Las nueve musas
Henri Cartier Bresson

Henri Cartier-Bresson y el instante preciso

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Considerado el padre del fotorreportaje, Henri Cartier-Bresson cultivó un estilo y una filosofía del instante de la toma que marcó escuela.

De todos los medios de expresión
la fotografía es el único que fija el instante preciso
Henri Cartier-Bresson

Nacido en Francia en 1908, se dedicó a viajar y realizar foto-reportajes en las distintas ciudades que visitaba.  La composición exquisita, los temas claros, el uso del encuadre con precisión quirúrgica  y siempre ese momento único, ese instante preciso que concentra y resume el sentido de la escena, o que anticipa, o que vuelve eterno un gesto fugaz.

EL INSTANTE PRECISO
Coronación del Rey Jorge VI, Londres, 1937

Referente insoslayable, nos propone la fotografía como la excusa del paseante baudeleriano en una ciudad que nos interpela y que se abre a nuestros ojos como un caleidoscopio de realidades, de vidas, de colores y significados en lo cotidiano de su respiración.

Quiero proponer un breve recorrido sobre sus reflexiones sobre el acto fotográfico y su experiencia:

 

“Fotografiar es retener la respiración cuando todas nuestras facultades se conjugan ante la realidad huidiza; es entonces cuando la captación de la imagen supone una gran alegría física e intelectual.

Fotografiar, es poner  la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo punto de mira.”[1]

 “El aparato fotográfico es para mí como un cuaderno de esbozos, el instrumento de la intuición y de la espontaneidad, el dueño del instante que, en términos visuales, cuestiona y decide a la vez. Para “significar” el mundo, hay que sentirse implicado con lo que  el visor destaca. Esta actitud exige concentración, disciplina del espíritu, sensibilidad y sentido de la geometría. La simplicidad de la expresión se consigue mediante una gran economía de medios. Hay que  fotografiar siempre partiendo de un gran respeto por el tema y por uno mismo.”

 “Caminaba durante todo el día con el espíritu tenso, buscando en las calles la oportunidad de tomar fotografías del natural como si fueran fragantes delitos. Me inspiraba, sobre todo, el deseo de atrapar en una sola imagen lo esencial que surgía de una  escena. “

 “¿En qué consiste un reportaje fotográfico? En ocasiones una única foto cuya forma tenga el suficiente rigor y riqueza, y cuyo contenido tenga la suficiente resonancia, puede bastar; pero eso se da muy raramente; los elementos del tema que hacen saltar la chispa son a menudo dispersos; uno no tiene el derecho de juntarlos a la fuerza, ponerlos en escena sería una falsedad: de ahí la utilidad del reportaje.”

Partidario de una fotografía no intervenida, sin retoques ni recortes posteriores, con la idea, por contigüidad,  de fidelidad a la realidad, de reflejo, mímesis  de esta o más aún, como dirá Barthes en la cámara lucida: de emanación de lo real en el pasado: nunca le interesó practicar la fotografía que requería una puesta en escena.

El encuadre es pensado como una optimización del espacio y no como recorte, selección y voluntad de decir.

“El reportaje es una operación progresiva de la mente, del ojo y del corazón para expresar un problema, para fijar un acontecimiento o impresiones sueltas. Un acontecimiento tiene una riqueza tal que uno le va dando vueltas mientras se desarrolla. Se busca la solución (. ..) La realidad nos ofrece tal abundancia que hay que cortar del natural, simplificar, aunque ¿se corta siempre lo que se debe? Es necesario adquirir, con el propio trabajo, la conciencia de lo que uno hace.”

Para concluir, me detengo en una frase que lo define en su forma de posicionarse frente a la “realidad”, dejando entrever  que en definitiva mirar es un acto subjetivo que puede no tener una relación unívoca con esa realidad, dejando el intersticio para la creatividad y la interpretación:

 “¿Cómo negar el tema? Se impone. Y puesto que hay temas tanto en lo que ocurre en el mundo como en nuestro universo personal, basta con ser lúcido respecto a lo que ocurre y ser honesto respecto a lo que uno siente. En definitiva, basta con situarse en relación a lo que se percibe”

Beatriz Fiotto

[1] Henri Cartier- Bresson en Fotografiar del natural.  Traducción Núria Pujol Valls. Del mismo libro las siguientes citas.

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Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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