Estrellita
Sin prisa alguna, el metrónomo marca los tiempos como un reloj inflexible que ha de llevarla al futuro: una gloriosa gira de conciertos por los escenarios del mundo.
De momento, sentada al piano, sus pies se bambolean juguetones sin importarles el compás. Los dedos saltarines —ávidos de notas, miniaturas musicales—, pulsan las teclas con sorprendente habilidad. Su madre, tutora y maestra, vibra al unísono con ella.
De pronto, la niña se frena: está cansada y se recuesta en el teclado que protesta. Mira a su mamá y ríe divertida mientras ésta parece preguntarse: «Estrellita, estrellita, ¿algún día me olvidarás?».