Las nueve musas
Métrica

Las pausas del verso y del poema

Las bases sobre las que se estructura el verso y su armonía con los otros versos de un poema son el ritmo, el metro, la rima (si la hay) y las pausas.

Voy a tratar en este artículo de las pausas en los verso y los poemas.

La expresión oral de un poema, o sea su recitado, es muy importante, ya que es la que manifiesta el ritmo que distingue al poema de la prosa, y dentro de esa expresión las pausas determinan esas paradas fónicas sobre las que se estructura el ritmo acentual silábico.

Hay que tener en cuenta dos tipos de pausas. Primero las pausas sintácticas determinadas por los signos ortográficos (punto, punto y coma, dos puntos, interrogaciones, exclamaciones, y comas con mayor o menor repercusión fonética) que facilitan el entendimiento del significado de un texto. Estas pausas pueden coincidir o no con las pausas necesarias para sostener el ritmo fonético de los versos.

Un poema no se corta en renglones porque sí, sino porque esos versos tienen una coherencia sintáctica y fonética, o solo fonética si se efectúa un encabalgamiento léxico entre versos contiguos. Por ello, lo habitual es al que al final del verso exista una “pausa versal” final que lo distingue de los otros versos contiguos. Esta es la pausa más importante, pero además existen otras pausas necesarias para mantener el ritmo del verso que trataré más adelante.

Conviene citar la opinión de algunos tratadistas sobre la pausa final de los versos. J. Domínguez Caparrós es taxativo: “Al final del verso se hace siempre un descaso llamado pausa versal”. (Métrica española. UNED, 2014. Pag. 91). A. Quilis indica “La pausa versal, que se produce al final de cada verso en obligada” (Métrica española. Arial, 1997. Pag. 79), pero lo matiza si existe encabalgamiento (Pag 81-83). En esta línea, I. Paraíso. (La métrica española en su contexto románico. Arco libros, 2000. Pag.96) dice “…es necesario que en cada unidad versal exista una materia fónica flanqueada por dos silencios: el inicial y el final. Los silencios y pausas son imprescindibles para la percepción de los versos como tales”. Pero luego indica “El encabalgamiento (…), disminuye mucho la pausa versal (aunque no la suprima en las buenas dicciones)”.

Los encabalgamientos entre versos

Por tanto, queda claro que según los mejores tratadistas métricos actuales los versos están separados por una pausa métrica final o pausa versal y sólo en los encabalgamientos esta pausa puede disminuirse, pero en mi opinión ello ocurre solo si existe el sostén de la rima o de una estructura rítmica fuerte. Esa rima puede hacer que se mantenga el ritmo del verso disminuyendo mucho la parada fónica final, ya que en ese caso es la repetición fonética la que da consistencia al verso. Si no existe rima, el verso encabalgado puede sostenerse si las estructuras rítmicas de los versos implicados son fuertes y homogéneas de forma que mantengan un ritmo conjunto a pesar de la debilitación de la pausa versal implicada. Por ello, es muy difícil justificar los encabalgamientos en el verso libre, ya que no existen sostén sintáctico ni fonético para los versos implicados.

Coloco a continuación el primer cuarteto de un soneto mío, que como ejercicio encabalgaba todos sus versos. En este caso, esas repeticiones fonéticas de la rima consonante dan sostén a los versos del poema, que puede recitarse casi de forma continua con pausas solo en los signos ortográficos internos, quedando la intensidad de las pausas versales más leve y a criterio del recitador.

Con sólo normas métricas, no pidas
que se escriban sonetos. Escribir
necesita mirar, oler, vivir,
tocar, no solo que los versos midas (…)

Continuando con las pausas, la “pausa estrófica” separa las estrofas de un poema, y su intensidad, mayor que la versal, sería algo semejante a un punto seguido o un punto y aparte en un texto en prosa.

Los versos largos, a partir de las 12 sílabas y algunos de 10, suelen dividirse en dos hemistiquios que son como dos subversos entre los que también existe una “pausa hemistiquial” menor que la versal final, pero que también impide la sinalefa, si existiera la posibilidad de efectuarla entre hemistiquios. Estos versos se denominan “versos compuestos” y en el final de ese primer hemistiquio también se efectúan compensaciones de longitud en los casos de palabras esdrújulas o agudas. No todos estos versos largos tienen hemistiquios, ya que también pueden recitarse de corrido si mantienen un ritmo continuo, pero es extraño entre los de 14 sílabas o más.

Estos versos de Rubén Darío de “La rosa niña” se consideran dodecasílabos con dos hemistiquios hexasílabos. Y en el segundo verso se produce compensación por esdrújula y la pausa hemistiquial impide la sinalefa. Indico entre paréntesis la posición silábica de las tonicidades básicas, y con doble paréntesis las tonicidades secundarias.

Y bajo un boscaje / del amor palestra,
sobre el rico zócalo / al modo de Jonia,
con un candelabro / prendido en la diestra
volaba el Mercurio / de Juan de Bolonia.

so-bre el- ri-co- -ca(lo) / al- mo-do- de- Jo-nia,                 12=6((1).3.5)+6(2.5)

Es cierto que todos esos versos podrían recitarse de corrido y ese anterior quedaría sin compensar la esdrújula y efectuando sinalefa:

so-bre el- ri-co- -ca-lo al- mo-do- de- Jo-nia,                      12=((1).3.5.8.11)

Pero al recitar todos esos dodecasílabos de corrido la armonía es imperfecta, ya que el primero es de ritmo binario con apoyo en 9ª y 11ª silaba y los otros tres de ritmo ternario con apoyo en 8ª y 11ª sílaba. En cambio, efectuando la pausa hemistiquial no hay problemas de compatibilidades de ritmos, ya que los hemistiquios hexasílabos son todos armónicamente compatibles sean binarios o ternarios al tratarse de un metro de 8 sílabas o menos.

Además de esas pausas métricas citadas, pueden existir otras por motivos sintácticos. Cuanto más largo es un verso, es más probable que tenga más pausas, tanto por motivos métricos como sintácticos. Como se ha indicado, si hay diferencias entre las pausas versales y las que deberían efectuarse por la sintaxis del texto, o sea cuando no coinciden las agrupaciones sintácticas con los finales versales, se dice que hay encabalgamiento entre los versos.

Las pausas versales más leves no comportan versos compuestos. Por tanto, no precisan compensación de agudas o esdrújulas, ni tampoco obligan a interrumpir la sinalefa. Estas se denominan “pausas mediales” y son las habituales en la sintaxis, pausas que pueden evitarse siempre que no se confunda el significado de la frase. Según sean estas posibles confusiones, sí que ha de efectuarse la pausa que puede dificultar o impedir la sinalefa. También se usa para definir las pausas internas del verso el término “cesura”, pero yo lo considero confuso, ya que algunos tratadistas lo utilizan para la “pausa hemistiquial” y otros para las “pausas mediales”.

Un ejemplo de unos versos del poema de Antonio Machado “A un olmo seco”, que normalmente se considera formado por versos endecasílabos, aunque en realidad algunos versos son dodecasílabos a causa de las pausas fónicas a los que impone su texto y los signos ortográficos.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina   (…)

que- la-me el- Due-ro!- Un- mus-go a-ma-ri-llen-to            12=5(2.4)+7(2.(4).6)

Efectuar sinalefa entre “Duero” y “Un”, con un punto y seguido intermedio, para que el verso pueda ser un endecasílabo significa romper su significado. Si se recita bien con pausa fónica, el Duero lame la colina y un musgo mancha la corteza del olmo; en cambio, con sinalefa parece que el musgo lame al Duero, cuando “Duero” y “musgo” no están ligados sintácticamente. Otros versos:

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,  (…)

An-tes- que- te– de-rri-be,- ol-mo- del- Due-ro,                    12=7(1.(4).6)+5(1.4)

Aquí “olmo del Duero” es una aposición y son convenientes unas pausas fónicas que la delimiten, por eso la sinalefa “derribe, olmo” desvirtuaría el sentido del texto. Esta mezcla de endecasílabos y dodecasílabos compuestos de hemistiquios de 7 y 5 sílabas, no constituye ningún problema de armonía conjunta ya que se trata de versos armónicamente compatibles.

Otras pausas leves son las que existen cuando dos silabas contiguas son tónicas y no se produce la destonificación de una de ellas. Una de las posibilidades de realización de esos acentos antirrítmicos, o sea contiguos, es esa leve parada que no suele romper el verso en hemistiquios, aunque en ocasiones puede llegar a separarlo. En este ejemplo de Borges la existencia, además, de una pausa fónica sintáctica entre la 6ª y 7ª sílaba favorece su escansión y recitado como un dodecasílabo compuesto 7+5.

Cristal de soledad, sol de agoas

Este verso suele considerarse endecasílabo (2.6.7.10), pero se recita mejor permitiendo una pausa fónica tras la coma que lo separa en hemistiquios, y compensando la palabra aguda “sol” resulta un dodecasílabo compuesto 7+5

Cris-tal– de- so-le-dad,_ / sol– de a-go-ní-as           12=7(2.6)+5(1.4)

En general, las paradas sintácticas indicadas por algunos signos de puntuación pueden quedarse en pausas mediales o romper el verso en hemistiquios. Como en otros muchos puntos de la métrica, aquí navegamos entre dos aguas y, en ocasiones, el autor o el recitador pueden llevar el verso hacia una u otra expresión. Señalo esa leve parada, que en general denomino como “pausa medial”, con un (‘) cuando no coincide con un punto o un punto y coma, porque en esos casos ya se efectúa siempre. En el segundo cuarteto del soneto de Gerardo Diego “Al ciprés de Silos” hay una pausa medial en cada verso. En este caso coinciden con las comas ortográficas, pero hay otras comas que no comportan parada fónica y solo se colocan por motivos aclaratorios sintácticos.

Mástil de soledad,’ prodigio isleño,                                            11(1.6.8.10)
flecha de fe,’ saeta de esperanza.                                               11(1.4.6.10)
Hoy llegó a ti,’ riberas del Arlanza,                                             11(1.3.4.6.10)
peregrina al azar,’ mi alma sin dueño.                                      11(3.6.7.10)

Este conocido soneto de endecasílabos podría tener otra realización apoyada en la fuerza de las tonicidades agudas en sílabas 4ª y 6ª y la compensación por final agudo.

Más-til- de- so-le-dad_,/ pro-di-gio is-le-ño,                          7+5
fle-cha- de- fe_,/ sa-e-ta- de es-pe-ran-za.                             5+7
Hoy– lle- a- ti_,/ ri-be-ras- del– Ar-lan-za,                            5+7
pe-re-gri-na al- a-zar_,/ mi al-ma- sin- due-ño.                     7+5

Lo normal es considerar este poema como de versos endecasílabos con sólo pausas mediales, pero muchos de quienes lo recitan lo separan en hemistiquios, lo que afecta poco al ritmo del poema ya que, como he indicado, los endecasílabos y los dodecasílabos en 7+5 o 5+7 son armónicamente compatibles. Debe destacarse que 9 de los 14 versos de este soneto podrían separarse en dodecasílabos.

Siguiendo con lo anterior, hay poemas que pueden escandirse como verso simple o compuesto por dos hemistiquios en función del recitado y el énfasis en efectuar una pausa hemistiquial o no.

Otro ejemplo de pausa sintáctica en la que señalo con (^) la sinéresis final en “purpureo”

Rojo sol, que con hacha luminosa
coloras el purpúrêo y alto cielo, (F. de Herrera)

Ro-jo- sol,-‘ que- con- ha-cha- lu-mi-no-sa                              11(1.3’.6.(8).10)
co-lo-ras- el– pur--reo- y al-to- cie-lo                                    11(2.(4).6.8.10)

La leve parada sintáctica tras “sol” no rompe la continuidad del verso, si bien es verdad que en la primera parte de los versos es más fácil forzar los ritmos. Otro ejemplo:

Tiempo es, amigo, de coger las riendas (López Maldonado)

Tiem-po es-,’ a-mi-go,’- de– co-ger– las- rien-das                 11(1.2’.4’.(6).8.10)

El inciso vocativo “amigo” precisa de unas ciertas pausas de entonación que no rompen el verso. Lo tensiona más la sinalefa “Tiempo es”, ya que resultan dos tónicas seguidas.

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Se denominan “braquistiquios” a partes del verso delimitadas por pausas sintácticas de las que al menos alguna de las dos es medial y no comporta rotura de sinalefas ni compensación silábica. Las señalaré con (‘) como a las pausas mediales ya que su efecto es muy similar. Estos braquistiquios tienen como máximo 5 sílabas, aunque lo normal será de 2 a 4 y suelen resaltar y enfatizar alguna parte del discurso que le interesa al poeta. Por ejemplo “Rojo sol” o “amigo” en los versos citados en el apartado anterior. Un ejemplo de Lope de Vega:

Agora que en pesebre le tenemos,
sollozos son de niño puesto al hielo,
no voz,’ de cuyo son nos espantemos.

En principio, el braquistiquio “no voz” no constituye por sí mismo un hemistiquio y la leve separación entre pausas de ese inciso contribuye a resaltarlo. Si interesa forzar esas pausas, para resaltar el inciso o conseguir una mejor armonía del verso, sí que estos braquistiquios se podrían convertir en hemistiquios.:

no- voz,’- de- cu-yo- son– nos- es-pan-te-mos                       11(2.4.6.10)

Esta es la realización sería la normal, como braquistiquio, con una pausa medial que no llega a romper la tirada recitativa del verso. Otro ejemplo de Alberti en el primer cuarteto de su soneto “A la pintura”

A ti,’ lino en el campo. A ti,‘ extendida
superficie, a los ojos, en espera.
A ti,‘  imaginación, helor u hoguera,
diseño fiel o llama desceñida.

A- ti,’- li-no en- el- cam-po. A- ti,‘ ex-ten-di-da                     11(2.3.6.8.10)

En este primer verso, Alberti incluye dos braquistiquios cortos “A ti”. El primero marca una leve pausa que ayuda a destensar el antirrítmico entre 2ª y 3ª sílaba, y el segundo está unido por sinalefas inicial y final, a pesar de los signos de puntuación existente. Este recitado es posible pero tensa bastante el verso. Yo lo preferiría escandido:

A- ti,’- li-no en- el- cam-po. / A- ti,‘ ex-ten-di-da                  12=7(2.3.6)+5(2.4)

De esa forma se tensa menos el verso, al ser más cortos los hemistiquios, se facilita el encabalgamiento posterior con “superficie” y sigue este siendo armónico con el resto de endecasílabos del soneto. En este soneto, además de los copiados, hay 7 versos que comienzan con el braquistiquio “A ti”, pero sólo uno de ellos forma un antirrítmico y en ninguno es necesaria la sinalefa.

En resumen, además de la pausa del final de los versos, que es imprescindible con algunas ligeras matizaciones en el caso de los encabalgamientos versales, y de la pausa estrófica, hay dos tipos de pausas que se distinguen por su menor o mayor duración. Las pausas hemistiquiales dividen al verso en hemistiquios, impiden la sinalefa y producen compensación silábica de palabras agudas o esdrújulas. Las pausas mediales, por motivos sintácticos o de realce del texto, son más leves y no separan el verso en hemistiquios; respecto a la sinalefa, suelen permitirla salvo que el ritmo o las tonicidades del verso no lo aconsejen.

Repito que la métrica no es una ciencia exacta y que el recitador tiene posibilidades de condicionar el recitado del poema tensando más o menos dicho recitado, por lo que a veces dos más dos no suman cuatro, pero lo que es seguro es que no suman ocho. Los principios y reglas métricas nos ayudan a recitar correctamente un poema, pero el recitador y el autor suelen tener algunos márgenes de actuación dentro de las estructuras de metro y ritmo que condicionan la armonía de un poema y lo distinguen de la prosa.


 

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Ricardo Fernández Esteban

Ricardo Fernández Esteban

Nacido en Barcelona en 1947.

Es Ingeniero Industrial, Master en Finanzas y Licenciado en Filología Hispánica.

Ha dedicado su vida profesional a las finanzas de empresa, ha ejercido la docencia en universidades y escuelas de negocios y ha participado en numerosas asociaciones profesionales. Dice de sus estudios que son más oxímoron que tríada, pero pueden ayudar a desvelar el porqué de su autodefinición “de formación ingeniero, de profesión financiero y de vocación poeta”.

Su afición por la literatura y la poesía es antigua, pero ha comenzado a publicar en este siglo. En poesía ha editado una trilogía de poemarios de viajes por las islas griegas Cuadernos de las islas griegas; un libro de rimas, Pensando en vosotras, en el que el narrador recorre las relaciones con las mujeres de su vida; un poemario digital sobre su relación con la pintura De museos por Madrid, en el que se pueden contemplar las obras en que se inspira; y una plaquette bilingüe (español-griego) Islario de Pasiones sobre los círculos viciosos y virtuosos del navegante de islas. Además, tiene publicado un libro de minirrelatos Cuentas de cuentos que buscan la complicidad y sorpresa del lector. Por otra parte, ha participado en numerosas Antologías poéticas y de relatos cortos.

Es miembro de la junta directiva de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), y de la tertulia poética de El Laberinto de Ariadna.

Participa en numerosos recitales y es ferviente defensor de acercar la poesía y la literatura al público, con medios tradicionales o innovadores, para que recuperen la importancia que deberían tener en la sociedad actual.

Está especialmente interesado y organiza actos sobre el presente y futuro de la literatura digital y la necesidad de adaptación del autor a la misma. Desde el año 2000 mantiene un blog de poesía La palabra es mágica en el que divulga obra propia y de autores que le interesan y que ya ha alcanzado las 400 mil visitas.

Poesía

Cuadernos de las islas griegas, 2006.
Adendas del Dodecaneso, 2009.
De museos por Madrid, 2009.
Más islas, más adendas de Grecia, 2010.
Pensando en Vosotras. Sial Ediciones, 2011.
Islario de pasiones. Amazon, 2020
La palabra es mágica. Lapalabraesmagica.com, 2010-2020

Relatos cortos

Cuentas de Cuentos. Ònix editor, 2015 (edición en papel)
Cuentas de Cuentos. Luz Azul ediciones, 2019 (edición digital)

Tratados didácticos

Métrica poética del español. Amazon, 2020

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