Las nueve musas
Jorge guillen
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Jorge Guillén, cierra su libro “Cántico, fe de vida”, cuarta edición, primera completa (334 poemas) Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1950, con este poema y clausura su ciclo de existencialismo jubiloso.

Rebajas

Las circunstancias le llevan a un estar esencial que de continuo resiste, persiste. Del aquel “Más allá”, que sirve de prólogo, pasa a un ser en fusión con el mundo que equivale a un estar, porque se es parte.

Se inicia con esta cita de Federico García Lorca:

Lo demás es lo otro: viento triste,
mientras las hojas huyen en bandadas  

 Perteneciente a la “Casida de la mano imposible”, Diván de Tamarit, 1936, fecha y versos premonitorios.  El texto se divide  en seis cuadros, a modo de romance de ciegos, compuesto por versos octosílabos de rima asonante en ó-o, distribuidos en cuartetas, excepto la primera y la última estampas. Carácter narrativo, el poeta se sitúa en una plaza y desde ella muestra, argumenta, combate. Estar es ahora resistir…

Los dos versos de la casida de García Lorca, el poeta y el amigo, asesinado, anuncian ya el contenido, viento triste y esa hojas que huyen en desbandada, Si se compara con el primer poema: “Más Allá”, pleno de luz y de esperanza,  el nuevo mundo que comienza con el despertar. Ahora asistimos no a la derrota, pero si a la resistencia, de ahí el título cara a cara, ha llegado el momento de afrontar la realidad, mantener los principios, todo ello requiere nuestra voluntad. No ha cambiado la actitud del poeta, por el contrario, pese a que la historia, las circunstancias podrían hacernos pensar que todo está perdido, el poeta defiende su ser frente al enemigo, un enemigo cuya cara le va a ser conocida, alguien que ejerce una represión global que comprende todos los órdenes de vida, de ahí su maldad. Del amanecer hemos pasado al ocaso.

En la primera viñeta, presenta la vista de una ciudad bajo nubarrones, principio de tormenta, cuando los colores se van apagando, la hora corresponde al atardecer, como si el poema, después de tantas cirucunstancias, cerrase el día de la vida del hombre y su “Cántico”. Hemos asistido al descubrimiento de las cosas que, al despertar, el hombre reconoce, cuyo efecto, serena. Ahora, estamos ante  la presencia de seres metafóricos y agresivos, paisaje de tormenta: el tigre acecha de tal modo que el círculo de agresión general cierra el coso. La agresión general alude a una dictadura de alcance desconocido, impreciso, ignoramos si se trata de una situación determinada, la que transcurre en España por esos años o comprende todas las dictaduras que se dan en el mundo.

El que “General” se sitúe al comienzo del verso inclina a pensar que se refiere al General Franco, así como el término “coso”, referencia taurina que nos remite directamente a España. En estos cuatro primeros versos se nos presenta el tigre que representa el poder, lo imprevisible y el miedo selvático, un poder que crea su propio espacio sobre el que domina. El cielo de ese espacio es también múltiple, bárbaro y lóbrego. Contribuye a formar esa sombra que todo lo cubre, sombra de plomo, que alude a un poder nacido de las armas.

La luz está oculta por las nubes, colocan bajo su sombra los puntos más altos: torres y cimborrios. Hay un momento de esperanza, el chopo, presencia de la naturaleza. Esta escena de troncos ahumados considera Orestes Macrí en su libro La obra poética de Jorge Guillén, que se trata de una alusión directa al Guernica de Picasso y al proceso compositivo de Poeta de Nueva York de Lorca: Derrama en el día golfos/ De una oscuridad que pide/ Luz urgente socorro.  Más directa alusión al Guernica esas lámparas que recogen en sus conos.

 Si fuese así, es verdad que estamos lejos de aquel principio: Esto es cal, esto es mimbre. La realidad es ahora más compleja, enriquecida por elementos artísticos, ya no es una toma directa, sino que se basa en las diversas interpretaciones que se han hecho de esta realidad. Si pensamos en la batalla de Waterloo hay una diferencia fundamental entre la visión de Víctor Hugo en Los Miserables, que correspondería a la del general que desde arriba contempla todos los movimientos de tropas y la presentación irónica de Stendhal en La cartuja de Parma, propia del improvisado soldado que es Fabricio, ya que desconoce si ha sido una batalla lo que ha vivido. Traslademos estas interpretaciones a la comprensión de la realidad en este último poema y quizá puedan sernos útiles.

Los términos son ahora negativos: desolación, anónimo, hostil, tedio, hoyos, asfixia, fosca, enemigo, sugieren un paisaje de guerra, la ruina tras la batalla. Los dioses han abandonado al hombre. Los versos finales de esta sección, resumen un paisaje en el que toda belleza y serenidad han desaparecido. Ahora ese agresor, el supremo dictador va rodeando todo. No obstante, el poeta, le hará frente: Yo no cedo.  

En el cuadro segundo, aunque sigue presente el yo del poeta, el protagonista será colectivo: muchedumbre, los unos y los otros, masa, víctimas, lomos, bulla, corro, los cansados. Términos que, a primera vista, indican este cambio.

La primera cuarteta presenta una manifiesta ambigüedad, la palabra muchedumbre puede hacer referencia a conjunto de hombres y mujeres dolientes, como también sólo cantidad de errores, enmarcados por una personificación. Si es así, el poeta se suma a cualquiera de estas dos posibles interpretaciones. En su rostro muestra las mismas marcas que delatan a los otros.

La segunda cuarteta parece referirse a la extraña convivencia que se impuso en la posguerra bajo la dictadura, esa extraña confusión de los unos y los otros, lo que Unamuno llamó: los hunos y los otros. La dictadura no se conforma con vencer al enemigo, sino que ha de humillarlo hasta que se convierta en cómplice, si quiere sobrevivir. Lo formula con claridad: Esos cómplices enlaces/ De las víctimas y el ogro. Está denunciando las consecuencias de una guerra civil.

La siguiente estrofa describe a las víctimas valiéndose de la sinécdoque de lomos, vocablo con el que en nuestra lengua referimos al trabajador, se suele decir que uno está deslomado, cuando el cansancio le ha llevado al agotamiento. Estos lomos se identifican como país, país de esclavos, y también con esos dos adjetivos que precisan su localización en un trabajo de campesinos, polvoriento, populoso…

La siguiente presenta a la clase directiva, en una enumeración de elementos que culminan con esos morros húmedos de animal cínicamente velloso. Más próximo a una caricatura esperpéntica. La estrofa que cierra esta descripción sociológica se completa con la falsificación de la historia que se va a llevar a cabo, esa transformación nominativa que impuso una nomenclatura en la que predominaron los nombres emblemáticos de nuestra historia y todo quedó transformado por aquella escolástica confusa en la que los sustantivos perdieron su identidad. De ahí el esfuerzo de algunos poetas por recuperar los elementos primarios de nuestro país, hay que recuperar la semántica. Queda claramente expuesto en esa confabulación que envuelve en el mismo rojo de una iracundia común al paladín con el monstruo…

 ¿Por qué esos puntos suspensivos? Los repite cuatro veces, procedimiento que apenas ha utilizado a lo largo de Cántico. ¿Trata de conectar con el lector? Puede que quiera decir cosas sobrentendidas, no hacer un inventario de elementos que caractericen ese mal de las dictaduras. Expresiva esa palidez de la cal en los calabozos, por el uso, la falta de higiene. Congoja, extenuación y monótonos, son las propiedades del calabozo. El aire, elemento fundamental de la respiración, de la comunicación, todo ello a partir de los cerrojos, por su ausencia se convierte en soliloquio amargo.

Ahora se refiere a las esperanzas en un más allá, cuando el hombre sueña con reposar, cuando, cansado de este mundo, piensa en los distintos paraísos, para liberarse del otoño permanente en que estas circunstancias le tienen sumido. El poeta, finalmente, tras considerar esas negaciones que le cercan, pese a todo, aceptado que ¡Imperen mal y dolor!, declara su testimonio vital: No cedo, no me abandono.

El tercer cuadro despliega una defensa de la íntima libertad. Se opone al apasionamiento de un amor, al paraíso de un apóstol, ambos hijos de un exceso de credibilidad, canto de sirenas, aparente salvación que le encerrarán en un foso, apresándolo, eliminando su capacidad crítica. Por otra parte, si el mundo se fragmentase y, sus astillas se le clavasen, sufriese otra guerra, el poeta, consciente de esta realidad, tiene fe en que, al menos la tierra que pisa, le sostendrá.  Siempre encontrará La paz de un islote propio, Nadie podrá arrebatarle esa libertad, la libertad de impresión no de imprenta. El yo afirma que nada, ni nadie anulará este tesoro.

La estampa cuarta, amplía este panorama apocalíptico donde el ser humano puede ser despojado de todo aquello que le ha mantenido, muestra un paisaje de desolación y lo hace a través de sucesivas hipótesis catastrofistas: El dolor que le produce el mundo, el paso del tiempo, la ausencia de color. Tras esta visión, se pregunta si sentiría vencido, a lo que responde que no, porque ahí está cara a cara, No me escondo, sigo en mis trece, Ni cedo ni cederé, siempre atónito.

 En la quinta, adquiere un tono profético que anuncia la reaparición de la maldad, quebrantarán su serenidad, pero a todo este ruido de la historia que pretende romper su equilibrio, el poeta enfrenta otra música, que yace bajo el embrollo: frente a la contingencia, la esencia. Hay algo que, aunque oculto, permanece, especie de intrahistoria cuya ética sostiene ciertas voluntades, y por supuesto, en este caso, al poeta. Contra el desbarajuste, ese chirriar de la historia, el silencio, algo así como la claridad que ilumina las zonas oscuras en las que nos ha instalado la costumbre, la rutina. Una luz que redime, instante que pone las cosas en su punto y aleja los fantasmas. Inteligencia ética que es definida por Guillén con estos versos: Entre tantos accidentes/ Las esencias reconozco,/ Profundas hasta su fábula./ No más real que el oro.

 Los versos que siguen, enmarcados por Así sueño, refieren a modo de utopía la continuidad de su actitud contraria a los embelecos con que quiere disfrazarse la realidad. Esta sección se resume en la cuarteta final, considerando que el poeta no está encerrado en torre de marfil alguna, por el contrario es un atento observador, pues a través del cristal está al tanto de la historia. Claramente dice: A ningún rico refugio me acojo. Por el contrario la defensa de su identidad reside en esa ventana desde la que ve el mundo, es decir su sentido crítico de la realidad, el análisis de todo lo que le rodea.

La sexta y última sección plantea el problema del mal.  Entre tanto ¿Qué ha sido de él? Condenado a desordenar, con cara torva, palpita en los horóscopos. Como si no temiese a lo invisible, como si todo lo que da la cara se pudiese afrontar, Guillén acepta que cerque, que rompa como el oleaje en sus escollos, y que todas sus contracciones le lleven al centro, la verdad. Esta aceptación de la realidad tal como es, le lleva por su propia fatalidad a comprender que estas convulsiones son las que procuran su bien. La tensión es la que le mantiene vivo.

El arroyo revuelto que es la vida, le lleva a la esencia, que califica como: Virtud radiante, negocio/ De afirmación, realidad/ Inmortal y su alborozo.

Consolida argumentalmente su actitud cuando afirma que: Para el hombre es la hermosura./ Con la luz me perfecciono. No se trata de un juego ingenioso, un mero artificio de palabras, sino que, al ser esa su palabra, va a luchar por mantenerla, razón por la que dice: No soy nadie, no soy nada/ Pero soy –con unos hombros/ Que resisten y sostienen

 Porque definitivamente lo que importa es asistir a este mundo tal como se afirma en el poema “Más allá”, dispuesto para el conocimiento, para la admiración, para el asombro. Es lo que mantiene al hombre, lo que permite este cara a cara. Si el poeta contempla el mundo con esos ojos,  mantendrá a salvo nuestra identidad:

Mientras se agrandan los ojos
Admirando cómo el mundo
Se tiende fresco al asombro.

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JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

José Luis Martínez Valero

José Luis Martínez Valero. Águilas, 1941

Catedrático de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas.

Ha publicado: Poesía (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007) Plaza de Belluga (2009) El escritor y su paisaje (2009) Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019), Otoño en Babel (2022).

Ha coordinado el ciclo de Poesía en el Archivo (2007, 2008 y 2009).

Guionista en los documentales: Miguel Espinosa y Jorge Guillén en Murcia.
Aguafuertista e ilustrador.

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