EL IMPRESIONISMO VISTO POR UN EXPRESIONISTA
El pintor Willy Ramos, Colombia (1954), profesor titular de la Universidad Politécnica de Valencia, como homenaje a su compañera, ha presentado esta exposición en el Almudí, Murcia, que titula El jardín de la Pepa.
Nombre afectivo, con dos oclusivas que suenan como si bailasen, como un golpe de luz contra la suavidad, la transparencia de Claude Monet en Giberny, colores que rompen por los rojos, los negros, esa línea azul, chocan, resbalan, retornan al origen, cuando la flor reventaba en el bosque, los campos o al borde de los caminos, y, la tierra aludía al temblor con que fue formada, elevada, contraída. Entonces nacieron las montañas y los lagos.
Las cascadas que caen, el agua que fluye se oponen al reposo, sosiego del nenúfar sobre una superficie tranquila, quieta, asentada bajo ese puente japones por el que, como mano acogedora, pasea el pintor, una vez que el jardinero ha recogido las hojas caídas, cortado las flores que lucirán sobre las mesas reflejadas en los espejos.
Un homenaje reconoce y contrasta, ahí está el jardín, descuidado, revuelto, donde destacan amapolas, ¿rosas?, diversas hierbas, como si una realidad aplastante hubiese invadido el equilibrio, la armonía, el sosiego. El Jardín de Pepa, existe.
Sin duda la tierra, el color, la abundancia de agua contrasta con esta especie de secano, rudo, silvestre, hermoso, ¿auténtico? Quizá tanto como el otro. Los dos son posibles, los dos son objeto, modelos para ambos.
Willy parece que hubiese pintado al mediodía, cuando el sol implacable alumbra y quema. La luz de sus cuadros surge desde dentro, se produce en el cuadro. En el jardín de Monet, los nenúfares reciben una luz íntima, que nace de un sol que aún no ha alcanzado la plenitud, surge del agua, como un reflejo, y le da un tono melancólico. No es triste, tampoco alegría exuberante, es paz, descanso.
El agua y los nenúfares de diversos tonos alumbran como aquellas mariposas que ardían durante la noche de ánimas, aunque ahora, esas almas están vivas, se posan sobre la superficie, permanecen quietas, nos miran y las miramos, sus voces se han transformado en susurros, asistimos al eco de una melodía que nunca se apaga.
Entre tanto, ante este otro jardín, todo parece revuelto, como azotado por un viento huracanado que desnuda la realidad, una realidad caliente. Descubrimos plantas y flores, aunque también nos parece ver la tierra, el planeta, no es el agua quieta, sino una tierra que se hace y se deshace, se pliega, que está viva, que se mueve como si se tratara de un cuerpo humano que se tiende sobre sí mismo, se derrumba y se levanta, suelo y abismo.
Todas las horas del día están aquí, porque un jardín nunca duerme, quizá repose, descanse. A veces, estamos en la noche, cuando la oscuridad levanta el telón oscuro y creemos ver fantasmas que se mueven, que escapan por los bordes. Quieren mostrar lo oculto y lo logran en esas cascadas donde el agua cae rotunda, permanente. A veces la luna ilumina estas superficies, la realidad pierde su profundidad, no percibimos el desnudo, lo adivinamos, está ahí oculto, solo vemos la luz de sus ojos.
Willy nos recuerda a Monet, para ello toma los cielos de Van Gogh y como si se tratase de una manta la extiende sobre la tierra, la cubre, abriga, la mima, para que puedan dormir los vagabundos, los inmigrantes recién llegados, porque sólo es su sueño lo que tienen.
El Jardín de Pepa, es el jardín de una vida. Por eso tantos cuadros como flores, plantas, tierras. A veces parece que estamos en la caseta donde se guardan las herramientas o contemplamos una colección de semillas. Un jardín es tan exterior como interior, ¿qué hay bajo la tierra? Y descubrimos un paisaje geológico. Lo soñado y lo presente permanecen. Claro que hay que saber cuidarlo, tratarlo.
Pasead por entre estos cuadros, cada uno tiene su sorpresa. Hacedlo como en un verdadero jardín. Nos busquéis parecidos, conviene que la memoria os traiga algún recuerdo, donde estén los lugares y los amigos, hay mundos que son jardines.
Aunque los cuadros están hechos para ser vistos, os aseguro que todos estos están hechos para ser vividos, la vida es compañía y soledad, ambas están ahí.

Willy Ramos es un artista nacido en Colombia en 1954. A los catorce años deja su pueblo natal, Pueblo Bello y se marcha a Valencia, España, donde actualmente reside y donde se licenció en Bellas Artes en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Desde entonces no ha dejado de hacer expo siciones, tanto individuales como colectivas. Completó sus estudios con un curso en la Escuela de Pintura Mural Contemporánea de San Cugat del Vallés, en Barcelona, y con un curso de Grabado y Litografía en el Instituto Statale D’Arte de Urbino, en Italia. Es Doctor Cum Laude en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia y profesor titular de la misma.




















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