“Florencia” una novela sobre Medellín
Hablé con Nelson Calderón sobre su novela “Florencia”, una catarsis para superar lo vivido por aquellos años 80’s, en Medellín.

Miramos con la memoria aquellos lugares que recorrimos en nuestros
primeros pasos. Atrás quedaron la primera casa familiar y las ‘galladas’ (grupos de amigos) en una barriada que se separaba de las otras por fincas, potreros y quebradas. Esto no es
una novedad para los latinoamericanos. Los más viejos lo vivimos, aunque a los jóvenes
no ha de importarles, en su mayoría, lo sospechan. Han pasado ya cincuenta años y en la ciudad de Medellín, Colombia, que celebra sus trescientos cincuenta años de fundación oficial, emergen escritores que narran el impacto que tuvo en sus vidas la primera oleada del narcotráfico, ocurrida en los años ochenta.
En este punto me atrevo a hablar de una temática literaria que explora la educación sentimental de los nacidos a partir de 1970 y que puede caracterizarse por una reflexión de carácter identitario y cultural como respuesta ante la pérdida de vidas valiosa que generó la guerra del narcotráfico.
Escritores que narran las historias de los barrios populares de Medellín
Este es el caso de un par de escritores nacidos en dos barrios populares de Medellín. ¡Oh, feliz coincidencia para las escrituras de la ciudad!, los escenarios de sus novelas están frente a frente, mirándose fijamente. En la Comuna tres está Aranjuez, al nororiente, allí vive Gilmer Mesa, quien ha publicado novelas como “La cuadra” 1 y “Aranjuez” 2. Y en la Comuna cinco, al noroccidente, se encuentra el barrio Florencia donde vivió la mayor parte de su juventud, Nelson Calderón, quien recientemente ha publicado su novela “Florencia”.
Sabía que un día tendría que volver al barrio, aunque fuera para
deshacer los pasos, como lo hacen en estas tierras quienes pronto
van a morir, y es que no se puede olvidar el lugar en el que viviste los
primeros dieciséis años de tu vida. Cuando estuve delante de la
antigua casa, no la reconocí, me pareció mentira que aquella
construcción de la que guardaba tantos recuerdos fuera tan pequeña
y, más aún, sabiendo que once personas habíamos habitado allí: mis
ocho hermanos, mis padres y yo. Pero no solo mi casa se había
encogido con los años, también la casa de los Petetes, ahora
remozada pero ínfima, delante la cual en los diciembres de mi
infancia se encendía la leña con la gran olla comunal donde se hacía
el sancocho de gallina para toda la cuadra, y la humilde casa de
Julián, con la plancha de concreto que él mandó a construir para, sin
saberlo, convertirla en el único testimonio material de su destructiva
existencia. (“Florencia”, 2025, p. 1)
¿Cómo nació el narrador?
―Yo toda la vida siempre he sido muy artista. A veces me da pudor decir la palabra “artista” porque la veo como muy grande, pero sí, yo soy artista y tengo que reconocerlo porque vivo del arte y es lo que me motiva para vivir. Desde muy pequeño pintaba, hacía figuras, escribía, etc.
» Pero hablando del narrador, fue en la Universidad Nacional, en el año 96, cuando contigo, con Fercho Cuartas y Eduardo Arias formamos el grupo Luna, Poema, Encuentro, cuando empecé a decantarme por esa mezcla de literatura y oralidad, que es lo que yo hago. Antes del nacimiento de este grupo ya tenía mis inquietudes artísticas, pero ahí fue cuando explotó todo, más aún lo de escribir y sobre todo el escribir para contar de viva voz.
» Luego, surgió Farenheit 451, que fue otro grupo que salió, no sé si lo recuerdas, que también lo fundé con otros chicos de la universidad, con David Velázquez y Jiovan Ríos. Y, entonces, ahí yo también mezclaba oralidad y literatura.
Imaginar que la antigua casa, la primera de mis padres, la de mi
infancia, se quedaría sola, con las cortinas cerradas, y vacía, me
daba tristeza, había tantos recuerdos entre aquellas paredes, tantas
alegrías, tantas primeras veces… Pero había que irse de allí, ya
habría tiempo para volver cuando todo hubiera acabado, porque
aquello tenía que acabar algún día. Y acabó, pues cada joven que
empuñaba un arma tenía una fecha de caducidad que se le
estampaba en el pecho, máximo tres años, y luego una jubilación
pagada en balazos. (“Florencia”, 2025, p. 214)
Ahora, vives en Madrid, ¿cómo fue esa etapa de salir de Medellín para ganarte un espacio como narrador en España?
―Me gradué como arquitecto-constructor y me vine para España e hice un máster en la Politécnica de Madrid. Pero ya ese germen estaba adentro, hermano, ese germen, yo siempre soñaba con poder vivir del arte. En Colombia lo veía muy difícil, aquí también es difícil, pero vi el hueco, lo vi porque aquí se utiliza mucho la narración oral para la animación lectora, la animación a la lectura.
»Yo llegué a Madrid en el 2000. En ese tiempo se programaban muchas sesiones de cuentos en los bares, en esos espacios fue donde empecé mi recorrido como narrador oral aquí en España. Mi primera sesión fue el 2 de diciembre de 2000 en un bar muy icónico, el café-bar Libertad 8, un lugar donde se programaba poesía, cantautores y cuentacuentos. Cantantes como Jorge Drexler cantaban allí.
»En ese tiempo los bares se llenaban para escuchar cuentos para adultos. En Libertad había que ir una hora antes para encontrar sitio. Luego fueros perdiendo fuerza las sesiones en los bares y ganándola las sesiones infantiles en las bibliotecas.
»Hice mi master, trabajé como arquitecto y homologué mi título, pero en 2005 dije: “me voy a lanzar”. Vi las condiciones propicias en ese momento. Conocía personas que se dedicaban a los cuentos, que vivían de ello. Y yo dije, bueno, yo también lo voy a intentar.
»Y entonces vi el hueco y me la jugué, hermano. Dejé la arquitectura en 2005, un momento en el que la construcción en España todavía estaba en la cresta de la ola. Luego vino el año 2008, si sabes, se vino todo abajo, la economía mundial. Y en España, la arquitectura se vino abajo también y lo que parecía un camino incierto se transformó en un camino muy firme, porque a mí nunca me faltó trabajo en los cuentos, porque en ese tiempo en que la economía todavía seguía bien, esos tres años de 2005 a 2008, yo pavimenté el camino. Y entonces, cuando
vino la crisis, yo estaba ya más metido en la parte artística y pude aguantar bien la crisis porque mi trabajo era de pequeño formato. Desde el año 2005, sólo vivo de contar historias, ya sea en el papel o de viva voz.
»Ese es un poco el camino de cómo he llegado y he logrado abrirme un hueco en lo que es la narración oral y la literatura también. Cuento historias para bebés, niños, adolescentes y adultos, o como digo: cuento de 0 a 125 años, o hasta que sobreviva la persona. Narro historias que yo escribo, cuentos populares, leyendas, algunas historias de autor.
Volvamos al pasado, hablemos de los primeros encuentros con la cuentería en Medellín
¿Cómo empezó ese cuento? A ver, yo en el año 92 escuche contar cuentos por primera vez. Y entonces me volví escuchador profesional. Escuché cuentos como loco. En la Universidad Nacional se hacía cuentería en el galpón, que era un bloque que estaba al otro lado de mi facultad. Entonces estuve asistiendo a esas sesiones durante cuatro años. Pero antes, cuando era pequeño, yo ya había disfrutado de algo similar a los cuenteros. Yo escuchaba a los Mentirosos.
¿Te acuerdas que en Medellín había el concurso de Mentirosos? ¿No sé si todavía existe?… ¿En la Feria de Las Flores? Antes había Festival de Mentirosos dentro de la Feria de Las Flores. Entonces eran tipos que utilizaban la oralidad para hacer exageraciones. Y era muy gracioso. Entonces era uno niño… Yo con diez años escuchaba eso. Y de hecho una vez en el colegio participé como mentiroso en una presentación. En cuanto a la pasión por la lectura… Mis hermanos tenían cientos de cómics. Revistas de Arandú, Kalimán, El Santo… Bueno, somos nueve hermanos. Yo tenía cajas, pero cajas de revistas y de libros de ellos. Entonces yo era el que heredaba todo eso y me leí cada revista, cada libro, por lo menos cien veces.
¡Esos espacios eran muy necesarios!
―No había tanta competencia con las tecnologías cuando empecé con la narración oral. Hoy por hoy las tecnologías potencian lo narrativo, pero a la vez son competencia para lo presencial. Esos espacios eran muy necesarios. Necesitamos mucho ese tipo de actividades. Y más cuando llegamos pues, por ejemplo, a la universidad o a esos primeros espacios culturales que uno podía colonizar, por decir así, en la ciudad.
¿Cómo nace “Florencia”?

Novela que quedó en el segundo puesto en el premio de novela inédita del Círculo de Lectores en 2018. El autor sostiene que la versión de 2025 es el resultado de una maduración que ahora inicia su camino por las librerías y bibliotecas.
―Florencia es una novela, hermano, que ha sido… Vos como yo, somos de la misma generación. Vivimos esa época tan dura de Medellín. Tan fuerte y tan violenta. Que, aunque no creamos, a algunos nos ha marcado más, a otros menos. Pero a mí me dejó muy marcado. Porque yo viví en un barrio que era muy tranquilo. Tuve una infancia tranquila hasta que se formó un combo de sicarios en la misma puerta de mi casa. ¿Sí me entiendes? Que se reunían ahí incluso.
»Fue mucho lo que sufrimos las personas de los barrios populares. Ver matar delante de tus ojos, siendo un niño. No sé, entonces… ver tantas cosas, hermano, y siempre encontrar muertos. Yo cuando vine a España me llamó mucho la atención darme cuenta que muchos de mis amigos españoles nunca habían ido a un velorio, o sea, una sala de velación.
Yo a mis 26 años había ido por lo menos a 20 velorios y casi todos por muertes violentas. Si alguno de mis amigos españoles había ido a un velorio había sido por la muerte de un anciano o por un accidente. Entonces, imagínate la violencia que vivimos y lo pacífico que es España. Nosotros íbamos a salas de velación de muchachos jóvenes acribillados a balazos. Y entonces yo me di cuenta, hermano, cuando vine a Madrid, que yo
vivía con miedo en ‘Medallo’. Yo vivía con miedo…
Pero era una cosa que uno no se da cuenta porque uno está metido dentro, lo normaliza y es como norma de
supervivencia. Pues yo simplemente me cuido de esto, de aquello. Estás todo el tiempo con las antenas puestas para “no dar papaya”, como decimos allí. Y aquí me encontré que uno no tenía que estar así. Claro, por supuesto, que siempre hay que estar pendiente, pero aquí no había esa alerta. Entonces yo cuando vine aquí, me di cuenta que yo vivía con miedo. Que a mí me había generado un trauma todo eso que había vivido en Medellín y en Florencia. Porque yo me fui de Florencia huyendo de eso y nos fuimos a San Joaquín. Y si tú te acuerdas, esa era una de las zonas donde se ponían las bombas. Nos estalló una bomba en La Macarena, que está al lado de San Joaquín. Al lado, al ladito, o sea…
Nos estalló una bomba en La 70 donde comía perros calientes y mataron a un montón de personas y al perrero, que yo le compraba los perros cuando yo y mis nuevos amigos salíamos de fiesta, nos salvamos de milagro esa noche. Entonces, como que no había escapatoria de esa violencia. Entonces eso a mí me marcó, hermano. Para mí “Florencia” es un exorcismo…
»Para mí ha sido enfrentarme a esos demonios y a eso que yo viví y reflejarlo en el papel. Por supuesto, hay ficción. Hay ficción y mucha… Pero una ficción basada en la realidad. Había cosas que sucedían en la vida misma y en Medellín, en ese tiempo, que parecían irreales por lo crueles que a veces eran. Y, entonces, eso para mí fue soltar ese lastre y ponerlo en el papel.
Una mañana fría de otoño llegué a Madrid y, nada más pisar aquella
Florencia, una novela SOBRE MEDELLÍN
tierra, el recuerdo, que seguía jugando a esconderse, se hizo sentir
tan contundente como un mazazo en la cabeza. Paola. Una historia
truncada, un duelo no digerido, una experiencia no cerrada, una
herida sin cicatrizar que me acompañaría por siempre. Sentí como si
acabáramos de hacer el amor en el sótano de casa y supe que aquel
viaje no había sido más que una excusa, un deseo subyacente de mi
conciencia. El deseo de encontrarla se renovó de inmediato, hacía
diez años que no sabía nada de ella, pero sabría reconocerla. Abracé
la absurda utopía de encontrármela en cualquier calle, pero nunca me
choqué de frente con ella en la esquina de Preciados, ni la vi sentada
en una terraza de la Plaza Mayor y, mucho menos, junto al acueducto
romano de Segovia. Nunca. (“Florencia”, 2025, p. 270)
Hablemos un poco de la técnica narrativa
―Manejar la oralidad y la literatura es una suerte de bilingüismo. Yo antes escribía para narrar y mis textos eran muy orales. Trabajé mucho esa parte oral. Pero, luego quise que mis textos fueran más literarios. Fue un trabajo arduo, pero lo conseguí. Solo que muchas veces tenía que adaptar mis nuevos textos literarios a la oralidad para ser contados. Luego apareció el trilingüismo cuando pasé de escribir cuentos a escribir novela.
»En mi formación como escritor tuve dos maestras muy buenas. Dos escritoras argentinas, Clara Obligado y Elsa Osorio. Con cada una de ellas aprendí mucho.
¿Cómo fue la dinámica del taller?
―Primero hay que escribir y, con base en eso que escribías, la profesora y tus compañeros te aportaban, te ayudan a pulir lo literario que te va dando claves. Mis maestras tenían un ojo de cirujano para saber qué decirte. Entonces, era muy enriquecedor. En estos talleres trabajé el bilingüismo y el trilingüismo que te comentaba y entendí muy bien lo que decía Cortázar, que la novela gana por asaltos, pero el cuento gana por nocaut.
»Cuando yo fui a escribir novela encontré otras reglas y bien las conocía Cortázar. El cuento va de una manera y la novela va de otra, cuando yo empecé a escribir novela escribí los capítulos casi como cuento, muy cerrados. No tenía esa técnica para coser una novela. Entonces no dejaba hilos sueltos, no estaba dejando algo para enlazar más adelante. No digo que escribir una cosa u otra sea mejor o peor, sino que es diferente.
Volvamos nuevamente a hablar de la técnica
―La novela se construyó en 15 años, con unos lapsos de pausa, pero al principio, cuando yo apenas estaba aprendiendo a novelar, escribía una especie de pequeños relatos y no estaban bien ensamblados para construir una novela. Por ese entonces yo tenía claro que el tema de la familia iba a ser algo importante en la novela, luego, la historia de amor, del amor truncado del protagonista con Paola también era vital. El tipo de narrador que quería también me dio trabajo, el decidir si contar todo en primera o en tercera. Escribí la novela entera en primera
persona. Luego la escribí de nuevo entera en tercera y al final probé en primera y tercera para hacer la narración más completa.
»En primera…, pues uno cuenta lo que ve, lo que le han contado, pero faltaba algo: la cámara sobre personajes muy interesantes como los sicarios, determinados personajes como el mejor amigo del chico que terminó en otro
combo. Para todo esto faltaba una cámara, entonces, esa voz en tercera persona me garantizaba tener una cámara para que la historia se expandiera. Antes era muy limitada narrada en primera y sentía que me faltaba ese narrador en tercera persona.
¿Cómo construir los personajes y narrar la ciudad?
―Me baso en las personas que habitaron Florencia, en ellos, no son totalmente ellos, por supuesto, pero sí me baso en esas personas. También me inspiro en todo lo que viví, podría decirse que la novela tiene un alto porcentaje de autobiografía.
»Yo tengo varias historias de Medellín. De hecho, está la novela que quedó de finalista en un concurso este mismo fin de semana, que está basada en Medellín, pero es una historia de género fantástico. Aunque en “Florencia” hay
algo de eso con lo del tema de deshacer los pasos, hay algo de ese decir, de esas creencias, no sé, quizás esos elementos mágicos o inexplicables que tiene nuestra tierra, esas creencias de deshacer los pasos.
»“Florencia” tiene tres novelas complementarias, bueno, totalmente separadas, pero que se desarrollan en Medellín. A mí me encanta narrar la ciudad, por ejemplo, de Madrid tengo tres novelas policíacas. Si eres escritor pues escribes lo que vives y yo soy una persona de ciudad y yo he vivido en un barrio en mi infancia, donde viví lo que viví, y lo que hago es reflejar lo que presencié porque lo quiero contar y porque me sirve de exorcismo. Y aquí en España, pues hago lo mismo, cuento mis vivencias. Hablo de la ciudad que palpita, que está muy viva, como en “Florencia”, que tú al final encuentras como si el barrio también fuese un personaje más de la novela.
»Yo tengo mucha literatura de migración y es lo que te decía, es lo que uno vive, “Las colas del inmigrante” es un cuento sobre migración con el que fui ganador del premio de la crítica. Ahora soy el principal difusor de mi obra porque yo la voy moviendo. ¿Sí me entiendes?, en todos los lugares del mundo es difícil ser escritor, en España también lo es, pero aquí principalmente los escritores son profesores o dan talleres, es más o menos como funciona. Yo también doy talleres de escritura, pero además tengo la suerte de que lo que escribo es mi material
para la narración oral, así que puedo decir que vivo de la literatura.

