más creíble que en medio de una embajada especial a Esparta para firmar un tratado de paz.

Homero no menciona que Héctor haya viajado con Paris y ambos se hayan traído a Helena en el mismo barco como nos cuenta la película. Eso no tiene ningún sentido. Un hombre tan responsable como Héctor no se hubiera permitido ser cómplice de semejante locura, y mucho menos en oportunidad de una visita diplomática.

Por otra parte, no hay ningún antecedente antiguo que nos hable de algún enfrentamiento previo entre Esparta y Troya que justificara el pretendido tratado de paz.

UNA PTÍA DEMASIADO MARÍTIMA

Ftía o Ptía era una región de Tesalia meridional gobernada por Aquiles, pero la Ilíada sugiere que no tenía acceso al mar, que estaba más bien como “escondida” detrás de montañas. Veamos.

Aquiles enrostra al ambicioso Agamenón las siguientes palabras, haciendo alusión a los troyanos: No han robado mis vacas y no me robaron corceles, / ni en la fértil Ptía jamás mi cosecha arrasaron / pues levántanse muchas montañas umbrosas entre ellos / y nosotros, y entre ambos se extienden las ondas sonoras (I, 154-157). Probablemente, se refiera al monte Otris, que no se encuentra muy cerca del mar.

Sin embargo, en la película, Ptía (Phtia, en inglés) es una especie de promontorio o isla que tiene mar hacia todas partes (ver figura 4).

Ftía
Fig. 4. Film Troya. Ftía en Tesalia meridional. La imagen no se corresponde mucho con lo descrito por Homero en la Ilíada (rapsodia I, versos 154 a 157) .

LAS PRIMERAS ACCIONES DE LA GUERRA CONTRA TROYA

En la película, Aquiles con sus mirmidones toma la costa tróade el primer día de la campaña, algo que no se compadece con la buena táctica, pues los desembarcos siempre se intentan masivos a fin de asegurarse la cabeza de playa con un mínimo de bajas. De paso, lo hace contra la voluntad de Agamenón, el comandante máximo. Esta avanzada prematura del Pelida no aparece en la Ilíada. En esta, tampoco se menciona que haya existido un templo de Apolo en dicha costa egea a unos seis kilómetros de la ciudad de Troya, tal como si se tratara de un templo dedicado a Poseidón.

Y en este templo inventado, a un jefe prudente como Héctor los realizadores de la película lo hacen caer en una emboscada pueril donde muere todo su contingente a manos de Aquiles y sus hombres. Todo esto para justificar un diálogo entre ambos héroes. Rodeado Héctor por los mirmidones, Aquiles no solo no lo toma prisionero ni lo mata, sino que lo deja volver a Troya porque “la guerra comenzará mañana” (sic).

La Ilíada nos dice que quien primero desembarcó en las playas de Troya fue el héroe Protesílao de Fílace, que en cuanto saltó de la nave fue muerto por un dárdano (II, 695-710). No fue Aquiles al frente de sus mirmidones, de ninguna manera, el que primero pisó tierra troyana.

Hay otros errores notables en la película, como el de mostrar una fuerte caballería montada de parte de los troyanos. Si bien al príncipe Héctor se lo llama el domador de caballos (no es al único que se lo apoda así), en la Ilíada no hay tal cosa, solo carros de guerra. La de Troya fue esencialmente una guerra de hoplitas contra hoplitas, es decir de infantería. A esto se agregaba cierta cantidad de carros para conducir a los héroes al combate o bien para facilitar la organización de las falanges de un extremo a otro. Pero no hay sugerencia en el texto de Homero sobre jinetes armados y montados al estilo de los cuerpos de caballería que en tiempos posteriores utilizaran generales como Alejandro Magno (siglo IV a.C) y hasta épocas tan modernas como el siglo XIX o principios del XX de nuestra era.

Creo también que en el film es un error que Agamenón se encuentre a derecha de su auriga mientras “el rey tesalio” está a izquierda del propio, cuando con seguridad habría una costumbre generalizada entre todos los reyes aqueos impuesta como norma protocolar.

Si lo pensamos bien, el ataque de los aqueos a Troya era de esperarse. Raptar a una reina no era poca cosa. En aquel tiempo (y mucho después también), no era como hoy que uno toma un avión hacia cualquier parte del mundo y se queda unas horas de visita para luego tomar otro de regreso. No, los visitantes se alojaban semanas o meses y compartían la mesa del noble que los recibía en su palacio, creándose así un lazo de confianza tal, que bien podría asimilarse al de un padre con un hijo. Insultar esa confianza era violar las normas de hospitalidad del anfitrión, detalle tan caro a la religión olímpica que equivalía a un sacrilegio.

Era de esperar, por ende, la reacción de Menelao, apoyado por su poderoso hermano Agamenón (entre ambos dominaban el Peloponeso). Por otra parte, mercaderes que llegaban a Troya con seguridad debieron comentar que se preparaba una gigantesca alianza aquea para vengar la enorme afrenta.

De ahí que otro error del film es que los civiles dispersos por los campos acudan a refugiarse en la ciudad de Ilión (Troya) entrando por la puerta principal, puerta por donde también sale la caballería troyana para ir a combatir a los invasores aqueos.

Reconozco el gran esfuerzo de los realizadores para dar imágenes estéticas: patriotismo militar por un lado y desesperación civil por el otro. El problema es que desde el punto de vista táctico no son para nada creíbles. En la película, todo parece muy improvisado de parte de los troyanos, pese a que habían tenido tiempo más que suficiente para prepararse. Ninguna fuerza de caballería montada (en el caso de que entonces la hubiese habido, aunque a nadie le consta) saldría al galope a formarse en paralelo delante de la muralla troyana, siendo que el enemigo se encontraba desembarcando todavía a unos seis kilómetros de distancia. Ningún oficial experimentado sometería a los caballos a un agotamiento tras galopes innecesarios; cuanto mucho saldrían siempre al trotecito y en perfecta formación. Un rey prudente como Príamo y un jefe experto como Héctor habrían ordenado con mucha antelación que los civiles del campo debían entrar por puertas distintas a la que usarían los militares en sus salidas contra el enemigo.

De paso, cabe señalar otro error. Las murallas de Troya se levantan sobre un llano demasiado uniforme en la película, cosa que no se compadece con la arqueología del lugar ni con la tradición histórica de la época, que buscaba colinas donde levantar ciudades por un elemental sentido de defensa. A tres cuarto de hora de la película, Héctor ve las naves aqueas en el horizonte desde un balcón de su palacio, no desde las altas torres de vigilancia de la ciudad. En la escena no parece que la costa troyana estuviera a seis kilómetros, como nos asegura la arqueología, sino a mucho menos.

Otro error es que Homero en la Ilíada se la pasa cantando de las negras naves de los aqueos, entre otras la de Aquiles, pero en el film esta nave y muchas otras se ven de color castaño (ver figura 5).

Nave aquea
Fig. 5. Film Troya. Nave aquea. Nótese que no es negra, como dice la Ilíada, sino de color castaño.

UN SACRILEGIO INAUDITO

En la película se comete otro error gravísimo haciéndole decapitar a Aquiles la estatua de Apolo y permitiendo que sus hombres maten a todos los sacerdotes de su templo.

Ningún aqueo habría hecho eso. Apolo por entonces era un dios adorado por muchos helenos. Incluso tenía templos en Delos, en Crisa y en Ténedos, como mínimo. Un hecho como el que se ve en esa escena fílmica habría sido un acto sacrílego, pasible de castigo por parte de su superior, digno del oprobio de su gente y hasta de la maldición de la clase sacerdotal propia.

En la Ilíada, por el contrario, Aquiles aparece como muy respetuoso de Apolo, con temor reverencial hacia ese dios. Incluso es el principal partidario de devolver a la joven Criseida a su padre Crises, sacerdote de esa deidad.

Es más, el respeto religioso de Aquiles en el texto homérico no se limita solo a Apolo, sino que se extiende a todos los dioses. Esto queda confirmado claramente en los versos 216 a 218 de la rapsodia I, cuando el propio héroe declara: “Necesario es, ¡oh, diosa!, acatar vuestras órdenes / todas. Pues sin duda es mejor, aunque mi corazón esté airado; / que benignos se muestran los dioses a quien los acata.”

En cambio, en el film se quiso dar la idea de un Aquiles “superado”, de un tipo que se las sabe todas. Por ejemplo, cuando se pone en sus labios durante su diálogo con Briseida estas palabras: “Sé mucho más de los dioses que tus sacerdotes, yo los he visto”, haciendo obvia referencia a su madre Tetis. Pero todo este escepticismo, pretendidamente ingenioso de los guionistas, olvida que un héroe micénico tenía que ser un ejemplo a seguir por sus subordinados y que el respeto religioso no era un asunto menor.

SOBRE UN PAR DE PRIMAS Y CÓMO NOS AHORRAMOS UNA ACTRIZ BONITA Y UN VIEJO SACERDOTE

La Ilíada nos cuenta (I, 365-369 y II, 688-694) que Aquiles capturó a Briseida en Lirneso al conquistar la ciudad de Tebas Hipoplacia (Tróade); de ninguna manera en un templo costero de las playas egeas troyanas como aparece en el film.

La isla de Ténedos se encuentra frente a la Tróade, hacia el sur, apenas a unos 16 kilómetros de la playa troyana donde atracaron las naves aqueas. Todo esto refiere al actual territorio de Turquía, al noroeste de Asia Menor. De ahí, que la distancia entre Ténedos y el campamento aqueo fuera factible de hacerse a pie en menos de un día. Según la Ilíada (I, 8-32), Crises fue a reclamarle a Agamenón la devolución de su hija Criseida, petición a la que este rey no solo se negó, sino que además lo amenazó de muerte en caso de volverlo a ver por ahí. En su camino de regreso, el sacerdote invoca a Apolo (I, 34-42) y se desata una peste en el campamento aqueo (I, 43-52) que diezma las fuerzas argivas.

En la película Troya, Criseida no existe y Crises tampoco, y Briseida es una virgen sacerdotisa de Apolo (?) que sirve en el templo que los guionistas nos ponen arbitrariamente en las playas egeas muy cercanas a Troya. Porque para inventar sin necesidad, hay que inventar en grande, eso sí.

Y no conforme con esta desviación del texto homérico, en el film se comete otro error mayor: la captura de Briseida ocurre el primer día de la campaña, aunque Homero es muy claro al sugerirnos que Criseida y Briseida fueron capturadas por Aquiles y sus mirmidones ya avanzada la guerra. Según la Ilíada, Aquiles no se niega a luchar desde la noche del primer día de la invasión sino mucho después. De lo contrario, no hubiera tomado y saqueado a Tebas Hipoplacia, por pedido del propio Agamenón durante el curso de la guerra.

Para colmo, en la película, Briseida es prima de los hijos del rey Príamo (así la saluda Paris al encontrarse con ella en ocasión de presentar a Helena a la corte troyana), parentesco que no aparece en ningún texto antiguo. Tampoco Briseida era una doncella, como nos pretende contar el film, sino la joven viuda del rey Mines de Lirneso, según la antigua tradición griega.

La Ilíada nos dice que como consecuencia de la peste desatada en el campamento aqueo, Aquiles reúne en asamblea a todos los jefes (I, 54) y de común acuerdo deciden que Agamenón devuelva a Criseida a su progenitor para aplacar las iras del dios Apolo (I, 141-147). Odiseo se encarga de devolverla sana y salva, sin mediar rescate, ofreciendo un gran holocausto de reses al dios (I, 308-317). Pero luego Agamenón, en un acto de despotismo y perversidad, obliga al jefe de los mirmidones a que le entregue en compensación a Briseida y eso provoca la cólera de Aquiles (I, 345-348). Como resultado, Aquiles decide no participar más con sus soldados en la guerra hasta que le devuelvan a su amada, cuestión bien descrita en las rapsodias I y II de la Ilíada.

En la película Troya, en cambio, al no existir Criseida ni Crises, Agamenón se apodera por puro capricho de Briseida en un acto sin ninguna explicación mayor. De ahí que el texto de Homero tenga mucho más sentido que el de los guionistas.

Rose Byrne
Fig. 6. Rose Byrne

Cabe aclarar que Briseida y Criseida no solo fueron parte de la historia contada por Homero en su poema, sino que después quedaron como arquetipos de la belleza helénica. Briseida era una hermosa joven (I, 323), rubia (II, 689); en tanto que Criseida, una preciosa morocha de tez blanca. En la elección de la actriz morocha que hace de Briseida, la australiana Rose Byrne —que trabaja muy bien, incluso eclipsando el papel de Helena—, por ende se comete otro error fílmico respecto de la tradición literaria griega. Los realizadores ni siquiera se molestaron en teñirla adecuadamente de rubia (ver figuras 6 y 7).

Briseida
Fig. 7. Film Troya. Briseida (Rose Byrne) y Aquiles (Brad Pitt). Como se puede ver, solo Aquiles es rubio, pese a lo que diga la Ilíada.

MUERTES DE HÉROES QUE NO CORRESPONDEN, SEGÚN HOMERO Y OTROS AUTORES ANTIGUOS

En la Ilíada se relata el enfrentamiento individual entre Paris Alejandro (el príncipe que raptó a Helena y dio motivo a la guerra) y Menelao, rey de Esparta, marido de aquella (III, 314-382).

La Ilíada nos cuenta que Menelao desarmó a su rival y lo arrastró por el suelo tomándolo del casco crinado, que la propia correa y el casco ahogaban así al troyano, todo con miras de acabar con su vida (III, 369-372). La correa se corta y Homero poéticamente le da el crédito de esa rotura a la diosa Afrodita (III, 374-375), accidente que aprovecha Paris para escapar y refugiarse en la ciudad.

Los guionistas de la película, en cambio, no se conforman con esa huida cobarde del príncipe troyano, sino que intentan una lucha más dramática que la cantada en la Ilíada, aunque el poema ya de por sí es bastante dramático. Inventan que Menelao hirió a Paris en el muslo izquierdo, hecho que no aparece en la Ilíada ni en ningún otro texto antiguo. Pero omiten que a Menelao se le rompe la espada en cuatro pedazos al golpear el casco del troyano, según el texto homérico (III, 361-363).

En el film tampoco se mide el campo del duelo ni se cumplen los juramentos de práctica (con libaciones y sacrificios) ni se hace comparecer como garantía al rey Príamo ni se sacan suertes de un casco para determinar el orden del lanzamiento de las jabalinas, cuestiones bien detalladas por Homero en esa misma rapsodia III. Y para colmo, lo hacen intervenir a Héctor, que no se entiende por qué está en un campo donde solo debieron quedar los dos contendientes (ver Ilíada, III, 245-325). Y Héctor, violando los juramentos (¡otro acto sacrílego!), mata a Menelao para evitar la muerte inminente de su hermano. Pero esta muerte prematura de Menelao, inventada por los guionistas, no le permitiría entender al espectador cómo cuernos este rey recibirá, ya terminada la guerra, en la ciudad de Esparta a Telémaco, que venía inquiriendo noticias sobre su padre Odiseo, detalle bien descrito en la Odisea de Homero en la rapsodia IV.

No conformes con matar a Menelao, los guionistas nos matan también a Ayax Telamonio o Ayax el Mayor, rey de Salamina, isla cercana a Atenas. En efecto, en el film el príncipe Héctor lo mata en combate, cosa que no aparece en la Ilíada. En la rapsodia VII de este poema, la lucha entre Héctor y Ayax se da a través de otro duelo individual, donde se vuelve a demarcar el campo y a cumplir con los juramentos y ritos de práctica. Los dos campeones no logran sacarse ventaja y esto lleva a decidir la suspensión del combate al avecinarse la noche. Quedan amigos o, al menos, como reconocidos y respetables adversarios uno del otro. Y coronan su amistad intercambiando regalos.

Pero de creerse en la película, el espectador que se interese por las obras de Sófocles, no entenderá cómo pudo escribir este autor su tragedia Ayax, en la que se cuenta que este héroe aqueo, concluida la guerra de Troya y tras un acto de locura porque no le fue concedido el honor de heredar las armas del difunto Aquiles, termina suicidándose con la espada que gentilmente le regalara el troyano Héctor. ¡Así, nos enteramos que un muerto puede suicidarse tranquilamente después de morir en combate!

Casi al final de la película, los guionistas nos matan también al mismísimo Agamenón cuando los aqueos logran penetrar en la ciudad de Troya, tras el ardid del caballo de madera descrito por Homero en la Odisea.

Esta muerte de Agamenón dentro de Troya es ignorada por cuanto texto griego antiguo se quiera consultar. Así que todo espectador interesado en las obras de Esquilo, de Sófocles y de Eurípides no entenderá, en su calidad de lector de estos clásicos, cómo es que la esposa de Agamenón y hermana de Helena, la reina Clitemnestra, logra asesinar a su marido al volver a casa (¿se puede matar a un muerto?, ¡parece que sí!). Ni tampoco entenderá por qué Electra y Orestes, hijos de Agamenón, se toman el trabajo de vengarse de su madre y del usurpador del trono micénico, su tío Egisto, amante de su madre. La muerte de Agamenón a manos de Egisto y Clitemnestra también es relatada por Homero en la Odisea (III, 247-312).

Otro error fílmico evidente es el lugar de la muerte de Aquiles. Los realizadores acertaron en hacerlo morir de un flechazo en el talón, disparado por Paris. Pero se sabe que el héroe cayó en las puertas Esceas, no dentro de la ciudad de Troya.

Durante la evacuación cinematográfica de Troya, Paris se saluda con Eneas como si se tratara de un primo lejano que acaba de conocer, cuando la rapsodia V de la Ilíada nos muestra que era un destacado caudillo dardanio, conocido por todos los troyanos, muy cercano al príncipe Héctor. Según otros textos griegos, Eneas estaba casado con Creúsa, una de las hijas de Príamo, por lo que habría sido cuñado de Paris en vez de primo de este.

En el film, Paris se sale con la suya, se queda con Helena y ambos logran huir quien sabe dónde. Así que todo espectador de la película que luego se interese por la Odisea, no entenderá cómo Helena se sienta muy oronda al lado de su esposo Menelao (que la terminó perdonando) para recibir en palacio al joven Telémaco, hijo de Odiseo, que solicitaba noticias sobre su padre.

Después de ver que en la película mueren Agamenón, Menelao y Ayax Telamónico, tres héroes que llevaban el peso de la guerra, además de Aquiles, uno se pregunta… ¡si no habrán sido los troyanos los que ganaron la guerra y si Homero más todos los autores griegos de la antigüedad nos mintieron descaradamente!

 

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Héctor Zabala

Héctor Zabala

Narrador y ensayista argentino (Villa Ballester, Buenos Aires, 1946).

Dirige la revista literaria Realidades y Ficciones y su suplemento desde 2010.

Fue redactor de la revista literaria Sesam, de la Sociedad de Escritores de General San Martín (2007-2010).

Reside en la ciudad de Buenos Aires.

Ha sido distinguido con varios premios nacionales e internacionales en narrativa corta y fue jurado literario en diversas ocasiones. Ha publicado en 2016 los libros de cuentos “Rollos sacrílegos”, “Unos cuantos cuentos” y “El trotalibros y algunos mitos”. También, en 2016, la obra teatral “Diván en crisis”, en colaboración con Diana Decunto y Alicia Zabala. En 2019 publicó “Pateando tableros, relatos con algo más que ajedrez”. Tiene varios libros pendientes de publicación.

Obras de su autoría han sido publicadas en diversas revistas literarias, como Letralia, Alga, La Bella Varsovia, entre otras.

Es contador público nacional por la Universidad de Buenos Aires (UBA), maestro internacional de ajedrez (IM-ICCF, 1999 y SIM-ICCF, 2001), medalla de plata (ICCF, 2002) y fue el VIII campeón latinoamericano de ajedrez postal (CADAP, 1994).

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