Pachito Silba
El viejo Pachito silba y no para de silbar. Tiene oído musical, nadie lo duda, ni el turpial que se inquieta en la jaula al escucharlo pasar. Lleva en su maltrecha carretilla rosas, claveles, crisantemos, pompones, heliconias… que ofrece en el barrio. Su silbido es agudo, potente y peculiar. No precisa megáfono para anunciarse con sus tonadas populares que se elevan majestuosas en gorjeos y florituras. Pero Pachito Silva tiene un dolor que no puede remediar: viudo, sin hijos. Nadie, a sus setenta y nueve años. Por eso silba y silba… un bálsamo que se automedica contra la angustiosa soledad.