Cuando hablamos de turismo en España, muchas veces se nos va la mente a grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Sevilla. Pero si algo tenemos en España, eso son pueblos. Tenemos miles y cada uno con su propia personalidad. Y esta diversidad es su gran atractivo. Algunos se esconden en el interior, entre montañas y campos, mientras que otros se asoman al mar y viven de la pesca. Cada región tiene su manera de vivir, sus tradiciones y su historia, dando lugar a lugares únicos que vale mucho la pena explorar.
Hoy quiero aprovechar este espacio de Las Nueve Musas para hablaros de esa diversidad y enseñaros cuatro pueblos de España que, además de ser un espectáculo natural, son muy distintos entre sí.
Si os va la aventura y el turismo rural, quedaros a conocer un poquito más sobre Besalú, Zumaia, Llanes y Masca.
Besalú: un visita a la historia medieval de Cataluña
Un pueblo en España que te hace sentir que has viajado en el tiempo es Besalú. A apenas treinta minutos de Girona, este rincón de la Garrotxa te da la entrada al pasado medieval catalán a través de su famoso puente románico.
Besalú es un pueblo muy pequeño y recorrerlo solo os llevará medio día. Sin embargo, su patrimonio cultural lo convierte en uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Cataluña.
Besalú tiene historia para rato. Sus orígenes se remontan a tiempos romanos, pero su verdadera edad dorada llegó en la Edad Media. En los siglos X y XI fue capital de su propio condado, que se extendía por buena parte de La Garrocha y otras comarcas cercanas. Su ubicación, justo sobre el río Fluvià, la convirtió en un punto estratégico tanto para el comercio como para la defensa.
Lugares imperdibles de Besalú
Si hay una imagen que representa a Besalú, esa es la de su puente medieval con sus siete arcos desiguales tallados en la roca viva. Lo mandó construir el conde Guillem el Gras en el siglo XI, aunque el puente que vemos hoy ha pasado por muchas vidas. Fue restaurado tras una gran riada en 1315 y volvió a levantarse después de ser dinamitado durante la Guerra Civil.
Además de cruzar el famoso puente de Besalú, es casi obligatorio perderse por el casco histórico. La iglesia de Sant Pere, el monasterio y la Casa Cornellà son solo algunos de los edificios medievales que encontraréis en un paseo por la zona. Y si os apasiona la historia, no dejéis de visitar el antiguo barrio judío, donde todavía se pueden ver los restos del miqvé medieval.
Más allá de ser un destino perfecto para los amantes del medievo, este pueblecito catalán también es un punto de partida perfecto para explorar el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. Desde aquí se pueden hacer algunas de las mejores excursiones de Cataluña como los volcanes de Santa Margarida y Croscat o el bosque de hayas de la Fageda d’en Jordà.
Zumaia: acantilados y flysch en la Costa Vasca
Otro de los pueblos de España que no puede faltar en esta lista es Zumaia, uno de los más bonitos de la Costa Vasca. A tan solo 37 kilómetros de San Sebastián, este rincón marinero reúne acantilados, playas espectaculares y los paisajes verdes que nunca faltan en las fotos del País Vasco. La historia de Zumaia no se entiende sin el mar. Surgió en el siglo XIII como una pequeña villa pesquera y fue creciendo a orillas de la ría del Urola. Durante siglos, la pesca, el comercio y la construcción de barcos marcaron la vida del pueblo. En el XVI, vivió una época de esplendor que dejó huella en los palacetes y casas nobles que aún hoy decoran sus calles y que podréis en un pequeño paseo por el pueblo.
Lugares imperdibles de Zumaia
Si por algo es conocida Zumaia, es por su paisaje geológico. A los pies del pueblo se extiende el Flysch, una formación de capas rocosas que revela millones de años de historia de la Tierra. Este fenómeno, reconocido como Geoparque Mundial por la UNESCO, atrae cada año a miles de geólogos y visitantes que recorren el Camino del Flysch para contemplarlo de cerca.
Una de las mejores formas de verlo es bajando a la Playa de Itzurun, que queda rodeada de acantilados altos. Si preferís unas buenas vistas, no dudéis en subir a Ermita de San Telmo y disfrutar unas panorámicas impresionantes del Cantábrico y las capas de roca que bordean la costa.
Más allá de sus paisajes naturales, una ruta por Zumaia no estaría completa sin pasear por su casco antiguo. Podéis acercaros a algunos de sus edificios más emblemáticos como la Iglesia de San Pedro, el Convento de San Agustín, la Casa Olazabal, el Palacio de Foronda, el Palacio Zumaia y la Torre Ubillos. 


Llanes: la tradición marinera de la Asturias oriental
Si planeáis hacer un viaje por la costa oriental de Asturias, no podéis dejar de visitar Llanes, uno de los pueblecitos marineros más interesantes de la región. A unos 20 kilómetros de la ciudad de Ribadesella, este rincón costero no deja a nadie indiferente con sus miradores, su casco medieval antiguo y más de una treintena de playas.
Al igual que Zumaia, Llanes siempre ha estado ligada al salitre, las olas y la vida del Cantábrico. Desde el siglo XIII, cuando recibió el fuero de Alfonso IX, la villa creció como un puerto amurallado lleno de actividad y comercio. Caminando por sus calles se ven torres medievales, palacios y las llamativas casas indianas, que fueron construidas por llaniscos que volvieron de América con fortuna y muchas ganas de impresionar a sus vecinos.
Lugares imperdibles de Llanes
Una de las grandes ventajas de visitar Llanes es la oportunidad de perderse en su entorno natural. Sus playas forman paisajes preciosos, con aguas de un verde esmeralda que no pasa desapercibido. Toró, Puerto Chicu o Gulpiyuri son paradas casi obligatorias. Y, desde el Paseo de San Pedro, las vistas del mar, la Playa del Sablón y los acantilados que bordean la costa quitan el hipo.
Si con las playas no tenéis suficiente, a diez kilómetros del centro de Llanes, podéis visitar los bufones de Pría, un espectáculo natural digno de presenciar. Son cavidades en rocas que expulsan chorros de agua marina cuando hay oleaje fuerte y marea alta. ¡Cuidado al acercarse, porque es fácil acabar empapado! Yo tuve la mala suerte de visitarlos en un día de mar tranquilo y en lugar de grandes chorros, solo se veían tímidos amagos de pequeñas explosiones de agua en algunas cavidades.
También como Besalú y Zumaia, Llanes no es solo naturaleza. Pasear por sus calles adoquinadas es adentrarse en su historia medieval. Entre sus callejuelas y plazas, daréis con lugares como la Iglesia de Santa María del Concejo, la Torre de Llanes o el Palacio del Duque de Estrada.
Masca: el pueblo colgante de Tenerife
Para acabar este pequeño recorrido por la diversidad de nuestros pueblos, nos vamos a las Islas Canarias. Y es que Masca es, sin duda, uno de los pueblos más singulares de España. En el noroeste de Tenerife, encaramado a 650 metros de altura, tenemos este caserío que parece colgar de las paredes del Macizo de Teno.
El pueblo de Masca tiene origen guanche, ya que fue habitado originalmente por la población indígena de Tenerife antes de la llegada de los europeos. Vivían en estas montañas, adaptándose al terreno volcánico difícil que hacía del valle un lugar casi inaccesible. Con el paso de los siglos, se consolidó como un asentamiento agrícola, pero su aislamiento permitió que Masca conservara su esencia rural, con casitas de piedra que se integran en el paisaje volcánico.
Aunque hoy ya no está aislada y tenemos la suerte de poder acceder. En 1970 se construyó una carretera que lleva a Masca, pero no es precisamente un camino de rosas. El trayecto al pueblo serpentea entre curvas estrechas y pendientes de vértigo que, a la vez, te van regalando vistas panorámicas al valle y al barranco. ¡Una de cal y otra de arena!
Lugares imperdibles en Masca
En realidad, el encanto de Masca está en su integración con el paisaje. Callejear por sus caminos estrechos y empinados es descubrir cómo conectan la vida rural y la geología volcánica de la Islas Canarias.
Aunque no hay grandes monumentos, merece la pena pasarse a ver la Ermita de la Inmaculada Concepción y visitar el Centro de Visitantes para conocer un poco más del Parque Rural de Teno. Desde el mirador Cruz de Hilda, tendréis vistas a todo el caserío y a los barrancos del valle.
Y hablando de barrancos… el Barranco de Masca es su principal atractivo. El sendero desciende unos 5 km hasta una playa de piedras volcánicas bajo los Acantilados de Los Gigantes, atravesando agaves, cactus y helechos. Si queréis incluir el descenso en vuestro planes, tenéis que hacer una reserva previa a través de la web oficial.
Y estos son solo cuatro ejemplos de la increíble diversidad que podéis encontrar en la geografía española. La lista es muchísimo más amplia con lugares como Arcos de la Frontera, Guimerà, Combarro, Chinchón, Albarracín, Soportújar, Xàtiva, Tejeda… ¡y un largo etcétera!
Espero que después de leer esto os entren ganas de dejar atrás el asfalto y descubrir esos rincones llenos de historia y naturaleza que, os aseguro, merecen muchísimo la pena. España tiene mil caras y os animo a que las exploréis todas.
Me llamo Iria, soy periodista y vivo en Barcelona. Me apasiona la creación de contenidos, hacer fotografías, escribir, investigar, hacer fotos y comunicar. Hace unos ocho años descubrí el placer de viajar y, desde entonces, no he parado. Los viajes fueron un gran descubrimiento para mí. Además de ser increíblemente enriquecedores, me dan alas y me ayudan a sentirme mejor conmigo misma, mientras inspiran los contenidos que creo.

























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