Llegó a este mundo como caído del cielo. De la madre nunca se supo mucho, y el padre era una especie de superhéroe, que podía todo y sabía todo. A él lo intimidaba un poco, pero, a la vez, a medida que crecía no podía disimular cierto orgullo de ser su hijo, aunque la palabra “omnipotente” que algunos le aplicaban, él no la entendió hasta mucho después. Creció a su sombra, que era mucha y a menudo no le dejaba ver el sol. Y fue descubriendo que, entre otras cosas, su padre era un fanático de los libros. Al punto de sostener la ilusión de que era posible condensar en uno solo todo lo que era necesario saber para vivir. Se refería a él como “el libro”. Pero mientras tanto, leía de todo. Y él mismo, como buen argentino, era una especie de mezcla rara de José Hernández y Enrique Banchs. Aunque amaba con locura a Marechal. Y por eso, llamó a su hijo Adán. El pobre chico cargó con ese nombre y con las burlas y sarcasmos correspondientes, durante toda la infancia. Y como aún no se conocía la palabra “bullying”, ni se le ocurrió contárselo a nadie. Se volvió tímido y suspicaz, una de esas personas que ven bambalinas, sótanos y camarines, donde los demás sólo ven escenarios. Y desarrolló con tesón una previsora estrategia de la cautela. Durante la adolescencia osciló, según las circunstancias, entre imitar ciegamente a su padre o intentar diferenciarse de él de modo extremo. En realidad, su vida fue tomando un modo extremo, ajeno a los matices y paradojas propios de la vida real. Sus opiniones eran tajantes, aunque a menudo astutamente no expresadas. Y sus decisiones, aunque fueran opuestas a lo que hubiera querido su padre, eran tomadas “al modo” de aquel personaje fundamental. Finalmente, casi sobre el final de la secundaria, ocurrieron dos hechos que lo estremecieron: murió su padre y conoció a Eva. El primero, lo dejó perplejo por mucho tiempo: había perdido su contendiente. A favor o en contra, casi todas las cosas de su vida lo habían remitido a él. Y también a un enorme enojo, largamente contenido. Se fue volviendo irascible, impaciente, burlón… Quizá el modo que encontró de decirle al mundo que rival como aquél, difícilmente hubiera, y por tanto, él había ganado la pelea para siempre. Sin embargo la arrogancia no le impidió enamorarse de Eva. Era una chica sutil y misteriosa a la que él, haciendo gala de su flamante ingenio, solía llamar “Eva angélica”. Lo mejor que pudo decirle, tras varios meses de silencios e indecisiones, fue que ella era para él “una promesa de felicidad”. Como era de esperar, la intimidad de los cuerpos resultó costosa. Eva comenzó a pensar (con cierta malicia) que él era “el muchacho de la promesa infinita…”, y empezó a aburrirse. Y como él estaba dispuesto a cualquier cosa para mantener a su lado la promesa, aceptó rápidamente la propuesta de irse a vivir a El Bolsón: naturaleza, silencio, agua pura, artesanía, el paraíso… No podía durar mucho y no duró. Al poco tiempo, cada cual siguió su camino. Pero lo que sí duró en Adán, y aún dura, esté donde esté, es la sensación de que cada mujer que conoce es un símbolo y una parte recuperada de aquel paraíso que parecía haberse perdido para siempre…
Rolando Martiñá
*Este cuento pertenece al libro “Dicho sea de paso. Hojas sueltas”
Rolando Martiñá:
Se desempeñó como maestro normal nacional. Es licenciado en Psicología clínica y educacional. Con posgrado en Orientación Familiar, convenio Fundación Aiglé-Instituto Ackerman de Nueva York. También, Terapeuta-Orientador individual y familiar. Autor de numerosas publicaciones: “La comunicación con los padres”, Troquel, 2007. “Cuidar y Educar. Guía para padres y docentes”, Bonum, 2006. “Escuela y familia: una alianza necesaria”, Troquel, 2003 (Mención de honor, Fundación El libro, 2004). Segundo Premio de Ensayo, Secretaria de Cultura de la Pcia. de Buenos Aires, por “Una enseñanza para la responsabilidad social” ( 2001).
A partir de 2009, el autor comienza su etapa de publicaciones de literatura de ficción, con “La paciente impaciente” (cuentos). Ed. Del Nuevo Extremo. “Cuentos de todos los amores. Experiencias terapéuticas y ficciones del enamoramiento”, Ed. Del Nuevo Extremo, año 2016, y su primera novela “Fin de siglo”, Ed. Dunken, año 2018. También “Dicho sea de paso. Hojas sueltas”, 2021. Reúne cuentos breves y poesías. Su último libro publicado se llama “Los hijos del viento. Una historia de islas, héroes y princesas”, 2023 (solamente disponible en formato digital). Antes de esto, publicó un libro de poesías “El secreto y las voces”, con J. Fasce. Edición de los autores, año 1966. Y estos libros de educación: “Hacia una escuela para nuestro tiempo”, Martiñá, Pastorino, Gironella; Ediciones Educando, 1980. “Cómo enseñar matemática en la escuela primaria”, Fasce, Martiñá. Ed. El Ateneo, 1989. “Nosotros educadores. De los problemas de un oficio”, Fasce, Martiñá. Miño y Dávila editores, 1989. “Escuela hoy. Hacia una cultura del cuidado”, Martiñá. Ed. Tesis- Norma, 1992. “Directores y direcciones de escuela”, Martiñá y otros. Miño y Dávila editores, 1993. “¿Qué hacemos con los chicos?”, Martiñá. Ed. Bonum, 1999. “Escuela y familia: una alianza necesaria”, Martiñá. Ed. Troquel, 2003; mención de honor de la Fundación el Libro, Feria del Libro, 2004. “Cuidar y Educar”, Martiñá. Ed. Bonum, 2006. “La comunicación con los padres”, Ed. Troquel, 2007.
Y a la fecha sólo están disponibles: “Cuentos de todos los amores. Experiencias terapéuticas y ficciones del enamoramiento”. Su novela “Fin de siglo”. Último libro de cuentos publicados, “Dicho sea de paso. Hojas sueltas”. Y en 2023, “Los hijos del viento. Una historia de islas, héroes y princesas”, en formato digital.

















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