El nuevo poemario de José Luis Vidal Carreras (Vitoria, 1954), El buen suelo, publicado por la prestigiosa editorial Renacimiento, es un viaje introspectivo a través de los sentimientos más profundos y contradictorios que experimenta el ser humano.
En esta obra, el autor refleja la lucha constante entre la desesperanza y la necesidad de encontrar significado en un mundo lleno de caos y maravilla. El poemario se divide en varias secciones, cada una explorando un aspecto diferente del drama existencial: la soledad, el amor, la muerte, la naturaleza y la belleza.
El buen suelo, destaca por su capacidad para capturar la fragilidad de la existencia humana con un lenguaje delicado pero contundente. Los poemas están llenos de imágenes vívidas y metáforas que evocan tanto la angustia como la serenidad. La belleza se presenta no solo como una experiencia estética, sino como un antídoto contra el vacío existencial: “Cuanto puedo nombrar / se humilla tanto bajo el sol, / que parece imposible / su movimiento, insólita su ausencia. / Entro en la muchedumbre, / incapaz de juzgar la novedad / de sus disfraces y creer / en la pasión de sus colores. / Me paro y todo adquiere / el talante de un sueño.”
El drama de existir es una constante en este poemario. La poesía del autor se mueve entre la melancolía y la esperanza, ofreciendo un enfoque reflexivo sobre la vida: “Este cigarro / es una brasa / como la mía. / Y un breve tiempo / andamos juntos: / pavesas de concordia, / hermanos de nostalgia / con las cenizas de los dos.”
El estilo es a menudo lírico, con versos libres que permiten una fluidez de pensamientos y emociones. Hay una combinación de sencillez y complejidad en su uso del lenguaje, lo que hace que los poemas sean accesibles, pero también profundos y multifacéticos: “En la penumbra / soy uno más / que no se opone / ni se resiste. / Este oscuro follaje / me reprime en su abrazo, / me amordaza en su beso. / Carezco de sentido / y apenas se lo doy a nada / salvo a este súbito / apagarse la luz.”
La belleza, por otro lado, se presenta como una forma de resistencia. A través de las palabras, el autor encuentra momentos de paz y satisfacción en medio del caos y la tristeza: “Las amapolas / se purpuran. / Las golondrinas / se descuelgan. / Los inocentes se desarman. / ¡Y ya son otros! / Belleza es cuanto quiero, / y palabras que alumbren / una pausa inflamada, / firme sobre la nieve.”
La capacidad de observación del poeta se hace patente nuevamente en este poemario, siendo una de las señas de identidad de su producción artística, José Luis se distingue por su aguda observación del entorno natural y su capacidad para plasmarlo en palabras. Los poemas están llenos de imágenes sensoriales que permiten al lector “ver”, “escuchar” y “sentir” la naturaleza tal como la percibe el autor: “Este horizonte / donde me siento / y la mirada vaga: / los desmayados sauces, / las adelfas rabiosas, / la coruscante agua. / ¡Oh luz, no desfallezcas! / Cómo contigo / llega la paz, / huye mi cuerpo.”
La naturaleza es aquí mucho más que un simple escenario; es un personaje central, una entidad viva con voz y presencia propias. A lo largo del poemario, se observa un profundo respeto y admiración por el mundo natural, así como una invitación a los lectores a conectarse con él de una manera más significativa. El autor no solo se detiene en la belleza de la naturaleza, sino que también aborda su fuerza y su capacidad de asombro: “Fuentes, senderos… / ¡cómo se entregan! / Frutos, espigas… / ¡cuánto aventuran! / No doy abasto. / Y trastabillan mis palabras. / Pero la alondra arriba / los incorpora / y los sublima a todos / en su bruñido salmo. / Suceden. Son. Se quedan. / Y yo intento decirlo.”
El buen suelo, es una celebración de la naturaleza en toda su complejidad y diversidad, es un poderoso recordatorio de los pros y los contras de la vida humana y de la capacidad del arte para reflejar tanto el dolor como la belleza que forman parte de nuestra existencia. Es un poemario que invita al lector a reflexionar sobre su propia vida y a encontrar consuelo en la idea de que, a pesar del sufrimiento, siempre hay algo hermoso que vale la pena buscar.
José Luis Vidal Carreras nació en Vitoria en 1954. Es autor de los siguientes libros de poesía: Al rojo amarillo (1991), Señor de los balcones (1992), Perenne
flor (1997), Abalorios (2001), Álamo (2002), Horas y uvas (2007), Donde nunca hubo nada (2010), la antología Señor de los balcones (Renacimiento, 2013), Caja oscura (2018), En el sueño dorado (Renacimiento, 2018), Flores de la inocencia (2020) y Luz que regresa (Renacimiento, 2022).
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