Espléndido, este cúmulo de sabiduría que ensancha el horizonte de nuestra mente y oxigena el alma. Leer a Nuccio Ordine es un placer con mayúsculas, sobre todo en los tiempos que corren —empezaron a correr ya hace mucho—, en que la sociedad occidental va en dirección absolutamente contraria a los postulados en que el autor basa su concepción del mundo y de la vida.
Ya no queden humanistas ni casi ningún rastro de sus valores; ¿cuántos años hace que han desaparecido de la enseñanza de Secundaria el latín y el griego? ¿Y la filosofía? ¿Cuánto tiempo hace que ya no se valora la cultura de la lentitud, de la reflexión? ¿Cuánto, que hemos dejado de apreciar la riqueza de las clases presenciales? Es por eso por lo que todavía, a aquellos que aún estéis a tiempo, os recomiendo este libro, con la esperanza de que alguno de los lectores quiera y pueda redimir la semilla que pervive en sus páginas.
Los hombres no son islas, que se inspira en la frase de John Donne recogida en el Devotions upon Emergent Occasions (), publicadas el 1624: «Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo; todo hombre es un pedazo del continente, una parte del océano». Partiendo de esta sugerente y prolífica metáfora, Nuccio Ordine (*Diamante —Italia—, 1958), él mismo un gran humanista, heredero de los más grandes, estudia el profundo significado de este pensamiento, así como el eco que se han hecho de él en sus escritos pensadores y literatos hasta nuestros días. Su libro es una especie de palimpsesto, cuyos estratos él va sacando a la luz para que no queden enterrados y que no es pierda el más gran tesoro que guarda la humanidad, aquel sobre el cual Occidente ha construido su historia y su identidad.
Dividido en dos partes, la primera corresponde estrictamente al título principal Los hombres no son islas; la segunda, remite al subtítulo, Los clásicos nos ayudan a vivir. Pero ambas están, de hecho, estrechamente ligadas. Porque el autor, hijo privilegiado de los sabios que han establecido los cimientos de nuestra cultura, se siente deudor y responsable de dar en herencia a las generaciones jóvenes el tesoro que es consciente que está en peligro de extinción y agonizando. Pero Ordine no tira la toalla. Si hemos de morir, que sea con dignidad y sabiendo que hemos hecho los deberes.
El autor hace patente el estrecho vínculo entre los dos partes por el encabezamiento de la primera con el epígrafe Introducción. Ordine hace un recorrido por la obra de clásicos con mayúsculas: Francis Bacon, Virginia Woolf, Séneca y Cicerón, Sano’di de Xiraz, Montaigne, William Shakespeare, Xavier de Maistre, Tolstói, Saint-Exupéry. Y si bien el libro se centra en la máxima de John Donne (Londres, 1572- Londres, 1631), poeta metafísico inglés y clérigo de la Iglesia de Inglaterra, Ordine busca esta idea central en el pensamiento del canon occidental, tanto en los pensadores que conocieron a Donne como en aquellos que lo precedieron y lo seguieron sin ser conscientes su influencia. De este modo da a entender la universalidad de su idea.
La segunda parte, que lleva el epígrafe Los clásicos nos ayudan a vivir, es una compilación de cincuenta y un capítulos dedicados a otros tantos autores. Partiendo en cada caso de una cita de los suyas obras capitales, Nuccio Ordine comenta y reflexiona sobre el pasaje correspondiente subrayando su importancia, a menudo derivando, por contraste, la reflexión hacia los peligros que la sociedad contemporánea corre por haber abandonado hábitos y valores, que se reflejan en los escritos de los grandes maestros. Así, la lista se amplia largamente con Ariosto, Aristóteles, madame de Lafayett, Campanella, Camus, Dante, Dickkinson, Eliot, Hemingway, Gramsci, Lessing, Rilke, Hesse, Nietzsche, Vigilan, Plutarco, Pascal, Safo, Rulfo, Ibsen, Galilei, Erasmo, Txékhov y un largo etcétera.
El libro nos ayuda a reflexionar sobre los temas capitales de la vida: la libertad, el miedo, la ceguera de mente, el fanatismo, las relaciones humanas, la compasión, la empatía, el materialismo, el egoísmo, la muerte… Deviene así un tipo de devocionario que puede acompañarnos en los momentos previos al sueño. Siguiendo con el pensamiento inicial nos recuerda: «[…] los seres humanos están ligados entre sí […]. Ningún hombre es una isla, […] la muerte de cualquier hombre me debilita […]». Leerlo con lentitud es una recomendación.
Nuccio Ordine es profesor de literatura italiana en la Universidad de Calabria y especialista en el Renacimiento.
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