Las nueve musas
Coherencia

Sobre la coherencia y sus obstáculos

Promocionamos tu libro

Para todos aquellos que verdaderamente queremos un mundo mejor escribo este artículo. No soy inocente, no sueño quimeras ni pienso que los seres humanos queramos en general un mundo mejor, ni tampoco que aquellos que hacen peor el mundo lo hagan de manera consciente.

Sé que un colectivo importante de gente —lamentablemente el más poderoso, pero justo es decir que no mayoritario— solo trabaja para diseñar el mundo en función de la ganancia que reporte a su bolsillo. Pero también sé que una gran mayoría —muy grande, porque no forma parte de este colectivo— nos movemos a menudo siguiendo una inercia de la cual somos poco (o nada) conscientes.

Dicho esto, quiero plantear algunas cuestiones importantes:

¿Por qué votamos lo que votamos? ¿Conocemos bien los programas de los partidos a los cuales damos nuestro voto? ¿O los votamos quizás porque siempre los hemos votado y confiamos en ellos? ¿Somos conscientes de las consecuencias de nuestro voto?

Vayan por delante estas preguntas para poder plantear otras:

¿Qué significa ser de derechas o de izquierdas? ¿Qué significa ser nacionalista o independentista? ¿Qué significa ser demócrata? ¿Qué significa globalización? ¿Qué valores defendemos realmente? ¿Cuál es nuestra huella ecológica personal? ¿Tenemos interés a conocerla y/o hacemos activamente algo para reducirla? ¿Qué significa coherencia de actuación personal? En definitiva, ¿somos conscientes y asumimos las responsabilidades de nuestras actuaciones? Serlo no es fácil, cada vez menos, si tenemos en cuenta que informarse bien hoy es casi imposible, tanto porque las fuentes de información se oscurecen, como por el hecho de que hay tanta desinformación interesada que la búsqueda de noticias creíbles puede ocupar una considerable parte de horas de que difícilmente disponemos en general.

Aun así, también es cierto que algunas de nuestras actuaciones dependen de inercias y de gestos que no costaría demasiado corregir. Y corregirlas puede tener consecuencias de gran magnitud para un gran número de personas y puede contribuir considerablemente a cambiar cosas esenciales en el mundo. Hacen falta solo algunas reflexiones.

Para poner ejemplos de flagrante actualidad me referiré al panorama político-social de los últimos años y actual, que creo que pone en evidencia meridiana lo que quiero decir:

¿No os parece extraño que Europa occidental se haya movilizado tanto —instituciones públicas y religiosas y personas privadas— para atender a la población que sufre la guerra en Ucrania y haya acogido en su propia casa las refugiadas de este país y no haya hecho lo mismo con otras que huían otras guerras, en buena parte incluso sospechosamente ignoradas, pero igualmente sangrientas, como actualmente las de Burkina Faso, Somalia, Sudán, Yemen, Myanmar, Nigeria o Siria? A la gente que las sufre y huye de éstas no sólo no la hemos acogido, sino que Europa les ha puesto más difícil lograr su condición de refugiadas (ver el Pacto Europeo de Migración y Asilo, firmado el abril de 2024).

¿No os parece extraño que los EE. UU. y España, que han hablado antes de este verano de genocidio sobre la población de Gaza por parte de Israel, hayan seguido enviando armas al país genocida? Según El Diario, en una publicación del 13 de marzo de 2024, «El 11 de febrero se conoció por este diario que municiones fabricadas en España valoradas en 987.000 euros habían sido exportadas a Israel en noviembre. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares había dicho el 5 de diciembre en el pleno del Congreso de los Diputados que desde el 7 de octubre no se producían “operaciones de exportación de armas españolas a Israel”. También respondió a Àngels Barceló el 23 de enero en la Cadena SER que “ya se había producido” el embargo de armas por el que le preguntaba la periodista, y en la Comisión de Exteriores del Congreso aseguró que no se había producido ninguna operación de “venta de armamento”»

Justo es decir que el ministro de asuntos extranjeros a que hace referencia el artículo de El Diario todavía lo es actualmente y forma parte del gobierno del presidente Pedro Sánchez, el mismo que, en su última visita a Israel (noviembre 2023), le dijo a la cara a Netanyahu que lo que Israel hacía con Gaza era un genocidio. Recordamos que el último conflicto Israel-Palestina, que afecta sobre todo a la franja de Gaza, empezó en octubre de 2023 y que Pedro Sánchez viajó a Israel en noviembre del mismo año y poco después España anunció oficialmente su apoyo a la creación de un Estado Palestino (mayo 2024).

Y los EE. UU., además de ser conocido, que es el primer país que nutre de armamento a Israel, con diferencia, y que es su principal aliado, en 14-08-2024 el canal de TV1 anunciaba que acababan de firmar otro pacto millonario en este ámbito.

Merece la pena en este contexto que nos planteemos, por ejemplo —y no es baladí— por qué Alemania ha tenido, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, tantos problemas en cuanto a sus políticas y manifestaciones públicas de todo tipo con las cuestiones que tengan que ver con los judíos y con Israel. También ahora, en relación con el último conflicto a que hago referencia. ¿Que Alemania siga sufriendo complejo de culpabilidad por el genocidio judío en sus tiempos de nacionalsocialismo debe impedir sus posicionamientos justos ahora y de por vida? No es necesario recordar que los alemanes del tiempo de Hitler no eran ni mucho menos todos nazis y que, como ya sabemos por la Historia, también muchos sufrieron persecución y exilio. Pero aquel complejo de culpa es un hecho que pesa sobre Alemania entera. Aun así, ¿qué culpa tienen los palestinos?

Por otro lado, en otro orden de cosas, ¿por qué países y personas que se llaman y consideran demócratas se oponen a que la población sea consultada en un referéndum?

Estas grandes contradicciones se sustentan en intereses, en falsas o, cuando menos, discutibles culpas, pero también, y muy a menudo, son las etiquetas maniqueas las que las avivan, etiquetas que tanto usamos en nuestra vida cotidiana: por ejemplo, ser de derechas o de izquierdas, según esquemas siempre demasiados simples que nos impiden decir verdades como puños para no ser tildados de… Y esto nos frena en nuestro impulso y en la necesidad imperiosa de ser justos.

Muchos prejuicios son claros ejemplos: cuando una persona maltrata a otra hay que perseguirla por maltratadora; cuando una asesina a otra, hay que llevarla a juicio, si hay que encarcelarla hay que hacerlo y, también, si hace falta, expulsarla del país por asesina. No porque sea musulmana o tenga la piel oscura, sino porque es maltratadora o asesina, como hay que actuar con cualquier otra del país o nacionalizada que actúe así. Los crímenes son los crímenes; no pueden ser exculpados ni justificados porque quien los cometa haya crecido en otro contexto cultural. Si lo justificáramos así, también tendríamos que exculpar de los feminicidios a todos los hombres que matan a sus parejas, también deberíamos exculpar todos los crímenes y maltratos machistas, con el argumento que quienes los cometen han sido educados en un contexto de absoluta cultura patriarcal.

La injusticia es y será siempre injusta, el crimen siempre es un crimen. Justo es, también en el marco de las democracias —dentro del cual se producen grandes injusticias, incluso amparadas por las leyes— no callar y salir a la calle para contribuir a mejorar y ampliar el marco democrático. Justo es proteger al desamparado, justo es acoger a quien huye de persecución política, de desastres ecológicos o naturales y de guerras. Justo es cuidar, en todas partes y en casa, de los Derechos Humanos, impulsarlos y no guardar silencio cuando se transgreden.

Anna Rossell

Anna Rossell

Anna Rossell (Barcelona –España, 1951)

De 1978 a 2009 profesora titular de la Universidad Autónoma de Barcelona en la especialidad de Lengua y Literatura Alemanas (Filología Inglesa y Germanística) y crítica e investigadora literaria en Barcelona, Bonn y Berlín.

Actualmente se dedica a la escritura creativa, la crítica literaria y la gestión cultural. Como gestora cultural organiza los recitales poéticos anuales estivales Poesía en la Playa, en El Masnou (Barcelona) y ha sido miembro de la comisión organizadora de los encuentros literarios bianuales entre continentes TRANSLIT. Actualmente organiza los Recitals de Poesia i Música VinsIdivina.

Colabora regularmente en numerosas publicaciones periódicas literarias nacionales e internacionales: Quimera, Ágora de arte gramático, Crítica de Libros, Revista Digital La Náusea, Realidades y ficciones, Las nueves musas, Nueva Grecia, Terral, Núvol y en revistas especializadas de filología alemana.

Entre sus obras no académicas ha publicado los libros Mi viaje a Togo (2006), El meu viatge a Togo (2014), Viaje al país de la tierra roja, Togo y Benín (2014), Viatge al país de la terra roja, Togo i Benín (2014), los poemarios La ferida en la paraula, (2010), Quadern malià / Cuaderno de Malí (2011), Àlbum d’absències (2013), Àlbum de ausencias (2014), Auschwitz-Birkenau. La prada dels bedolls/La pradera de los abedules (2015) y las novelas, Mondomwouwé (2011) y Aquellos años grises (España 1950-1975) (2012), Aquells anys grisos (Espanya 1950-1975) (2014).

Es coautora del libro de microrrelatos Microscopios eróticos (2006).

Cuenta en su haber con algunas traducciones literarias del alemán al español, entre ellas El Elegido, de Thomas Mann.

Corrección de textos

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • Andanzas del Maravilloso Idiota
  • Un viaje hacia la inmortalidad
  • Camp Red Valley
  • Misión Gliese
  • El consejero de Roma
  • Retazos de poemario Absurdo y feromonas

  • En el Lago Español
  • Retazos de poemario Absurdo y feromonas

  • El último experimento
  • Dadme a vuestros rendidos
  • Cuando crecen las sombras