Abejas en marcha
“No sea oveja. ¡Sea abeja!”
Un antiguo proverbio romano dice “donde hay abejas hay salud”. Y, según atestiguan los biólogos, ellas producen nuestros alimentos; sin abejas se extinguirían las cadenas de vida natural pues polinizan, mantienen la reproducción de la flora, frutales, hortalizas, leguminosas, vegetales secos. Entonces, urge proteger las abejas porque ellas trabajan para el bienestar humano y para la salud del medioambiente.
De manera dramática lo pronosticó el científico, Albert Einstein: “Si la abeja desapareciera del planeta, al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida”.
Análogo al rol de las abejas, los humanos estamos llamados a preservar los mejores valores de la cultura conquistados por la humanidad a través de los siglos.
En Colombia y en el mundo debemos imitar a las abejas
Se hace imperativo imitar a las abejas para defender la vida, la paz y la salud de la tierra. Es el despertar de un letargo de dos siglos. Comienza una era de preparación para que fuerzas democráticas pluridiversas sean gobierno por segunda vez en la historia de Colombia. Para avanzar hacia ese objetivo debemos multiplicarnos como abejas y zumbar sin parar para hacer flamear las banderas de la protección del medioambiente, de la equidad social, de la buena educación y salud pública, de la agricultura campesina. Y sobre todas las cosas, la defensa de los Acuerdos de Paz.
“Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra su extinción”. Isaac Asimov.
Las abejas como la humanidad han padecido la muerte masiva. Entre 1905 y 1919, hubo una misteriosa desaparición de abejas en la isla británica de Wight. En este siglo, desde el 2006 los apicultores de diversas naciones del mundo han visto reducir notablemente la población de abejas.
Explican que los pesticidas y el cambio climático las están matando. Los agroquímicos alteran su memoria y
sistema nervioso. No es para alarmarnos, pero puede haber un síndrome de colapso de las colmenas. Y esa hipotética desaparición de las abejas nos afectaría gravemente a todos.
Hay que actuar. Aprender de ellas a interactuar con la naturaleza. ¡Hagamos un enjambre herético! Ponernos en pie para que no haya más abusos contra la tierra, y así prevenir un holocausto ecológico. Pues, mientras se escribe este texto, se vuelve a autorizar la aspersión aérea con glifosato contra los cultivos de coca. Este químico ya había sido prohibido por sus efectos nocivos en los ecosistemas y la salud humana. Además, es uno de los más letales para las abejas.
No podemos aceptar este crimen decretado desde los escritorios. Más bien, por qué no llenamos los jarrones de cristal con las flores de los jardines polinizados por las abejas silvestres. Que las despensas raquíticas en los campos florezcan con el vigor de los campesinos. Que las fábricas doblegadas por tratados de libre comercio se levanten vehementes como en los albores del Siglo XX.
Como abejas nos fortificaremos para cruzar la puerta de la modernidad
No somos vanguardia ni contracorriente, tampoco superioridad moral ni iluminados. Somos el germen de una Colombia sin violencias sectarias. Sin excluir a nadie, exponemos argumentos sobre lo que más nos conviene. El sueño de la concordia nos inspira.
No contemplamos la revancha, no estamos contra ningún colombiano. Todos somos merecedores de una mejor casa. Todos cabemos en ella. La podemos amoblar con el ingenio y talento que aquí nos sobra. La pueden adornar los artistas que brotan en los manantiales de los barrios y veredas.
Si viviera hoy ese inmenso ser Héctor Abad Gómez sería un aliado incondicional de la Colmena con su Manual de tolerancia. Era un hombre sensato, solidario, demócrata, crítico constructivo.
El Fascismo, por más que quicieramos, no ha desaparecido. Héctor Abad Gómez.
Y si tuviéramos aún entre nosotros los colombianos al lúcido comediante Jaime Garzón, disfrutaríamos un resquicio por donde resbalar los sinsabores de la vida cotidiana.
¡Qué falta hacen! Al igual que un Tomás Carrasquilla que nos reprochó el exagerado amor al oro y la apariencia. O un José María Vargas Vila que nos enseñó a distinguir los Césares de la decadencia; o un Luis Tejada que reveló en sus crónicas lo que faltaba en un medio incipiente; o un Ricardo Rendón, temido en los círculos de poder por sus caricaturas implacables.
Pero tenemos hoy a grandes escritores que han mostrado de dónde vienen nuestras grandezas, también nuestros desatinos. Entre ellos William Ospina y Pablo Montoya. William descifra las disputas territoriales que nos han desangrado como codicias originadas en la conquista española. Pablo exalta la lucha denodada de individuos que se niegan a sucumbir en sociedades represivas.
Las abejas son un simil para la transformación cultural a partir de la educación
Hay jardines que enloquecen de felicidad a las abejas. Hagamos de Colombia un inmenso jardín que enloquezca de felicidad a todos sus habitantes. Somos las abejas que actúan por una transformación cultural. El problema número uno de nuestro país no es la corrupción, tampoco la desigualdad social ni la destrucción ambiental.
El problema mayor de nuestro país es la falta de posibilidades para una mejor educación. Si hubiera un buen nivel educativo, no reelegiríamos corruptos en los principales cargos de dirección. Tampoco permitiríamos prosperar
tanta exclusión social, ni dejaríamos socavar el principal activo que poseemos. El atraso educativo no permite discernir entre lo útil y lo inútil, entre lo ético y lo no ético, entre el bien y el mal.
Ni el petróleo, ni el carbón ni el oro, es la mayor riqueza de un país. Es la educación. Esta aporta herramientas eficaces para quitar soportes a la violencia, la intolerancia y la pobreza.
Decimos con James Russell Lowell “Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra”.
Abejas, una sociedad organizada y democrática
Somos la sociedad libre, los que abrazamos ideas sin importar quien las propuso, los desilusionados de todos los puntos cardinales del espectro político, los escépticos, los que pensamos que el mundo no se divide entre comunistas y capitalistas, los creyentes, los ateos, los que nos hartamos del mismo paisaje.
Los que lloramos con las Madres de Soacha y de los niños que se mueren de sed y hambre en la Guajira, los que pedimos se devuelva lo hurtado a nuestros campesinos e indígenas; los que amamos los animales, las artes y los libros; los que nos subimos a un árbol para evitar que sea talado; los que disfrutamos el rock, la salsa y los viajes.
Anhelamos el regreso de los hermanos en armas a una vida de trabajo y libros. Que se reintegren a la alegría, al festejo sano, al amor a la naturaleza, a la familia, a las prácticas pedagógicas que ayudan a construir cultura
ciudadana, al deporte. Ofrecemos el diálogo argumentado para esclarecer el camino. Al fin y al cabo las relaciones sociales están atravesadas por el afecto, lo que no debemos olvidar a la hora de tramitar nuestras diferencias.
Decimos con Shakespeare, “difícil que la abeja abandone la miel por más que su panal se yerga en la carroña”.
Como las abejas nos resistimos a claudicar. Somos la resistencia, la palabra, un largo zumbido. Nadie nos enseñó a ser democráticos, pero aprendimos a serlo en los libros y las interacciones sociales. En la mesa del comedor y en las aulas nos prohibieron hablar de política, religión y fútbol. Pero, no quisimos ser dóciles, ni volcanes contenidos.
Tampoco nos atraen los coqueteos de la violencia política, ningún conflicto ideológico justifica asesinar al otro.
Preferimos ser abejas con aguijones enmelados. Somos lengua de miel. Deseosos de llevar los panales a todos los hogares. Somos apicultores de la política. Creemos que la imaginación sí puede llegar al poder. Tenemos proyectos individuales, pero también colectivos, atentos a las redes complejas que nos determinan. La matrix tóxica es telaraña que arruina sueños, hay que destejerla. Volverla a tejer.
Somos el ADN histórico que porta los aldabones de luchas generacionales
El esfuerzo del pasado palpita en las ondas del presente, viaja en los vientos de un futuro remozado: el legado ancestral indígena, las gestas libertarias de campesinos y artesanos, masas de trabajadores atraídas a las nacientes industrias de las ciudades. Como tatuajes en una piel adolescente brillan en la atmósfera los saberes populares, la cocina campesina, la cestería, los tejidos, la talla en madera, la orfebrería, la alfarería, la botánica curativa.
Y ahí entreverados, nos asombran los aprendizajes y adelantos de nuestras facultades de medicina e ingeniería, de ciencias básicas y agrícolas, de ciencias del derecho y humanas.
Bajo el sol que se esconde de tarde en tarde, flota la embarcación repleta de joyas identitarias labradas por la imaginación. Murmujean músicas costeras, andinas, llaneras, selváticas, sabaneras, junto a leyendas, mitos, poemas, narraciones literarias, cinematográficas, artísticas, de trovadores, decimeros, poetas, escritores, cineastas, dramaturgos e historiadores.
Y como telón de fondo a esta revista de diversidad cultural, nos seguimos conmoviendo con nuestra inmensa biodiversidad. Se levantan en cada amanecer las imponentes montañas para contemplar sus vástagos relucientes: valles, cañones, bosques, ríos, lagunas, mesetas. La flora y la fauna nos gritan desesperadamente para que no las abandonemos entre tantas amenazas. El antropo no puede continuar como el asesino ecológico en serie que ha sido durante 70.000 años. Es preferible un humanismo biocéntrico.
Cada uno de nosotros lleva una abeja en el alma

Es la conexión con otros seres vivos y con los procesos que nos antecedieron. Hay distintas clases de abejas, pero, en general la colmena tiene la misma estructura y filosofía. Es como el plenilunio que iniciamos el pasado 17 de junio de 2022.
Faber CUERVO
También hay diferentes tipos de mieles. Las escogemos de cacao, naranja, cerezo, algarrobo, pera, manzano, noni, almendro, mora, madroño, níspero, romero, tomillo, cilantro. Son la fecundidad de nuestros pisos térmicos. Las libamos sin mirar con envidia la colmena del vecino que recoge más miel y se ve más saludable. Y elaboramos
otros productos apícolas para usos terapéuticos y recetas cosméticas.
No olvidamos la medicina ancestral, el chamanismo, el poder de las plantas.
El hermoso zumbido de las abejas cuando viajan a recolectar néctar puede ser el anuncio de una transformación. El cambio que quiere una sociedad. Es el pensamiento crítico, ese que tanto teme una Colombia vetusta que enmohece en una estantería de confort. Un pensamiento unívoco ha regido durante 208 años. La tradicional gobernanza con la perpetuación de la pobreza, vicios administrativos y deterioro del medio ambiente.
Ahora, fulgura otra visión de país como nutrida cosecha de árboles polinizados, un pensamiento creativo que anhela una renovación en la relación Estado-ciudadanos, una promoción de la clase media, una economía productiva con soberanía alimentaria y amistosa con el medio ambiente.
Es tiempo para abandonar una torre rígida. Para ir de la exclusión a la inclusión. Del autoritarismo a la autoridad. De la manipulación de las emociones a un pensamiento dialógico. Podemos converger a un pensamiento crítico con pilares como la educación y salud. La educación es mente sana. La salud es cuerpo sano. Educación y salud no permiten la aciaga visita del hambre.
En versos de la poetisa María Helena Giraldo:
Hombres sin pan ni abrigo caminan hacia la noche.
El hambre diferencia a los hombres, limita su libertad.
Muchos de nosotros fuimos presa del pensamiento unívoco. Creímos que el espíritu estaba en la autoridad del padre. Y una vez encontrado éste juramos que el padre siempre quiere lo mejor para sus hijos. Sin embargo, la descomposición moral y la violencia invasora abrió las compuertas de la incertidumbre.
Nos convencimos de que ese no era el camino. Y a pesar del pánico de que nos íbamos a convertir en Venezuela, decidimos que era época de construir algo distinto para empezar a nombrar las cosas por su esencia. Así como las abejas buscan con la polinización la multiplicidad de la vida, así nosotros nos polinizamos con una vitalidad humana y una visión abierta del mundo, con lógica y razón diferentes a la emocionalidad que mueve a quienes tienen miedo de la transformación.
La racionalidad nos conduce a pensar por sí mismos, pensar en el lugar del otro y ser consecuentes. Una apertura democrática significa abrirnos a una nueva comunidad, que exige desde la razón y produce cultura.
Nos preocupa la actuación de los aparatos de policía durante el nuevo mandato
Somos resistencia porque no somos hijos de padres estériles.
Ya lo dijo el filósofo Fernando González: “Niños buenos llaman a los que no oponen resistencia; yo llamo a los padres de esos niños, padres estériles”.
No creemos en sociedades sin desacuerdos, en purgatorios neutrales. Bienvenidos los conflictos porque son
consustanciales a la naturaleza de los sapiens. En los únicos lugares donde no existe el conflicto es en los reinos de mermelada. Ejerceremos oposición vigilante para defender lo que como sociedad hemos conquistado.
La paz en primer lugar porque la finalidad de la guerra es el homicidio. Se impone construir un Frente Amplio con todos aquellos que anhelan la reconciliación, sanar las heridas, no repetir jamás una guerra entre colombianos. Una gran alianza de las nuevas ciudadanías, los colectivos artísticos y culturales, los movimientos sociales y
ambientales, los trabajadores, los indígenas, los campesinos, citadinos de todas las clases sociales.
Todos aquellos que defiendan una Justicia Especial para la Paz -JEP- con el fin de esclarecer los hechos que provocaron las víctimas de todos los bandos. La verdad trae tranquilidad y reparación. Y es tan valiosa que no
importa que queden libres los victimarios. No se trata de cobrar venganzas ni obtener retaliaciones.
Nos preocupa la actuación de los aparatos de policía durante el nuevo mandato. La oposición en Colombia ha padecido la persecución por parte de una policía política. Hemos sufrido el síndrome de Javert, el inspector que en la novela de Víctor Hugo, Los miserables, persigue a desvalidos y humildes con una obsesión psicótica por hacer cumplir la Ley.
Nos preocupa que las tres ramas del poder público sean una misma taquilla para medir con criterios autoritarios asuntos de interés público. De ser así, nuevas confrontaciones se ciernen en el firmamento colombiano. Nos preocupa que las mismas rabias y odios que votaron el NO en el Plebiscito por la Paz vuelvan a dar sus réditos en la Consulta Anticorrupción.
El medio ambiente en segundo lugar. Los bosques productores de agua y reguladores del clima y las lluvias desaparecen a velocidades infernales. El consumismo y derroche humanos causaron en gran parte el calentamiento global, los deshielos, la contaminación y la sedimentación excesiva de los ríos. Songrandes problemas que requieren soluciones planetarias.
Empecemos a aportar un granito de conciencia
Pongamos freno a la deforestación, la polución, la destrucción de acuíferos. Privilegiemos las energías limpias, cuidemos la biótica del territorio. También preocupa la política antidrogas obstinada en perseguir a quienes son apenas reos de una cadena económica. Los campesinos colombianos se ven abocados al cultivo de la coca.
¿Tienen acaso apoyo para cultivar otros productos que le garanticen supervivencia? ¿Cómo producir alimentos si las vacas ocupan el doble de extensión de tierras cultivadas? Una política agraria ambiciosa podría ahorrarnos doce millones de toneladas de alimentos importados.
Poco avanzaríamos si desconocemos la fuerza que imprime a la sociedad el músculo poderoso de la ciencia y la tecnología. Funcionamos como algoritmos, nos explica la neurobiología, nos mejora la robótica, la nanotecnología, la ingeniería genética, la inteligencia artificial.
La nueva agenda de la humanidad contempla la profundización de las tecnologías para alcanzar la felicidad. Nuestros anhelos son mucho más que un ruido. Con miras a cogobernar desde el ágora y próximamente desde la institucionalidad. Impulsamos una gran plataforma de conocimiento abastecida por redes informáticas. La información objetiva y oportuna de los principales problemas ayuda a debatir y profundizar en su diagnóstico y soluciones.
En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí adiferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del medio día. Friedrich Holderlin
No hay que inventar manifiestos. Tampoco hay que ser ardientes republicanos, liberales, demócratas o anarquistas. Basta con volver realidad la letra muerta de la Constitución Política de Colombia de 1991, para avanzar hacia un mejor vivir. La resistencia activa implicaponerse de pie frente a postulados puntuales. No ceder en la defensa de la paz, ahora que se intenta sabotear con ajustes a la Justicia Especial para la Paz. No ceder frente a la corrupción e impunidad, ahora que empezó una campaña para no ir a la Consulta Anticorrupción.
No ceder frente al uso del fraking como tecnología extractiva de petróleo. No ceder en la prohibición del glifosato para fumigar cultivos. No ceder ante la expansión de una ola homofóbica en las mentes. No ceder en la exigencia de un periodismo ético, veraz e imparcial.
Reclamamos una prensa libre, no corporativa y menos de carácter Neoliberal
El periodismo libre, al servicio de la democracia y el bien común, es constructor de la democracia y el respeto a la
diferencia. El periodismo ha sido el principal educador de la población, pero su tarea en los últimos días muestra como medios corporativos al servicio del capital global y del sionismo genocida han tratado de inclinar la balanza de la percepción y la opinión, tanto en Colombia como en los países latinoamericanos que han cambiado de gobiernos democráticos y progresistas hacia regímenes sectarios de derecha.
Se ve como influyen con un carácter sectario y virulento las reflexiones políticas. Mucho de ese periodismo vela en lugar de revelar; alimenta la discriminación, invisibiliza al opositor y al diferente. No profundiza en los grandes desastres de obras públicas que sin ser estrenadas requieren ingenieros forenses; tampoco interroga con entereza ética a los políticos del establecimiento. Le hace publicidad a la necro economía y necro política. Fue incapaz de controvertir la política de “Seguridad Democrática” que llenó de fosas comunes la geografía colombiana.
Tardó en denunciar las ejecuciones extrajudiciales, fue laxa con episodios de corrupción. Para una sociedad que le cuesta tanto trabajar en equipo como la nuestra, comprender la organización de las abejas puede contribuir al mejoramiento del orden social y la relación con la naturaleza. Escuchemos al escritor ruso León
Tolstoi, quien cuidaba las colmenas de su finca para que polinizaran los manzanos:
Parecería que no es difícil (trabajar juntos): las abejas y las hormigas lo hacen, los castores también. Antes de que el hombre alcance la organización de las hormigas y de las abejas, debe llegar de manera consciente al estado de ganado, del que todavía está muy lejos: no pelear (combatir) por tonterías, no comer sin hambre, y sólo entonces podrá llegar conscientemente al estado de las abejas y de las hormigas, como la gente comienza a hacerlo en comunidades.
León tolstoi
Las alquimistas de la naturaleza nos inspiran. Defendamos la vida, la salud del planeta, la sustitución de combustibles fósiles, la protección de los páramos y los ríos, también de los bosques y arbolados urbanos. La vida es sagrada, y como las abejas debemos hacer resistencia a la amenaza sobre la supervivencia. Conscientes de nuestro papel en la preservación de las cadenas de vida resisten las personas que enaltecen los valores más preciados de la civilización.
Que los panales nos enamoren así como lo hicieron con el poeta Antonio Machado:
Anoche cuando dormía,
soñé ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas, blanca cera y dulce miel.
En el salón de exposición de la Casa de la Cultura, se encuentran las pinturas de Faber Cuervo, quien obtuvo el primer premio Salón de artistas, Universidad de Antioquia, en 1993. Es natural de El Cerrito, Valle del Cauca, de profesión economista ambiental y ha integrado el Colectivo Túnel Verde de Envigado.
Entre otros títulos, Las enfermedades que cura la literatura (2018).

