Las nueve musas
Carlos Javier Cebrian

La danza de la incertidumbre y la alegría

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REFLEXIONES DE CARLOS JAVIER CEBRIÁN SOBRE LA VIDA Y LA ESCRITURA

Mi amigo Carlos Javier Cebrián nació en Salies de Bearn, Pau, Francia, 1965, y reside en Elche desde 1975. Es un hombre polifacético: editor, diseñador gráfico, reconocido gestor y animador cultural.

Coordina para la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Elche el ciclo titulado La dignidad de la palabra, que cuenta con invitados de reconocido prestigio en el panorama literario nacional. Además, es poeta y escritor. En las pulsaciones literarias de su obra escrita adquieren forma diversas estrategias expresivas, en las que destaca su labor fluida con la poesía. Ha publicado los siguientes poemarios: Poemas de lluvia y alquitrán (1987), Heroína (1991), Humo que se va (1999), Celebración del milagro (2005), Estragos (2012), Bagatelas (2016), Vida de poeta (2018) y Maneras distintas de amar (o des-amar) (2020). Muy pronto, verá la luz su nuevo poemario.

También ha ejercido la ficción en prosa con textos como Las noches de marzo (1989) y De belleza perezosa (2000). Además, es un estimable y experimentado articulista. Colaboró en el diario Noticias de Elche con una columna bajo el título de Cosas mínimas entre 2004 y 2006, retomando dicha actividad en 2008. Este mismo año ha recogido esas columnas en un libro no venal, publicado por Ediciones Frutos del Tiempo, con el título original Cosas mínimas y el subtítulo añadido Artículos y autorretratos, con prólogo de Francisco Gómez. También este año, en la colección La dignidad de la palabra de la editorial ilicitana Frutos del Tiempo, ha publicado un volumen que recoge dos libros: Ejercicios de incertidumbre / La alegría de vivir, prologados por Javier Puig y por Natxo Vidal, respectivamente.

Ejercicios de incertidumbre / La alegría de vivir

Estoy de acuerdo con el poeta y ensayista Juan Carlos Lozano, quien en un atinado artículo publicado en la revista El coloquio de los perros afirma que «Pese a tratarse de dos libros, el análisis ha de ser conjunto. Quizás el tono, por las circunstancias, sea distinto, pero los temas tratados son coincidentes. Si me preguntan de qué va el libro de mi amigo, no dudaría en responder: “va de la vida”. Desde su entorno más cercano, Javier nos habla del discurrir de la vida, transitando carreteras secundarias. Los hay que nos sentimos más cómodos y seguros yendo sin prisas hacia el horizonte y mirando el paisaje a cada lado. No nos van las autopistas de peaje y la posteridad nos trae sin cuidado».

Se trata de un libro híbrido que reúne dos series de textos publicados en la web Frutos del Tiempo. La primera, Ejercicios de incertidumbre (treinta y una entradas), vio la luz en septiembre de 2019 y concluyó un año después. La segunda serie, que consta de veinte apartados, comenzó a publicarse en febrero de 2021 y finalizó a finales de 2022. He señalado el carácter híbrido de los textos porque su escritura caleidoscópica no se ajusta a un género específico, fluyendo por cauces narrativos, ensayísticos, líricos y filosóficos. De este modo, podemos leerlos como unas memorias fragmentadas, un diario sui generis, un conjunto de ensayos e incluso como una reunión de prosas líricas. Nuestro autor se sitúa en la encrucijada de los géneros literarios. El libro nos presenta la realidad desde múltiples ángulos de pensamiento y lenguaje, ajenos a cualquier enfoque genérico exclusivo, sin que por ello se resienta la coherencia del discurso fragmentado.

Ejercicios de incertidumbre / La alegría de vivir se presenta no solo como una obra literaria, sino como un viaje personal e introspectivo que refleja las experiencias vitales del autor y su profunda conexión con el arte de escribir. Este libro se convierte en un poderoso testimonio de cómo la vida y la creación literaria se entrelazan, invitando al lector a explorar sus propios desafíos, alegrías y reflexiones a través de la escritura y el pensamiento crítico. Sin renunciar a lo cotidiano, lo convencional y lo mínimo (de hecho, “El calor de las cosas mínimas” es el título de una de las entradas de Ejercicios de incertidumbre), Javier nos ofrece, embriagado de lucidez, una representación en carne viva de su ser más íntimo y, al mismo tiempo, más desconocido.

Javier, Carlos Javier Cebrián, reconocido tanto por su poesía precisa como por su habilidad para captar la esencia de lo mínimo, nos ofrece en este volumen una estructura innovadora y envolvente. El libro está editado, como decía en un formato singular, como dos libros en uno, cada uno con su propio prólogo y numeración. Esta disposición refuerza la idea de que la escritura puede abordarse desde múltiples perspectivas, cada una con su propio valor y significado.

La pasión por el lenguaje y el sesgo unamuniano

Javier no recurre a un lenguaje proposicional; lo que realmente le interesa es el lenguaje apostrofante, interrogativo, que no renuncia a la duda, y cuando nos habla de verdades, estas son provisionales, pues en ningún momento trata de apropiarse de la verdad. De ahí que dejar constancia de la incertidumbre sea la única certeza desde la que articula su discurso. Ejercicios de incertidumbre, escrito antes y durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19, refleja un período de inestabilidad y transformación en la vida del autor, marcado también por una ruptura de pareja y la pérdida de su hogar, lo que se convierte en una metáfora del proceso creativo y de la vida misma.

Nuestro autor logra conciliar sus necesidades intelectuales con las afectivas y volitivas, mostrando cómo la escritura puede ser un refugio, un medio para reconstruir y reimaginar la propia existencia. En su prosa se percibe un cierto sesgo unamuniano, en el que la fe sin sombra de incertidumbre es estúpida, y la incredulidad sin sombra de duda, también. Este doble volumen, desde una exposición clara y un pensamiento lúdico, espontáneo, tierno y apasionado, refleja un sentimiento trágico que surge de esa lucha entre la razón insuficiente y la voluntad creadora de fe y poesía.

La influencia de Montaigne: La escritura como exploración personal

Una de las influencias más notables en la escritura de Javier Cebrián, especialmente en estos dos libros, es la de Michel de Montaigne, el célebre ensayista francés. Al igual que Montaigne, Javier utiliza la escritura como una herramienta para explorar su propio ser y el mundo que lo rodea. Montaigne, con su estilo introspectivo y su inclinación por el autoanálisis, inspiró a Cebrián a adoptar una actitud de curiosidad hacia la vida, donde cada reflexión es una oportunidad para conocerse mejor.

En Ejercicios de incertidumbre, la influencia de Montaigne se manifiesta en la forma en que Javier Cebrián aborda sus dudas y miedos, utilizando la escritura no como un medio para resolverlos, sino como un espacio para convivir con ellos. El pensador francés decía que «no he hecho mi libro más de lo que mi libro me ha hecho a mí», y en cierto modo, esta frase resuena en la obra que nos ocupa, donde el acto de escribir se convierte en una forma de autoafirmación y de reconciliación con su propio desarraigo. Al igual que su admirado filósofo, Javier no busca ofrecer respuestas definitivas; en su lugar, se sumerge en las preguntas, en los vaivenes de la existencia, aceptando que la única certeza es la incerteza misma.

En La alegría de escribir, la influencia montaigneana también se refleja en la celebración de la escritura como un acto vitalista y de autoconocimiento. Montaigne veía en la escritura una forma de conversar consigo mismo, de entablar un diálogo interior que le permitía explorar sus pensamientos y emociones. Javier Cebrián sigue esta tradición, utilizando la escritura como un medio para captar los matices de la vida, para transformar lo cotidiano en un motivo de reflexión profunda. La escritura, para Javier, es una aventura, un espacio donde se permite explorar su mundo interior con la misma libertad y franqueza que el autor francés empleaba en sus ensayos.

La escritura como celebración de la vida

Sin embargo, a pesar de la presencia de esta lucha interna, Javier no se posiciona como un escritor atormentado. Al contrario, celebra el acto de la escritura como un medio consolador y festivo, como lo deja claro en el título del segundo libro: La alegría de escribir. En este volumen, inspirado por la poeta polaca Wisława Szymborska, el autor se enfrenta al nihilismo y la intolerancia, se pronuncia a favor de la vida y la rebeldía, desde una libertad intempestiva, sentimental y beligerante. Sus textos están impregnados de una sensación de transitoriedad y búsqueda y comparten con Nietzsche la articulación poético-dionisiaca de una filosofía centrada en la «sabiduría de los sentidos», como única vía de escape de los cepos metafísicos en los queda atrapado el pensamiento.

El discurso avanza en lugar de concluir; es incompleto, irregular y abierto, como la existencia misma. Javier no aspira a ser un virtuoso ni busca la ambición fáustica de saberlo todo, aunque no renuncia a que el lógos se haga presente en palabra y pensamiento. Cuando habla del miedo, de su propio miedo, o alude al llanto al que es propenso, no resulta pusilánime ni patético. Del mismo modo, cuando aborda temas trascendentales como lo que nos espera después de la muerte, el horror vacui ante el Infinito o el alma, huye de las posturas solemnes y se refugia en el inestable cobijo de la incertidumbre.

En este sentido, su escritura refleja una constante celebración de la vida, incluso cuando esta le ha dado motivos para el pesimismo y la insatisfacción. Como él mismo expresa: «Eso es lo que hago yo, vivir en la incertidumbre, quizás vivir en la incertidumbre de este tiempo que me ha tocado vivir, mi vida». Esta actitud vitalista, que enfrenta con valentía las dudas y miedos, se plasma en una prosa llena de claroscuros, con una sustancia vital propia que, en ocasiones, se desfigura deliberadamente para mostrar la complejidad y la profundidad de la experiencia humana. Nuestro autor ama y humaniza la vida, sin perder de vista la muerte. Vida y muerte están entrelazadas en muchos de los textos de este volumen, pues la muerte es una realidad que le genera temor, recelo y atracción. A veces se siente desorientado y, en otras, se entrega a una comprensión intensa que, a la postre, puede resultar en incomprensión. Su fe en la vida me recuerda a un aforismo de Rafael Argullol: «Saber vivir está por encima de cualquier saber», que podría ser la sinopsis reducida a la mínima expresión de este volumen doble.

La dimensión cultural. el humor y la trascendencia del saber vivir en la obra de Javier Cebrián

En ambos libros asoma un inteligente sentido del humor, especialmente cuando el autor nos habla del amor y el desamor, o de los paseos con su entrañable madre, Miss Pepita (deliciosos son los diálogos entre madre e hijo) o nos cuenta algunos pasajes de su anecdotario personal. La prosa es triste, nostálgica, a la vez que jocosa, y nos hace disfrutar de una erudición asordinada. En estos textos abundan las referencias literarias, filosóficas, políticas y antropológicas, así como alusiones a películas, cantantes, grupos musicales, entre otros. El autor también nos cuenta sus bloqueos en la escritura, de su pasión por el fútbol, una de sus grandes aficiones, de los libros que ha escrito y los que están por escribir, y no pierde la oportunidad de hacer guiños continuos a sus amigos. Todo ello fluye con admirable naturalidad, sin artificios ni alardes pretenciosos.

El tratamiento de lo cotidiano, trufado por lo cultural, es uno de los aspectos más atractivos de esta escritura, que logra integrar lo íntimo y lo universal en un mismo plano narrativo.

Como bien señala Javier Puig en el prólogo de Ejercicios de incertidumbre, «estos textos transidos de melancolía tienen un carácter fundamentalmente confesional, como lo tiene también, por otra parte, la producción poética del autor. (…) El tono predominante es el de una modestia que no excluye la brillantez. Desde una prosa sencilla explora, pausada, en diversos grados emotiva, busca, sin pretender dar lecciones a nadie más que a sí mismo, lo que podría ser didáctico, lo que sirve para enmascarar el propio solipsismo -concepto al que se refiere a menudo como relevante y peligroso retrato de sí mismo- en un ámbito humano más general, en una hermandad con aquellos que han sufrido parecidas congojas y las han expresado a partir de sus propias indagaciones». Javier Cebrián escribe con una claridad meridiana, sigilosa, agridulce, y esposada con la insignificancia; pero esto no excluye la profundidad ni la complejidad. A veces, su discurso puede parecer ligero o liviano, pero estas son solo apariencias a primera vista. Si indagamos en los textos de ambos libros, nos encontraremos con numerosos y sorprendentes hallazgos, así como una profunda carga de pensamiento bien asentado, expresado a través de la ironía y el humor.

Por su parte, Natxo Vidal afirma en el prólogo de La alegría de escribir: «Javier va dejando, a lo largo del libro, frases memorables, aquí y allá, salpicando de genialidad un texto que, ya de por sí, está lleno (…) de erudición y conocimiento. Es verdad que algunas de esas frases no son del todo suyas, o solo en parte, pero no importa. Importa cómo las pone. Cómo. Para decir qué». Y es que Javier Cebrián inserta las citas o las frases recreadas en el texto como puntos de reflexión que enriquecen la lectura y amplían sus horizontes formales e interpretativos.

Por último, cabe señalar que a algunos lectores les podría parecer irrelevante (o incluso una muestra de jactancia) la inserción, al final de cada uno de los textos que conforman este volumen, de notas a pie de página que explican datos conocidos o fáciles de localizar en internet. Sin embargo, estas notas no responden a un culturalismo exhibicionista y frívolo; más bien, buscan ser un humilde ejercicio de pedagogía. Javier desea que sus textos lleguen a lectores que no necesariamente sean literatos ni eruditos, y solo pretende facilitarles la comprensión, arrojando un poco de luz sobre las citas y sus autores.

En resumen, Ejercicios de incertidumbre / La alegría de escribir es más que un libro sobre escritura; es un reflejo de la vida del autor, un compañero indispensable para quienes buscan en la literatura un espacio de reflexión y conexión entre el arte de escribir y la experiencia vital.

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José Luis Zerón Huguet

Nace en Orihuela el 28 de octubre de 1965.

Trabajó cuatro años (1987-90) como redactor de la Vega Baja en el Periódico de Elche, y dos (89-90) como corresponsal del diario ABC. Asimismo colaboró ocasionalmente con el diario alicantino Información y en el periódico digital Minuto Cero y regularmente en la revista digital Galla Ciencia.

Actualmente colabora con asiduidad en el blog literario Frutos del tiempo y es coordinador de los ciclos encuentros con la Poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. Fue fundador y director de la revista sociocultural La Lucerna y fundó y codirigió la revista de creación Empireuma y presidió la Asociación Cultural Ediciones Empireuma, que publicó más de quince libros.

Su actividad cultural es diversa: ha escrito prólogos, pronunciado y promovido conferencias, y participado en numerosas mesas redondas presentaciones de libros y exposiciones de pintura. Ha sido jurado en varios concursos literarios de ámbito nacional e internacional. Con Manuel García Pérez escribió el guión del espectáculo audiovisual Esquirlas de luna en homenaje a Federico García Lorca, y ambos dirigieron su puesta en escena con gran éxito en el Aula de Cultura de la CAM-Orihuela en 1998. También fue autor y director del montaje poético audiovisual Las tres heridas y del poema y parte de la introducción del corto Pasos y sombras, de José Rayos.

Su producción poética editada consta de dos plaquetas: Anúteba, conjunto de poemas suyos y de Ada Soriano (Ediciones Empireuma, 1987), y Alimentando lluvias (Pliegos de Poesía del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1997); Y los libros Solumbre (Ediciones Empireuma, Orihuela 1993) , Frondas (Ayuntamiento de Piedrabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004), Ante el umbral, (Instituto alicantino de cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 2009), Las llamas de los suburbios (Fundación cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Sin lugar seguro (Germanía, Alzira, 2013), De exilio y moradas (Polibea, Madrid, 2016), Perplejidades y certezas (Ars poética, Oviedo, 2017), Espacio transitorio (Huerga & Fierro, Madrid, 2018) e Intemperie (Sapere Aude, Oviedo, 2021).

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