Mística para excluidos (Poesía)
Mística para excluidos (Olé libros, 2026), de Antonio Praena (Purullena, Granada, 1973), es una antología, un libro hecho de sucesivas estaciones.
De preguntas que cambian de nombre, pero no de raíz, de una misma inquietud que se desplaza por distintos paisajes hasta encontrar, quizá, una forma más desnuda de decirse.
Desde Humo verde, publicado en 2003, hasta Cuerpos de Cristo, aparecido en 2021 tras obtener el XIX Premio de Poesía Emilio Alarcos, su obra puede leerse como un largo itinerario desde el yo hacia el otro, desde el símbolo hacia la experiencia, desde la inquietud metafísica hacia una fraternidad concreta. Acaso esa sea la palabra que mejor explique su trayectoria: encuentro.
Porque Praena no parece escribir para levantar una torre desde la que contemplar el mundo, sino para descender hasta él. Su poesía no busca la altura como evasión, sino como una manera distinta de mirar lo que sucede abajo: el cuerpo, la pobreza, el deseo, la enfermedad, la muerte, la soledad, la amistad, Dios, el amor. Todo aquello que convierte una existencia particular en una pregunta universal.

La gratitud de Praena no nace de una vida sin heridas, sino de la conciencia de que incluso la herida puede convertirse en vínculo. Por eso su poesía no termina en la muerte. Termina —si es que una poesía como esta puede terminar— en el otro. Mística para excluidos (Olé libros, 2026), de Antonio Praena (Purullena, Granada, 1973).
El humo: la palabra que todavía busca su forma
En Humo verde (2003) encontramos al poeta que comienza a construir su particular universo verbal. Es un libro atravesado por el simbolismo y por cierta atmósfera neosurrealista, pero también por una conciencia social que convierte la experiencia religiosa en una forma de compromiso con el mundo. El propio Praena ha señalado que aquel libro pertenecía a una etapa estilística diferente, marcada por lo simbólico y lo neosurrealista.
- El título parece contener ya una poética.
El humo es aquello que asciende, pero también aquello que se deshace. Tiene forma y, al mismo tiempo, carece de ella. Se puede contemplar, pero no apresar. Es materia fugitiva. Y que ese humo sea verde introduce una tonalidad casi sacramental, una promesa de vida en aquello que aparentemente se consume.
Desde entonces, la poesía de Praena estará siempre interesada por esa paradoja: cómo convertir lo invisible en presencia; cómo hacer que aquello que se escapa permanezca en la palabra.
La poesía nace, así, de una tensión entre lo terrestre y lo trascendente, por eso emplea como telón de fondo las últimas imágenes de la guerra de los Balcanes:
Secaremos de un sorbo
todos los caños de sus fuentes.
La vamos a quebrar por coyunturas
haciendo disección en quebrancías
que abrirán su verdad para beberla.
Y, embriagados de humo,
daremos la asadura a nuestros perros.
De “Asedio de Split”
El joven poeta mira hacia arriba, pero no deja de tener los pies en la tierra. Hay ya una voluntad de convertir la experiencia espiritual en lenguaje poético y, sobre todo, de impedir que la espiritualidad se convierta en abstracción.
- La intimidad: aprender que el otro también nos escribe
Con Poemas para mi hermana (2007) el universo poético se aproxima a la intimidad. La mirada deja de dirigirse exclusivamente hacia las grandes preguntas y comienza a descubrir que lo trascendente puede encontrarse en los vínculos más próximos.
El otro deja de ser una categoría filosófica para convertirse en rostro. Esta transformación será fundamental para comprender la evolución posterior de Praena.
La poesía comienza a descubrir que no existe verdadera espiritualidad sin corporalidad, ni verdadera trascendencia sin una experiencia concreta del otro. Dios, si aparece, no lo hace necesariamente desde las alturas, sino desde la proximidad: desde una voz, una herida, una memoria, un cuerpo:
Es la entradilla de la casa
forrada con papel pintado de los años
setenta.
Tú has nacido
hace solo unos meses. Yo sostengo
tu cuerpo en mis rodillas
y, justo tras de mí, hay una mano
que agarra tu cabeza aún sin fuerza
[…] Sabemos que es mamá, pero pudiera
tener razón la historia que ella misma
nos acaba diciendo
que el brazo retratado era la mano
de Dios.
Dios sujetaba tu cabeza
cuando yo te sostenía.
La cámara captó por un extraño
fenómeno de luz esta vez su presencia.
- El amor como forma de conocimiento
En Actos de amor (2014) esta evolución alcanza una de sus primeras culminaciones. El propio libro se estructura alrededor de diferentes formas de amor, recuperando la riqueza conceptual de la tradición griega.
Pero en Praena el amor nunca es únicamente sentimental. Es una forma de conocimiento.
Amar significa descubrir que la identidad propia está incompleta si no se abre a aquello que la desborda. El amor deja de ser únicamente experiencia privada para convertirse en una forma de relación con el mundo. Por eso su poesía puede hablar de lo íntimo sin caer en el ensimismamiento: cada emoción contiene una posibilidad de salir de uno mismo:
Las voces de otros siglos vivirán
en el siglo presente si quien carga
sobre sus bronquios la disnea
lo hace por amor.
Y todo será nuevo aunque mil veces
se nombre si en quien vuelve a hacerlo boca
de amor es la razón o el balbuceo.
No acepto analogía, no escucho otro silencio,
no admito contextura que no sean
la rabia, la piedad,
el canto por el canto o el delirio
que rapten mi existencia y la derrochen
en puro acto de amor.
De “Acto de amor”
Quizá ahí se encuentre una de las claves de toda su escritura: la poesía como descentramiento.
El poeta abandona progresivamente el centro del poema para concedérselo a los demás. Cuanto más se aparta de sí, más profundamente encuentra su propia voz.
Mística para excluidos (2026), antología poética de Antonio Praena.
Reseña de fernando mañogil martínez
- La grúa: levantar el mundo desde abajo
El título Yo he querido ser grúa muchas veces (2013) contiene una de las imágenes más reveladoras de la trayectoria de Praena. Una grúa sirve para elevar aquello que pesa.
Hay en esa imagen una extraordinaria definición del oficio poético: elevar lo cotidiano sin desprenderlo de su peso.
La poesía no consiste en negar la gravedad, sino en aprender a trabajar con ella:
No quieras escapar hacia otros cielos.
No sabe del amor quien vuelve vivo.
“Nescivias”
Praena empieza a desarrollar entonces una escritura en la que conviven la tradición y la modernidad, la métrica y la imagen inesperada, la reflexión teológica y el lenguaje de la vida contemporánea:
Como en las coplas de Manrique,
te pones en el filo de la muerte
y das todas las cosas del ayer,
del hoy y del mañana por pasadas.
[…] No hay muerte donde el ala desahuciada
fue viento alguna vez contranatura.
Y es ese extraño empeño,
esa querencia
de vértigo, tu anzuelo de esperanza.
Un instinto mortal contra las leyes
que somos pese a todo porque somos
el aire que nos queda todavía.
De “Contranatura”
La propia investigación académica sobre su obra destaca en este libro el paso hacia imágenes más inusuales y contemporáneas, articuladas alrededor del motivo del aire.
Aire y peso.
Antonio praena
Elevación y gravedad.
Tierra y cielo.
Dos fuerzas que recorren toda la poesía de Praena y que nunca llegan a resolverse del todo. Porque el poeta sabe que vivir consiste precisamente en permanecer suspendido entre ambas.
- Historia de un alma: cuando la poesía se convierte en conciencia
Con Historia de un alma (2017) la poesía de Praena alcanza una mayor complejidad intelectual y formal. El libro obtuvo el Premio Jaime Gil de Biedma y posteriormente el Premio de la Crítica Andaluza y el Premio Valenciano de la Crítica. Pero más allá de los reconocimientos, lo importante es advertir lo que ocurre en su poética.
La poesía ya no es únicamente una búsqueda de respuestas. Es el lugar donde las preguntas pueden permanecer abiertas:
¿Qué esperabais del arte? ¿Alguna vez
te has preguntado cuántos mundos
se esconden en lo oscuro de este mundo?
Los sueños no podrían respondernos,
porque los sueños son absurdos e idealistas
igual que el niño muerto que llevamos
muy dentro de nosotros.
De “Salida 13”
El alma del título no debe entenderse como una entidad aislada del mundo. Es, más bien, una conciencia atravesada por los demás. La historia individual se vuelve historia compartida. Aquí la poesía de Praena adquiere una dimensión especialmente contemporánea: no renuncia a la tradición espiritual, pero tampoco la utiliza como refugio frente al presente. La introduce en el conflicto de nuestro tiempo.
La fe se vuelve pregunta. El cuerpo se vuelve argumento. La existencia se vuelve responsabilidad. La poesía, una forma de permanecer despierto:
¿Alguien ha definido el sufrimiento? Si fuera definido no sería el sufrimiento. Yo nunca he conocido el sufrimiento. Lo vi de cerca un día. Supongo que era él, porque era pobre y era feo lo mismo que en los cuadros y en los libros. De “Formatos”
- Cuerpos de Cristo: el otro como revelación
Llegamos así a Cuerpos de Cristo, publicado por Visor en 2021 y ganador del XIX Premio de Poesía Emilio Alarcos.
Aquí parece cerrarse un círculo que había comenzado dieciocho años antes. Pero no se trata de un círculo perfecto. Es una espiral.
El poeta que en Humo verde buscaba lo trascendente en el símbolo llega ahora a descubrirlo en los otros.
El título podría parecer, a primera vista, una declaración estrictamente religiosa. Sin embargo, la potencia del libro reside precisamente en que la afirmación teológica se transforma en una afirmación radicalmente humana: cada persona puede convertirse en lugar de revelación.
La obra está articulada alrededor de la alteridad y de personas concretas; además, la muerte de un amigo del poeta durante la pandemia precipitó la escritura del libro y convirtió la experiencia de la pérdida en una reflexión sobre la ausencia, la muerte y la resurrección:
¿Cómo se llega a entender esto?
Yo contándote cosas, por ver qué me respondes,
por saber que estás vivo,
y tú pidiendo que te deje
partir de mis palabras, que madure,
que no es en mi lenguaje donde empieza
la existencia del otro, sino solo
en el imprepensable nacimiento
de su vida allí donde
pudo haber solo nada.
Y que esto fue un regalo de Aquel que, de la nada,
da la vida a los vivos y a los muertos,
entre los que estuvimos y ahora estamos
los dos.
De “Lo real”
Pero resulta significativo que el libro no quede reducido a una elegía. La muerte no consigue clausurar el diálogo. El poema continúa hablando con quien ya no está.
Entonces la poesía adquiere una función casi litúrgica: nombrar para que la ausencia no sea desaparición absoluta. Quizá la transformación más hermosa de Praena pueda resumirse mediante una sencilla modificación gramatical.
Al principio está el yo. Después aparece el tú. Finalmente llega el vosotros. Ese desplazamiento gramatical es también un desplazamiento moral.
La poesía deja de ser la expresión de una interioridad para convertirse en una forma de hospitalidad.
En Cuerpos de Cristo, cada poema nace precisamente de esa voluntad de aproximación a una persona o a unas personas concretas. La poesía de la alteridad se convierte así en una ética de la atención.
No es casual que el propio Praena haya definido el estilo de este libro como una manera de «escuchar», «hablar» y «ser» el otro, haciendo del lenguaje un espacio de misterio y libertad.
Ahí está, quizá, la verdadera radicalidad de su propuesta. Escribir no para hablar de los otros, sino para aprender a estar con ellos.
Por lo tanto, leer a Antonio Praena desde Humo verde hasta Cuerpos de Cristo significa asistir a la progresiva desaparición de una frontera: aquella que separa lo sagrado de lo cotidiano.
Su poesía descubre que lo trascendente puede encontrarse en una escena aparentemente insignificante.
Por eso su poesía no se instala cómodamente en la teología. La somete al temblor de la experiencia. Además, tampoco se instala cómodamente en la poesía. La obliga a responder ante la vida. Esta doble exigencia explica buena parte de su singularidad.
Praena escribe desde una tradición espiritual, pero no escribe desde el aislamiento. Su poesía está atravesada por la modernidad, por sus conflictos, sus cuerpos y sus contradicciones. Su voz busca un punto de encuentro entre la herencia cristiana, la sensibilidad contemporánea y una conciencia profundamente humana de la fragilidad.
Hay una evolución secreta entre aquellos versos de Humo verde y Cuerpos de Cristo.
Primero estaba el humo. Al final está el cuerpo. El humo asciende. El cuerpo permanece. El humo es símbolo. El cuerpo es presencia. Entre ambos se despliega toda una trayectoria poética.
Praena ha pasado de una poesía más simbólica y neosurrealista a una escritura cada vez más atenta a la persona concreta y a la alteridad. Ahí reside su verdadera aventura literaria: hacer que el espíritu no huya de la materia. Porque en su poesía el cuerpo no es aquello que debe ser superado para llegar a lo espiritual. Es precisamente aquello a través de lo cual lo espiritual puede manifestarse.
Hay, finalmente, una palabra que parece iluminar retrospectivamente toda la trayectoria: gratitud.
En Cuerpos de Cristo, Praena vincula explícitamente vivir y agradecer, y entiende la poesía como la forma de convertir esa experiencia en lenguaje. Entonces comprendemos que los libros anteriores no eran sino distintas maneras de acercarse a esa revelación.
- Humo verde buscaba.
- Poemas para mi hermana se aproximaba.
- Actos de amor aprendía a amar.
- Yo he querido ser grúa muchas veces intentaba elevar.
- Historia de un alma interrogaba.
- Cuerpos de Cristo agradece.
No porque hayan desaparecido el dolor, la muerte o la incertidumbre, sino precisamente porque existen.
Mística para excluidos como antología
Tal vez toda la poesía de Antonio Praena pueda contemplarse como una larga búsqueda de presencia. El joven poeta de Humo verde contempla un mundo en el que lo visible parece contener algo invisible. Casi dos décadas después, el poeta de Cuerpos de Cristo parece haber comprendido que no necesita buscar demasiado lejos.
Lo invisible estaba aquí. En los otros. En sus nombres. En sus cuerpos. En sus vidas pequeñas. En aquello que amamos y sabemos que algún día perderemos.
La poesía de Praena, esta antología en particular, ha recorrido, así, un camino que va del símbolo al rostro, de la abstracción a la biografía, de la pregunta a la gratitud. Por eso su trayectoria pueda leerse como una parábola:
Primero quiso encontrar a Dios en las palabras; después descubrió que las palabras podían encontrar a Dios en los hombres. Entre ambos momentos queda una obra que no ha dejado de preguntarse qué significa estar vivo.
Puntos de vistaJosé María de PeredaLa medida de nuestros días

