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Agave

El tequila, un regalo de la diosa Mayahuel

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El tequila es una bebida de origen mexicano que se ha posicionado a nivel mundial gracias a su versatilidad, fuerza y sabor, características que le otorgan un prestigio similar al del whisky, el vodka, el ron, el brandy y el coñac.

Sus antecedentes se remontan a la época prehispánica, cuando los indígenas del occidente de México utilizaban el agave azul (agave tequilana) —planta de origen del mezcal y del tequila— para la elaboración de techumbres, cuerdas, agujas, papel y combustible.

El tequila, un regalo de la diosa MayahuelDe acuerdo con la leyenda de la región, un grupo de indígenas se refugiaba de una tormenta en el interior de una cueva. Afuera, un rayo cayó sobre unos agaves, los cuales comenzaron a arder. Horas más tarde, entre los restos de las plantas apareció una especie de miel de atractivo olor y dulce sabor. Uno de los indígenas extrajo el jugo de la planta quemada y, días después, vio que éste había fermentado; entonces separó la espuma, bebió el líquido sobrante y descubrió que al beberlo transformaba su carácter, suceso que consideró como un regalo de Mayahuel, diosa de la fertilidad. Por ello la bebida fue consagrada exclusivamente a eventos religiosos y festividades.

A partir de la llegada de los españoles, la bebida comenzó a ser producida con técnicas europeas de destilación, proceso que fue perfeccionándose con el paso de los años. En la actualidad son decenas las casas tequileras que producen el tequila y lo comercializan en México y el mundo. Algunas de las más antiguas y reconocidas son José Cuervo, Don Julio, Corralejo, Herradura y Sauza, así que si encuentras alguna botella de estas marcas por ahí, no dudes en comprarla.

En 2006 la UNESCO decretó al paisaje agavero mexicano como Patrimonio Mundial de la Humanidad. El estado de Jalisco es el principal y más reconocido productor de tequila, bebida con la “Denominación de origen” que indica que sólo puede ser producida en zonas legalmente autorizadas. Un buen tequila —ya sea blanco, joven, reposado o añejo— es aquel cuya etiqueta dice “100% agave” (no confundir con “Destilado”, “Licor” o “100% Tequila”).

La forma tradicional de beber el tequila es en un vaso pequeño conocido como “caballito”, acompañado −no necesariamente− de medio limón (lima) escarchado con sal. Debe degustarse despacio, poco a poco, para disfrutar su esencia, sobre todo en el caso de los reposados. Si se prefiere mezclado o en cocktail, es preferible un tequila blanco o joven, económico. Los conocedores de abolengo consideran un sacrilegio mezclar un buen tequila, no obstante su indiscutible versatilidad y aceptación en la coctelería contemporánea.

Comparto un par de recetas.

Charro NegroCharro Negro

Ingredientes:

Hielo en cubos

1 medida de tequila

1 limón

1 pizca de sal (opcional)

Refresco de cola

En un vaso alto con hielo agregar el tequila, el jugo de medio limón y la sal; rellenar con el refresco de cola. Remover con un mezclador y adornar con la rodaja de limón.

El tequila, un regalo de la diosa Mayahuel 

Acapulco de noche

Ingredientes:

1 medida de tequila reposado

½ medida de ron blanco

Jugo de naranja (cantidad necesaria)

Hielo en cubos

1 rodaja de naranja

1 cucharada de azúcar

Verter el tequila en una coctelera, si se tomará simplemente frío, o en la licuadora, si se prefiere frappé, junto con el ron, el jugo de naranja y los cubos de hielo. Agitar muy bien o licuar, según sea el caso. Servir en una copa de Martini escarchada con jugo de naranja y azúcar. Decorar con la rodaja de naranja.

Will Rodríguez

Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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