A ellas tres, obvio.
Somos amigas desde los últimos grados de la primaria. A ella, a Susana, la sumamos un poco después… recién comenzando la secundaria. Reamigas. De chicas nos veíamos a diario. Después, un poco menos. Y cuando nacieron los chicos, en fechas especiales. Pero estamos ahí, siempre listas, como chica scout. Sin invadirnos pero dejando muy en claro que acá estamos.
¿Quién “se hizo señorita” primero?
Raquel
¿Quién se puso de novia antes?
Gabriela
¿Quién se casó primero? ¿y después? ¿y después…?
Gabriela, Susana, Raquel y yo. En ese orden. Yo, última, porque estaba en la facultad y quería terminar de estudiar.
¿Quién se convirtió en madre antes?
Fueron Gabriela y Raquel, y Susana, que tuvo algunos inconvenientes para…, y fui yo; estuvimos casi en consonancia en el puerperio. Nacía un bebé y un nuevo bebé nacía. En el juego infantil de las amigas, primero y en el sueño de mujeres jóvenes, después se fueron cumpliendo los deseos y de ser cuatro amigas fuimos cuatro amigas madres de muchos chicos. Ellos se conocen pero no son amigos y eso nos deja libre un espacio, un buen espacio de intimidad: cuando estamos juntas somos eso: cuatro mujeres amigas que se reúnen como amigas porque son amigas.
La noticia nos llegó de golpe, como un golpe. Susana está enferma y no sabemos qué hacer ni qué decir.
Ahora empieza otra competencia.








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