Conocí al maestro Gilberto Martínez (1934 – 2017) en el año de 1998. Como diría Machado: “un hombre bueno en todo el sentido de la palabra”.
Su dramaturgia estaba influenciada por Brecht, razón por la que en sus obras es trascendental la pregunta por el papel de lo humano desde una visión holística, universal y cósmica, en relación imperativa con el contexto histórico en el que se participa.
La inquietud por el Teatro Colombiano Contemporáneo me llevó a contactarlo ya que el maestro era un referente de la dramaturgia de Medellín y participó desde el primer momento en el movimiento artístico, social y cultural, conocido también como Teatro Político Colombiano, que se gestó en las universidades públicas a partir de las décadas del 60 y 70 del pasado siglo.
Algunas de las obras más representativas de este movimiento estético y sociopolítico según González Cajiao (1992): Un réquiem para el padre Las Casas de la Escuela Departamental de Teatro de Cali (1962), dirigida por Enrique Buenaventura (1925 – 2003); Guadalupe años cincuenta (1975), Teatro La Candelaria; Más allá de la ejecución (1984), autor, Henry Díaz Vargas (1948). Los pasos del indio (1958), estrenada por El Búho (1961), de Manuel Zapata Olivilla (1920 – 20004); El paso, estrenada por La Candelaria en 1981, escrita y dirigida por Santiago García (1928 – 2020). I took Panamá (1974), Teatro Popular de Bogotá (1977); El Monte Calvo, Teatro de la Universidad Libre (1966), escrita por Jairo Aníbal Niño (1941 – 2010); La agonía del difunto, Teatro Libre de Bogotá (1977), escrita por Esteban Navajas (1948). Las tardes de Manuela (1988), La Fanfarria en 1988, de José Manuel Freidel (1957-1990).
El nombre de Gilberto Martínez hace parte de ese honorable registro en las páginas de la historia del teatro nacional con la obra El grito de los ahorcados, Premio Nacional de Dramaturgia (1965).
Su compromiso con las reivindicaciones sociales no eran una pose intelectual
Manifestó en las conversaciones con una voz serena y cordial la necesidad de llevar a todas las clases sociales educación, salud y servicios públicos básicos, porque la calidad de vida genera una cultura de respeto y equidad entre los colombianos, que hace posible periodos extensos de orden y paz para las futuras generaciones.
A pesar de haber vivido en medio de las tensiones que se presentaron entre las fuerzas del Estado y los movimientos sociales durante los años de la violencia bipartidista no expresaba ningún tipo de desazón intelectual en sus ideas. Quizás esta actitud positiva ante la vida lo mantenía con una fuerza física envidiable, a pesar de su edad, lo que iba de la mano con la transparencia de su espíritu. Esto se traducía en una personalidad amable que no buscaba rivales o comparaciones jactanciosas. Además, era poseedor de una sensibilidad artística y social que lo mantuvo activo en cargos y proyectos de gran exigencia hasta el final de sus días.
Un pequeño esbozo de su personalidad
Hablaba con orgullo de su experiencia como deportista de alto rendimiento en la disciplina de la natación. Por aquellos días se emocionaba al hablar, después de tantos años, de su participación en los Juegos Olímpicos de Melbourne, Australia, en 1956. Como científico era riguroso, médico cirujano, especialista en cardiología con formación en prestigiosos centros de estudios en México, Estados Unidos y Brasil. Del mundillo intelectual se burlaba al recordar que una vez, en alguna de sus conferencias, alguien lo presentó como “Gilbert Martán” aunque su nombre era tan coloquialmente colombiano. Decía con una sonrisa que nunca antes lo habían escuchado con tanta atención por lo que se sentía tentado a mantener este seudónimo fortuito y ganar así adeptos para la causa del arte y la cultura.
En honor a Gilberto Martínez se transcribe la pieza teatral Un hueco lleno de estrellas publicado en la Revista Teatro (1994).

Esta propuesta obtuvo la Beca de Colcultura en 1992 y como lo expresa el autor: “es un pensamiento hecho materia dramática (…) este es el resultado del cuestionamiento constante que debe hacerse a lo aparentemente cotidiano” (Martínez, 1994, p. 6).
Un hueco lleno de estrellas (1992)
Narrador
Juzgado de Instrucción Criminal, Villavicencio
Juez
Copie, señor Secretario. Preguntado el testigo del por qué ha cambiado de opinión acerca de la aclaración juramentada que hizo al acusar del insuceso; asesinato del hechicero o Payé Francisco Javier González; a Bernardo Marcial M, con cédula perdida en la inmensa zona cauchera, contestó:
Harvey
Pues, durante el entierro de mi padre, no sé por qué motivo, o causa extraña a mis entendederas, Marcial, mi amigo, confesó ser el responsable.
Juez
¿Qué motivos adujo?
Harvey
No me los dijo en ese momento.
Juez
¿Y después qué pasó?
Harvey
Al otro día vino a mi casa por la tarde, Emma, la hermana de Bernardo y me dijo que ella sabía quién era el culpable.
Juez
Es curioso. Según testigos a usted, a su amigo Ángel, soldado y bachiller como usted, en uso de licencia; y a su amigo Marcial, los vieron en la mañana conversar con el indígena Célimo Maximiliano, quien ahora figura como culpable aduciendo que mató al hechicero o Payé por “brujo”, responsable de la muerte de su anterior mujer y de sus hijos. ¿De qué hablaron ustedes y Célimo Maximiliano?
Harvey
De negocios.
Juez
¿De negocios con un semisalvaje iletrado?
Harvey
Emma…
Juez
Que es hermana de Bernardo y “amante” de Célimo…
Harvey
Nos sirve de intermediaria. Es difícil hacer negocios de tierra con un semisalvaje. Las palabras tienen otro sentido para ellos. De lo que puede estar seguro es que no hablamos de asuntos penales.
Juez
Entendido. Como comprende para este juzgado de instrucción criminal de la ciudad de Villavicencio era y es necesario justificar el cambio de declaración y de acusado. Como veremos más adelante, a la hora de impartir justicia, no es lo mismo si se trata de un blanco o de un indio indígena. El expediente pasará a manos del médico forense y luego al tribunal de la ciudad para que se dicte sentencia.
Narrador
Cuarto en el departamento de Medicina Legal. Villavicencio. Médico Forense. Secretario. Indígena de pie, prácticamente desnudo. El médico Forense lo rodea como si fuera un animal de caza y con pleno conocimiento de su oficio. El secretario, escribe:
Médico
“Mancebo, buena estatura, hermoso. Cabellos no crespos, corredizos, gruesos como sedas de caballo. De frente y cabeza muy ancha más que otra generación que hasta aquí haya visto. Ojos muy hermosos y no pequeños. No prieto, salvo el color de los canarios. Piernas muy derechas, a una mano y no barriga, muy bien hecha” (Cristóbal Colón).
Narrador
Cuando el Médico va a iniciar el reconocimiento, la escena se detiene. Voz del secretario que lee:
Secretario
Después de practicado el examen por el Médico Forense de la ciudad de Villavicencio y que de manera persistente a toda pregunta o estimulo, el sindicado respondía: “EE… EE… ee… ee…”, se acuerda definir Célimo Maximiliano indio o indígena, de profesión jornalero, según expediente y en actual unión libre, como “analfabeto, con leguaje limitadísimo para entender preguntas y estímulos y dar respuestas adecuadas. Es una persona primitiva en estado semisalvaje”.
Narrador
Tribunal de Villavicencio
Juez
Favor poner de pie al acusado. Se va a dictar sentencia:
“Se considera al blanco civilizado Bernardo Marcial M., y a todos los catalogados en el ítem de testigos del hecho y con la misma condición, sobreseídos de toda culpa y a Célimo Maximiliano, indio / indígena con condición de semisalvaje, culpable y responsable de homicidio consumado en la persona de Francisco Javier González, Payé, hechicero de profesión, y por lo tanto se le condena a pena de reclusión de cuarenta y ocho meses en un establecimiento que la ley determinará a su debido tiempo”.
Narrador
Oficina del Fiscal Primero del Tribunal Supremo de Villavicencio.
Fiscal
Señores. En vista del estudio que ustedes me solicitaron sobre el fallo de culpabilidad emitido contra el indígena Célimo Maximiliano y de habérsenos negado la declaración de nulidad; de que se trata en su numeral primero, el artículo 37 del Decreto 138 de 1968; por el Tribunal de Villavicencio, hice por instancia de ustedes, como consta en los Folios tercero y séptimo del cuaderno ad quem, la petición de revocación del fallo a la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, a la cual están ustedes citados a declarar. ¿Alguna pregunta?
Harvey
¿Y la del acusado?
Juez
Se le entregará personal y oportunamente. Es conveniente no ir juntos, ¿me entienden?
Apagón
Narrador
En la misma oficina, un día después.
Fiscal
Explíquele.
Emma
Yo lo hice, doctor.
Fiscal
Debe ponerse en marcha inmediatamente para que el fallo salga lo más rápidamente posible.
Emma
Ya hice contacto con el hijo, que estudia en la Capital, para que le sirva de intérprete.
Juez
Debe llegar directamente a la oficina de asuntos indígenas. Que quede claro que usted no debe acompañarlo por ser su compañera y además hermana del sobreseído “blanco civilizado” Bernardo Marcial.
Célimo
Iki wiseke.
Fiscal
¿Qué dice?
Emma
Yo miedo. Yo tengo miedo.
Fiscal
Dígale que no se preocupe, que todo saldrá bien… que todo saldrá bien.
Célimo
Iki Célimo Maximiliano iast, Karapana / Emberá.
Fiscal
¿Qué dice?
Emma
Me llamo Célimo Maximiliano, indígena Karapana / Emberá.
Apagón
Nota: la escena se divide en tres espacios lumínicos. Lateral derecho-.Actor, el indígena. En la lectura, el actor, con el torso desnudo y pantalón negro. Delante de él tres flechas de macana en triángulo y el arco correspondiente del mismo material. En el centro del triángulo formado por las flechas un collar de chaquiras. Lateral izquierdo – Actor, parte media del escenario, dos lectores en traje negro con sus libretos sobre atriles. Delante de ellos en el suelo, adecuadamente distribuidos, dos arcabuces en cruz y dos pares de botas de campaña. Hacia el proscenio el narrador, también de negro, y su correspondiente atril.
Narrador
El indígena en cuclillas lleva pantalón blanco hasta la rodilla. No lleva calzoncillos. Sandalias. Ruana o Tundacé, suelta sobre el cuerpo. Camisa blanca y saco negro. Sombrero de hojas de pindó (Caña brava). Collar de chaquiras, cuyas innumerables vueltas constituyen con la nariguera su único signo externo de riqueza. Dos jigras (mochilas) de lana de colores. En una lleva las hojas de coca y el calabazo de cal para el mambeo y en la otra, objetos personales. El indígena se ve receloso, son evidentes en su comportamiento la soledad y la “saudade” que le embargan. Saca un papel y lo mira. Lo guarda. De la bolsa saca las hojas de coca. El indígena inicia su ritual de la mambeada que consiste en una porción de hojas tostadas al sol, coca que se encarrilla en la boca, generalmente al lado izquierdo y se mastica lentamente con ceniza apagada. La mambeada consta de la cantidad de hojas que se pueden coger en los cinco dedos y de la cantidad de cal que se coja entre el índice y el pulgar (Graciliano Arcila).
Nota: el indígena está en cuclillas y narra su viaje a la ciudad en total inmovilidad. Es el único que no lee. Los otros dos actores leen la parodia del viaje a Indias de Don Cristóbal Colón, alternándose los parlamentos, mientras en el telón de fondo se proyectan diapositivas alusivas a lo que se lee.
Lector 1
“Arcabuces y rodelas, escopetas, lombardas, lanzas, y ballestas. Bastimentos: Vino, carne, maíz, aceite, vinagre; cal, ladrillos y tapiales” (Germán Arciniegas).
Lector 2
¡Izad el trinquete! No le amuréis al botaló! ¡Desencapilla la mesana! Tira de los escotines de gavia!
Narrador
Se inicia el viaje. Marinero con andar tambaleante, y con un farolillo colgando de un palo.
Lector 1
¡A fundamentar la estima: rumbo, velocidad y tiempo!
Lector 2
¿Rumbo? Mirad la brújula de 32 partes. Ver la sombra proyectada en la gnomon. ¿Qué es lo que pasa? Ver la sombra proyectada en el gnomon. ¿Rumbo? Mirad la brújula de 32 partes.
Lector 1
¡No se ve nada! ¡El cielo está nublado y se presagia la tormenta!
Lector 2
¿Presientes el norte?
Lector 1
¡Estoy en trance!
Narrador
Se presagia tormenta.
Lector 2
¿Aún no la presientes?
Lector 1
¡Aún en trance!
Lector 2
A rezar hijos de puta que si no, nos perdemos!
Narrador
El Marinero del farolillo lo levanta y al cabo de un silencio.
Lector 1
¡Gracias, gracias Dios mío! Allá vislumbro el norte.
Lector 2
¡A corregir la velocidad!
Narrador
El Marinero del farolillo va hasta la supuesta proa de la carabela, tira un gran escupitajo al mar y luego cuenta los segundos que demora en llegar hasta la popa.
Lector 1
¡Cincuenta!
Lector 2
¡Divididlos por las tres quintas partes de la eslora!
Narrador
El Marinero hace cuentas en un ábaco.
Lector 1
¡Ochenta nudos!
Narrador
Va hacia la proa de nuevo y voltea un pequeño reloj de arena mientras canta:
Lector 1
“Bendita sea la hora en que Dios nació, San Juan que lo bautizó y Santa María que lo parió”.
Lector 2
¡Suban los penoles!
Lector 1
¡Si Dios quiere, si Dios quiere!… ¿Cómo va Dios a querer lo que imposible es? ¿Puede haber viaje por encima de tantísima agua y tan movediza que la Nao parece rocín picado de avispas?
Narrador
Viaje del indígena Karapana / Emberá a la capital.
Indígena
Mi madre se quedó llorando. Los indígenas sabíamos que allá en la Capital nos mataban por robarnos el oro o nos enrolaban para las caucheras. El bichacué, pájaro de plata, me esperaba en Mitú, después de que uno entra, uno nunca sabe cuándo se va a elevar, pero cuando se eleva parece que se le desocupara el estómago.
Lector 2
“Dígalo mi estómago, que no ha dejado de revesar por la boca todo lo que ha entrado en este desde que salimos de la barra de San Lucar. Hasta los piojos que son infinitos y grandes se almadian con el vaivén y vomitan pedazos de carne de grumete… Continúo en andas pisando charcos de puerca pez y hediondo sebo, con que se pegan los pies al suelo, que apenas lo puedes levantar. Por un día que van las velas encampanadas e hinchadas, hay tres de calma, cuatro de vientos contrarios y cinco de tormentas” (José Sanchiz S.).
Indígena
En los lugares del espacio donde no hay aire, el bichacué de plata se escurría y se meneaba como cuando uno sale de bañarse en el Yuruparí, pero volvía a agarrarse hasta que me emborraché. Todo lo guardé en unas bolsitas como de caucho. Por eso le ordenan a uno permanecer amarrado, para no encharcar el vientre del bichacué de plata, De ahí que no se pueden ni levantar las sandalias. Por unos minutos de reposo, hay tres de calma; horas de alisios contrarios y huracanes.
Lector 1
Y a todo esto que os parece el para qué. Nos convencieron de que más allá del paraíso están las indias. Que son cuarenta y cuatro regiones y muchos pueblos. Hay allí montañas altísimas cuyos picos tocan el éter.
Indígena
A las cuatro horas llegamos a Villavicencio. En un principio los edificios me parecieron piedras raras que tocaban el cielo con sus picos y los carros andaban por las callecitas como morrocoyes.
Lector 2
En donde hay animales extraños, con cabeza y orejas de asno, cuerpo de camello, patas de ciervo, cola de caballo y relincha como él. Cerdos con el ombligo sobre la espalda y pájaros grandes cuyo pico parece una cuchara, pero carecen de lengua.
Indígena
La gente parecía de otro mundo
Lector 1
Hombres de dos y tres codos que luchan constantemente contra las fieras. Otros que dan a luz a los tres años y envejecen a los ocho, hombres macrobios con diez codos que combaten contra los grifos; los agraras y los barracinos, que ante la miseria de esta vida al fuego se arrojan en busca de otra. Otros que matan a sus padres y se los comen. Bestias que tienen las planta al revés y siete dedos en los pies. Monocolos, arimascos y cíclopes que caminan en un solo pie y cuando se sientan se cubren con él.
Indígena
Se las dan de blancos.
Lector 1
“Otros que tienen cabeza de perro, uñas en los hombros, y vestidos de oveja ladran como los canes. Y los que carecen de cabeza y tienen sobre los hombros los ojos. Y en el pecho dos orificios, nariz y boca, y cultivadas cerdas como las bestias; otros, junto a la fuente Ganges, que viven del solo aroma de un fruto, fruto que llevan consigo cuando viajan lejos, los cuales, si aspiran un olor fétido, mueren de inmediato” (Juan Gil. América, Cambio 16).
Lector 2
¡Tierra a la vista!
Lector 1
¡Sí, pero no en mis ojos, hijo de puta!
Lector 2
¡Amarren las velas!
Lector 1
¡Dejen el treo!
Lector 2
¡Que dejen el treo, y amarren las velas! ¡Pónganse a la corda y temporicemos hasta mañana viernes! ¡Dad la orden!
Lector 1
¡Puestos a la corda y temporicemos hasta mañana viernes!
Lector 2
“Hasta aquí no he hallado hombres monstruos” (Cristóbal Colón)
Indígena
Salí para la Capital y ya tenía en el pensamiento, que todos eran blancos. El vehículo subía las montañas con la paciencia de un gorgojo a la punta de un tornillo. A cualquiera parte que miraba por la ventana había un abismo oscuro y peligroso de lado y lado de la carretera. El bus roncaba y subía rápido para no perder los ánimos. Nunca había visto tantos abismos ni sentido tantos fríos. La ciudad sonaba como una cachivera, un raudal. Y tenía que remontarla.
Narrador
El espacio escénico poco a poco se vuelve uno solo en la medida en que los personajes se van acercando al Ministerio de Gobierno: Oficina de Asuntos Indígenas. Primero, oscuridad y silencio. Luego, poco a poco, durante el desarrollo de la acción va aumentando la cachivera de ruidos selváticos citadinos. El indígena en una primera instancia cambia de actitud, Se siente seguro, como si de nuevo estuviera en su tierra. Los otros se convierten en conquistadores.
Lector 1
No me gusta nada esto. Esta chatarra no me deja utilizar la ballesta, ni la lanza, ni mucho menos sacar la espada.
Indígena
Que ruido tan espantoso. Que animales de hierro raros. Caras blancas de cal gris como de miedo.
Lector 2
Ahí se acerca uno.
Narrador
El indígena se acerca al conquistador que le ofrece la punta de la lanza y la agarra con las dos manos. Al ser retirada la lanza, se hiere y retrocede asustado mostrando las heridas.
Indígena
¡Cuidado, esta es gente peligrosa! ¡Sus palos mágicos hacen sangre y quizá den muerte! ¡Cuidado!
Lector 1
¡Animal! Eso te pasa por animal, seguirás siendo animal por los siglos de los siglos.
Narrador
Silencio. En forma paulatina el escenario se va llenando de ruidos producidos por el avanzar de los hombres que portan caparazones, corazas, petos, yelmos y toda clase de armamento.
Lector 2
No me gusta nada esto. No me gusta nada esto.
Lector 1
Y bien, que queréis. Aquí se hace la guerra en silencio. Allá estábamos acostumbrados al crujir del hierro y al campaneo del metal, a los gritos, exclamaciones y bullaranga de la plebe soldadesca para calmar el miedo, y apretar el culo ante la inminencia del combate. Aquí se pone atención a los ruidos de la alta noche, propicia para el robo, la traición y el asalto sorpresivo. Aquí se escudan los animales bajo el rumor del follaje, y el canto de los pájaros nocturnos. Así esperan los indígenas su presa para lanzar los dardos envenenados y romper la ley del silencio americano. Es algo que tenemos que aprender para memoria de los hijos y de sus hijos y así por varias generaciones.
Indígena
“¿Pregunta usted por mi comunidad? Bueno, pues imagínense que usted tiene un sembrado de maíz muy bonito. Bien verde y sembrado de mazorcas. Usted está contento de verlo. Satisfecho se va a dormir. Al otro día cuando usted va a visitar su parcela se encuentra que personas de afuera la han quemado y han acabado con su sembradito. Un maizal nunca se quema solo. Todito se lo quemaron y está todo negro, humeando todavía. Usted asustado y sorprendido se va acercando, poco a poco, caminado entre las cenizas, las pavesas y el humo. Y de pronto, se da cuenta, de que allá, en medio de toda la quemadura, hay tres retoños esos… esos, son mi comunidad. No será el mismo maizal, puede ser, pero lo que sí es seguro es que los retoños vienen del mismo maíz”. (Pausa)
Narrador
Evidentemente el ruido de la ciudad es como un raudal cada vez más creciente de silbidos de dardos que salen de no sé qué recóndita caverna arbórea – urbanística ciudadana. El ruido se convierte en ruido de la ciudad: pitos, sirenas, frenazos, etc. El indígena mira desorientado a cada instante, saca un papel, lo enseña y trata de entender hacia dónde le señalan que debe tomar el rumbo. Otra vez la saudade lo embarga, pero ya no puede retroceder pues a medida que avanza, los “blancos” le abren o le cierran al compás de la música citadina que lo envuelve, apertura y obstrucción, que cada vez son más violentas hasta alcanzar el frenesí cuando sin saberlo se encuentra frente al edificio en donde se haya la oficina de asuntos indígenas. El indígena es zarandeado y vapuleado por los buscadores de empleo que suelen merodear por los alrededores y pasillos de los edificios públicos. El sitio parece un mercado persa. Aparecen los escribanos, los compradores de votos, los “lagartos” de cuello blanco y corbata de partido político. El indígena ante todo esto muestra, gesticula, trata de hacerse entender y de pronto es arrollado por una avalancha de gente.
Indígena
Me metieron en una piecita que se cerró y se comenzó a mover. No podía respirar y se me acabó el aire. Creí que iba de nuevo a marearme, hasta que la pieza paró. Las puertas se metieron entre las paredes y vi que la parte de afuera estaba distinta. Estaba en el cuarto piso que decía Oficina de Asuntos Indígenas. Me entregaron un papelito con una dirección, la del Palacio de Justicia. Sala de Casación Penal. Allí fui citado para rendir nueva indagatoria.
Narrador
Y aquí terminan los viajes del indígena a la Capital y la de los conquistadores, blancos, civilizados, a estas tierras de Indias, y gracias a la magia del teatro se continúa con el “Encuentro de dos mundos” representados por el indígena calificado de semisalvaje, Célimo Maximiliano, y el de los descendientes de los descubridores de América, Harvey y Ángel, con categoría de “Puchuelos”; blancos enteramente blancos; por ser según el Padre Gumilla productos de la cuarta generación del mestizaje.
***
Nota: Plaza de Bolívar en la Capital de la República. Al frente de la escena un letrero que dice Palacio de Justicia. Lateral derecho: una cabina de teléfono. Una banqueta de parque. Lateral izquierdo: una caneca de basura pública. Recostada sobre esta hay dos llantas viejas que están algo quemadas. Se oye la voz de un indígena hechicero o Payé, quien anda al compás de golpes de tambor, maracas y canutillo, reza a un niño enfermo hasta que es interrumpido por un disparo.
Narrador
Abrir y cerrar de un portón, música estridente emitida por una radio portátil moderna para la época. Aparece en escena Ángel, muchacho de unos veinticinco años. A pesar del frío, lleva camisa deportiva estampada, pantalones indefinidos y botas de campaña. Sobre sus hombros un radiocasete. Mira a todos lados. Al no ver a nadie se va a una esquina de la plazoleta y orina. Sale Harvey. Repetidamente mira hacia el Palacio de Justicia de donde salió. Muchacho de la misma edad de Ángel, su vestimenta es similar a la de su compañero. Ángel, al verlo, apresuradamente termina de orinar, cierra el pantalón y se dirige hacia él.
Ángel
Ves, ya me la sé (canta): In the heat of the Street of the city, a Young boy hides the pain.
Harvey
Eres un desastre.
Ángel
Tengo un vozarrón (canta de nuevo): dakness fades he´s the prince of his city.
Harvey
Deja de ser campero.
Ángel
Your just a pawn in a losing game, you lose at life it ain´t no game.
Harvey
Apaga de una vez ese cachivache a ver si oímos algo.
Ángel
¿Cachivache? Respete hermanolo, esto es lo último, lo último. Es el que usan los amigos en el Central… Central Park… Niuv… York… fumarola hermanolo… fumarola.
Harvey
Sí, pero no aquí, en este villorrio que se las da de Capital del mundo. Aquí, o es de quinientos watts, o para de oír. ¿Te acordás de todo?…
Ángel
Todo ray, fresco…
Narrador
Harvey ve al indígena
Harvey
Pssst… pssst… pssst…
Ángel
No veo más que un alto mozo
Narrador
Harvey le muestra cuentecillas de vidrío y cascabeles.
Harvey
Toma… toma… es para ti. ¿No te acuerdas? Yo sí me acuerdo. Porque cuando yo nací me hacían carantoñas con estas baratijas. Es que mi amado progenitor me quería mujer, decía que no quería maricas en su árbol genealógico y por eso cuando vio que yo estaba marcado con el signo de la masculinidad me preparó para el Ejército Nacional, para el glorioso Ejército Nacional que los defiende a ustedes bestias caribes.
Narrador
Ángel rodea al indígena mientras habla, pero sin agresividad aparente.
Ángel
Se pinta de prieto, tiene el color de los canarios, ni negro, ni blanco, se pinta blanco colorado.
Narrador
El indígena Karapana quien apenas responde a las agresiones de Harvey y a la curiosidad de Ángel, se coloca una nariguera de oro que saca de una de sus jigras y se pinta la cara con kayirú pensando que cuando regrese a su terruño, a las Fiestas de Dubucurí y Yuruparí, va a impresionar a las mujeres, costumbre que heredó de sus padres y que va a tomar yagé, a comer mucha fariña con ají, a visitar las malocas y a tomar chicha.
Ángel
¿Qué es eso?
Narrador
Trata de coger la nariguera para verla.
Indígena
¡Muiska pesxwe muisca!
Ángel
¿Has oído? Creo que me ha llamado, ¡blanco ladrón blanco! ¿Qué se ha creído este billys, degenerado? ¡Me ha llamado blanco ladrón! ¿Será que este rin, rin, chismoso contó todo?
Harvey
¿No te acuerdas que cuando te encontramos estabas desnudo y te comías a tus padres? Sodomético y no me digas que planificabas. Andabas desnudo y mírate ahora. No tenías vergüenzas, eras asno, abobado, alocado e insensato. Sigues emborrachándote con chicha, con ese humo y esas hojas que te sacaron de seso y mira que te atreves a rebelarte contra tus amos los blancos, tú hechicero, nigromante, pero cobarde como liebre, sucio como puerco, ya no comes piojos, pulgas, niguas o cualquier lepidóctero hinchado de tu cochina sangre.
Ángel
¿Crees que no te entendimos? Si has dicho algo, si has sido campero, ordinario, y rin, rin, nos tendrás que devolver los billeticos de esos de diez mil pesos que sacó el Gobierno con tu linda imagen de Centenario.
Narrador
Como un misionero saca de un bolsillo un catecismo indígena bilingüe y busca…
Ángel
A ver… a ver… ¿Hay Dios? Dios… a ver cómo se dice… ¿Sirán Beiká?
Indígena
(Con malicia): Eé sirán beró
Harvey
Ya… ya… Dejémoslo tranquilo. Es suficiente. Sólo nos queda esperar el veredicto que planeamos se daría en Villavicencio y así salvar a Bernardo y al indígena este. Esta vez no nos fallarán y no tendremos que preocuparnos que este indio animal no entienda que lo de Villavicencio fue un error y podremos irnos tranquilos a casita y este a su maloca.
Ángel
Tú, hombre malo, si decir no, no lo maté, porque así acusarías a tu cuñado blanco, civilizado, y este sería condenado… Dios… ¿Te dijo el sabio misionero que no podías jurar su santo nombre en vano? ¿Y allá pusiste en práctica ese mandamiento?
Harvey
Déjalo de una vez por todas. Estoy casi seguro de que cumplió el trato que le propusimos a través de Emma. Lo importante es que se haya hecho entender ante la aparente falta de intérprete. Ya regreso (entra al Palacio de Justicia)
Ángel
¡Frescola!…
Narrador
Cautelosamente se acerca al indígena.
Ángel
Necesito saber qué contestaste. ¿Por qué se toman tanto tiempo los jueces para dictar sentencia? Ahora lo harás sólo para mí porque es justo, conveniente y conforme con la ley natural que los varones probos, incluyéndome a mí, inteligentes, virtuosos y humanos dominen sobre todos los que no tienen esas cualidades. ¿Te han dicho que tú, bárbaro, eres siervo por naturaleza? Hay en ti una necesidad natural de ser regido y gobernado, no sólo con prédicas sino también con ligera amenaza y si es necesario terror, de modo que no sólo la verdad ahuyente las tinieblas del error, sino que también la fuerza del terror rompa los vínculos de las malas costumbres. Tú, ¿isti yáuajat? Vamos, contesta, ¿lo mataste?, contestaste lo que dijimos debías contestar.
Indígena
¡Isti yáuahat- No!… Otro matar, no…
Ángel
¡Billlys, degenerado, calceto, incumplido, faltón, telefax, quedaste mal, chismoso!…
Eso no es lo que te dijimos que tenías que contestar. Me las pagarás. Por tu culpa reabrirán el proceso contra Bernardo, un blanco de la cuarta generación, ¿acaso no le entendiste a Emma lo que puede pasarle a su hermano?
Narrador
Saca una navaja. El indígena al darse cuenta de la equivocación ante la actitud de Ángel trata de explicarle que en la Sala de Casación Penal del Palacio de Justicia, él no dijo: “isti yáuajat – ro”, lo que significa: “otro matar – no”. Como acaba de hacerlo, si no que había dicho ante los jueces: “isti yáuahat – Eé”, que significa “otro matar – sí”.
Ángel
¿Por qué no usas calzoncillos? ¿No sabes que los padres capuchinos desde tiempos de la evangelización lo consideran como una demostración de inmoralidad, salvajismo y sodomía? Además que, medicamente es causa de esterilidad el que las vergüenzas anden colgando. Las vergüenzas hay que subirlas para que estén calientitas y tibien los espermatozoides. ¿Entendés, bataclán, mujeriego? ¿No te enseñaron a partir de nuestro encuentro, el sexto mandamiento? Te lo voy a recordar foquiador, dormilón y bagre, grande y bobo. No fornicar. No desear la mujer de tu prójimo. ¿Ah?
Narrador
Ángel saca el catecismo básico indígena impreso por la editorial salesiana. Se lo muestra.
Indígena
Ismar, síbar ouar. Aibar yákajat – ro.
Ángel
Eso repítelo.
Indígena
Ismar.
Ángel
Cuerpo.
Indígena
Yákajat – ro.
Ángel
Hacer no. Hacer no. Porque si fornicas la hermana de Bernardo, blanca civilizada, que sí sabe para qué son las leyes en las Indias, hacer lo que las Doñas Juanas muertas de celos que tenían de los dichos maridos hacían con tus hermanas indígenas cuando metían tizones ardiendo y velas encendidas por la natura o un plátano untado de ají.
Narrador
A todas estas Ángel ha cogida la indígena, al cual ha estado asediando, a quien prácticamente ha desnudado y deshilachado sus ropas a punta de navajazos; a pesar de que ha estado rechazándolos con la ruana o tundacé, de rayas azules y rojas; y lo ha introducido en la caneca de basura donde lo viola. Silencio. Espirales de humo de múltiples hogueras suben lentamente al cielo y se convierten en estrellas.
Indígena
“Nuestro primer encuentro con la civilización sólo nos dejó un recuerdo: ¡Al vernos invadidos por los blancos, muchos de nosotros subimos al cielo por las espirales de humo de una hoguera, las estrellas son el resplandor de sus ojos” (Alberto Juajivoy Chindoy, indígena Sibundoy, citado por Víctor Daniel Bonilla).
Narrador
Silencio. Suena el teléfono. El indígena trata de hacerle entender a Ángel que seguramente es para él, pero Ángel lo retiene. El indígena forceja, súplica, trata de liberarse. Al fin Ángel lo suelta. El indígena coge la bocina.
Indígena
¿Eé?… ¿Eé?… ¿Sí?…
Narrador
Han colgado. De nuevo una profunda soledad lo invade. Sale Harvey del Palacio de Justicia. Se detiene asombrado ante la escena. Se da cuenta de lo que ha sucedido.
Harvey
¡Billys, degenerado!
Ángel
Me trama, me gusta.
Harvey
¿No te pudiste aguantar, billys?
Ángel
Los soldados también tienen derecho a sus sodas sexuales, después uno se confiesa con cualquier teniente, misionero, se arrepiente y listo, diez Padre Nuestros y a dormir a pierna suelta. Fumarola, hermano, fumarola.
Harvey
¡Bandera!
Ángel
Frescola, picado. Todo ray. Es un animal faltón.
Harvey
¿Cómo lo sabes?
Ángel
Me lo dijo después de que entraste al Palacio.
Harvey
Allá dijo lo que queríamos. Se declaró culpable. Y le entendieron a pesar de que no vino su hijo, el intérprete, le entendieron y acudieron al informe de perito donde lo declararon semisalvaje. Eso era lo que necesitábamos. ¿No es así?
Narrador
Suena el teléfono. Se detiene la acción anterior. El indígena sabe que es su hijo el que hace la llamada. Ángel se interpone y le dice:
Ángel
¿Tu hijo el intérprete? Ya no vas a necesitarlo.
Harvey
Que nadie te vea utilizando este aparato.
Ángel
Claro. Podrían cambiar el veredicto y declararte civilizado.
Narrador
El indígena como comprendiendo todo el asunto muestra a Ángel y Harvey unas monedas y un papelito que le dieron en la Oficina de Asuntos Indígenas en el que le explican cómo utilizar un teléfono para que su hijo llamara e irlo a buscar después de que se llevara a cabo la audiencia a la cual no se sabe por qué oscuro motivo o causa no asistió, pero tenía que ver de alguna manera con el asedio que Ángel y Harvey le propinaban.
Harvey
¿No has podido entender? Cualquier cambio de comportamiento en el mundo civilizado te hará pasar a la condición de persona como todo blanco que se respete lo es con derecho a ser juzgado y condenado. Como le hubiera sucedido a Bernardo, el hermano de tu mujer.
Narrador
Todo esto sucede mientras Ángel mantiene agarrada la bocina del teléfono, en cierto modo como tratando de que quien está al otro lado de la línea escuché todo.
Ángel
Calceto escucha todo ray, todo bien, calceto, todo ray.
Narrador
Ante la mirada asombrada del indígena, cuelga.
Indígena
Iki wiseke, yo miedo, inki Célimo Maximiliano iast.
Narrador
Ángel y Harvey recurren al catecismo indígena para hacerse entender.
Ángel
¡Vina mes!, ¡Cállese!
Harvey
Lo sabemos. Tienes cacu, cuerpo, y kace-ñiz, piel o cuero.
Narrador
El indígena se toca el estómago y la piel y así sucesivamente, siguiendo el juego que le proponen los blancos.
Harvey
Y dicté, cabeza.
Narrador
Saca un peine y se lo muestra.
Ángel
Quind o kinde, se peina, kinya.
Narrador
El indígena se ríe y trata de peinarse.
Ángel
Ro… ro… No… no… con el mío no, con el tuyo… No quiero que se me peguen los piojos.
Narrador
Harvey inicia la danza del reconocimiento del indígena, al principio, sin agresividad, más bien como un acto de amor.
Harvey
Célimo Maximiliano, ese es tu nombre, un Maximiliano salvaje, mejor… semisalvaje, según peritazgo. Pero tienes: dicté, cabeza, yafi, ojos, aloncas, cejas, inz, nariz.
Narrador
Ángel sigue el juego que cada vez se torna más violento y se pone los dedos en los labios.
Ángel y Harvey
Bbbrrruuu… Bbbrrruuu…
Narrador
Ángel se toca los dientes delanteros.
Ángel
¿Dientes?
Indígena
Kite kits. Kite kits.
Narrador
Se los toca.
Harvey
¿Lengua?
Indígena
Tune – tuna. Tone – tuna.
Narrador
Son variaciones de la misma palabra tribal. En forma tímida saca un poco de lengua.
Harvey
Tune – tuna. Tone – Tuna… Lengua y con ella se habla, se confiesa, se confiesa, se miente, se ama, se reniega. Carnestoléndico adminiculo con que se crean grandes hombres, se planean genocidios, guerras electrónicas, traiciones y asesinatos. Se crean imperios, conquistas, colonizaciones, de todo tipo y bajo cualquier pretexto. Se crean dioses y demonios, se justifican el amor y la amistad, se saquea, se mata, se viola. Se devasta en nombre de la democracia, de la verdad revelada de la igualdad. Con ella se susurran palabras ardorosas, se suaviza el gesto artero, se dice la verdad sentida en el poema, pero también la verdad comprada, amañada. Por eso nosotros somos civilizados, pero tú, con ese adminiculo de carnestoléndica forma y por lo tanto de limitadísimo lenguaje, que no has entendido nada de lo que te he dicho; por lo cual te catalogan de salvaje, igual que los animales, o semisalvaje, que para el caso en la práctica es lo mismo; con tu tune – tuna – tone – tuna, sólo puedes dirigirte al: cambul tuce, ombligo, a los samkul metú, intestinos o tripas, y a los imes, excrementos, o a la kase – kuse o cuz, vulva y a los dist iu, testículos y pene, y al cike-kil, culo.
Narrador
El juego de palabras empieza a tornarse trágico. Las agresión es evidente y en medio de su débil defensa, Célimo se siente solo, inmensamente solo. Mira al cielo que está completamente nuboso.
Voz
En la Sala de Casación Penal se ha aceptado la definición dada a Celimo Maximiliano de semisalvaje y se considera que el Tribunal de Villavicencio al declararlo culpable ha usurpado jurisdicción. Habría pues que juzgarlo no como semisalvaje equiparable a débil mental sino como semisalvaje equiparable a menores de edad, de acuerdo a la Ley 89 de 1890, cuyo artículo 40 se encuentra vigente. “Esta clasificación legal de los indígenas como menores, se basa en su deficiente contacto con la civilización”.
Narrador
Se va a dictar sentencia en el caso de Célimo Maximiliano. En mérito de las consideraciones expuestas, la Corte Suprema, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley, resuelve:
Primero – Se invalida la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Villavicencio, por medio de la cual se impuso a Célimo Maximiliano la pena de reclusión en Colonia Agricola Especial o en Establecimiento Industrial, por el término mínimo de cuarenta y ocho meses como responsable de delito de homicidio perpetrado en la persona, indio civilizado, de Francisco J. González, Payé o médico hechicero de profesión.
Segundo – Se declara nulo todo lo actuado en ese proceso en contra de Célimo Maximiliano a partir del tres de octubre del año en el cual el Juzgado Promiscuo Municipal avocó conocimiento.
Tercero – ¡Se ordena la libertad inmediata del procesado. Publíquese, notifíquese, cópiese, insértese en la Gaceta Judicial y devuélvase al Tribunal de origen. Dos de los magistrados salvaron su voto, pero con la indicación de que se ordenó la libertad al acusado sin indicar que debe hacerse después con él.
Harvey y Ángel gritan, se abrazan y danzan. El indígena se da cuenta de que ha salvado su vida y que todo lo que se había tramado por fin ha salido como se esperaba.
Harvey
¡Libre, estás libre!
Narrador
Es evidente que se refiere más a su amigo Bernardo Marcial que al indígena, quien de nuevo es abordado por Ángel.
Ángel
¿Estás oyendo bagre? Ahora que sé que no rin rineaste, tú eres plancha, buena gente.
Narrador
Suena de nuevo el teléfono. Ante la situación el indígena no sabe qué actitud tomas frente a la llamada.
Ángel
¿Tu hijo? ¡No pensarás contárselo todo!…
Narrador
El indígena ante el comportamiento de Ángel y de Harvey quien mira curiosamente la escena, moviendo negativamente la cabeza, logra en un descuido coger la bocina del teléfono.
Indígena
¡Ike luce! ¿Eé?
Ángel
(Arrebatándosela): ¿Eé? ¿Ole, faltón, te foquiaste? ¿Qué recibiste una nota del Ministerio de Asuntos Indígenas que decía que no vinieras a la Sala de Casación Penal del Palacio de Justicia?
Narrador
Tapa la bocina y ante la actitud del indígena apoya todas sus acciones con la navaja, la cual ha vuelto a sacar mientras hace saltar la hoja afilada de la empuñadura, recubierta de concha de nácar, centelleo que hace el indígena de nuevo tomé una posición defensiva y temerosa, pero decidida a conseguir la bocina.
Ángel
(A Harvey): este si es civilizado dice que hace long time está llamando. Eres soda Célimo, ahora se te puede llamar así, eres libre, un hombre libre con derechos constitucionales, con derecho a ser juzgado como a un niño, pero eso no te da derecho a no prestar servicio militar, military service, como no han contado que hacen amparándose en esa condición infantil ¿Qué hace tiempo estás llamando, pero que nadie contestó?
Narrador
El indígena busca desesperadamente arrebatarle la bocina.
Indígena
¡Ike luce!
Harvey
Vamos, ya todo terminó. Dale ese teléfono.
Ángel
¡Célimo, te saluda! ¡Sí, te saluda! ¡Óyelo tú mismo! (le acerca la bocina al indígena).
Indígena
¡Ike luce! ¡Ike – wiseke!
Ángel
¿Qué dice? ¿Hijo mío, tengo miedo? Pregúntale de quién tiene miedo.
Indígena
¡Ike luce! ¡Ike – wiseke!
Narrador
Intempestivamente le acerca la bocina. El indígena no puede creerlo.
Ángel
No veo de quién tienes miedo. Hemos sido buenos contigo.
Harvey
Habla con tu hijo. Vamos, no te quedes como un niño embobado con su juguete nuevo.
Indígena
¡Ike luce!
Narrador
Ángel le corta el cable.
Ángel
Nos veremos en el próximo encuentro.
Narrador
El indígena se queda con la bocina en la mano y luego observa cómo Ángel recoge el radio portátil, lo prende y tarareando la canción en inglés:
In the heat of the Street of the city,
a Young boy hides the pain.
Harvey y Ángel
Gracias.
Indígena
Gracias.
Narrador
Se desvanece la luz y se aprecia el cielo tachonado de estrellas. El indígena se sienta. Mambea. Levanta la cabeza y mira al público.
Indígena
¿Cómo parecerme la ciudad? Un hueco lleno de estrellas.
FIN
Gilberto Martínez estaba profundamente influenciado por Bertolt Brecht
Desde el primer encuentro pude observar la influencia que ejercía en Gilberto Martínez la obra y vida de Bertolt Brecht, lo que fue un tesoro para mí porque yo también estaba volcado por aquella época en la obra del genio alemán. Gracias a estos encuentros que fueron pocos para mi gusto, el maestro premió a la comunidad académica con una charla pública que se llevó a cabo en 1998 en el auditorio de la Facultad de Arquitectura. Esta tuvo por nombre La proyección de Bertolt Brecht en la experiencia teatral de Gilberto Martínez.
Cabe señalar que el maestro fue alumno del Centro Universitario de Teatro entre 1961 y 1963, allí participó en el seminario sobre Bertolt Brecht, el cual le dio bases sólidas sobre el espacio teatral y la dramaturgia. El 1965 estudió la obra Baal y el expresionismo, en este mismo año publicó su primer ensayo de carácter dramatúrgico: Hacia un teatro dialéctico; en el que hace un análisis a la obra Revolución en América del Sur de los dramaturgos Boal y Medina. Entre 1968 y 1969 participa al lado de Enrique Buenaventura como asistente de dirección y actor en el montaje de La excepción y la regla (1930), escrita por Bertolt Brecht (1898 – 1956).
La Casa del Teatro y otros aportes al arte y la cultura
La Casa del Teatro, fundada en 1987, fue uno de sus últimos logros y sigue vigente en la actualidad, tiene un espacio en comodato en la parte baja del Barrio Prado de Medellín, que cuenta con todas las cualidades para el ejercicio teatral. En este espacio se lleva a cabo la formación e investigación teatral, además, se gesta todo tipo de actividades culturales para la ciudad.
Por suerte el espacio sigue abierto a pesar del vacío que deja la usencia del maestro, un hombre experimentado, que era escuchado por los agentes culturales del Estado o de la empresa privada, lo que permite dar viabilidad a este tipo de proyectos que no se traducen en ventas o beneficios tangibles en el corto plazo. Contar con un líder de la de la talla de Gilberto Martínez sería estratégico para cualquier empresa cultural, ya que el maestro fue secretario de educación de Medellín en 1966 y apoyó de manera decidida durante dicho periodo la construcción del Teatro Pablo Tobón Uribe; fue fundador de la Escuela Municipal de Teatro de Medellín (1966 – 1972), que posteriormente se convirtió en la Escuela Popular de Artes –EPA-; Participó como actor y director de El Triángulo (1958); La Carreta (1965); Corporación de Teatro Libre de Medellín (1972 – 1975); El Tinglado (1979 – 1982). Y fue director de la revista Teatro (1969 – 2003).
La Casa del Teatro sigue siendo ese legado que el maestro Gilberto Martínez junto con José Sanchis S., y otros compañeros utopistas, quienes la fundaron como una propuesta ética y estética para la ciudad, que atraviesa al humano para que este reflexione en torno a la existencia y deje, al menos por unos instantes, de lado los instintos primarios de la subsistencia (Martínez, 1994).

Referencias
Lucarda, M. (2002). Teatro Colombiano Contemporáneo (1992). Monografic., p.p. 64 – 92.
Martínez, G. (1994). Un hueco lleno de estrellas. Revista Teatro (15), p.p. 1 – 28.
Martínez, G, (1998). La proyección de Bertolt Brecht en la experiencia teatral de Gilberto Martínez. [Conferencia, apuntes personales].
Fotografía de portada: Fuente. Harold Smith y tomada de Facebook de la Casa del teatro de Medellín
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