Por vergüenza ajena, tras ver las pitañosas imágenes de la entrega de los Goya, voy a hacer huelga de ver cine español durante este año. Claro es que voy también a abstenerme gustosamente de escribir sobre pelis de nacionalidad española, aunque sean filmes vascos, catalanes o gallegos.
No estimo mi boicot al negocio del cine español como una muestra de criterio y buen gusto, si no solo es mi humilde homenaje al cine. Al cine de verdad. Al que se hace con voluntad de arte y con sed de gloria. Al cine que disfruto hoy, y que he gozado desde mi infancia.
Ustedes, lectores, seguro que no echarán en falta mi crítica del cine español de hoy. Ya hay incluso críticos de cine independientes, menos que críticos hay de poesía, de literatura o de política. O sea. ¿Uno, dos? (Pero los hay, y mucho mejores que yo. Traten de encontrarlos).
Criticar es pecado, aunque solo si se hace por escrito, con humildad y con honestidad; la indulgencia abunda por lo general, pues todo español critica a su vecino o vecina con convencimiento de poseer la verdad.
Así, el que se limita a decir lo que ha visto, sin otro interés que suscitar la discusión racional, resulta ipso facto incómodo. Matar a Sócrates se ha convertido en la inercia de esta burbuja pseudo cultural que nos atonta más cada día. Basta que haya tres brutos contra uno que medio piense, para que la mayoría condene a Sócrates al embrutecimiento. En cualquier ámbito, no solo en el cine español de hoy, tan carente de autocrítica como lleno de autocomplacencia, faltan tanto la crítica como la necesidad de crítica.
Un compañero profesor de filosofía me cuenta que le dijo a un alumno que corrigiera un error en su trabajo de clase. Y el alumno le miró sorprendido y le dijo al profesor: “!Quién eres tú para decirme lo que está mal!”
Llevo unos cuantos años haciendo crítica literaria. Hace poco, se me ocurrió darle un consejo a una joven poeta que había publicado su primer libro. Se quejó a su editora. Esta me comentó luego que le calmó a la omnisciente joven diciéndola que mi opinión era crítica constructiva.
Pero mucho me temo que si me ocupo de política los criticados no me otorgarán ni siquiera ese margen. Si los criticas eres un facha o un rojazo, según. Sólo admiten el botafumeiro y que dobles el espinazo. Triste democracia es la que no admite a un crítico si no está pagado. La prensa libre la quieren para atacar a otro partido o para difundir el propio argumentario infalible. Y qué decir de los asuntos o temas de nuestro tiempo. Cualquier matiz que expreses te pone en la diana. Yo le llamo a esto opusianismo. Hemos regresado al prevaticano, al realismo socialista, a Goebbels. Pero, aunque aún no maten ni secuestren en Gulag al crítico concreto, sí a Sócrates, al espíritu de la crítica. La filosofía se va de la prensa porque no puede callar, ahí la reciente censura a Savater…
¿Los Goyas?
Era más interesante lo que estaba pasando fuera del teatro en Valladolid. Los del agro y sus reivindicaciones son más dignas que las de las papagayas y los opusianos que se daban por el morro sus treinta Goyas.
Si el pintor de Fuendetodos, tierra de nobles agricultores, los viera a tanto esperpento. Que devuelvan los Goyas, paletos de traje y pajarita, les diría don Francisco de Goya y Lucientes.

















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