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Luis vidales

Luis Vidales, la pelea por la tierra y la identidad cultural en Colombia

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Luis Vidales nació en una hacienda familiar en Calarcá, Quindío, en los primeros años de Siglo XX. Allí se resguardó la familia durante La Guerra de los Mil Días (1899 – 1902).

No se supo con exactitud la fecha y año de su nacimiento porque registrar el bautismo no fue una prioridad para su padre, Roberto Vidales, ateo y liberal masón por convicción. Luis Vidales muere en 1990 y es reconocido a través de los años como un espíritu transformador de la sociedad colombiana.

Luchó incansablemente por el derecho a la tierra para el campesinado y más tarde cumplió la tarea que no pudo Luis Tejada, su mayor influencia en la etapa juvenil, la de fundar el Partido Comunista Colombiano en 1932. Esto explica el por qué estuvo en la cárcel en 37 ocasiones.

Como intelectual fue un visionario que amplió los niveles del sentido de la poética y la estética a partir de una expresión íntima y urbana que manifiesta la identidad de una colectividad naciente que habitaría los centros urbanos aún por poblarse. Con Suenan timbres (1926) se adelantó a la época y al cauce de las nuevas corrientes y generaciones de rapsodas que narrarían el caos y el desasosiego de las nuevas ciudades.

El gato

El gato se acomoda
en el hueco del sueño.
Lo miro con tristeza
porque dormirse
es lo mismo
que perder un mundo.

Indolente
estila posturas dentro de su forma
como esculpiendo
fugitivas figuras
de gatos.
Oigo el tardo
envolver el ovillo de su música.

Y esto he comprendido.
A la hora en que los gatos duermen
–a fuera– en los tejados
andan las sombras solas.
Gatos negros
que caen de la luna.

(Luis Vidales, Suenan timbres, 1926)

Como se comentó en un inició, nació en un periodo álgido para la consolidación de la república, ya que la guerra fratricida dio paso al proceso de modernización del Estado colombiano en los primeros albores de Siglo XX. Esta fue una experiencia amarga para la sociedad colombiana y para mayor señal determinó el carácter violento de los acontecimientos que se dieron luego.

El inmenso territorio colombiano quedó despoblado, sumido en el hambre y la miseria. Miles de hombres, jóvenes y viejos, vencedores y vencidos, perdieron un ser querido, una mano o una pierna. Y Colombia entera caminaba neurótica, le faltaba el sueño, había perdido el corazón y la cabeza.

La patria boba carecía de un cordón umbilical desde lo sociocultural que se conectara de manera amorosa con el hibrido de estas tierras cálidas. Por el contrario, el patriarca mentía, violaba, extirpaba y dominaba la agreste selva. Así elevaba su voz al cielo proclamando los designios de un mito y una creencia que teme al cuerpo y que ve con sospecha y malicia el sueño cósmico de las comunidades prehispánicas.

La noche

El día es lo más ciudadano que hay. Eso no me lo puede negar nadie. El día tiene gentes y casas y pegados en las cintas vertiginosas de las calles tiene tranvías – coches – autos – etc. – etc. Cualquier día de la semana llámese lunes o sábado – está siempre lleno de ciudades. Pero la noche – ah! caray! – la noche es lo más inculto que se conoce hasta hoy. La noche está bien en los matorrales. La noche – primitiva – selvática – reacia a la civilización – es el último resto de salvajismo en el mundo. ¿No habrá quién colonice la noche?

(Luis Vidales, Antología poética, 2006)

El sueño épico-romántico de Bolívar se había perdido. Costaba caro. Panamá, la última provincia, dimitía y quedaba desmembrada la gran nación bolivariana entre feudos y castas. Los gringos eran los nuevos explotadores y nos quitaron el empréstito del Canal. Los bailarines de Foxtrot llegaron con las argucias de América para los americanos, además, venían de las escuelas de negocios con sus modelos especulativos de la gran manzana. Una especie de… “¡Sálvate a ti mismo!”

Luis Vidales es uno más de esa camada de jóvenes intelectuales que surgían en la ruralidad, con una actitud rebelde ante la tradición decadente impuesta por las taras coloniales. La generación de nuevos colombianos escuchaba con escepticismo los cantos de sirena difundidos por los credos de los partidos políticos tradicionales.

Luis Vidales
Luís Vidales (1926). El Gráfico, Bogotá, núm. 770, 13 de febrero  de 1926, pág. 1 oo8. Fuente. Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de La República (2005)

No obstante, la república incipiente requería de medios para caminar y las guerras civiles de Siglo XIX la mantienen empeñada y por tanto tuvo que entregar al gringo las sabanas y llanuras anegadas del Magdalena donde estos plantaron banano e incentivaron la ganadería de extensión y así domesticaron a los pobladores autóctonos que no entendían un carajo de eso que llaman las gentes privilegiadas desarrollo. Barrancabermeja es buen ejemplo de esto. Esta es una ciudad obrera, un puerto petrolero a orillas del río Magdalena, que valió el exterminio de los Yariguíes. Como se dijo desde un principio, el sueño de libertad cuesta y hemos de pagar nuestra ignominia con más de mil Potosis. La utopía americana no se paga con arreboles. Los bonos del Estado y las concesiones estaban en manos de los experimentados banqueros ingleses. Aún lo están.

Don Luis Vidales estudió en la Escuela de Altos Estudios de París (1926-1929) Ciencias Sociales con énfasis en Economía y regresó al país en protesta, después de la Masacre de las Bananeras (1928), en el periodo de gobierno conservador de Abadía Méndez (1926 – 1930). Regresó para luchar en la trinchera con sus hermanos campesinos, los cuales ya estaban cansados de ser siervos y exigían el derecho a las tierras que cultivaban y que habían poblado durante décadas. Luego este trabajó en las rotativas para difundir ideas de izquierda en un país huérfano y ecléctico.

Nos matamos con odio. Miramos afuera y vemos el promulgado desarrollo social y cultural de los países europeos que entre guerras se matan con odio y a la vez dan muestras humanas de profunda calidad estética y científica. Para Vidales, la estética es la manifestación social del desarrollo cultural de la tecné durante una etapa de tiempo determinado. Las guerras, es decir, las matanzas con odio detonan un sentir, una psiquis, que transforma los viejos ideales de la belleza mariana, llena de pureza inmaculada, forjada por el monoteísmo.

Vidales expresó en 1944:

“Hoy se acepta que estamos en un periodo de transición y que después de la guerra la vida ya no será lo que era antes; pero si nos referimos al mismo fenómeno ya no en el plano político sino en el estético, no falta quien juzgue como ʹfealdadʹ lo que no es otra cosa que el tránsito a una nueva forma de belleza, sin lograr abarcar que la llamada ʹfealdadʹ ha aparecido en la historia de la literatura y el arte siempre que aquel tránsito se presente” (Vidales, 1944).

Las guerras mundiales de Siglo XX mejoraron la capacidad productiva y dieron paso al ideal estético de ostentación tan necesario para la producción indiscriminada de mercancías. Con el Siglo XX vienen y van los manifiestos de todo tipo y toda naturaleza. Es evidente la desazón humana. Se ensalzaron vientos de cambio radioactivo. Aparece la crisis de la razón. El hombre, material orgánico, es tan peligroso para sí y para otras especies como lo puede ser un simio con una pistola. Aún el infinito y el universo, el alfa y el omega, no igualan el ego de este pedazo de estrella.

Luis Vidales
Jaime Caycedo, Manuel Cepeda y Luis Vidales. Fuente. Tomado de Semanario Voz

Siglo XX cambalache, la belleza humana aparece desnuda y desgarrada. Fragmentada y sincrética como el Guernica de Picasso. Y, Colombia, hizo su parte. Atrasada entre caminos de herradura urdió la palabra, alimentó el discurso de las castas y las gestas, pues la gramática, signo del poder letrado, mantuvo una relación estrecha con el colonialismo socarrón de Churchill o un autoritarismo más honesto como el fascismo de Franco, Mussolini y Hitler. Todos estos personajes históricos de occidente eran vistos por las elites locales como representantes del orden y motores del cambio. En la otra orilla, la cosa no pinta mejor. Mao y Stalin aparecen como la cara diabólica del autoritarismo proletario.

Luis Vidales navegó entre ideologías como si fueran mares tempestuosos y sostuvo de manera metódica que el arte era una manifestación social, reflejo del esfuerzo humano durante ciclos de desarrollo sociocultural. Su poética tuvo la capacidad de romper con las taras coloniales pues expresa un sinsentido presente en todos los hombres por igual, quizás este sea un ismo común.

El absorto

Embebido en el diario, tatuado de letras,
una leve caída de otoño
al vuelo de las páginas.
Comprendía la última noticia entre los árboles
en la voz del labriego el paisaje
en el trigal el alfabeto de los campos.
El absorto. Leía
la llamada sideral en la ola,
en el río los pequeños ayeres
y en la entrepiel del rostro
el color de Judas tiñendo conciencias.
Definitivamente, el absorto.
La piedra no dejada de musitar
su estelar procedencia.
Una vez preguntó: ¿de qué árbol será la madera
de la cruz que preside
las fugas del tiempo?
Y oyó la sonrisa de los objetantes.

(Luis Vidales, Antología poética, 2006)

La poesía épica, gramática, idílica, favorecida por el canon cultural hegemónico en el primer cuarto de Siglo XX trató de transitar hacia el modernismo con versos nostálgicos que traen a colación las noches apacibles de la hacienda colonial en un entorno esmaltado por arreboles en el que los terratenientes someten armoniosamente al siervo que es visto al atardecer como un buen salvaje que está cansado y sometido por la labor de los trabajos y los días. Llegada la noche está a punto de adoctrinarse con un bello salmo y si no hay pan, le queda la oración. Este era el anhelo latifundista, sostener “el orden preestablecido”, domesticar ideológicamente el hibrido de nuestras montañas con la suave lírica de sonetos regulares que suenan a bambuco.

Lecturas recomendadas

Vidales, L. (1926). Suenan timbres. Minerva.

Vidales, L. (1944). La estética de nuestro tiempo ICCA

Vidales, L. (1945). Tratado de estética. Biblioteca de Escritores caldenses.

Vidales, L. (1948). La insurrección desplomada. El 9 de abril, su teoría, su praxis. Editorial Iqueima.

Vidales, L. (1973). La circunstancia social en el arte. Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura.

Vidales, L. (1977). Los derechos humanos en los Estados Unidos y en la Unión Soviética, Instituto Cultural Colombo-Soviético.

Vidales, L. (1978). Historia de la estadística en Colombia. DANE.

Vidales, L. (1978). La obreríada. Casa de las Américas.

Vidales, L. (1979). La minería. Ediciones Helika.

Vidales, L. (1982). Obra inédita [Universidad de Los Andes]. Cuadernos de Filosofía y Letras. 5 (3) p. 3 -110.

Vidales, L. (1985). Poemas del abominable hombre del barrio de Las Nieves. Aurora.

Vidales, L. (1985). El libro de los fantasmas. Oveja Negra.

Vidales, L. (1985). Antología poética. Universidad de Antioquia.

Vidales, L. (1986). Cien años de amor a Calarcá. Junta Procentenario 1886-1986,

Vidales, L. (1986). Lo que Quindío le ha aportado a Colombia. Colonización del Quindío y su separación de Caldas. Editorial Kelly.

Vidales, L. (1986). Antología poética. Universidad Externado de Colombia.

Bibliografía recomendada

Pöppel, H. (1994). Tradición y modernidad en Colombia. Universidad de Antioquia

Rodríguez, M. (2005). Los Nuevos entre la tradición y la vanguardia. Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de La República.

Sarmiento, C. (2008). Luis Vidales y la crítica de arte en Colombia. [Maestría en Historia y teoría del arte]. Universidad Nacional de Colombia.

Zuluga, E. (2020). Vidales Jaramillo, Luis Nelson [Diccionario biográfico de las izquierdas latinoamericanas]. Disponible en

(Fotografía de portada: Luis vidales Fotgrafía archivo Semanario Voz

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Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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