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desierto de Marruecos

Khamlia, el pueblo libre. Visitando el desierto de Marruecos

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Los turistas llegan procedentes de cualquier lugar hasta Merzouga, la puerta de entrada del desierto.

El desierto de Erg Chebbi y sus dunas reciben todos los años miles de visitantes, ávidos por perderse entre su arena infinita a bordo de los 4X4, subirse a un dromedario para ver la puesta de sol en la soledad del Sáhara, o dormir en haimas en el desierto.

Merzouga, MarruecosExiste no obstante otra realidad cercana que pasa para muchos desapercibida, llamada Khamlia, el pueblo de los negros.

Khamlia no parece decir nada cuando llegamos hasta su calle principal: sus casas hechas de adobe se confunden con el color de la arena del paisaje; la mezquita que domina el poblado nos parece muy alta, si la comparamos con el resto de casas de una sola planta. Las calles a la hora de nuestra llegada están vacías, pero aquí habitan los gnawis, los descendientes de los descendientes de los esclavos negros del África Subsahariana.

Los pobladores que habitan en Khamlia llegaron desde muchos países del sur; Ghana, Senegal, Mauritania, son algunos de sus orígenes. Hubo una época en la que fueron esclavos de los bereberes, pero los tiempos cambiaron, la esclavitud quedó abolida, pero se crearon fronteras que dificultaban el retorno a los poblados de origen. Por otro lado, el fuerte sentimiento de fraternidad que nació en estas tierras hizo que el deseo de volver desapareciera, y muchos se quedaron de buen grado para formar parte de este pueblo que ahora, incluye también a bereberes e incluso a gnawis árabes.

Los gnawi forman parte de la cultura marroquí por haber traído con sus tambores la música g’naui. gnawi es el nombre que recibe el trance mediante el que se sanaban a los enfermos en el pasado, acompañado de la música. Paralelamente a esta práctica nació la música gnawi. Este tipo de música es autóctona, no sigue reglas o pautas, no está estandarizada. Muchos la denominan también el lamento del esclavo. La música gnawi se toca con los gwembri o laud, las qraqb o castañuelas, y los tbel o tambores. Los músicos van realizando las combinaciones que consideran apropiadas, y los sonidos y bailes salen esporádicamente.

Los visitantes llenan la casa de la música, el único atractivo turístico para muchos. Aquí llegan los extranjeros a escuchar un concierto improvisado donde se canta y baila con los organizadores, sin saber muy bien qué estamos cantando o qué se interpreta. Aunque no importa mucho, el ambiente es tan positivo que todos se unen y forman parte del baile. Solamente un té nos interrumpe nuestros cánticos improvisados, para volver a acercarnos a los músicos gnawis. Finalmente, nos ofrecen su cd, a día de hoy los únicos ingresos de estos músicos y artistas independientes. No reciben ninguna subvención y solamente se mantienen con las propinas recibidas o las ventas de su arte.

KhamliaEn el mes de agosto los músicos gnawis celebran el festival de Khamlia.  El festival intenta reunir a músicos gnawis de todas partes del país, pero lo más importante, intenta reunir su cultura para que sus raíces no queden en el olvido. Durante unos días, los sonidos gnawis romperán el silencio de la tranquila Khamlia, y los visitantes inundarán sus calles. Así, el pueblo que parecía no tener nada que ofrecernos a nuestra llegada tiene la fuerza de reunir a toda una tribu año tras año.

Rosabel Serrano Llopis

Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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